ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 19
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Olivia

El único sitio en el que puedo estar realmente a gusto en esta mansión que, ahora mismo, se me está haciendo muy pequeña.

Mi habitación está realmente cerca de las de ellos.

Cualquier cosa que pueda hacer, cualquier pensamiento incluso, puede ser escuchado por alguno de ellos.

Y sí, este es el sitio de Marco, pero también me enseñó a que sea el mío.

Y, sinceramente, aunque no esté aquí esta vez, porque a saber dónde se habrá metido, su esencia sigue aquí.

Le siento conmigo, como si fuera aquel día en el pasillo de la mansión.

Necesito un abrazo suyo, pero no de mi parte amorosa, sino de mi parte de hermana pequeña.

Necesito ese Marco, aunque sé que ahora mismo estará muy molesto conmigo, y más lo va a estar cuando sepa lo que tuve con Apolo.

Pero tiene que saberlo; si tomo distancia con ambos, tiene que ser desde la sinceridad y que tanto uno como el otro sepan lo que he hecho.

Aunque con eso me arriesgue a que me dejen de hablar.

Los recuerdos de Apolo, de Marco, de los tres juntos, circulan por mi cabeza como si me alertara que todos ellos están ahora mismo en la UCI de los recuerdos.

Como si todo eso se perdiera, estuviera a punto de morir.

Estoy en un agujero muy hondo en el que estoy a punto de caer si no pongo remedio.

Marco tiene que saber todo esto y, una vez eso ocurra, debo actuar y cambiar todo.

Por el bien de ellos, por el mío, por el nuestro.

Pasan unos minutos cuando empiezo a escuchar pasos desde dentro del desván.

Me parece demasiado raro; nadie más que Marco y yo sabemos que subimos aquí.

Nadie más sube para no encontrarse con este campo de minas de trastos viejos.

Efectivamente, no podía ser otro. La gran sorpresa no era esa...

sino lo que mis ojos están percibiendo ahora mismo.

Es como si se me cayera un pilar, como si algo de decepción cayera sobre mí ahora mismo.

No puedo creerme que esté viendo a Marco con la cara magullada, llena de heridas, con el labio y la ceja rotos.

Con sangre y únicamente papeles cubriendo las heridas. No puedo creer lo que estoy viendo.

—¡Joder, Olivia! —exclama metiéndose de nuevo para dentro al verme, pero mi mano se lo impide cuando le agarro del brazo.

—No, no, no, no. Vas a quedarte aquí si no quieres que le cuente ahora mismo a todos de dónde vienes, Marco. Más te vale quedarte.

—¿Ahora vas de chivata? —pregunta acercándose a mí—. Aparte de ocultar secretitos con mi hermanito, chivata, ¿no?

—No me des la vuelta a la tortilla, Marco. ¿Por qué coño estabas en las peleas? ¿Es porque no te dije lo de Apolo en el coche? —pregunto viendo cómo empieza a reírse.

—A ver, por ti le he partido la cara a mucha gente pero... mmm... No, me da a mí que hoy no ha sido por ti —responde colocándose detrás de mí.

—Marco, nos prometiste que no ibas a volver...

—Todos prometemos cosas que no cumplimos, ¿verdad?

Recuerdo que me prometiste una vez que no habría secretos entre tú y yo, que nos contábamos todo.

Bien, ¿tan grave es lo que te pasa con Apolo para no decírmelo?

—noto celos en cada una de las palabras que salen de su boca.

Sabe muy bien lo que está pasando y, si no lo sabe, lo imagina a la perfección.

—Te lo iba a contar en cuanto te viera, Marco. Necesito hacerlo. Tengo que aclarar esto con los dos... —contesto mientras me siento y le hago un gesto con la mano para que venga a mi lado.

—¿Aclarar el qué, Liv?

—Sé que esto te va a enfadar. Sé también que te va a doler.

Pero creo que es lo que debo hacer y lo mejor que puedo hacer por los tres...

—el gesto de Marco cambia drásticamente a uno que, perfectamente, está indicando que se encuentra perdido—.

Marco, no eres el único por el que siento esto... Con Apolo...

—No... No puede ser... No lo estarás diciendo en serio, ¿verdad? —pregunta mientras me limito a callar y otorgar—. Olivia, responde ahora mismo, por favor. ¿Con mi hermano?

—Marco, déjame acabar sin tener que hacerlo más duro, por favor —alego con lágrimas ya en los ojos, al ver cómo los suyos se vuelven brillantes—.

Con Apolo pasó todo muy rápido; yo llevo tiempo sintiendo cosas más allá de ser simplemente tu hermanastra, pero con Apolo ocurrió todo a la velocidad de un rayo y no puedo explicar cómo ocurrió, ¿vale?

Solo sé que un día no pude resistirme, no pude evitar que ocurriera... y ocurrió.

—¿Qué fue lo que ocurrió, Olivia? —pregunta cuando siento pronunciar mi nombre completo de su boca como si fueran cuchillos ardiendo. Él rara vez me llama Olivia—. ¿Besos? ¿Os dijisteis que os amáis mucho? ¿Qué coño pasó, Olivia?

—Sí, nos besamos, claro...

—¿Y? ¿Llegaste a algo más con él, ¿no? —vuelve a preguntar, y yo vuelvo a callar. Su gesto se tuerce, se hace más enfadado, más apenado, con más decepción si aún cabe. Me está rompiendo por dentro romperle a él, al que tantas veces me ha reconstruido desde el suelo.

—¿Estabas liada conmigo mientras pasaba esto con Apolo, ¿verdad? ¿Por qué con los dos, Olivia? ¿No sabes a quién prefieres? ¿Te tienes que enamorar de los dos? ¿O es que solo es atracción y...

—¡Para, Marco! ¡Para, joder, para! Deja de comportarte como un cabrón integral.

No me estás ayudando así. Sí, estaba con él, estaba contigo, te besaba a ti mientras Apolo me tocaba hasta llegar a más.

Me besaba contigo mientras Apolo pensaba que iba a dejar de estar contigo si quería estar con él.

Joder, Marco, no lo ponéis fácil. Ni tú, ni Apolo.

Siento muchas cosas por ambos, siento cosas que no son normales en una hermanastra.

Siento que te necesito a mi lado, siento que me tiemblan las piernas cuando eres irónico a centímetros de mis labios, que vuelo cuando tocas mi cuerpo.

Siento que cuando veo a Apolo recuerdo lo que me pasó con él, cómo me trataba, cómo me hacía sentir llena de adrenalina, lo recuerdo todo y me cuesta no verle como le veo, ¿vale?

Lo reconozco, reconozco todo; puedes llamarme puta, puedes llamarme de todo por jugar con ambos a la vez.

No he sabido controlarme porque, desde que entré a esta casa, los hermanos Montenegro habéis sido todo para mí en TODOS los aspectos.

Y ahora mismo soy adicta de los dos, soy adicta a los Montenegro.

Y necesito tomarme un tiempo, apartarme en ese sentido de ambos.

Que volvamos a ser los tres hermanos que éramos antes de estos últimos días.

De estos últimos meses. Por ello te pido, por favor, que a pesar de esto no trates mal a Apolo, no jodamos lo que tenemos entre nosotros.

¿Podrás hacerme ese favor? —interrumpo la respuesta de Marco para soltar todo lo que me llevo guardando desde que subí a este sitio.

Marco, perplejo, decepcionado e, incluso con gesto asqueado, me mira fijamente a los ojos.

—¿Crees que puedo hacer como si nada hubiera pasado cuando mi hermano, MI PROPIO HERMANO, está quitándome a la única persona por la que he sentido algo real?

¿Recuerdas cuando te intenté calmar el primer día que llegaste a esta casa?

Solo esa primera mirada me bastó para saber que tú serías diferente, Olivia.

No puedo hacer como si todo estuviera bien cuando...

—pausa moviendo los ojos de lado a lado incrédulo—...

estamos como el puto culo. Lo más bonito que tendrá Apolo para decirme es que me quiere partir la cara, Olivia.

No voy a competir por ti, no eres un trofeo.

Pero no puedes pedirme que todo vaya igual. No lo siento.

Atisbo una gota de lágrima escapar de sus ojos llorosos mientras empieza su camino para dejarme sola, por primera vez desde que llegué aquí.

—Marco, no quiero hacerte más daño. No quiero dolerte más —le digo cuando para, gira sobre sí mismo, con un gesto de decepción que me arruina el alma por dentro.

—Tranquila, Olivia... Dicen que el amor también duele, no está de más experimentarlo —contesta irónicamente cuando se va acercando poco a poco a mí, hasta estar a un suspiro de mi cuerpo.

Siento cómo mi piel se eriza queriendo tocar su cuerpo.

Sus marcas de pelear, su labio roto, generándome unas ganas inmensas de curarlo con mi saliva; mi afán por curar sus heridas y que me cuente por qué ha vuelto a las peleas rompiendo su promesa, todo en él está causando un torbellino de sensaciones en mí—.

Solo recuerda que fui el que te enseñó a convivir contigo, que fui el que te besó por primera vez, que siempre he estado ahí para ti...

Que cuando empezamos con todo esto, empecé a pensar que podría ser real, que podría hacer que durara eternamente... Ser eternamente tuyo.