27
Marco
Ver que Olivia iba a bajar las escaleras hizo que nuestro cara a cara tuviera que terminar.
Ninguno de los dos quería que esto afectara directamente a Liv.
Me gustaría sentirme sumamente cabreado y soltar toda la rabia que llevo en mi interior, pero al observar cómo iba vestida Liv todo cambió en mi mente.
Un vestido azul que cortaba el aire que había a su alrededor.
Mira de Apolo a mí, con nerviosismo en sus ojos y en sus manos.
Con una de ellas agarraba su bolso; la otra, temerosa, la dirigía hacia la barandilla de la escalera para ayudarse a bajar.
Sus piernas se dejaban ver por una apertura en esa parte del vestido.
Un mechón de su pelo cae sin querer mientras sigue bajando.
Apolo la mira incrédulo de lo que ve. Yo, aunque ahora mismo sienta ganas de reventarle la cara, no puedo decir nada porque yo estoy pensando como él.
Unos tacones adornan sus pies en cada paso para bajar las escaleras.
Su vestido continúa por arriba llevando un escote que hace que mi sangre altere su temperatura y desvíe el sentido de la circulación hacia un único sitio.
Espero que no se me note mucho que se me está poniendo dura.
No puedo estar más seguro de que ese vestido lo ha confeccionado mi madre para ella.
Le encantan los vestidos atrevidos y la ropa atrevida.
Es su estilo, el de Reben. Por eso, esta sesión de fotos gana enteros para que salgamos de aquí empapados...
y no precisamente de agua. Sus manos, con su color tan cálido y suave como siempre, pero con su palma rosada, adornada con anillos dorados, me hacen imaginar cómo sería tenerlas en mi poder para hacer con ellas lo que quisiera.
Está suponiendo una tentación total, y solo acabamos de bajar las escaleras para irnos.
Por cada uno de mis pensamientos de deseo veo reflejado lo mismo en la cabeza de Apolo.
Es algo que me está encantando ver, pero a la vez me está enfureciendo como si fuera un psicópata.
Cuando baja del todo las escaleras, sonríe de mí a Apolo.
Un Apolo que pareciera que acababa de ver a un fantasma.
Podría cortarse un poco, pero ya veo que no.
Mi puto hermanito del alma se está pasando el pacto por el forro de sus cojones, y yo me voy a empezar a cansar de ser el tonto que todo lo permite.
—B... Buenos días —saluda Olivia con temblor en sus palabras.
—¿Mi madre te ha vestido para ir a una sesión o para que rompas todos los cuellos del estado? —pregunto mirándola de arriba abajo. Veo cómo sus ojos siguen los míos y comienzan a ponerse nerviosos.
—Calla, hombre. Solo es un vestido —contesta sonriendo, colocándose la apertura de las piernas.
—Claro que es solo eso. Lo que pasa es que Marco a veces mira dónde no debe —Apolo comienza una disputa que no le conviene empezar conmigo.
—¿Mirar donde no debo? —pregunto irónicamente, sonriendo lo más afiladamente que puedo mientras me acerco a él. Miro a Olivia—: No, hermanito... Yo miro exactamente donde quiero. La diferencia es que tú finges que no lo haces.
—Marco... —Liv llama mi atención haciendo un gesto para que tengamos la fiesta en paz. La miro, después vuelvo a Apolo.
—Pero tranquilo, si quisiera quitártela, no lo haría mirando —le digo a Apolo pasando muy cerca de él, mientras nuestros ojos, rabiosos y con una tensión con la que podrían temblar los cimientos de la mansión, se miran fijamente. La mandíbula de Apolo comienza a apretarse.
—¿Se puede saber qué os pasa? —pregunta Olivia mientras vuelvo a mi posición inicial.
—Nada, Liv. Es mejor que nos vayamos de una vez y acabemos rápido con esto —contesta Apolo dirigiéndose a la puerta de la mansión—.
Mirad, sé que esto no va a ser plato de buen gusto para ninguno de nosotros...
pero se trata de Rebeca. No hagamos que su sueño se joda por nuestra inmadurez... ¿Estamos?
Aunque esté tan encendido como una moto de competición, las palabras de Apolo son totalmente ciertas. Aunque esto no sea de nuestro agrado, no podemos estropear algo tan emocionante a mi madre.
—Por Rebeca —responde Olivia. Los dos me miran esperando que conteste lo mismo.
—Por Rebeca... —digo despacio, como si estuviera estudiando el nombre—. Cuántas cosas se pueden hacer por alguien que quieres, ¿verdad?... Tranquilos, seré el hermanito bueno durante toda la mañana. No os tendréis que preocupar de nada.
Salgo el primero de la mansión sonriendo irónicamente sin humor.
Una limusina negra, brillante como la luz de una estrella, nos espera para llevarnos al estudio.
Brillante como la grandísima puta falsedad que va a haber dentro de ese estudio.
Dos personas que ocultan algo que pasó anoche, que vi con mis propios ojos.
Me lo voy a pasar como un niño haciéndoles confesarme lo que ha pasado.
Quieren jugar, y yo soy el mejor jugando a esto.
Subimos los tres a la limusina. La parte de atrás es muy espaciosa, aunque en uno de los asientos solo pueden sentarse dos personas.
Me siento al lado de Olivia y Apolo justo enfrente de nosotros.
La limusina empieza a moverse. Olivia mira de reojo hacia mí, también hacia Apolo que, con su gesto serio de que nunca pasa nada, está mirando por la ventanilla de su lado sujetándose el mentón con su puño.
Liv recoge su pierna derecha para que no entre en contacto con la mía.
La incomodidad se respira dentro de ese pequeño espacio.
Las respiraciones de Liv se aceleran cada vez que me acerco un poco más a ella.
Está nerviosa, está claro. Apolo sigue mirando de reojo una vez más.
—Hace un poco de calor en este cacharro, ¿no? —pregunto con doble sentido. Liv me responde encogiendo los hombros. Apolo ni siquiera me mira.
Me acomodo en el asiento un poco más. Me desabrocho un par más de botones de la camiseta. Olivia no puede evitar mirar sin querer, pero aparta rápido la mirada. Apolo la ve. Su mandíbula vuelve a tensarse.
—Lo que yo siento es mucha carga en el aire, ¿no crees? —pregunta Apolo mirándome.
—Es verdad, hermano. Podríamos poner la radio un poco para distraernos.
Enciendo la radio y, curiosamente, está sonando la canción We can't be friends de Ariana Grande.
Perfecta para el momento, vamos. Al instante de escucharla, los gestos de ambos cambian como si hubiese pasado la muerte por nosotros.
Los dos se acomodan en el asiento. Se acaban de volver pálidos.
Tal vez sea una señal... para todos. Cuando la canción se acerca al estribillo, subo el volumen.
—¿Se puede saber por qué subes el volumen? —pregunta Olivia, tímida y con vergüenza. Podría hasta jurar que le sudan las manos.
—Me gusta la canción... —respondo sonriendo—. Además, el mensaje es arrebatador.
La limusina se acerca a un semáforo. La vibración de la limusina al parar en el semáforo hizo que el cuerpo de Liv se acercara al mío hasta casi tocarme.
La sentí ahí, muy cerca, demasiado para estar con ropa.
Por dentro, no pude evitar una sonrisa malévola al ver cómo Apolo casi entra en ebullición al verlo.
Su puño se cierra fuerte. Traga saliva y sigue mirando por su ventanilla.
Miro a Liv sonriendo, pero ella retorna a su posición de inmediato al ver la actitud de Apolo.
Está claro que no quiere ofenderle, no quiere sobrepasarse con ninguno de los dos.
—¿Es necesario tener el volumen tan alto? Vas a reventar los altavoces —dice ofuscado Apolo.
—Tranquilo, ya lo bajo... No vaya a ser que te tengas que dar otra ducha para desestresarte —contesto con la flecha de la indirecta bien clavada en mis palabras.
Apolo vuelve a mirarme tenso. Olivia mira a los dos; aún no se huele nada de lo que sé. Sin embargo, sé que nos conoce y sabe que algo pasa entre nosotros. Veo que Liv mira el móvil. Está mirando el Maps para ver cuánto queda para llegar.
—¿Estás nerviosa? —pregunta Apolo.
—¿Eh?... No —contesta mirándole—. No, claro que no. Es solo que quiero llegar ya.
—¿Por qué tanta prisa? Hace mucho tiempo que no estamos tan JUNTOS —digo sobrecargando la última palabra, con media sonrisa en la cara—, como antes. Yo me lo estoy pasando bien.
Olivia sonríe tímidamente. Apolo me mira con dureza; sus ojos me están gritando que pare ya.
El problema es que no puedo, no después de lo que vi ayer.
No hasta que no tenga una explicación de por qué mi puto hermano salió empapado de agua de la habitación de la mujer que me gusta, pero que se supone que no se debe tocar.
La limusina atraviesa por un bache en el camino que hace que el cuerpo de Liv vuelva a acercarse al mío.
Cuando entra en contacto con mi hombro, Apolo, en el otro lado, se coloca con los brazos sobre sus piernas, cruzando la mano y mirando fijamente a Liv.
Vuelvo a sonreírla con segundas, ella me mira y después, como si buscara disculpa, de nuevo a Apolo.
Vuelve a colocarse en su sitio, separada de mí.
—Si estás incómoda, puedes irte delante —ofrece Apolo. Liv mira de Apolo a mí.
—No, tranquilo. Estoy bien aquí.
—No, si eso ya lo veo... —responde Apolo con gesto torcido. El cabreo y la rabia están cada vez más en aumento.
La situación está aumentando cada vez más, y el viaje hacia el estudio de grabación se está haciendo eterno.
Eterno como el cruce de miradas y silencio que no deja de haber entre nosotros.
Pareciera como si estuviéramos comunicándonos con la mente.
Como si Apolo se estuviera cagando en mí por encrucijada y ganarle la partida antes en la escalera.
Como si estuvieran manteniendo conversaciones con la mirada Apolo y Olivia.
—¿Cuánto creéis que durará la sesión? —pregunta Liv, intentando romper el hielo.
—No sé, no he ido nunca a hacer de modelo —contesta Apolo.