5
Olivia
Llegando a la academia, veo en la puerta a Marta, mi mejor amiga.
Hace años que la conozco; es la misma que la de lo que os conté cuando me vino a buscar Apolo.
Era la única persona de fuera de la casa de los Montenegro en quien ponía mi confianza.
En todo el tiempo que llevo aquí, ella jamás me ha fallado, jamás me ha juzgado por nada, y en algunas ocasiones, ha tenido que hacer de madre.
Pero bueno, ella también tiene tela que cortar.
—Uy, ¿qué cara traes tú... ¿Apolo? —pregunta ya sin haber dicho la más mínima palabra. Sabía de sobra que los únicos que hacían que me cabreara eran los hermanos.
—Peor, Marco.
—¡Bah! Madre mía, ¿en serio? ¿Todavía no te has dado cuenta de que discutir con Marco es inútil? Siempre sales perdiendo más tú —tenía absolutamente toda la razón.
—Sabes que no puedo evitarlo, Marta. Aunque no quiera, hace lo que quiere conmigo cuando le tengo enfrente.
—¿Me dices qué ha pasado? —pregunta mientras nos apartamos unos pasos de la puerta de la academia.
—Pues... no te lo vas a creer, pero... Marco y yo casi nos besamos —respondo entrecerrando los dientes, esperando una bronca monumental de Marta.
—...No sé si he escuchado bien... —contesta con la boca abierta mientras yo asiento—. ¿Con el puto Marco Montenegro? ¿Con tu hermanastro? —pregunta a punto de soltarme el sermón más grande del mundo.
—Sí...
—¡Joder, tía, estás jodidamente loca! ¡¿Pero cómo se te ocurre?! ¡Que es tu hermanastro! A ver, está bueno, no se puede negar, pero joder, de ahí a comerle la boca, estás muy... —corto su discurso antes de que siga.
—Marta, Marta, Marta, por favor, para... No necesito una bronca ahora. Eso no es todo.
—Joder, pues a ver, venga, sorpréndeme más.
—Hoy por la mañana he intentado hablar con él de lo que pasó, pero él huye como siempre. Me dice que ayer no pasó nada —argumento con la tristeza protagonizando mi cara demacrada sin maquillar.
—Pero, vamos a ver, ¿tú acaso sientes algo por Marco? Recuerdas que es tu hermanastro, ¿verdad? —pregunta aún sorprendida.
—Joder, sí, no seas pesada. Claro que sé que es mi hermanastro, pero es que este verano ambos han estado mucho tiempo en la casa y mi cabeza parece que está loca, tiene ideas y se imagina cosas muy poco normales, ¿sabes?
Veo a Apolo de otra forma igual, Marco me pone eléctrica y estoy empezando a sentir que ya no solo en cuanto a que me cabrea, sino a algo más...
—¡No me jodas que te lo quieres follar! —exclama agarrándome del brazo.
—¡Marta, no seas cerda! Claro que no quiero follármelo —o eso creo—.
Hasta ahí no ha llegado mi esquizofrenia.
De momento no soy como el resto de jaurías de mujeres que van detrás de él aunque no les haga ni puto caso —contesto a la vez que mi profesor de baile abre las puertas de la academia para que empecemos a entrar.
—Me tienes que contar más, Liv. Me estás dejando loquísima.
Marta es muy espontánea; nos complementamos mucho aunque las dos seamos puro nervio. La quiero como si fuera una hermana. Sé que a ella le puedo contar todo y siempre recibiré buenos consejos. Aunque muchas veces ha sentido muchas ganas de romperme la cabeza... Bueno, como ahora.
La clase de hoy es de ritmos latinos. Hacía mucho tiempo que no bailaba salsa, pero siempre que la bailo disfruto como una niña pequeña.
Aunque nada se le puede comparar a cómo disfruto cuando bailo urbano.
Las coreografías para mí se me hacen tan fáciles...
Puedo aprenderme una coreografía solamente viéndola una vez.
Mi profesor de baile me conoce a la perfección; lleva casi diez años viéndome bailar, viendo cómo disfruto, cómo mejoro, incluso estuvo ahí cuando casi me rompo la rodilla...
Ese momento lo recuerdo con mucho miedo.
Hoy, su lenguaje corporal y su expresión me indican que está viéndome mal; creo que no le está gustando cómo lo estoy haciendo...
Espero que no me eche la bronca, porque una bronca de Martín es como si mi propio padre lo estuviera haciendo.
—Collins, ¿estás bailando o estás desmayándote? —preguntó mientras fijaba su mirada en mí en el espejo durante unos minutos de la canción.
—Perdona, Martín, hoy no tengo el día —contesto mientras se acerca a mí.
—Cariño, aunque un bailarín no tenga el día, the show must go on, ¿recuerdas? —sus palabras siempre hacían que mi cabeza cambiara. Martín era cariñoso y cercano, aunque pueda parecer duro. Pero siempre me hacía sentir mejor.
—Tienes toda la razón, perdona. Solo que me cuesta centrarme hoy.
—Pues vamos, ¡ánimo a ese cuerpazo! ¡Que el ritmo no pare! ¡...cinco, seis, siete, ocho, y...!
Al final de la clase logré aprenderme bien la coreografía y bailar más o menos como yo sé.
No estaba a mi nivel de siempre, ni siquiera me acercaba, creo, pero todo lo que me andaba por la cabeza con Marco me tenía ausente de todo.
Al dirigirme a la puerta, Steven se encontraba mirándome.
Es un profesor nuevo que acababa de llegar hace poco, joven y alto.
Marta dice que siente algo por mí y, en ocasiones, se las intenta hacer de Celestina, pero a mí no me entra ningún chico por los ojos; ya lo debería de saber.
A lo mejor por ese motivo, tengo tan adentro a los hermanos Montenegro.
—Buenos días —nos saludó mientras salíamos fuera de la academia.
—Hola, Steven. ¿Qué tal estás? —respondemos.
—Genial, gracias. Os he visto bailar antes y, Olivia, déjame decirte que cada vez me sorprendes más.
O sea, Marta sabía que era muy buena en este tipo de bailes, pero no sabía que tú escondías tanto —contesta cuando estamos ya en la calle.
Marta sonríe agradeciéndole el halago mientras nos deja a solas por una llamada que recibe en su móvil.
—No creo que sea para tanto, la verdad —contesto tímida y algo avergonzada sonriendo. Aunque era un hombre que conocía de la academia, no lograba darme confianza; vamos, como la mayoría de hombres. Me estoy empezando a sentir algo incómoda a solas con él.
—Créeme que sí, eres realmente buena —responde mientras desvío la atención a Marta; me avisó de que ya llegó su Uber y se va a casa.
Cuando miro detrás del Uber, una avalancha de nervios y temor me caló hasta el fondo de mí.
El Audi A7 de Marco está parado en el mismo semáforo.
La ventanilla estaba bajada y se podía ver hasta desde la luna los ojos cortantes, llenos de ira, rabia y cualquier otra emoción que tenga que ver con destruirme en mil pedazos que Marco estaba lanzando sobre mí.
No puedo tener más suerte. Sabía que me iba a seguir; sabía que no se iba a quedar tan quieto después de discutir conmigo.
Lo que no sabía es que me iba a ver con otro hombre.
No está pasando nada, pero para Marco, verme con otro hombre le genera muchos celos, a veces casi enfermizos.
Si Apolo era muy estricto con los hombres de mi alrededor, Marco llegaba incluso a ser algo tóxico.
Marco siempre me trata con dulzura y con buenas palabras, hasta que le saco el tema de algún hombre.
Ahí siempre se vuelve histérico. Yo creo que, de los dos, Marco es el que peor lleva lo que me pasó y el tener que seguir relacionándome con hombres, pero es que es inevitable.
Intento ir hacia su coche para escapar de la situación incómoda con Steven y, además, que vea que no está pasando nada.
Sin embargo, Steven me pregunta si mañana acudiré a clases de urbano.
Me giro una milésima de segundo para responder que sí y, cuando vuelvo a mirar hacia su coche, el motor de este hace retumbar la calle entera.
Marco sale como una auténtica bala del semáforo, dirección a algún lugar que, ahora mismo, por como le he visto, no traerá nada bueno para él.
Tendría que haber sabido que me seguiría.
Tengo que llegar a casa lo más rápido que pueda. Seguramente esté en su sitio seguro.
Llego a casa muy agitada. Tengo que coger mis ventolines y echarme una buena dosis.
Mis pulmones no podían más; entre el baile y la carrera que me he metido, siento que me van a quitar el último aliento que me queda.
Entro enseguida a la casa y la primera persona que veo es Rebeca quitándose el abrigo.
—Ah... Hola, Rebeca... —saludo jadeando mucho.
—Por Dios, Olivia, ¿estás bien? ¿Vienes muy ahogada de baile hoy, no? —pregunta preocupada.
—...Sí, hoy me está dando fuerte. Por cierto, ¿has visto a Marco? —pregunto apoyándome en la pared, aparentando que no me estoy muriendo asfixiada.
—¿Marco? No, hija. Desde anoche nada. Vino a decirme que no me preocupase, que iba a arreglar todo lo de la carrera, que iba a volver, que iba a pagar todo y tal.
Y efectivamente, hoy, nada más levantarme, miré los recibos pagados y todo.
La verdad es que me ha dejado muy sorprendida...
¿No habrás tenido tu alguna charlita con él, no?
—las palabras de Rebeca me dejaron muy sorprendida.
Es mucha coincidencia, ¿no? Justo cuando le digo que me acaban de aprobar y que voy a entrar, automáticamente Marco vuelve.
Puede ser tan solo coincidencia; Apolo y Rebeca están muy encima de Marco para que haga lo de la universidad al fin, pero no sé, después de lo que pasó anoche no sé qué pensar.
¿Lo habrá hecho solo por estar conmigo en la universidad?
¿Por querer ver de cerca con quién voy a estar?
No sé, solo Marco sabe lo que piensa Marco.
—No, que va. Yo estuve hablando con él, pero de que iba a ir a su universidad también, pero nada más.
—Entiendo... Pues no sé, su cabeza habrá recapacitado sola, imagino. Te lo preguntaba porque como sólo tú parece que puede cambiar algo de lo que piense ese hombre, pues... En fin, si sé algo de él, te mando un whatsapp, ¿vale? Tengo que ir al despacho a tratar algo urgente.