ETERNAMENTE Mío (Libro 1 de la trilogía Eternamente) 4 #3
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Me acuerdo cuando le conté lo que me pasó a Apolo.

Su expresión al acabar de hacerlo se tornó un tanto sombría.

Como si algo por dentro de él le estuviera quemando el alma.

Conozco muy bien a Apolo; tardé un tiempo en contárselo, apenas teníamos diecisiete o dieciocho años, bueno, él cinco más que yo, pero, a pesar de haber tardado en hacerlo, me entendió a la perfección.

Después de eso, se volvió muy protector conmigo.

Sabía desde lejos con quién estaba, con quién no; sabía incluso detalles de la vida de los chicos que rondaban en mi círculo de amistades, vamos, muy escaso, pero pareciera que eran más amigos suyos que míos a juzgar por cómo conocía cosas de ellos.

Una vez, salí a casa de una amiga a la que vino un amigo suyo; yo no sabía que él iba a estar. Esa noche, Apolo vino a recogerme.

Olivia y Apolo (dos años antes)

Salía de casa de Marta. No tuve que esperar ni un solo segundo en la calle. Un Mercedes clase S, negro como la oscuridad de la noche y brillante como la luz de la luna, me esperaba a las puertas del piso humilde de mi amiga.

—¡Qué rápido has llegado, ¿no?! —preguntó entusiasmada de verle tan pronto.

—Más rápido aún; quiero que me cuentes quién es el chico que estaba con vosotras —dijo con el semblante más serio que había visto a mi corta edad.

—¿Cómo... cómo sabes que había un chico? —preguntó frunciendo el ceño.

—No tengo tiempo para preguntas estúpidas, Olivia. Dime quién era y si te ha hecho algo —dice autoritariamente mientras observa mi cara y mis brazos.

—Dios, Apolo, no. Tranquilízate. Era solo un amigo de Marta, nada más. Yo tampoco sabía que iba a estar —contestó intentando tranquilizar su exploración física para encontrar rastros de algún roce.

—Espero que siga siendo solo amigo suyo —respondió mientras me abría la puerta del coche.

—¿Y por qué no puede serlo también mío? —pregunto sonriendo, retándole a mostrar que está realmente celoso de que tenga más amigos que no sea él. Se sube al asiento del piloto, se pone el cinturón, y una de sus manos, en la que portaba un pedazo de Rolex, agarraba el volante por la parte de arriba.

—Porque tengo que conocer hasta el último detalle de su vida antes de dejar que se acerque a ti —respondió haciendo rugir el motor de su Mercedes; esa frase se repitió durante días en mi cabeza...

Me dejó a cuadros su obsesión tan meticulosa por defenderme y cuidar de cada quién que se quiera meter en mi vida.

Siempre le había visto como el típico hermano mayor que carga con la responsabilidad del cabeza de familia, o del típico sucesor de toda la fortuna, el típico responsable, el ojito derecho de Rebeca, el que va a tener que cargar con todo.

Conmigo, desde casi al llegar a esta casa, me ha protegido muchísimo; siempre ha estado pendiente de mí y, desde que le conté lo de San Diego, se volvió casi como mi guardaespaldas.

Tanto es así que, aun a día de hoy, lo sigue haciendo.

La cuestión es que ahora, a mi edad, no sé por qué, que me trate así empiezo a verlo de otro modo, a sentirlo de otra manera...

Es como que esa obsesión de protección hacia mí hace que cada bello de mi cuerpo se me erice cuando lo hace.

No sé si sea atracción; la verdad, no sé absolutamente nada de lo que siento ahora mismo por ninguno de los dos hermanos.

Mis sentimientos están cambiando tanto acerca de ellos...

Y, además, creo que a ellos les está pasando igual.

Pasamos juntos a la cocina. Él se prepara una botella de agua para meter en su mochila, mientras yo me hago mi batido de proteínas de por la mañana.

Me parece escuchar un silbido bajando las escaleras de la casa...

Marco. Entró a la cocina mientras estábamos allí.

Al pasar la puerta y levantar la mirada, sus ojos dispararon a los míos balas cargadas con nerviosismo, timidez; un flashback inmediato se proyectó en mi cabeza, como si de una película se tratara.

Vuelvo a ver y notar sus labios cerca de los míos.

Mira también a Apolo, pero a este le aparta rápido la mirada; me vuelve a mirar, entró rápido a coger un plátano, dejando salir de su boca un ligero "buenos días" y, según entró, se fue.

No dirijo ninguna palabra más. Me quedé un poco paralizada.

No sé si es que está huyendo, como es de costumbre en Marco Montenegro, o solo es precaución porque nadie más se entere de lo que casi hicimos anoche.

Sea como fuere, Apolo conoce cada expresión de mi cara casi mejor que yo, si me apuras.

Sabe perfectamente que algo no va bien. Cuando salgo del trance de mirar hacia la puerta pensando en qué demonios pasa por la cabeza de Marco ahora mismo, veo a Apolo mirándome con las cejas levantadas.

—¿Qué pasó entre Marco y tú? —preguntó dejando la mochila.

—¿Pasar?... No, no... ¿Por qué tiene que pasar algo? —respondo moviéndome rápido para ver si así engañaba la avalancha de nervios que se me pone encima cuando Apolo intenta sacarme las palabras.

—Liv, conozco a mi hermano como si hubiera programado cada neurona de su cabeza; ya te llevo estudiando cada movimiento, pensamiento, manera de actuar y de sentir unos...

¿diez años?... Creo que no puedes engañarme —responde colocándose entre la encimera y la isleta de la cocina para evitar que me escape.

Su intento de tapar mi salida haciendo que casi choque contra él hizo que algo se estremeciera en mi cuerpo.

—De verdad, no pasa nada, tranquilo. Es solo que ya sabes cómo es Marco... Estuve haciendo entrar en razón con lo de la uni... Nada más que eso —respondo rezando a Dios para que mi versión sea creíble.

—... Ya... —responde con una media sonrisa en su cara queriendo decir "no me creo ni una sola palabra"—. Me tengo que ir a trabajar... Portaos bien, por favor. Y no me guardes secretos, Liv. Ya tengo bastante con Marco.

El olor de su colonia entraba por mi cuerpo hasta llegar a mi cerebro como una ola de fresco relajante, a la vez atractiva, mientras abandona la cocina.

Uff, es muy difícil intentar esconder algo a alguien que controla cada suspiro de ti.

No podía saber nada; si Apolo llega a enterarse, no sé cómo reaccionaría.

Es posible que yo esté dramatizando demasiado...

Al final, él tampoco se cortó esa misma tarde cuando estuvimos mirándonos como tontos...

o como cuando no puede evitar mirarme cuando le sonrío tan cerca.

En fin, después de este momento con los hermanos Montenegro, debería ir a organizar mi mochila de baile.

Después iré con mi padre y no podré asistir a la clase de por la tarde.

Necesito, al menos, ir a la de por la mañana.

Salgo de la casa y lo primero que veo es a Marco haciendo algo a su coche. Tengo que pasar por su lado sí o sí; espero que se digne a decirme algo y que esto no quede así de frío.

—Marco... —nombro su nombre acercándome a él.

—Estoy ocupado, Liv, déjame, por favor —respondió apenas mirándome de refilón.

—Marco, sé que estás evitando lo que pasó anoche, pero...

—No estoy evitando nada porque anoche no pasó nada, Olivia.

Te puedes ir ya —contesta su peor versión, la más antipática y menos empática del mundo.

No puedo evitar que me duela que, para él, anoche no pasara nada.

Mi asombro se podía notar en mi cara... Mis ojos se empapaban de lágrimas por lo que para él fue lo de anoche.

—¿Sabes una cosa, Marco? —pregunto mientras me interpongo entre él y la puerta del coche.

Vuelvo a estar a centímetros de él... Vuelvo a notar esa electricidad, ahora algo eclipsada por la rabia y las ganas de meterle un puñetazo que tengo.

Sus ojos vuelven a cambiar su expresión, pasando de dureza e inexpresión en forma de autodefensa a debilidad que quiere esconderse tras un escudo enorme.

Noto que traga saliva cuando empiezo a abrir mi boca—.

Las palabras mienten, pero el alma no. Y la tuya rompe ese escudo de mierda que llevas cuando estás conmigo, aunque no quieras verlo.

—¿A dónde coño vas? —preguntó cuando me alejé de él después de notar un respiro fuerte cuando casi rocé su cuerpo.

—A comerle la boca al primero que vea en baile... ¿Quieres verlo? ¿O vas a huir como siempre? —respondo girándome mientras sigo andando de espaldas.

—¡Olivia, no me jodas! —exclama mientras algo choca contra mi mente. Si tanto dice que lo de anoche no fue nada y supuestamente él no siente nada, ¿por qué contesta así si le digo algo como eso?

Me alejo empezando a correr. Mientras suena Somewhere Only We Now en mis AirPods, mi cabeza recrea la imagen del CASI beso, las palabras en forma de cuchillos súper afilados de Marco antes, las ganas de romperle la cara por hablarme así, mientras que, a la vez, las ganas de que vuelva a estar a centímetros de mí y de que casi me bese, se manifiestan por todo mi cuerpo.

Sin embargo, me alejo a la vez satisfecha, porque sé que lo que le dije a Marco le estaba ardiendo el alma por dentro.

Sin embargo, él quiere jugar a joderme; que no se preocupe y que se prepare, porque yo también sé joderle a él.

Necesito bailar... Necesito mi terapia...

Olvidar a Marco por una hora y no pensar en nada más que en soltar toda la rabia que llevo dentro por no tener la valentía de decirme que, aunque no quiera reconocerlo, puede que esté viéndome con otros ojos... al igual que yo.