ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 8
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Marco

Sus recuerdos se me vienen a la cabeza mientras espero que todo salga bien.

Desde ese primer día que vi a una niña inocente sentada en el pasillo de mi casa, asustada, en pleno comienzo de un ataque de pánico, hasta hace tan solo unas pocas horas que he estado a punto de besar unos labios que son tan prohibidos como deseables para mí.

Debí de haberme quedado quieto. Aún me pregunto quién será el hombre con el que hablaba.

Ella no suele hablar con hombres que no conocemos. Tengo que averiguar quién es ese tipo.

Apolo y yo vemos salir a Jhon manteniendo una conversación con uno de los médicos. Ha pasado varias horas desde que entró y estábamos deseando que nos dijera algo. Joder, ya era hora. Quiero saber de una vez si Olivia me va a odiar todo lo que me resta de vida.

—Chicos, está todo bien, tranquilos —esas palabras sonaron como si me hubiera tocado la lotería—. Está estable, he estado con ella, me ha dicho que vaya paseito le has dado... —intento disimular que frunzo el ceño mientras miro a Apolo.

—Joder, menos mal. No podíamos más con la incertidumbre —resopló Apolo mientras se levantaba ajustándose la americana.

—Me ha pedido veros. A los dos juntos. Así que, como hagáis esperar a mi hija, os dejo cojos. ¡Vamos, moveos!

Apolo y yo nos pusimos en marcha. Fuimos pasando puertas y puertas, hasta llegar a la suya.Al entrar, su mirada se dirigió como un auténtico lince hacia nosotros.

Estaba muy pálida y con las gafas nasales puestas en su nariz.

Llevaba un camisón puesto. Joder, espero que no se haya tenido que desnudar delante de ningún hombre.

—¿Un paseo? —pregunta muy suavemente, como si le costara muchísimo decir la frase.

—Si le digo a tu padre que estábamos donde las peleas perdemos la vida de Marco... así que así mejor, ¿no crees? —contesta Apolo colocándose en el lado izquierdo de la cama.

—Bueno, estuvo más divertido que un simple paseo —contesta ella intentando reír—. ¿Has llorado? —pregunta dirigiéndose a mí.

—¿Llorar por ti? —preguntó con un gesto de extrañeza—. Que va, por dios. Aunque por un momento se me metió algo en el ojo que me jodió mucho, pero ya está —contesto mientras veo cómo media sonrisa se dibuja en su cara, hecha por los auténticos ángeles.

—No cambias ni en mi lecho de muerte.

—Creo que para eso te queda mucho. Por desgracia te quedan muchas más peleas a las que asistir —responde Apolo vacilando.

—Por el bien de mis pulmones, espero que no. Casi me matáis —responde echándonos un gesto de cabreo.

—¿Matarte? A tanto no llegamos, tranquila... Además, no puedes vivir sin mí, pero tranquila, es normal —contestó elevando mi labio con media sonrisa mientras me siento en su camilla.

—Es la primera vez que me pasa tan fuerte...

Sé que me vais a llamar exagerada, pero...

he tenido un poco de miedo de perderos —noto cómo una lágrima recorre su mejilla a medida que habla.

Al mismo tiempo, mi corazón arde en llamas por dentro; las ganas de decirle que yo tampoco podría soportar perderla, estar sin ella o que algo le pasara me estaban apuntalando el corazón.

Ni muerta soportaría que estuviera sin mí.

Pero no podía decirlo, no es propio de un hermanastro.

—Nosotros tampoco queríamos perderte, Collins. Haces buenos desayunos y quedarnos sin ellos sería mortal para mí, llegaría aún más tarde al trabajo —responde Apolo sentándose en su lado.

—¿Por qué no me coméis todo el...?

—Oye, oye, oye, que estés convaleciente no te da derecho a hablarnos así; eres una señorita y tienes que expresarte como tal, eh —le respondo mientras me acerco a ella.

—Mira, deja las machistadas, anda, y abrazadme de una puta vez que no tengo fuerzas para hacerlo yo —contesta al borde del cabreo.

—¿Pero con Marco también? ¿Tengo que tocarlo? —pregunta Apolo mirándome con asco.

—Apolo, por dios, en serio, joder —contesta mientras nos coge a los dos y nos acerca a ella.

Los tres nos abrazamos. Deseaba con todas mis fuerzas que esto pasara, pero me hubiera gustado que fuera solo a mí.

Necesitaba sentir sus brazos alrededor de los míos.

Ahora me arrepiento, pero no de lo que ha pasado, sino de no haber hecho mía esa boca cuando tuve la oportunidad.

Deseo con locura que no sea la única oportunidad que tenga para hacerlo.

Siento demasiado por ella que me confundo hasta yo mismo.

Lo único que tengo claro es que mi cuerpo no vive sin el suyo, que mi alma no existe sin la suya, que mi vida no sigue si la suya se parase.