19 #3
—No digo nada que no sienta real, lo sabes.
Tu padre no ha podido quedarse hasta ahora; quería hacerlo, pero ya le estaban echando la bronca.
Me ha dicho que te desea toda la mierda posible —dice entre risas mientras pongo un gesto de demasiada extrañeza en mi cara.
Oír esa expresión de mi padre era muy raro—.
Sabemos de lo que eres capaz, Liv. Estás aquí por tus propios pasos, no por ser quién eres.
Y también sabemos que conseguirás todo lo que te propongas...
Tienes nuestro apoyo, Liv. Si tuviera una hija, desearía que fuera como tú.
—... Rebeca... Puedes considerarme como tu hija.
Lo de mi madre siempre me va a perseguir, pero tú has hecho que sintiera que no me ha faltado esa figura nunca.
Te lo agradezco infinitamente y, por eso, quiero decirte que puedes considerarme como tu hija...
En fin, si tú quieres —respondo algo tímida.
—No podría hacerme más feliz tener esa confianza tuya para serlo. Lo consideraré así entonces. Y ahora, tienes un futuro por pulir por delante. Ve a por todas, Olivia, cómete el mundo.
Un abrazo tan cálido como grande me llenó el alma, me recargó las pilas; lo siento como ese típico abrazo de una madre que te hace sentir segura de ti misma, que te hace sentir que nada va a salir mal y que, si te das una hostia, tu madre estará allí para curártela o, lo que es más probable en mi caso, para llorar conmigo.
Tras un fuerte beso, salgo de la mansión para recibir a Marta.
—¡Buenos días! ¿Lista para vivir el sueño de toda adolescente? —pregunta nada más subirme al coche.
—Pues... Supongo, ¿no? —respondo entre risa, preocupación, duda y temor.
—Estarán los hermanos, ¿verdad? —pregunta de nuevo poniendo rumbo directo a la uni.
—Apolo seguro; Marco... tengo mis dudas.
—Bueno, al menos estará el que está más bueno —afirma con cara de deseo.
—¡Marta, por favor!
—¿Qué? Nos saca cinco años y encima está forrado y quieren hacerle uno de los mandamases de la uni. Lo tiene todo. Yo a veces te envidio.
—Ya no estoy en ese plan con ellos, ya lo sabes.
—De eso quería hablarte. ¿Cómo te va con ellos? —pregunta mientras coloca su mano sobre mi pierna.
—Bueno... va, que ya es mucho decir. Es muy complicado todo, sabemos lo que sentimos solo con vernos y eso juega mucho en nuestra contra muchas veces. Con Apolo mejor que con Marco, pero bueno, al final hacen lo que yo pedí. No puedo quejarme ahora.
—Imagino lo difícil que tiene que ser para ti, sobre todo. De ellos conozco poco, pero a ti te conozco muy bien. Sé que detrás de esta imagen de tía potentorra que va a empezar la uni se esconde un alma rota —admiro la capacidad de Marta para olerme como un león a su presa.
—Bueno... Ya se pasará. Solo necesito tiempo.
El viaje a la universidad continúa charlando de ella, de sus rollitos de verano y de la preocupación de no llegar muy lejos en la carrera.
La verdad que hablar con ella me hace desconectar bastante de todas las mierdas que llevo encima, coger más ganas de intentar divertirme en la uni.
Sobre todo, motivarme para empezar con buen pie, ser capaz de socializar algo...
eso sí, con su compañía siempre. Paso de estar sola con hombres desconocidos; aún me queda mucho trabajo por hacer con eso.
Vamos llegando a la universidad cuando entramos en el aparcamiento.
Tras unos cuantos coches y algunos alumnos esquivados, veo el coche de Apolo...
Su Mercedes Clase C deslumbra con el brillo de su color negro como la noche.
Mi primer momento de bloqueo llegó; la certeza del peligro de encontrarme con Apolo en un entorno donde estará desesperado totalmente por controlar todas mis acciones me abruma a la vez que me hace recordar todo lo que me dijo aquel día.
Aún necesito más tiempo para desintoxicarme de eso.
Aunque sé que su protección nivel obsesión jamás va a desaparecer.
Al final aparcamos el coche unos pocos coches más adelante del de Apolo.
Al salir, nos esperan algunas de nuestras amigas en común, varias de ellas algo falsas, pero hay otras que merecen más la pena.
Desde lo que me pasó, tengo gran habilidad para detectar a este tipo de personas muy rápido.
Mientras estamos charlando con ellos antes de entrar a la uni, un sonido enorme empieza a retumbar todos los cimientos y árboles de la universidad.
A lo lejos, cerca de la entrada al recinto universitario, aparece: un Porsche 911 Carrera, rojo brillante, con T.N.T.
de AC/DC a todo volumen. A toda velocidad se acerca a nosotros, aparcando justo enfrente, casi rozando a uno de los chicos del grupo con el que estoy, casualmente uno que estaba a mi lado.
De él aparece Marco, con chaqueta de cuero, camiseta negra, pantalones oscuros y botas negras.
Cigarro en sus labios, gafas de sol y el pelo demasiado alborotado para ser él.
¿Qué coño está haciendo? ¿De qué va? Las chicas se le quedan mirando como si fueran zorras o perras en celo deseando que alguien las copule.
¿De verdad tienen que ser tan cerdas? Esto no va a ir nada bien.
La propuesta de Marco está clara. Va a cobrarse venganza, y va a hacerlo donde sabe que me puede joder más.
Va a despertar una ola de celos en mí que no sabía que podía llegar a tener, pero parece que él sí lo sabe.
Pues nada, Olivia, bienvenida a la universidad...
o mejor dicho, bienvenida a un nuevo infierno Montenegro.