ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 32 #2
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—Y tú, ¿cómo coño has entrado? ¿Te han abierto la puerta? —contesta con el susto aún en el cuerpo.

Aunque ambos estamos asustados, creo que los dos estamos aliviados de vernos.

—La he forzado yo, gilipollas. ¿Pero qué haces aquí? ¿Sabes lo de los Langford? —pregunto sorprendido de que hayamos llegado al mismo punto a la vez.

—No, estoy aquí porque he visto esa pedazo de televisión y me la quiero llevar. Pues claro que lo sé, no hace mucho me peleé con el hijo de Langford.

—¡¿Qué hiciste qué?! ¡¿Pero a ti se te va la pinza?! ¡¿Cómo coño sabes de ese tío y no me dices nada?!

—Relájate, fallapenaltis. Para empezar, me peleé con él para confirmar que era quien yo creía —contesta mirándome sinceramente a los ojos—. Llevo bastantes meses investigando a una familia que creo que tiene que ver con la persona que violó a Liv de pequeña. Estoy detrás de ellos desde entonces.

—¡¿Pero cómo coño no se te ocurre decirme eso antes?! Todos pensábamos que estabas ido por otras mierdas. Jamás me has dicho que estabas metido en algo así —exclamo mirándole fijamente, cabreado.

—Mira, tío. Olivia está en un peligro que nadie de nuestra familia, aparte de nosotros, sabe. ¿Me vas a seguir echando la bronca o podemos centrarnos en cómo salir de esta?

Un silencio se apodera de nuestras miradas conectadas por la ira. Tiene razón, aunque me cueste reconocerlo.

—No es solo a Olivia a quien quieren —contesto viendo un cambio drástico en su mirada. Su gesto se torna en preocupación total—. Hay una relación con Jhon y... lo que es peor, tienen información de nuestra familia.

—¿Cómo que información de nosotros? ¿Qué tipo de información?

—Mira —le muestro las imágenes que he encontrado de nuestras propiedades mientras le sigo hablando—.

Tengo a gente investigando, pero por lo que he podido ver en esta casa, hay informes de varias cosas que me huelen totalmente a fraudes.

Hay algo muy, pero que muy sucio en esta familia, Marco. Y lo peor es que van a por nosotros.

Veo a Marco mirar las imágenes. Están empezado a arrugarse según Marco va ejerciendo más fuerza para cerrar sus puños. Sus nudillos se ponen de color blanco. Sus dientes chocan hasta estar a punto de estallar.

—Marco... Es mejor irnos de aquí antes de que nos vea alguien. Sé qué vamos a hacer, ¿vienes?

Transcurridos unos segundos, eleva su mirada.

En ella veo, por primera vez en mucho tiempo, algo que Marco no ha sabido expresar desde que era niño.

Los ojos de aquel pequeño que venía a mi habitación tras ver cómo pegaban a su madre me miran ahora, pero con años de diferencia en ellos.

Asiente con la cabeza y, dejando toda la casa igual que la encontramos, menos las imágenes, salimos disparados de allí.

Le doy la dirección de mi chalé para que me siga con su coche.

Sin preguntar a dónde vamos, se sube a su coche y empieza a seguirme.

Cuando Marco no habla, suele ser por dos cosas: o bien está a punto de matar a alguien, o está a punto de romperse por dentro.

Sea como sea, hoy no será el día en el que esto te pase, Marco.

Llegamos a mi chalé. Ambos aparcamos fuera, en la entrada. Marco sale de su coche con la mirada recorriendo de arriba abajo el sitio.

—¿A qué casa me has traído? —pregunta curioso.

—Es mía —contesto mirándole mientras me coloco a su lado—. Es mi sitio seguro. La compré hace algunos años. Mamá no sabe nada.

—Mi hermanito mayor, el perfecto de la familia, también tiene sus secretitos, ¿eh? —declara mientras se dirige a mi puerta—. Abre esta mierda. Tenemos que hacer de superhéroes.

Entramos dentro mientras veo a Marco utilizar el móvil. Su teléfono suena; una llamada entrante llega al mismo momento que un primer informe de Pol.

—Soy Marco —empieza la conversación, haciéndome un gesto para que me acerque a escuchar.

—Marco... Tengo que serte muy sincero... —la persona que habla al otro lado lo hace con una voz muy cortada—. Esta gente no es trigo limpio.

—¿No me jodas? No me había dado cuenta aún. ¿Me puedes decir algo relevante, por favor? —pregunta mi hermano, cabreado.

—Tengo un historial enorme de extorsiones que los Langford realizaban a otras familias.

Les hacían chantajes con puntos débiles de la familia para que no dijeran nada de sus planes.

Acto seguido de entrar en sociedad con los Langford, al cabo de un tiempo, acababan en la miseria —mi hermano y yo nos miramos.

Ambos pensando lo mismo. Esta vez, habían puesto la mira en nuestra familia para ser los siguientes—.

Si estás cerca de ellos, ten mucho cuidado. Te iré informando de más cosas.

La llamada finaliza, pero el mío comienza a sonar ahora. Miro a Marco, le informo de que es Pol.

—Pol —saludo sin más emoción.

—Apolo —la voz de Pol sonaba más grave de lo habitual—.

Esta gente no son empresarios... son parásitos financieros.

He rastreado el origen de sus fondos y todo es una red de empresas espejo.

Su modus operandi es siempre el mismo: eligen una familia con éxito, se infiltran en su círculo íntimo, ofrecen una fusión por absorción y, en menos de dos años, ejecutan cláusulas de incumplimiento técnico para quedarse con cada centavo.

Dejan la empresa vacía y a la familia en la puta calle.

Son un jodido cáncer empresarial. Os quieren joder, Apolo.

De momento solo tengo esto, te iré informando de más.

La llamada termina. Marco y yo nos miramos con el alma en llamas. Nuestros pilares fundamentales se están viendo en jaque mate y solo nosotros estamos en esta batalla. En nuestro peor momento, nos miramos a los ojos, pero esta vez solo veo la mirada de mi hermano.

—Vamos, que quieren acabar con nosotros —alega Marco.

—No lo van a conseguir... Vamos a ser más listos que ellos. Tengo a dos de mis mejores contactos investigando algo para poder incriminarlos y deshacernos de ellos. Les daremos donde más les duela —respondo dejando caer mi mano sobre el hombro de Marco.

—Van a volver a por Liv... Está en peligro —confiesa mirándome a los ojos.

—Liv estará bien, tío —respondo ascendiendo mi otra mano hacia su otro hombro—. Estamos juntos en esto, ¿no?

Marco me mira fijamente. Sé que está rememorando toda la mierda que tenemos encima por Olivia.

Sabemos que, ahora mismo, nuestro único compañero en esta batalla es nuestro enemigo.

En este caso concreto, nosotros mismos. Todo lo que nos ocurre con Liv pesa muchísimo en nosotros y en nuestra relación.

Sin embargo, Marco siempre ha cambiado su cabezonería en el momento oportuno.

A diferencia de mí, él siempre ha tenido esa facilidad y puede ser que por eso le haya ido mejor con Liv.

—Si no me dejas tirado como en el partido de antes... —contesta rodando los ojos.

—No seas pesado, te dije que quería fallarlo.

—Entonces, ¿lo que quieren es manipularnos para hacer que mamá se haga socia de ellos y sacarle todo el patrimonio con los años? —pregunta Marco, intentando resumir el modus operandi de los Langford.

—Exacto, hermano —respondo mirando a un punto cualquiera de la sala—. Pero con la nuestra lo van a tener muy jodido... No pienso dejarles.

Han pasado varias horas. Seguimos en el chalé.

La noche está a punto de caer afuera. Marco está con los nervios por las nubes.

Me ha pedido que le deje fumar, aunque ya tiene el cigarro encendido.

Ambos estamos mirando los móviles como si no hubiera un mañana, pendientes de que hayan mandado algo nuestros contactos.

Miro los veinte mensajes de WhatsApp de Liv.

Pregunta por mí, por Marco; si nos hemos matado o si estamos bien.

No puedo responderle. No porque no quiera, sino porque no quiero que sepa lo que estamos haciendo.

Total, para nadie es raro que no estemos en casa durante largos periodos de tiempo.

—¿La mansión estará bien? —pregunta Marco mientras se levanta del sofá y empieza a caminar por la sala.

—He llamado a dos colegas míos para que estén cerca de la mansión —informo a Marco, que se encuentra a unos pasos más lejos de mí, fumando.

—¿Para qué? ¿Son matones o algo? —pregunta echando el humo de la última calada.

—Para mantener a Olivia y al resto protegidos. Son expertos en seguridad. Tienen formación militar y se dedican a ser guardaespaldas de gente de mucho renombre —aclaro intentando despreocuparle un poco.

Marco asiente algo aliviado a juzgar por su expresión corporal.

Sin embargo, devuelve su mirada al móvil.

Sigue mandando WhatsApps a sus contactos para meterles prisa.

La operación que queremos hacer es muy complicada, no puede arreglarse todo en un solo día.

Por mucho que pese nuestro apellido, aún no sé muy bien cómo actuar con todo esto.

—¿Qué sientes por Liv? —mi pregunta hace que pare lo que está haciendo en este instante. Inmóvil, mirando la pantalla de su móvil, hace como que no me ha escuchado. Pero sé bien que sí.

—¿Llevamos en tu batcueva toda la tarde y lo único que me vas a preguntar es eso? —pregunta sin elevar la mirada del móvil.

—¿Tienes algún plan mejor hasta que nos den armas para contraatacar? —pregunta, sin recibir respuesta por su parte.

—¿Qué sientes tú, Apolo? —pregunta tras unos segundos en silencio, mirándome ahora a los ojos.