7 #2
Me dirijo en mi coche hacia donde se encuentra Olivia.
La mansión no estaba muy lejos de la nuestra y, por suerte, conocía a los dueños.
La familia Karlsen siempre ha sido amiga de la nuestra, me conocen bastante.
Espero que la gente que esté en esa fiesta también lo haga y sepa quién es Olivia para mí.
Cuando estoy entrando a la mansión, me encuentro a Olivia sentada al borde de la acera, descalza por completo.
—¿Algún hombre te ha tocado? —pregunto mientras doy la vuelta al coche y me dirijo a examinar su pie.
—¡Ay! Más cuidado, Doctor Montenegro, por favor, solo soy una niña recién hecha adulta.
—Sí, una niña que desobedece siempre lo que le digo. Te dije que me dijeras con quién te juntabas.
—Y lo he hecho, lo que no sabía era que iba a haber tanto hombre. Pero tranquilo, nadie me ha tocado, estás a tiempo aún... —le miro a los ojos por un momento mientras veo cómo se empieza a morder el labio, su mano se desliza por su pelo, lo lleva a su labio y empieza a morderlo.
—Olivia, por favor, ¿qué estás haciendo? —pregunto cuando salgo del recorrido de su pelo cayendo.
—No te veo apartar la mirada, tío duro.
—Vamos anda —respondo levantándola del suelo y cogiéndola en brazos mientras la llevaba al coche.
La imagen de los últimos minutos me va a resultar complicado quitarla de mi mente y guardarla en el cajón de "es mi hermanastra".
Joder, no puede pasar más veces esto. Sentir como si una guerra nuclear estuviera pasando en mi estómago al tenerla tan cerca.
Sus labios están tan cerca de mí, nunca antes la había tenido así...
Pero tengo que llevarla a casa, lleva muy poca ropa y entre los chicos que estoy viendo salir y el estado en el que están me estoy poniendo de los nervios.
Será mejor que contacte rápido con Jhon. Debe de enterarse de lo que ha pasado e intentar que no me mate por permitirlo.
—¿Dime, Apolo, qué pasa? —Jhon contesta a mi llamada mientras veo cómo le digo lo que ha pasado.
—Buenas noches, oye... es por Olivia —escuchó un suspiro ahogado al otro lado del teléfono—, creo que le está dando un atasqué de asma y ansiedad y la hemos traído al hospital.
—¡PERO QUÉ COJONES!, ¿quiénes estáis?
—Marco y yo, pero tranquilo, está todo bien, lo tengo todo bajo control.
—Joder, joder, joder. ¿En qué hospital estáis?
—En el de mi madre, Marco la trajo aquí... Imagino que para que no haya esperas.
—VOY...
No volví a escuchar más del otro lado de la línea; Jhon colgó el teléfono tan rápido como le dije dónde estábamos.
Vuelvo a la sala donde estábamos esperando a Olivia.
Marco se encuentra sentado en una silla, de brazos cruzados.
Su mirada me hace ver el color rojizo en sus ojos de haber estado llorando.
A pesar de ser un cabrón, nunca va a dejar de ser mi hermano y me duele verle así.
—Vamos, tío, siempre estás ahí cuando le pasa algo. Eres el único que siempre la pilla primero cuando le pasa algo... Tan mal no lo haces —le digo dándole una palmadita en la rodilla.
—Por una tontería casi la mato del susto, tío. Tengo que cambiar mi puta cabeza de mierda.
—Empieza por olvidar la mierda del pasado... Marco, no tienes que estar toda tu vida jodido por no poder evitar que pasen ciertas cosas... A veces no se puede tener el control de todo —respondo mirándole a los ojos.
—Tienes razón... Si no cambio, voy a provocar problemas aún mayores. Gracias, Apolo. Sobre todo por no dejarme tirado nunca.
—Eres mi hermano, tío. Somos los hermanos Montenegro. ¿No te acuerdas el miedo que nos tenían en el instituto? —preguntó con risas.
—¡Bah! No me jodas, eso era solo por ti que vas con cara de mierda todo el día. Te tenían miedo a ti.
—¿Yo cara de mierda? ¿Pero tú te veías la tuya?
—¿Quieres que nos volvamos a pegar pero ahora de verdad, gilipollas? —dice aguantándose la risa.
—No creo que quieras, tienes malas experiencias en peleas conmigo... Siempre ibas a mamá.
—No inventes mierdas, si tú siempre huías porque eras un cagao. Yo nunca he tenido miedo de ti.
Nuestra conversación se interrumpe con la llegada del padre de Olivia. Llegó fugaz como un rayo. Iba súper agitado, con el semblante preocupado, pero sin mostrar mucho sus sentimientos.
—¡Chicos! —exclama cuando nos ve.
—¡Jhon! Ven, está aquí dentro. Aún no nos han dicho nada —respondo haciéndole un aspamiento para que se dirija hacia nosotros.
—Madre mía, pero, ¿qué ha pasado para que le ocurriera eso? ¿Qué estabais haciendo? —pregunta mientras miro a Marco y él, a la vez, me devuelve la suya. Si le cuento la verdad a Jhon le mataría ahí mismo.
—Marco... Él me llamó para que fuera a por ellos... Estaban dando un paseo y, de pronto, ocurrió. Debió de recordar algo que le pasara en San Diego.
—Joder. Esa puta ciudad no se la va a sacar nunca de su cabeza. Voy a ver si averiguo algo. Tengo un papel firmado por Rebeca que nos autoriza en todo momento a estar lo más cerca posible de ella. Voy a entrar, chicos.
Jhon parecía calmado. Lo que me gusta de este hombre es que siempre nos ha tratado como a sus hijos.
A mi madre como su pareja que es. Gracias a Dios, podíamos ver al fin alguien que tratara a Rebeca como se merece.
Solo por eso, por protegerla, por proteger a nosotros y velar por el bienestar de una familia que no le ha tocado, para mí es un hombre ejemplar, digno de respetar y de llamarle padre.
No nos queda más que esperar, esperar a que algo pase, a que nos den información. Me muero del deseo de estar cerca de ella. Me muero por saber si está bien, si no fallé en protegerla. Aquí te esperaremos, Liv.