ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 32
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Apolo

Me coloco mis AirPods para que nadie más escuche la conversación.

Me estoy intentando vestir lo más rápido que pueda para atender este asunto como se merece.

Mientras tanto, ordeno a Michael que me dé más información.

Todo lo que sepa es poco. Ahora es cuando más peligro existe.

Era justo la noticia que esperaba para activar todos los protocolos de seguridad.

Y, aunque pensaba que no iba a ser necesario, al final parece que sí.

Esa puta gente de mierda está empezando a sospechar que Olivia está aquí, si no lo saben ya.

—Infórmame de todo lo que sepas. Rápido —ordeno con prisa, mientras acabo de vestirme.

—La familia entera lleva un tatuaje marca de la casa, tipo secta zumbada.

Todos llevan la letra L escrita en la parte anterior de la muñeca —indica Michael mientras yo escucho atento—.

Te digo que os siguen la pista porque, cuando os fuisteis a hacer la sesión de fotos de tu madre, un coche estaba muy cerca de la entrada del estudio.

Mi rostro comienza a cabrearse con intensidad.

—¿Van a hacerle algo al estudio de mi madre? —pregunto advirtiendo el peligro.

—No, tranquilo por eso. No es el estudio lo que les importa. La familia está estudiando las familias más adineradas del estado. Posiblemente para encontrar a Jhon, el padre de Olivia.

—Joder, ¿no hay alguna manera de saber qué coño quiere esa familia de Jhon? —inquiero de nuevo, cabreándome por la persecución sin descanso que cae encima de ellos.

—No lo sé, Apolo. Solo sé el lugar en el que ese coche, y otro más, se reunieron.

Entraron en el mismo sitio y se quedaron ahí.

Creo que alguien de los que os quiere seguir de cerca vive ahí.

Siempre veo a un chaval joven, no mucho más mayor que Marco, creo.

Posiblemente sea el hijo de los Langford.

—Si es así, ¿dices que vive por esa zona? —sigo hablando mientras me dirijo hacia la salida más cercana que encuentro.

—Seguramente. Su forma de actuar es vivir en sitios cercanos a los que quieren investigar. El estudio de tu madre... se lleva todas las papeletas. Y más aún si coincide que os vieron a vosotros dos con Olivia de la mano entrando.

—Joder, ¿tú cómo sabes tanto detalle? —replico confundido.

—No es por nada, sino porque sigo a la gente que os sigue. De ahí lo saco todo, Apolo.

—Vale, sigue informándome de todo, por favor.

Cuelgo el teléfono, pero no por mucho rato.

Voy a dirigirme a toda velocidad, a la mayor que pueda, hacia el sitio que me indicó Michael.

Quiero saber quién es el que vive ahí y, si es el hijo de los Langford, hacerle desaparecer del mapa.

Antes de dejar el teléfono, llamo a Pol.

Es un conocido, experto en obtener información que muy poca gente obtiene tan fácil.

Los trapos sucios más profundos y soterrados del mundo.

Todos almacenados en páginas de muy complicado acceso, pero de las que él lleva muy buen control.

Agarro el volante con más fuerza debido a la alta velocidad que estoy tomando.

—Pol, soy Apolo —saludo rápidamente. Mientras, el motor de mi Mercedes ruge como si estuviera en una escena de Fast and Furious.

—¿Apolo? Cuánto tiempo, amigo.

—Sí. Escucha, tengo un encargo para ti.

—Dime, siempre estoy encantado de ayudarte.

—Familia Langford. Quiero informes de absolutamente todo. Encuéntrame problemas fiscales, económicos, familiares, problemas con la ley. Acusaciones, delitos, TODO —recalco las últimas palabras—. Quiero que les saques hasta la cagada más pequeña que hayan cometido.

—Familia... Langford. Genial, Apolo. Lo tengo apuntado, en cuanto lo tenga te lo envío —indica, siempre dispuesto a ayudar—. Pero tengo que decirte algo: lo que me pides no es rápido. Te iré mandando lo que vaya encontrando hasta tenerlo todo.

—Date mucha prisa. Es muy urgente... Es por Liv. Tengo a Michael trabajando en esto también.

Cuelgo el teléfono para, ahora sí, poner el coche a todo lo que dé y llegar cuanto antes al lugar.

Mientras conduzco, mi mente repasa todas las consecuencias que esta familia puede generar en ella.

La protección de Olivia es lo más importante en mi vida.

Saber que estos hombres están aquí, que nos siguen la pista, que los tenemos más cerca de lo que creemos, no solo pone en peligro a Olivia, sino a toda la familia.

Todo esto me hace darme cuenta de que no puedo alejarme de ella, es lo que menos necesita.

Necesita que la proteja. Soy el sitio más seguro donde puede estar Liv.

Tengo que hacer lo que lleva pidiendo todo este tiempo.

Solo así podré controlar cada pequeño detalle de su alrededor.

Estoy llegando al estudio. Dejo mi coche aparcado unas calles más allá, para que no me vean ni sospechen nada.

Me acerco al local que me indicó Michael.

Está justo en la misma calle del estudio.

Tan solo unos edificios lo separan de él.

Necesito entrar aquí como sea. Primero rodeo el lugar.

Encuentro ventanas a los laterales. Desde el suelo, echo un vistazo al interior del local.

Por lo que parece, no se encuentra nadie en el interior.

Otra de las ventanas da a otro espacio del sitio.

Miro a través de ella, pero, igualmente, no encuentro nada.

Parece que no hay nadie. Situación perfecta para entrar.

Justo detrás, encuentro una puerta trasera.

Fuerzo la cerradura para intentar entrar.

Espero que no haya alarma; de lo contrario, estaría bien jodido.

Por suerte, la puerta es fácil de abrir.

No me ha costado forzarla y, además, no han quedado marcas del forcejeo.

Al entrar al local, todo parece normal. Un sitio con una cama, cocina, baño.

Sin embargo, en el escritorio situado en la sala de estar, encuentro unos papeles que llaman mi atención.

Efectivamente, se trata de los Langford.

Encuentro sobre una de las mesas de la sala de estar varias carpetas con el sello de los Langford.

El patriarca de esta familia... ¿Será este el puto violador de Liv?

Si lo tuviera delante, no respondería por mis actos, aunque eso me haga ir directo a la cárcel.

Debajo de ese mismo documento, encuentro fotos de la empresa de mi madre.

Justo del edificio de Reben Style. Con ellas, más fotos de sedes de otras de nuestras empresas.

Estos hijos de puta quieren tener información sobre nosotros.

Sobre la familia Montenegro. Somos una de las familias más influyentes del país, y eso nos está metiendo en un problema: que esconder a Liv va a ser tremendamente difícil.

Cojo esas fotos y me las guardo conmigo.

No pienso dejar ni rastro de cualquier cosa que vea de mi familia.

Así pues, registro los cajones del escritorio con muchísimo cuidado de dejar todo igual que lo encontré.

Entre todos los papeles que veo, todos tratan sobre familias adineradas, reputadas o con cargos altos en la sociedad.

Encuentro un documento que me llama la atención.

En él, leo el nombre de la familia Miller.

Una de las más poderosas hace unos años.

Por lo que veo en el papel, se trata de un vaciado de activos.

Convencieron a la familia de fusionar empresas.

Una vez socios de ellos, empezaron a desviar fondos.

Esto es jodidamente raro. En otro de los papeles, encuentro una subida de un 40 % de las acciones de las empresas Langford...

justo después de que las de la familia Miller cayeran en bancarrota.

Esto me huele demasiado mal. Más al fondo de la carpeta, encuentro papeles con nombres de más familias multimillonarias que han desaparecido hace tiempo.

Me dirijo a la zona donde está la cama, tras finalizar mi búsqueda de más informes sobre los Montenegro.

Allí no encuentro nada. Solo ropa tirada sobre la cama de alguien joven.

Seguramente de Jake Langford. Tras atisbar esa zona, un ruido fuera de la casa llama mi atención.

Joder, parece que llega alguien y que va a entrar.

Lo más rápido que me deja mi cuerpo, busco un sitio donde poder esconderme, pero no encuentro ninguno.

Es todo abierto, no hay armarios, debajo de la cama sería demasiado cantoso.

Se me vería perfectamente. Decido, entonces, esconderme tras la puerta del baño.

Intento guardar la calma, mantener la respiración.

Cierro los puños con fuerza por si he de defenderme.

Da igual quién sea, en mi cabeza solo cabe una cosa ahora mismo: defender a Liv con mi propia vida.

De pronto, tras pasar unos segundos, escucho uno de los vidrios de la ventana romperse en cachitos.

Noto cómo están quitando los trozos de la ventana para poder atravesarla.

Joder, ¿en qué puto lío me habré metido?

Acto seguido, escucho unos pasos adelantarse poco a poco.

Son pasos muy sutiles, como si supiera que aquí hay alguien más.

Como si temiera estar acompañado. De un momento a otro, siento muy cerca sus pasos.

Intento contener la respiración para que no se escuche ni un solo espacio de mi cuerpo.

Sin embargo, al sentirlo pegado a la pared del baño, un instinto de supervivencia escapa de mí.

Tengo que atreverme a salir, sea quien sea, no será fuego amigo. Decido salir.

Un golpe de sorpresa hace vibrar todo mi cuerpo de arriba abajo. Con mi puño enfilado hacia el frente, veo tras él, en posición de defensa, a Marco.

—¿Marco? ¿Qué cojones haces aquí? —pregunto sorprendido, a la vez que cabreado y preocupado.

Ya no solo estoy yo en esto. Si pasa algo me pasaría a mí, pero ahora mi hermano pequeño está conmigo y todo va a ser peor. Puto Marco, siempre me toca los huevos.

—¿Cómo coño se te ocurre entrar rompiendo una ventana? —pregunto haciendo que se agache conmigo.