ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 10 #2
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—Precisamente de documentos te quería hablar... No sé si te suena lo que significa acuerdo de liquidación, Héctor —indico mientras me acerco a él, acompañada de Jhon.

—Claro que sí. Al igual que me suena que el acuerdo pactado no se me hizo saber en absoluto, y es algo que trata de mi empresa, la que yo fundé.

—Una empresa que solo pertenece a Rebeca, Héctor. Debes dejarla tomar las decisiones que ella considere, tú ya dejaste de pertenecer a ella, no tienes acciones, no tienes nada, Héctor —alega Jhon intentando defenderme.

—¿Me puedes recordar quién eres tú en esta ecuación? Porque no llegas ni a ser un punto encima de una i. Te pido que te retires a la cocina o a lo que sea que te dediques —responde menospreciando a Jhon.

—Jhon es el nuevo dueño de esta casa junto conmigo desde hace diez años, así que este punto encima de la i es el dueño del suelo donde pisas —contesto defendiendo a Jhon.

—Mira, me da bastante igual. He venido a que firmes este documento Y LO VAS A FIRMAR AHORA —responde deteniéndose en esas últimas palabras y acercándose a mí.

Jhon, al ver que se acercaba a mí, hizo un amago de pararle los pies pero le hice un gesto con la mano para que se quedara quieto y me dejara a mí.

Sinceramente, no sé por qué lo he hecho.

No sé si puedo defenderme de él o se me vendrá todo encima por lo que pasó durante tanto tiempo—.

Porque si no lo haces, me voy a tener que ver obligado a tomar otras medidas que no van a ser tan cordiales.

Héctor es interrumpido por la puerta de la mansión. Al abrirse, mi hijo Marco aparece tras ella. Al cerrar y ver que Héctor estaba aquí, enfrente de mí con Jhon lejos, su gesto se torció y, en cuestión de segundos, su rostro se volvió sumido en cólera.

—¿¡QUÉ COÑO HACE ESTE PUTERO EN CASA!? —exclama mientras se acerca corriendo a nosotros.

—¡Marco, hijo! Qué bien, al final nos vamos a reunir la familia entera... Quitando algún arrimado, claro —suelta mirando, de nuevo, por encima del hombro a Jhon.

—¿Qué pasa, que hace mucho sol en casa, gafitas? —pregunta Marco colocándose entre su padre y yo, con un tono irónico, calmado y grave.

—Marco, apártate por favor, es un asunto personal de tu padre y yo.

—Los asuntos personales no hacen falta hablarlos a tan poca distancia —contesta sin apartar su mirada helada de su padre, con sus cejas fruncidas, mientras Héctor tampoco baja la guardia.

—Vamos, hijo, tranquilo. No va a pasar nada, ¿dónde está Apolo? Solo falta él. Y que se vaya este señor de aquí, me está apestando su falta de dignidad —vuelve de nuevo a menospreciar a Jhon.

—Si Apolo estuviera aquí te rompería la cabeza sin pensárselo igual que quiero hacerlo yo.

Y ese hombre sin dignidad que ves allí es el hombre que me ha enseñado a cómo afeitarme hasta los huevos, el que me enseñó a conducir, el que me dijo cómo tratar bien a las mujeres...

algo de lo que tú careces, por cierto. El que hizo de padre mientras tú estabas follándote a tus putas —cada palabra pronunciada por Marco, el tono de su piel se torna cada vez más rojizo.

Le está hirviendo la sangre y, como madre, me temo lo peor. Marco no sabe controlar su ira.

—Marco, hijo, esas no son palabras para decirle a un padre. Deberías de controlarte un poco —contesta el ser despreciable.

—Claro que no son palabras para decírselas a un padre, por eso te las digo a ti. ¿A qué coño vienes a esta casa? —pregunta Marco sosteniéndole aún la mirada.

—Quiero recuperar la parte de la empresa que tu madre me arrebató, está ganando más dinero del que me ha estado diciendo y está tomando decisiones sin consultármelas a mí, el cofundador.

—Pues puedes ir a cofundarte otra vida entera, gilipollas.

Esa empresa se la firmaste para ella en toda su totalidad.

¿O te tengo que enseñar las copias exactas de los documentos que tú no quisiste dar a la luz?

—responde Marco, mientras tanto Héctor como yo fruncimos el ceño y le miramos.

Yo jamás he hecho esas copias, Héctor tampoco. No deberían de existir.

—¿De qué copias hablas, Marco? —pregunto apartándome a su lado.

—Jamás se realizó ninguna copia, Marco. Es imposible que tengas nada —contesta Héctor mientras da media vuelta y se aleja unos pasos.

—A fecha del 24 de octubre del año 2005.

Se declara en ellas textualmente que tú, Héctor Leister, firmas ceder todas tus acciones y cargos de la empresa de Rebeca a ella en toda su totalidad.

Si quieres te puedo bajar el documento. Lo tengo tan guardado como las ganas de verte sangrando en el suelo —estoy completamente anonadada con Marco.

No tenía absolutamente ninguna idea de esto.

Pero, ahora mismo, esas copias pueden salvar la situación, quedarme con la empresa y sacarlo a la luz para que todo el mundo se entere, haciendo caer así la reputación de Héctor. Genial, hijo, eres buenísimo.

—¿Cómo coño tienes tú esas copias, Marco? —pregunta Héctor enfurecido y acercándose a Marco con mucha rabia.

—Héctor, más te vale no acercarte demasiado a Marco, o no respondo de mí —declara Jhon a la vez que intento ponerme entre ellos, pero Jhon me agarró del brazo.

—Déjale, Jhon, me gusta oler su decadencia —contesta Marco con media sonrisa en la cara y sus ojos de superioridad.

—Mira, niño, tú y toda la mierda de gente que tenéis en esta casa desde que llegó el estúpido este y su asquerosa hija me tene... —lo que iba a decir se interrumpe de inmediato cuando Marco, al oír cómo llamó a Jhon y Olivia, fue a paso acelerado a por él para agarrarlo del cuello.

—¡QUE NO SE TE OCURRA VOLVER A MENCIONAR NI UNA SOLA PALAbrA DE OLIVIA, O TE JURO QUE EMPIEZO A LAVARTE LA BOCA CON LEJÍA HASTA QUE SE INTOXIQUE TODO TU ASQUEROSO CUERPO! —exclama Marco, mientras Jhon se acerca hacia él.

—¡MARCO!... ¡MARCO!... Vamos, suéltale... Estás muy por encima de este hombre, no te rebajes a su nivel —se dirige Jhon a Marco intentando pararle. Marco hace caso unos instantes después, mientras Héctor continuaba riendo.

—Te voy a decir una cosa. Si no quieres que esos documentos salgan a la luz, junto con el intento de querer robarle una parte de su empresa a mi madre, te sugiero que te vayas pirando de aquí antes de que llame a la policía...

o antes de que te descuartice y te deje sangrando en el suelo donde dejabas a mi madre tirada por las noches...

Espero que escojas bien —le dice Marco a su padre cuando le empujó hacia la puerta.

—Está bien, tranquilos todos. Estéis muy altivos, ¿eh? Yo me iré, pero te puedo asegurar, Rebeca, que esto no quedará así. Volveremos a vernos. Y tú, hijo, te pareces más de lo que te gustaría a mí. Te quiero, Marquito —alega antes de salir por la puerta de casa, soltando una carcajada.

Todo mi cuerpo, aún temblando por la tensión, parece decaer por unos segundos en un temblor generalizado enorme.

Jhon y Marco me agarran rápidamente y me llevan hacia el sofá.

Empiezo a ver puntos negros pero Marco me empieza a hacer algo que hace que me empiece a encontrar mejor.

Cuando puedo lograr salir de este estado me dirijo hacia Marco acariciándole la cara.

—Gracias... de verdad... Gracias hijo, por intentar ayudarme. Y a ti Jhon, por no dejarme sola con ese estúpido engreído. Me habéis salvado la vida —digo riendo.

—Tranquila. Aunque seas muy pesada a veces, no te iba a dejar sola con ese tipo. A tanto no llega mi odio, sabes —responde Marco volviendo a su sarcasmo típico.

—Estoy de acuerdo con él, muchas veces resultas algo pesada pero, ¿sabes qué? Mereces la pena —responde, también, Jhon, mientras se va acercando poco a poco hacia mí.

—Oye, oye, oye, pedazos de momias, que estáis delante de mí. Vais a hacer que eche hasta mi primer biberón, joder —dice Marco mientras se aleja hacia las escaleras.

—Ven, ven, que te beso a ti también, cariñito —responde Jhon sonriendo y dirigiéndose a él con los brazos abiertos.

—¡Vete a la mierda, Jhon! —exclama Marco mientras sube las escaleras a toda prisa.

En ese momento, ese instante tan... familiar entre ellos, me acabó dando la vida que estaba perdiendo con lo que acababa de ocurrir.

No tengo todavía idea de lo tan feliz que me están haciendo ellos.

Todos juntos, como una verdadera familia, que nos protegemos, que defendemos lo nuestro, sea quien sea y contra viento y marea.

Esto es la familia que yo creía construir...

mi familia. Mis queridísimos Montenegro.