19 #2
La alarma estruendosa de mi iPhone me despierta de golpe recordándome que me tengo que empezar a preparar.
Creo que es de las últimas alarmas que me van a sonar; es común en mí ponerme alarmas rollo un par de horas antes de tener que salir de casa.
Necesito mi tiempo para arreglarlo todo y prepararlo de la forma perfecta y, por supuesto, para ir lo más romantizada posible.
La ocasión lo merece: hoy empieza mi primer día en la universidad tan ansiada, la que siempre luché por conseguir.
Han pasado tres semanas desde que hablé con los chicos sobre...
ese tema que intento evitar, más que nada para no volver a caer en él.
Han sido semanas duras en las que mi contacto con los chicos ha sido extremadamente ilimitado.
Puede que fuera por celos de ambos, por el bien de todos, por respetar la distancia entre los tres o, lo que yo creo, para evitar que alguno de los dos rompa la cara al otro.
Es algo que me tiene constantemente preocupada, pues no me gustaría que se llevaran a matar por mi culpa.
Con Apolo la relación no ha ido tan en picado; al menos de él sigo recibiendo saludos, alguna sonrisa que esconde muchos sentimientos por dentro, alguna mirada de las suyas que, aunque no quiera, me sigue creando muchas sensaciones.
Como bien dijo él, me va a costar mucho olvidarlo.
En cambio, Marco ha sido mucho más difícil.
Sigue en sus mismos planes de siempre. Le he visto mucho más de lo normal en nuestro lugar secreto, fumando, bebiendo, siendo Marco, autodestructivo como si no hubiera más futuro en su vida.
Cada vez que intentaba acercarme algo a él, huye; tiene cosas que hacer, hace que no me ve o, simplemente, no me hace ni caso.
Sigo notando el interés de ambos por lo que pasa alrededor de mí.
A pesar de todo, he seguido viendo el Audi de Marco cerca de la academia casualmente cuando tenía que ir yo.
Apolo me ha preguntado varias veces si no salía con nadie, o si no me hablaba nadie.
A pesar de todo, Apolo está cumpliendo algo más con nuestra relación de siempre; en cambio, Marco, como era de esperar, va a su puta bola.
En fin, eso es algo que se debe de quedar semanas atrás, a donde pertenece.
Me levanto de la cama después de estar como media hora replanteándome la vida.
22, de Taylor Swift, ha sido mi canción elegida para este día.
Necesito este tipo de vibes para hoy. Me voy al baño para prepararme: ducha, después mi tocador para quitarme esta cara de muerta de encima y, por último, un buen look.
Varias dudas acechan mi cabeza. Sé que Apolo y Marco estarán ahí también, aunque no sé con qué pintas irá Marco después de todo el tiempo que lleva sin estar más de media hora en casa.
En cambio, Apolo, estoy segura de que incluso ya estará saliendo para la universidad.
Tiene un gran reconocimiento en la universidad, le tienen muy en cuenta por las diversas aportaciones económicas que ha realizado en ella.
De hecho, tiene varios contactos con los cargos altos de la uni y quieren ofrecerle ocupar un puesto en cuanto acabe la carrera entre los directivos.
Vivo estos primeros instantes del día esperando no tener que cruzarme mucho con ellos; bastante tengo con tenerlos tan cerca y a la vez tan lejos en la mansión.
Pero, conociéndolos, sabiendo que voy a conocer a otros chicos, que voy a tener a más personas aparte de ellos cerca de mí, va a ser una tarea muy difícil.
También juega un papel importante mi inseguridad: aunque voy con Marta, aunque sé que ellos están ahí y que me ayudarán si veo peligro, el hecho de estar con otros hombres desconocidos hace que mi ansiedad esté esperando el momento más próximo para aparecer.
Por ello, cargo mi arsenal con mis ventolines, mi batería social bien cargada y la mala leche controlada... de momento.
Parece que mi cara va tomando algo más de color; después de tirarme, sin exagerar, media hora haciéndome las pestañas, creo que ya estoy lista.
Camiseta con rollo y pantalones vaqueros negros acompañan a mi maquillaje con unas buenas Buffalo en los pies.
Mi bolso, creo que un poco demasiado grande, está preparado con todo.
Solo me queda esperar a que Marta aparezca con su Fiat 500 color rosa para ir juntas a la uni.
Salgo de mi habitación, espero unos segundos intentando escuchar si Marco sigue en su habitación, si ya se ha ido, si aparecerá por allí o seguirá haciendo el loco por allí.
Al no oír nada, me dirijo hacia las escaleras de la mansión para salir.
Al bajar, veo a Rebeca esperándome en la puerta.
—La universitaria más guapa de todo el estado... —dice sonriendo como si fuera su propia hija la que empieza la universidad.
—Por favor, Rebeca, ya quisiera yo —respondo cuando se acerca a mí colocando sus manos siempre cálidas sobre mi cara.