ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 18
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Marco

Llego aquí no porque sea lo que más deseo.

Soy consciente de que le prometí a Olivia que no iba a volver, aunque después de lo que acababa de pasar hace tan solo unas horas, podría volver para lo que todos se creen aquí.

Esta vez no vengo a calmar mi rabia, mis ganas de reventarlo todo por no saber qué coño está pasando con Apolo y Olivia y saber por qué me está ocultando todo eso.

En fin, debo andarme con cuidado. Tengo que tener mil ojos hoy, necesito saber si lo que estoy pensando es real, si ese hijo de puta está aquí.

Y si es así, hacerme cargo de saber para qué.

—Ey, Jude —saludo al chaval que lleva todo este cotarro—, ¿quiénes pelean hoy?

—Espera, espera. ¿Eres Marco, no? ¿Qué coño haces tú preguntando quién pelea? ¿Desde cuándo te importa?

—Venga, tío, hoy sí me interesa.

—Pues los de siempre, Marco. Aunque esta vez hay uno nuevo, no le he visto nunca, me han dicho que es nuevo en la ciudad y que quiere probar.

Joder... lo sabía. No andaba mal encaminado, sabía que ese hijo de puta iba a estar aquí.

—¿Nuevo, eh? ¿Tiene rival asignado? —pregunto haciendo como que no sé nada de él.

—Sabes de sobra que nadie quiere con nuevos. No se van a arriesgar a que sean mejores y pierdan. Aunque bueno, tú nunca has perdido con ninguno. ¿Le quieres tú? —pregunta mientras miro a todos los hombres que están en el lugar, intentando encontrarle.

—Sí... Yo pelearé con él.

Apunta mi duelo en la lista mientras me preparo para pelear y vemos el resto de peleas.

Esto junto a Ty, mientras observo todos los chicos que están ahí para pelear.

Sin embargo, no consigo verle a él. No consigo encontrarle.

De momento sé que no gano mucho partiéndole la cara hoy, no me va a ayudar en nada a saber qué está haciendo en la ciudad, ni siquiera sé si él tenga algo que ver con los planes de su padre.

Pero tratándose de Olivia, prefiero que paguen inocentes por pecadores si con ello puedo protegerla.

No voy a permitir que la vuelvan a hacer daño.

Además, con ello no solo estoy protegiendo a Olivia.

Toda mi familia puede estar en peligro, sobre todo Jhon y ella.

Debo intentar saber todo lo que pueda de los Langford, empezando por lo que tengo más cerca. Su hijo.

Después de esta pelea sigo yo. Me quito la sudadera negra y me pongo los pantalones cortos.

Es el único momento del día en el que puedo verme todos los tatuajes sin tener que taparlos.

Pero, sobre todo uno en especial. El de Olivia...

Al mirar mi muñeca, recuerdo por qué estoy aquí, y que con ello no estoy fallando ninguna promesa, que solo intento proteger lo que es mío.

Hace mucho frío, pero la adrenalina que tengo y las ganas que siento de reventar a cualquiera que tenga que ver con dañar a Olivia me hacen olvidarme de la temperatura.

Llega el momento, Jude me llama para pelear, y también le llama a él.

Acabo de descubrir su nombre. Si todo es como yo espero, el hijo del hombre que abusó de Olivia es William Langford, aunque le acaba de llamar Will solo.

Qué raro... No aparece nadie. Jude me mira, yo le miro haciendo un gesto de duda.

Unos segundos después, un «ya estoy» suena de repente desde el fondo de todo el gentío.

Un chico rubio, alto, más alto que yo, sin camiseta, trabajado de gimnasio y con una cara de cerdo hijo de puta que me puede dar una señal de cómo sería la de su padre.

Se coloca enfrente de mí, junta su cara con la mía mientras no me muevo ni un solo centímetro de mi lugar.

No suelo expresar las emociones, pero creo que en este momento mi lenguaje corporal me está delatando bastante.

Jude nos pronuncia las normas, porque sí, aunque no lo parezca, aquí siempre hay normas.

Al acabar, el rubio me tiende la mano para realizar el saludo de cortesía antes de comenzar. Acepto el saludo. Empieza el juego.

Jude da el comienzo. Empiezo con templanza, no lanzo ningún ataque, esperando a averiguar de qué pie va a cojear, esperando a ver cómo actúa él.

No avanza, no ataca, no intenta nada. Por su postura noto que este tío viene de boxear, sabe lo que hace y cómo lo va a hacer.

Va a ser más fuerte que yo, pero no puedo permitirme caer con este tipo.

Se acerca de golpe intentando sorprenderme con un primer puñetazo dirigido a mi mandíbula; mi acción de esquive fue perfecta, lo vi venir desde muy lejos...

Primer fallo. Vuelve a querer darme otro pero mi brazo le impide hacerlo cuando le aparto con fuerza y le propicio el primer golpe en la boca del estómago.

No parece haberle tambaleado mucho, aunque le haya dado con fuerza.

Debo controlar las ganas y la ira; con este rival va a jugar en mi contra ir a por todas desde ya.

Cuando se echa para atrás por el golpe en el estómago, lanzo una patada dirigida a su cabeza pero este la esquiva con la mano y me devuelve un golpe en mi pierna de apoyo, tirándome al suelo.

Estando en el suelo veo cómo quiere tirarse sobre mí para intentar una sumisión; sin embargo, mi velocidad de respuesta aún está en su prime y me levanto todo lo rápido que puedo, haciendo que por la inercia de su movimiento se tambalee y casi caiga al suelo.

Se apoya sobre sus manos y, en ese momento, aprovecho para darle una patada nuevamente en la boca del estómago, dejándole en el suelo.

Podría lanzarme sobre él ahora mismo e intentar acabar la pelea, pero no quiero hacerlo todavía.

Necesito tenerle cerca y memorizar cualquier señal que pueda obtener de su cuerpo o de su ropa.

Levanta su posición con un gesto de cabreo y rabia en su cara de mierda.

He conseguido enfadarle, ahora solo queda gestionar su enfado hasta que se canse y lanzarle el último golpe.

Para mi sorpresa, su siguiente movimiento no fue lanzarme un puñetazo; engañó lo que yo esperaba y, cuando parecía que lo lanzaría, se abalanza contra mí, aprieta mis brazos contra su torso impidiendo que pueda moverlos, me bloquea las piernas, empieza a golpearme con una fuerza que no había visto antes aquí en ninguno de los que pelean aquí sobre el lateral de mi cabeza.

Está haciendo trampas, no puede golpear la cabeza pero lo está haciendo igual, y lo peor es que no estoy pudiendo escapar.

Mi cerebro está retumbando cada vez más y la sensación de mareo me está aumentando cada vez más.

Comienza a golpearme en la cara... Siento cada golpe como si un martillo fuera su arma.

No puedo hacer mucho más que intentar protegerme, pero mi debilidad aumenta con el mareo cada vez que me daba en la cabeza.

En un momento en el que está cogiendo impulso para darme el que podría ser el último golpe antes de ganar él la pelea, una imagen de Olivia recorrió mi cabeza como si fuera una estrella fugaz.

La imagen de ella ahora mismo cayendo en las manos de este hijo de puta, o de su padre, si se llegan a enterar de que Olivia está aquí.

En ese momento, cuando mi imaginación decidió retirar esa imagen, mi rabia cogió una velocidad indescriptible, como si fuera un rayo, como si fuera el fuego más ardiente de la llama de un dragón; mi ira aumentó a niveles que nunca habría podido imaginar.

Con su puño en alto, de rodillas sobre mi pecho, con el codo de mi brazo izquierdo le propicio el primer golpe en el pómulo, rompiéndoselo.

Acto seguido, con mi puño derecho, le doy sobre un costado de sus costillas, haciendo que cayera sobre mi lado.

Ahí ya lo vi, me coloqué encima de él, empecé a golpearle tres veces seguidas en los puntos donde sabía que podía dejarlo KO.

Al tercer golpe, intento inmovilizarle mientras desvío mi mirada sobre Jude, que estaba cogiendo el megáfono para anunciar el final.

Al fin, tras cinco segundos, anunció el final de la pelea.

—¡3... 2... 1... SE ACABÓOOO! ¡MARCO ACABA DE GANAR AL CHICO NUEVO! —exclamó Jude mientras me levanto, quitándome con las manos la sangre que me salía del labio y de la ceja derecha.

Langford me mira desde el suelo, con el pómulo destrozado, mirándome de arriba abajo. Le ofrezco mi mano para ayudarle a levantarse.

—Bien luchado —le digo mientras aún no acepta mi mano.

—¿Quién eres? —pregunta aún con gesto enfadado en su cara. No pienso decirle quién soy. Muy pocos aquí saben quién soy, solo Ty.

—Un tío cualquiera... Si estoy aquí es que no soy nadie —respondo tirando de él para levantarle—. Nos vemos.

—¡Marco! ¡Tienes que coger el cinturón! —exclama Jude cuando ve que me voy de allí.

—Quédatelo, Jude... Yo ya tengo muchos. Además, hoy he ganado algo más que una pelea...

Le contesté dándole una palmada en el hombro y dirigiéndome al coche.

Y así es, había ganado algo más que una pelea.

Un tatuaje en su muñeca me confirmó que, efectivamente, era él del que yo sospechaba.

La letra «L», esa inicial, según mi contacto, la llevan todos los familiares que pertenecen al clan Langford.

Los tengo, ahora solo tengo que averiguar qué están haciendo aquí.

Y lo más importante, si quieren algo de Olivia.