Capítulo 27
Moor
En el centro de control se percibe bien el hedor a sudor que desprende el par de guardias que me acompaña. Resulta entretenido presenciar cómo esos dos críos se arrepienten de haberse inmiscuido donde no les correspondía.
Espero que sus llantos se les queden grabados en la conciencia a fuego, como un recordatorio de cuál es su sitio, y por qué no deberían desafiar sus normas.
—Retiradlas —ordeno cuando considero que ha pasado suficiente tiempo.
La pantalla muestra el chorro de agua que cae sobre ellos, limpiándolos de octópodos y ahogando a los que quedan por el suelo.
—¿Ahora qué, señor? —me pregunta uno de los centinelas, cuyo nombre desconozco.
Me tomo un par de segundos para considerar y barajar diferentes opciones.
—Les dejaremos descansar —anuncio, finalmente.
El compañero maneja un par de botones, y la cámara nocturna nos revela el denso humo que se expande por la estancia, uno al cual ellos son ajenos; están demasiado concentrados en otras cosas para percatarse.
Y cuando pueden hacerlo, ya es tarde.
Le asiento al encargado del panel de control.
Se apaga la bombilla.