ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 7
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Apolo

—Apolo... —escucho mi nombre con un susurro dulce pero ahogado que, automáticamente, identifico como el de Olivia. Su cuerpo acaba de desvanecer como si fuera una hoja de papel al suelo de golpe.

—¡Marco, corre, Olivia! —apresuro a Marco para dirigirnos lo más rápido posible a Olivia.

Los dos nos echamos al suelo corriendo, la pongo en la posición de seguridad tratándola lo más delicado pero rápido que puedo.

Observo cómo sus labios comienzan a tomar un tono azulado. Le está dando un puto ataque.

—¡Joder, joder! ¿Y su puto inhalador? —pregunta Marco con nerviosismo.

—¡Y yo qué sé, Marco, sabes que siempre sale sin él! Eso da igual, tienes que llamar a una ambulancia... ¡CORRE JODER QUE SE VA A ASFIXIAR! ¡ESPABILA, COÑO! —exclamo cuando veo su lentitud.

No estoy preparado para esto... Es la primera vez que le pasa. Vamos, Olivia, joder. No puedes hacerme esto. Te necesito conmigo, joder.

—Liv... Liv... Si me estás escuchando, tranquila...

Estoy contigo. Estoy aquí, pequeña. No te preocupes, te vas a poner bien.

No puedes dejar que te pase algo y dejarme solo en un mundo con Marco, no querrás esa desgracia para mí, ¿verdad?

—intento hacer reaccionar a Olivia, mientras unas lágrimas hasta ahora desconocidas para mí, junto a un sentimiento que aún no se identifica bien, acuden a mis ojos.

No puedo dejar que le pase nada; si a Olivia le pasa algo... ME MUERO.

—¡UNA HORA! ¿UNA PUTA HORA? ¿ME ESTÁ JODIENDO? LE ESTOY DICIENDO QUE NO PUEDE RESPIRAR, QUE ESTÁ INCONSCIENTE... JODER, TIENE LOS PUTOS LABIOS MORADOS

—Marco, ¿qué pasa? —pregunto rápido.

—Que solo pueden venir en una hora, Apolo... Espera aquí... —responde mientras sale corriendo en dirección contraria.

—¡MARCO, DÓNDE VAS! NO ME DEJES AQUÍ SOLO, JODER —exclamo, pero Marco es imposible que me oiga porque ya está a metros de mí.

Me levanto del suelo cogiendo a Olivia en brazos. Intento dirigirme hacia mi coche corriendo cuando veo las luces de un coche acercarse a mí como si uno de carreras se tratara.

—¡Vamos, sube, no voy a estar esperando! —exclama Marco desde el asiento del piloto.

Me quedo con Olivia en el asiento de atrás.

Le acaricio el pelo mientras controlo que no se quede sin respirar.

Marco está rompiendo el velocímetro del Audi mientras intento no mirar a la carretera para no ver cómo todo pasa como si estuviera en un tren.

Agarro el cuerpo de Olivia para que no se mueva ni un solo centímetro.

Vas a estar bien, Liv. Estamos contigo...

Estoy contigo, pequeña. No voy a dejar que te pase nada.

Estás en mis manos, en las mejores. Vamos, Apolo, tú puedes, joder.

Resiste, coño. Le digo a Marco que tenga mucho cuidado, pidiéndoselo por favor.

Ahora mismo me siento al cargo de ambos, no puedo perderlos a los dos de golpe.

No quiero que corra así, pero precisamente es lo justo que necesitamos en este momento. Vamos, Olivia, resiste, por favor.

Entramos con el coche justo en la puerta de urgencias. Marco me ayuda a bajar del coche, pero vemos cómo uno de seguridad viene hacia nosotros.

—Corre adentro —ordena Marco mientras se dirige al vigilante.

—Marco, por favor, no la líes... —le suplico mientras hace una señal con el dedo, dirigiéndose a la puerta de urgencias.

—¡Es que no estás viendo que es una urgencia! ¿Es que tengo que ser una ambulancia para que lo sea o...? —mejor dejo a Marco que se encargue de él mientras me dirijo corriendo hacia dentro.

Nada más entrar, observo cómo toda la gente de la cola se aparta cuando ve que llevo a Olivia en brazos; incluso muchos de ellos llaman corriendo a los médicos.

—¿¡QUÉ PASA, CHICO?! —pregunta uno de los médicos que viene corriendo.

—Parece un broncoespasmo, pero no tengo ni idea... Solo sé que tiene asma, que acaba de sufrir una situación de mucha ansiedad, le costaba mucho respirar y tiene los labios morados, y se acaba de desmayar —contesto agitado mientras ayudo a poner a Olivia en la camilla.

—¡VALE, TRANQUILO! Nosotros nos encargamos, espere aquí —ordena el médico mientras coge la camilla para conducirla, pero...

—De esperar aquí nada, vamos con vosotros —ordena Marco que acaba de entrar a la recepción.

—Joven, ustedes no pueden acompañarnos, lo siento —vuelve a decir, girándose a la camilla de nuevo mientras le empiezan a poner un montón de cables a Olivia.

—JOVEN, somos Apolo y Marco MONTENEGRO... Lo más normal del mundo es que, si este puto hospital está aquí y se mantiene gracias a la puta Rebeca MONTENEGRO, sus hijos puedan pasar con usted...

El silencio se hizo en el lugar hasta que decido romperlo.

—¿¡VAMOS O QUÉ!? OLIVIA SIGUE AHÍ, EH —grito todo lo alto que puedo, al mismo tiempo que se ponen en marcha todos.

Mientras estamos corriendo detrás de la camilla, Marco y yo nos miramos; su mirada me recuerda a la de cuando era tan solo un niño al que estaban agrediendo como si fuera una mierda.

Está indefenso, con la guardia baja, está perdido, me necesita y yo le necesito a él.

Intento expresarle con la mirada que estoy ahí para él, aunque él lo sabe de sobra.

Escuchamos decir al médico que le harán una gasometría, un electrocardiograma, una analítica básica y radiografía del tórax.

Digo que lo carguen todo a mi cuenta, que hagan lo que consideren hacer, pero que, por favor, hagan que Olivia respire; de lo contrario, mi mundo dejaría de respirar con ella.

Llegamos a la sala donde le harán todo lo necesario a Olivia.

Nos indican que debemos quedarnos fuera, ahora sí, para poder hacer todo lo necesario y que nos irán informando.

Pido que nos informen de todo en cuanto puedan.

Marco se pone de cuclillas en el suelo mirando hacia la puerta de la sala donde se encuentra Olivia.

—Sé que te sientes culpable —digo mientras me pongo justo a su lado.

—Esto lo he provocado yo, Apolo. ¿Cuándo voy a parar de joderlo todo, eh? —pregunta con los ojos casi llorosos.

—Cuando admitas que estás jodido por lo de papá y que tú no tienes la culpa de lo que le hacía a mamá... Aunque él te dijera que sí —respondo mientras paso mi brazo por encima de su hombro.

—Siento todo lo que ha pasado, Apolo. No debería haberos fallado...

—Tranquilo, anda. Ahora solo importa que Olivia esté bien.

Avisaré a su padre y a Rebeca, ¿vale? No te tires por la ventana mientras, alguien tiene que vigilar a Olivia —bromeó con una mueca demasiado forzada, ya que la preocupación por perder a Olivia me está ahogando por dentro como si fuera una llama de fuego enorme.

No puedo dejar que todo se vaya a la mierda... Va a salir todo bien. No es la primera vez que tengo que cuidar de Olivia, no es la primera vez que tengo que sufrir por su salud. Siempre ha sido una cabra loca...

Olivia y Apolo (hace 3 años)

No tengo ganas de hacer nada, llevo toda la tarde en la universidad y ayudando a la empresa de mi madre a mantenerse en pie y, sinceramente, ahora mismo no puedo más.

Aunque jugar a la consola con Marco me ha hecho dejar de pensar.

Que Olivia esté en esa fiesta me está matando por dentro...

Cómo puede acceder a ir, por dios. La cantidad de hombres que le pueden hacer daño es descomunal y no saber quiénes son me tiene nervioso hasta morir.

No tiene por qué pasar nada, al final son gente joven y muchos de ellos de buena familia.

Pero no sé, acaba de cumplir los 18 y ya tan temprano de fiesta...

En fin, después de estar un rato con el móvil y mandando a la mierda a un colega que me estaba mareando hablando de mujeres, decido irme a la cama.

Estoy reventado y solo eso necesito ahora mismo.

Intento no pensar más en Olivia pero, sin embargo, dejo puesto mi móvil con sonido, por si acaso.

El sonido de mi móvil me despierta casi al instante.

Dirijo la mirada a mi reloj y este marca las 4:00 de la madrugada.

Mis músculos de la mandíbula se empiezan a tensar a medida que lo hacen los de mis puños...

Esperaba que fuera Olivia diciéndome quién la está trayendo y por qué la trae un hombre, porque era lo más seguro que podía pasar.

Abro los ojos de par en par cuando veo que es Olivia quien me llama.

No tardo ni un segundo en coger la llamada.

—¿Olivia, va todo bien? ¿Vienes a casa ya? —pregunto apresurado.

—Uy... ¿Apolo? ¿Eres tú? —un enorme jarro de agua fría me cayó encima cuando escuché su voz borracha en mis oídos. Empecé a vestirme de inmediato.

—NO SÉ, DÍMELO TÚ. Si es que los ojos de borrachera que lleva te dejan, ¿dónde y con quién coño estás? —pregunto mientras me subo los pantalones.

—Apolo... mira ahora no me eches la bronca porfa, hermanito. Es que... iba a ir a casa... y... me he torcido el pie. Apolo soy una estúpida con los tacones —contesta mientras empieza a reír.

—La estupidez es haber bebido hasta emborracharte en un sitio lleno de hombres que no conozco. Mándame la ubicación ahora mismo, Olivia —ordenó mientras me abrochaba la camisa.

—Ay, Apolo Montenegro está enfadado y quiere darme órdenes sobre cómo beber a mis 18 cumpleaños...

¿Sabes qué? Si no fueras mi hermanastro, te diría que estás muy buenorro cuando te pones así —los pelos de mi piel se estremecen cuando escucho decir esas palabras a Olivia.

Palabras que intento eliminar sin éxito de inmediato...

No tengo que olvidar que la quiero como mi hermana y que apenas tiene 18 años recién cumplidos, dice cosas de niña aún.

—Olivia, por dios, estás delirando. Dime ya dónde estás por favor.