ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 21
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Apolo

Salgo del baño y rápidamente me meto en uno de los pasillos para que no me vea hablar por teléfono.

Tengo que saber más de ese chico. No lleva nada de tiempo aquí y casualmente se tienen que fijar en ella, como si no hubiera más chicas aquí.

Tengo que asegurarme de quién es, de dónde viene y qué intenciones puede tener con Olivia.

Si tengo que ser fiel al pacto, al menos necesito controlar que no le hagan daño y que pueda hacer su vida.

—Soy Apolo. Bien hecho dándome esa información.

Quiero que me mantengas al tanto de todo lo que haga ese chico, dentro y fuera de clase...

Ah, y necesito su nombre y apellidos. Si ves cualquier cosa que pueda poner en peligro a Liv, dímelo de inmediato, ¿entendido?

—informo de las directrices a seguir a mi contacto de la clase de Olivia.

—A la perfección, no te preocupes por nada.

Cuelgo la llamada y me dirijo de nuevo hacia mi facultad.

Tengo pendiente una conversación con Marco; estoy harto de tanto silencio entre los dos y, además, esta escenita entrando a todo volumen no sé a qué coño ha venido.

Parece que se le olvida que tenemos una imagen y una posición que mantener.

Antes de nada, debo hacer otra llamada. Necesito que me informen de la vida del chico nuevo; parece que Liv está haciendo por conocer a más chicos para intentar evadirse de mí y de mi hermano.

Si estoy dispuesto a dejarla ir, al menos tengo que proteger su camino.

—¿Mike? Soy Apolo —saludo a uno de mis mayores ayudantes en mis misiones de... digamos, interés por compañías de Olivia.

—Apolo, cuánto tiempo, amigo. ¿En qué te puedo ayudar? —contesta siempre amable. Es uno de mis mejores contactos, muy amigo de siempre de la familia Montenegro; me conoce desde casi niño.

—Quiero información acerca de un hombre de mi universidad.

—Qué extraño, normalmente me llamabas cuando querías saber algo del entorno de Olivia...

—Precisamente es por ella que necesito esa información. Ya sabes que no quiero preguntas, Mike. ¿Puedes o no? —pregunto intentando ir al grano; estoy acercándome a donde está Marco y quiero acabar antes de nada.

—Claro, no te preocupes. Sabes de mi profesionalidad de sobra.

—Es español, está en el primer curso de psicología en la misma clase de Olivia.

Seguramente lo veas cerca de ella; es alto, moreno de pelo y con barba bien recortada.

Suele vestir con ropa clara. No sé decirte mucho más, me lo han descrito así, yo no sé cómo es aún.

Cualquier cosa que necesites, me llamas.

—Tendrás noticias, Apolo. ¿Mismo plan de pago? —pregunta antes de colgar.

—El dinero no es un problema, la protección de Olivia no tiene precio. Haz tu trabajo y yo te recompensaré bien. Nos vemos.

Dejo la llamada para entrar al aula de Marco.

Todos allí me conocen; he dado muchas charlas y les he ayudado mucho.

Al ser de la misma carrera y tener gran influencia dentro de la universidad, y debido a mi expediente académico superior, me tienen en muy alta posición.

Las formas han de ser impecables, aunque tenga ganas de decirle las cosas bien claras a la cara.

Dirijo mis ojos por toda el aula para encontrar a Marco.

Le veo en su mesa, hablando con su mejor amigo, Taylor, y un par de chicas.

—Marco —intento llamar su atención sin acercarme mucho. Las chicas suelen llenarme los zapatos de babas al verme y paso totalmente de ello. Marco me mira con expresión de intriga antes de bajarse del respaldo de la silla y venir hacia mí.

—¡Hermanito! Qué raro verte por aquí —responde con los brazos abiertos dirigiéndose a mí y sonriendo.

—Ven aquí, habla bajito —contesto llevándole fuera del aula—. ¿No tenías una ropa más barriobajera para volver a la universidad?

—¿Eres mi estilista? ¿O es que tienes envidia por ser más guapo que tú? —pregunta con su característica ironía.

—Lo que tengo son ganas de arrancártela del cuerpo. Tío, eres hijo de una de las estilistas más famosas del mundo, ¿es que no entiendes aún lo que significa tu apellido?

—Un apellido no me define, Apolo. Soy como soy, ni más ni menos. Al menos no voy ocultando cosas a quien considero importante —contesta refiriéndose claramente a lo que pasó con Olivia.

—¿Qué yo oculto cosas? ¿No fuiste tú el primero que casi besa a Olivia y luego le iba diciendo que no había sido nada? ¿Esa es tu manera de proteger sus sentimientos? ¿Tirándolos por la basura?

—Yo jamás he querido joder los sentimientos de Olivia, idiota.

Todo lo que he intentado es lo que me salía del corazón hacer por ella.

Yo al menos nunca la he tenido que chantajear para que quisiera estar conmigo —ese comentario, junto a la forma en la que se iba acercando cada vez más a mí, me estaba empezando a cabrear de una manera que no sé definir.

—No sigas por ahí, Marco. Este no es el lugar ni el momento. Solo venía a decirte que te replantees las formas. Ni Olivia ni Rebeca se merecen que esta familia se manche por tu despecho —lanzo un cuchillo directo a donde sé que puedo callarle.

—¿Ah, qué piensas, que yo estoy despechado? ¿Crees que sois tan importantes como para hacerme ser así? —pregunta riendo irónicamente—. Mira, tranquilo por eso. Pero no sé cómo puede ir hablando de despecho el tío que necesita rastrear como un perro todo lo que hace la gente de su alrededor.

Una última mirada entre ambos que define toda la tensión de este momento pone fin a la conversación. Marco se aparta de mí y entra de nuevo a su aula. Esto no puede seguir así. Tengo que bajarle los humos a Marco si quiero que el plan de Olivia salga bien. No va a ser fácil si no tengo de su parte.

Dejando atrás a Marco, vuelvo donde el director para hablar de uno de los planes deportivos que tenía pensado hacer para este año.

Es mi último año en la universidad y, ya que voy a tener mucha voz y voto debido a las numerosas inversiones que he hecho para ellos, además de ayudarles económicamente cuando tuvieron aquel problema en el que casi se sumergen en la bancarrota, quería hacer algo innovador.

No muchas veces se compite en fútbol, pero no el americano, me refiero al balompié.

Además, creo que, de esta manera, puedo tener más beneficios de los que yo pensaba. Llego al fin al despacho del director.

—Querido Apolo, un placer verte como siempre —nos saludamos con un apretón de manos.

—¿Qué tal, señor Levin? —contesto con todo el respeto que él me transmite.

—Tengo cosas que contarte acerca del Fondo de Becas Montenegro.

Tu idea de crear este fondo para los estudiantes con bajos recursos ha calado muy bien entre los directivos y han aprobado tu propuesta.

Dentro de unos días haremos oficial el Fondo Montenegro para todos los estudiantes que coincidan con las características pedidas por ti.

Este fondo de becas fue una idea que se me pasó por la cabeza no hace mucho: pensar en todos aquellos estudiantes que, como Olivia, llegaron aquí solo por su esfuerzo y no porque tengan un apellido distinguido o alta capacidad económica, y que entran aquí sin mucho dinero.

Tener estos fondos disponibles seguro que les viene genial.

Es algo en lo que la universidad me otorga control absoluto.

Así que, a partir de que se acepte, voy a tener trabajo.

—Es una gran noticia, señor Levin. A mi familia siempre le ha gustado ayudar a las personas. Son unos valores que mi madre me lleva inculcando toda la vida. Pero ahora quería proponerle otro asunto.

—Cuéntame, Apolo. Tus ideas siempre son bienvenidas.

—Quiero crear una competición de balompié entre todas las facultades de la universidad. Todo aquel que quiera puede apuntarse. Yo me encargaré de organizarlo todo y de financiarlo, por supuesto —comento mi plan viendo en su cara de sorpresa; por lo que veo, tiene buena pinta.

—Me parece genial, Apolo. Una idea innovadora y muy grata en cuanto a lo que se trata competir. Tienes mi total aprobación. Cuando lo tengas todo me pasas un PDF con todo lo que debo saber. Ahora, si me disculpas, tengo una reunión importante.

—Por supuesto, señor Levin. Voy a ver si estudio algo, con todos los planes nuevos que tengo en mente me estoy olvidando de lo importante —respondo sonriendo.

—Exacto, pero yo confío en ti. Tu expediente te respalda, amigo mío.

Me despido del director con una sonrisa y salgo de su despacho. Voy a tener trabajo a partir de ahora con el torneo y con los fondos. Va a ser algo muy motivador.

Bajando las escaleras, al fondo vuelvo a ver a Olivia.

Vuelve a estar con ese chico. Cada centímetro de mi piel se eriza como si estuviera en una situación extrema de peligro.

El calor de mi cuerpo asciende hasta la temperatura de la lava; mis puños quieren cerrarse por el temor a que pueda hacerle algo a Olivia.

Mi sensación de verla irse poco a poco de mi lado abarca todo lo que mi alma puede sentir.

Verla con otro hombre hace replantearme si no lo he hecho suficientemente bien, si tenía que haber sido menos duro, más abierto, más como Marco, que me dé igual mi imagen si es lo que YO quiero hacer.

Sin embargo, ya la situación es otra muy distinta, y ahora mismo tengo una baraja de cartas con muy pocos ases.

Pero, aun así, puedes ganar la jugada si la gestionas bien.

Me acerco a ellos poniendo una sonrisa, sinceramente, muy falsa para lo que me gustaría.

Frente a otras personas no puedo hacer que noten nada raro.

Frente a otros, solo soy su hermano. Veo cómo Olivia comienza a sonrojarse al verme; su pelo suelto, el bolso colgado del otro lado de donde está ese chico.

Venía riéndose con él. ¿Qué tanto tendrá que contar tan gracioso este chico? Tendré que averiguarlo.

—¡Olivia! —saludo a mi hermanita llamando su atención, por si acaso me esquivaba.

—Apolo... cuánto tiempo sin verte, ¿eh? —contesta con su cara de niña pequeña enfadada. No hay nada que me dé más ternura en ella.