ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 12 #3
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—No te preocupes, en cuanto acabe pienso ir a lavarme las manos. ¿Vienes o qué?

—Claro, ve delante por si te caes para poder sujetarte —contesto bromeando, mientras él rueda los ojos y comienza a subir las escaleras.

Percibo un olor a tabaco debajo de su colonia.

Cuando Marco fuma es que algo demasiado duro para él ha ocurrido.

Algo a lo que no podía hacer frente él solo...

Me parece raro que no me llamara para decirme que me necesitaba; yo le hago de psicóloga siempre que le ocurre algo, no quiere contar nada a nadie que no sea yo.

Empiezo a preocuparme un poco por él; este hombre siempre me da dolores de cabeza, pero son dolores sin los que no podría vivir.

Llegamos a la azotea y me pide que me siente y cierre los ojos. Qué estará haciendo este tío.

—Si me pides que abra la boca también, que sepas que no pienso hacerlo —respondo mientras me siento.

—Tranquila, para hacer lo que te estás imaginando no te traería aquí.

—Eres un cerdo, Marco —contesto poniendo cara de asco.

—Calla y escucha, princesa —hace mucho tiempo que no me llama princesa—.

No suelo hacer esto muchas veces, lo sabes.

Pero creo que lo que hice el otro día no estuvo nada bien, menos aún estando tú delante y sabiendo lo mal que lo estabas pasando por mi ausencia después de lo que ocurrió.

Creo que fui un cabrón que no pensó en tus sentimientos y, como siento que de alguna manera te fallé, quiero recompensar lo que te ocurrió...

con unos pulmones nuevos. Es broma, es broma.

En realidad quiero darte esto, puedes abrir cuando quieras.

Cuando abro mis ojos, un collar con una bailarina colgando de él deslumbra mis ojos.

No puedo creer que lo haya hecho. Sabía desde hacía mucho tiempo que siempre había pedido algo así y nadie me lo regalaba porque todos decían que ya tenía muchas joyas.

No podrán imaginar el significado que algo así tiene para mí.

El baile, ser bailarina, es mi vida; llevar cualquier cosa que se me identifique como tal, y más viniendo de Marco, es demasiado perfecto para ser verdad.

Esto es de lo que hablaba antes: cómo voy a poder sentir mucho menos por alguien que, con tan poco, consigue hacerme la mujer más feliz del universo.

—Pero... Marco... Es precioso, me encanta, joder.

—Tanto como la persona que debe llevarlo puesto.

Cada vez que sientas que estás a punto de sufrir algo parecido —me sigue hablando mientras rodea mi cuerpo hasta situarse en mi espalda, agachándose para ponérmelo en el cuello—, quiero que mires este collar, que lo cojas entre tus manos y pienses que estoy ahí contigo, cogiendo tu mano para que todo vuelva a la normalidad.

Siento haberte provocado lo de aquella noche, Liv.

—No seas tonto, fue algo que no dependía de ti.

Me puse nerviosa y me pasó, ya está. Tú no tienes la culpa de eso...

Sé que nunca podrías hacerme daño —intento calmar sus palabras, mirando sus ojos que emiten ternura y, sorprendentemente, un amor que no había visto antes.

Sus palabras eran sinceras, lo sentía de corazón, el corazón que me está regalando a mí.

Por unos momentos, nuestras miradas se seguían sin pausa, mirando hacia el interior de ambos, sintiendo que en este pequeño espacio no solo se respira aire.

Bajo la mirada hacia sus labios, pero en ese momento las palabras de Apolo, su manera de agarrarme, la pasión que me demostró momentos antes, también hace un acto de presencia, aunque fugaz.

Volví de pronto a poner la atención total en Marco, cuando vi cómo se apartaba el pelo hacia un lado, cómo caía sobre su otro costado, y además vi cómo un nuevo tatuaje aparecía discreto en su muñeca—. ¿Te has vuelto a tatuar?

—No lo digas muy alto, no vaya a ser que nos escuchen.

—¿Me lo enseñas? —pregunto dejando caer mi mano sobre su muñeca.

—No me he tatuado tu nombre, por si te haces ilusiones —contesto poniendo media sonrisa en su cara, haciendo lucir su hoyuelo.

—Podrías, así al menos tendrías algo con muchísimo valor en tu pobre cuerpo.

Me enseña el tatuaje y lo que veo no sé si sea producto de mi imaginación o, conociendo a Marco, sea una treta más para ocultar algo que siente.

La palabra AETERNUM junto a una rosa negra (mi flor favorita en todo el mundo), en la que, justo al acabar su tallo, hace una forma de «O».

¿Será mi imaginación o eso es la letra «O» por mi nombre?

Marco calca sus malas experiencias en su cuerpo, como si fuera un álbum de recuerdos para saber dónde no tiene que volver a caer; otras veces, calca las cosas que más le marcan en su vida.

Me pregunto qué tipo de tatuaje seré yo en su vida. No creo que me lo diga nunca.

—Aeternum... ¿Por qué? —pregunto curiosa mientras paso mis dedos por su muñeca.

—Bueno... Porque las cosas buenas, las que te hacen ser feliz y estar en paz contigo mismo, deberían durar toda la vida.

—¿Y la rosa negra? Qué casualidad que sea mi preferida, ¿no?

—No creo en las casualidades, Liv —contesta mientras sonríe solamente de un lado, volviendo a atisbarse su hoyuelo.

—¿Entonces? —vuelvo a preguntar mirándole a los ojos.

—... Nada, es un tatuaje, nada más. Sé que es tu favorita, pero no es nada —contesta tras un pequeño silencio. Pero sé que miente—. En fin... Hoy vas a la academia, ¿verdad?

—Sí, tengo baile hoy. Tengo además que ir preparando cosas para empezar la Uni. ¿Tú cómo lo llevas?

—Paso de preparar cosas; con llevar mi cerebro y mi inteligencia, que está fuera de lo normal, me vale. Vamos, anda, que tendrás que prepararte. Yo te acerco.

Qué gran habilidad para salir de las preguntas que no quiere contestar.

Este hombre siempre será único. Ha cumplido uno de mis mayores deseos; cómo no, solo él ha podido hacer que ocurriera.

Bajamos juntos las escaleras y, al llegar al pasillo, nos separamos un momento para prepararnos cada uno para irnos.

Me acompañará a la academia, ¿será porque quiere asegurarse de quién es Steven?

No sé para qué me hago preguntas de las que ya sé la respuesta.

Es Marco, claro que quiere saberlo. Mucho más después de lo que pasó entre nosotros.

Algo que, junto con lo de Apolo, no se me va de la cabeza.