ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 15
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Marco

Dejo los gritos de Olivia atrás. Sé muy bien lo que me está gritando, que hará todo lo posible porque alguien me frene.

Así que tengo que darme prisa. Entrar a la academia y buscar al tipo ese.

Mi furia y mi rabia dirigen mis pies; no voy a hacer nada malo, tampoco quiero perjudicar a Liv, aunque le reventaría la cabeza contra el espejo de las clases de baile.

Entro a la academia y, justo a la derecha, está la clase de Liv.

Veo a Martín con su clase, bailando tan bien como siempre.

Sigo buscando; más adelante hay más grupos de chicas, de los que escucho cómo pronuncian mi nombre, mi apellido, otras que soy el hermano de Liv.

Me paro en un grupo cualquiera y pregunto por la clase de Steven.

Me contestan que ahora mismo no tiene clase, que seguramente estuviera en la planta de arriba fumando.

Me dirijo hacia la segunda planta. Andando por el pasillo amplio y colorido, veo un cartel que reza escrito «Smoking Room».

Sin pensarlo y, sin siquiera llamar, decido entrar a la sala.

Bien... Ahí estaba... Suerte para mí que estaba solo.

Podía decirle todo lo que quería. Me acerco a él, sentado en una silla frente a una mesa.

—¿Tú otra vez? —pregunta por encima del móvil cuando me ve.

—Levántate, quiero hablar contigo —contesto poniéndome justo a su lado. Él obedece, por el bien de sus piernas.

—¿Quieres una clase de baile? —pregunta riéndose, poniendo una cara de chulería de las que me gusta destrozar en las peleas.

—Voy a ser yo el que sea catedráticamente explícito y conciso. ¿Qué coño te traes tú con Olivia? —pregunto con la mayor cara de hijo de puta que puedo poner.

—¿Por qué iba a tener algo? Simplemente es una chica que baila que te cagas y quiero darle un futuro mejor —esas palabras...

de esa boca apestosa, que repudia solo con oír su tono de voz.

Me está poniendo tan de los nervios que se me está haciendo difícil controlar mi impulso de hacer que se coma el cenicero.

—Escucha, Steve —digo colocando una mano sobre su hombro y apretando fuerte, al límite en el que su escasa neurona entienda que lo estoy haciendo aposta para que le duela—: el futuro de Olivia depende de mí, ¿comprendes?

Curioso que hables tú de futuro cuando el tuyo se hace cada vez más corto y oscuro cuando hablas de ella o te refieres a cómo de bien se mueve bailando.

Yo que tú, me andaría con cuidado a partir de ahora, y dejaría a Olivia a su bola, va a ser la única manera de mantenerte entero y que puedas seguir bailando...

con piernas. Me da igual el cargo que tengas aquí, a Olivia la vas a respetar y no la vas a volver a poner un ojo encima.

¿He sido lo suficientemente claro? —pregunto mirándole a los ojos como si estos lanzaran balas directas, más bien, bombas atómicas.

—... Completamente —responde con cara de dolor y odio al mismo tiempo.

—Me alegra saber que tu cabeza de hormiga consigue coger la onda. Espero no tener que volver a verte.

Cierro la puerta a mis espaldas y me dirijo de nuevo al Audi.

Espero que, de verdad, le haya quedado claro.

Con lo que le pasó de pequeña y si encima ese hijo de puta está en la ciudad, lo que menos necesito es que el cara de mierda este quiera meterse con quien no debe.

No tiene por qué haber pasado nada, pero ver cómo la agarraba del brazo y la llevaba al coche hizo despertar en mí una furia intensa que solo me puede salir cuando se trata de Olivia.

Espero que le haya quedado claro que con Olivia debe de mantener distancia; de lo contrario, lo siguiente ya no será un aviso.

Salgo de la academia y me dirijo al coche.

En él, Olivia me mira con la mayor cara de enfado de su vida, con los brazos cruzados; parece que no se da cuenta de que así está más bonita que enfadada.

Parece una niña pequeña cuando se enfada, mi pequeña.

Me encanta cuando está así. No puedo evitar poner media sonrisa al verla así.

Cuando ve que estoy sonriendo, hace un bufido como si quisiera decir que encima tengo el derecho de reírme.

Lo siento, Liv, pero es que no puedo hacer otra cosa.

Quito el seguro para poder entrar al coche cuando estoy rodeando el capó.

—Por el bien de tus pelotas espero que me digas lo que acabas de hacer, y explicarme por qué coño me encierras aquí como si fuera tu perrita —ordena refunfuñando como si de una niña pequeña se tratara.

—¿Tendrías algún problema en serlo? Seguro que te gustaría —respondo mientras agarro el volante con una mano y le sonrío con media sonrisa.

—¡Marco, hablo en serio! Joder, esa academia es muy importante para mí. Dime qué has hecho —exclama cuando me acerco a ella rápidamente, tan cerca que puedo respirar el aire que sale de su boca.

—Solo defiendo lo que es mío, Olivia —contesto mirando sus labios. Al subir la mirada tras unos instantes y dirigirla a sus ojos, veo una expresión de asombro paralizado. No puede negar que le acabo de volver loca.

—Y... ¿qué te hace pensar que soy... algo tuyo, Marco?

—El control que tengo para acelerarte el pulso solo con acercarme a ti... Que hace unas horas haya estado poseyendo tu boca como si fueras mi mujer... Las ganas prohibidas pero jodidamente necesarias de volver a hacerlo que sé que tienes. No sé, Liv. ¿Cuál eliges?

Un momento de silencio se hace en ese coche.

La temperatura asciende por los aires como si estuviéramos en el infierno.

Su cuerpo tiembla, su mano está pegada a mi pierna impidiendo que la pueda apartar de ahí.

La tensión está rompiendo las capas de nuestra piel, y acabará rompiendo todo si uno de nosotros no acaba decidiendo si hacerlo o no.

—¿Tanto crees que siento por ti? —pregunta sonriendo. Lo peor que ha podido hacer, pues esa sonrisa hace que mi fuego arda en llamas... Y lo sabe.

—Vamos a verlo —contesto antes de que mis labios posean los de ella de la manera que he estado esperando tanto tiempo.

Mi locura por ella, mi impulsividad, mis celos, mi rabia contenida y mi deseo por hacerla mía y poder protegerla hasta del viento se juntan en una con ese beso.

El beso más apasionado que jamás he podido imaginar que fuera a dar... y menos a mi hermanastra.

La agarro por detrás del cuello apartándole el pelo, empujo su cabeza hacia mi cara. No quiero que esto acabe nunca. Su mano empieza a ascender por mi pierna, pero tengo que frenarla. Aquí, delante de la academia, no podemos hacer nada que no debiéramos.

—Olivia, no... para —ordeno sin respuesta, ya que ella sigue subiendo—. Olivia, nos puede ver alguien, para —vuelvo a ordenar, esta vez agarrándole la mano.

—¿Por qué tiene que ser tan prohibido? —pregunta sin apartarse de mí.

—Se te olvida que somos hermanastros, Liv. No nos puede ver nadie hacer esto, sería una bomba enorme —contesto cuando al fin se aparta de mí. En su rostro noto un cambio de expresión, como si se hubiera dado cuenta de ello, o como si estuviera arrepentida de lo que acabábamos de hacer.

—Tienes razón, menos enfrente de la academia.

—¿Estás bien? Si estás arrepentida, dímelo y cortamos todo esto, Liv.

—No, claro que no me arrepiento, Marco. Es solo que... creo que necesito tiempo para mí sola... Pensar.

—Pensar... ¿Y con Apolo? —pregunto al mismo tiempo que noto cómo se enrojece y se vuelve totalmente nerviosa. Sabía que pasaba algo con él.

—¿Apolo?... ¿Qué... qué tiene que pasar con Apolo?

—Liv, a otro vale, pero a mí sabes que no me engañas. ¿Qué pasa entre mi hermano y tú?

—No es nada, Marco. Nada importante, tranquilo. Es una tontería.

—Qué pasa, ¿no me lo vas a decir? ¿Ahora me ocultas cosas? —empiezo a cabrearme, porque sé los ojos con los que mira Apolo, y no son los mismos de siempre—. ¿Qué te dijo en la habitación antes, Liv?

—Marco, por favor, no me presiones, ¿vale?

No estoy en buen momento para que tú también te pongas así.

No es el momento para contarte sobre él.

Ahora estoy contigo, estaba consiguiendo desconectar desde que entré a baile, ahora salgo y pasa esto...

Son muchas emociones que debo procesar yo.

Por favor te pido: solo déjame en mi mundo y cuando pueda te contaré todo.

El silencio vuelve a hacerse ahora en el coche.

Esta vez, incómodo como si fuéramos extraños, como si sintiera que estamos cortando de repente una relación.

Es la primera vez que Olivia no me quiere contar algo, y si no quiere hacerlo es porque sabe que lo que sea que tenga en la cabeza me va a poner como una fiera.

¿Será que Apolo también siente algo por ella y no me lo quiere decir?

Vienen juntos, ella triste y él cabreado.

Después, en la habitación, noto celos en su mirada; se queda solo con Olivia y le dice algo que no me quiere contar.

Es todo muy sospechoso y no, claro que no puedo darle el espacio que me está pidiendo.

Pero si no lo hago, estaría fallando a una promesa que le hice hace muchos años.

No sabía que, aparte de todo lo bueno que podría provocarme Olivia, también pudiera provocarme dolor emocional.

—Está bien... Respetaré lo que me pides. Pero si te pasa algo con Apolo, o es por lo que estamos empezando a sentir y hacer tú y yo, es mejor que me lo digas ya.

—Entonces, ¿sientes algo por mí? —Joder, me acaba de pillar. No he pensado en cómo decirlo y se me ha escapado decir esa palabra. Soy idiota. Me quedo en silencio mientras la miro intentando encontrar una respuesta en mi cabeza. Sin embargo, la respuesta solo la tiene mi corazón ahora mismo.

—Siento que destrozaría el mundo entero por ti, Liv. ¿Te vale? Ahora vamos a casa, tengo cosas que hacer.