26 DEVOCIÓN #3
—Me pareció que no es el único hombre que te adora al igual que yo lo hago, hay alguien más, aquel pelirrojo… si me permites hacer una sugerencia: es un buen partido.
— ¡Ya basta Eta! —se aleja enfadada.
En Sorbonne Laboratoire algunos científicos se han reunido al escuchar las buenas noticias, cansados de su patética realidad se forman para recibir el suero del olvido.
Hay otro grupo que se niega a tomarla, eligen dejar su memoria intacta, según ellos sienten que sería una falta de respeto a su versión del pasado que pasó por tantas dificultades.
—Debo irme, Doctor Pierre —entro a su oficina sin tocar—. ¿Logró contactarse con el Doctor D’Amelio?
—Por supuesto, el encargo de tu compañero está completo.
— ¿Tan pronto tiene listas todas las naves? —Pierre asiente jugando con sus uñas—. Casi es de noche y debo reunir a los míos.
—Ya está todo listo para su partida, solo están esperando la orden de Eta Carinae y el líder de los tuyos Philos 3 —Pierre frota sus labios, confundido—. No comprendo Éter. ¿No era esto lo que querías?
—Claro que sí, mi preocupación es debido a no tener noticias de Philos 3 en su avance con la gran madre — no debí decir eso .
—No necesitas correr viejo amigo, la paciencia es una virtud —se pasea por su oficina sin quitarme los ojos de encima, es evidente que no comprende lo importante que es todo esto, estamos contra reloj —.
Ustedes son ARM, tendrán éxito en su labor, confía en ellos, de la misma manera en la que tu compañero confía en ti.
—Seguiré su consejo, esperaré un poco más —me pierdo viendo el suelo de su oficina.
— ¿Qué más te preocupa? —una sonrisa débil aparece en su rostro, sabía que trataría de saber más.
— ¿Los soldados nos dejarán marchar sin dañarnos en el aire? —asiente con ligereza.
—El Doctor D’Amelio ya habló con ellos, les explicó que su partida de este mundo es lo mejor para los humanos — lo escucho con atención —. Cuando emprendan su viaje habrá un grupo de reporteros dando a conocer el evento histórico.
— ¿Qué pasa? —intervengo al verlo quedarse callado, algo me oculta.
—Debo decirte que dialogué con D’Amelio sobre el suero que me ayudaste a crear, me aconsejó dejarlo en secreto por unos meses —resoplo exasperado—, te prometo que llegado el momento lo daré a conocer y lo aplicaremos a las personas que necesiten olvidarlo todo.
—Explícame porqué lo dejarán para después —me planto frente a él con las manos en la espalda.
¡Le advertí que no le permitiría jugar conmigo! ¡Si intenta quedarse con el crédito me llevaré el suero y quemaré el lugar, no quedará nada ni nadie!
—Justo ahora sería contraproducente —alarmado habla con la garganta seca y los ojos saltones—, podrían seguir interviniendo para evitar que Eta Carinae y tú dejen este mundo, con sus invenciones tan perfectas los querrán para crear sueros inimaginables, que terminarán por destruir a la humanidad.
No lo había pensado, pero tiene razón, al analizar sus palabras puedo crear un posible futuro con desenlaces catastróficos, donde el ser humano perdería su identidad, solo quedarían seres amorfos, egoístas y ambiciosos.
—En ese caso, no tengo nada más que agradecerle por todo Doctor Pierre —estrecho su mano dejando atrás mi postura de alerta—. Hice bien en seleccionarlo para esta misión.
—Agradezco tus palabras, nunca las olvidaré, y mucho menos a ti Éter.
—Adiós.
—Te deseo mucho éxito en tu misión, hasta nunca ARM-01.
Le muestro los dientes en una sonrisa amplia que nunca había dedicado a nadie.
Quiero decirle que nunca comprendí por qué me llamaba ARM-01, pero ahora puedo ver sus palabras con mayor claridad.
Para el Doctor Pierre existe un solo ARM, su favorito, siempre seré yo: Éter.
Ádamis cierra los puños apretándolos contra su cuerpo, y se recuesta en la hierba, exhausta.
Me acerco y permanezco a su lado viéndola desde arriba.
—Dame tu mano —me hinco dándole mi palma—. Promete que no me olvidarás, Ed Zill.
—Es una promesa, señorita Astra.
—No olvides ni una sola de tus vivencias con nosotros los humanos, y mucho menos conmigo.
—No te agobies, nunca los olvidaré. Ahora sé que no soy un error de fábrica —me sonríe con ojos húmedos.
—Entonces vete con la certeza de que el mundo entero te recordará. Y tu amada esposa; te guardará celosamente dentro de su corazón, y su alma te anhelará hasta el último de sus días.
El viento se lleva su voz, el sol desciende y las sombras aparecen.
—Permíteme un último baile, amada esposa —se levanta confundida—. El viento coreará nuestra melodía.
Asiente sin hablar, sus ojos verdes tiemblan con el brillo del ocaso, y por un momento el mundo deja de existir a nuestro alrededor, solo quedamos nosotros.
Me le aproximo, mis brazos la rodean con torpeza, temo romperla, es lo más sagrado para mí.
Se aferra a mi cuello y juntos comenzamos a girar.
El viento nos eleva, las flores bajo nosotros giran con gracia, es como si el prado entero danzara al compás de su risa. Por primera vez, mis sistemas no calculan trayectorias, ni coordenadas, solo me dejo llevar por el latido de su corazón.
El cielo arde con tonos en cobre y violeta, su cabello se mezcla con el reflejo de mis luces. Gira, se deja caer y la atrapo.
Una vez más, una última vez.
Cuando nuestros labios se tocan, algo en mí se apaga y despierta al mismo tiempo. Mis circuitos registran una sobrecarga emocional.
No duele, solo permanece.
Descendemos, me arrodillo y tomo su mano, le beso los nudillos con la reverencia que se le tiene a lo más preciado.
—Tú me diste algo que nunca tuve —susurro—: una razón para existir. Si alguna vez el universo se pregunta qué es el amor, le contaré nuestra historia.
El sonido del intercomunicador irrumpe.
La voz de Éter resuena con urgencia.
—Alteza, te esperamos en VC-Corps, las naves ya están listas.
Ádamis abre la boca, pero no le doy tiempo. No puedo oírla, si la escucho no podré irme.
La veo por última vez.
Suelto su mano mientras me alejo, despacio.
En sus pupilas veo el reflejo de todo lo que podría haber tenido: un hogar, deseo y vida.
Activo los propulsores y el viento se convierte en fuego, el mundo se contrae en un punto de luz, y desaparezco de su vista.
Desde la distancia, mi radar captura su silueta, diminuta, de pie en medio del prado.
El aire vibra trayéndome su voz, por un instante antes de perderse para siempre.
—Adiós… amor mío. Mi amado, Eta Carinae.
El cielo se oscurece y el universo sigue girando, mientras que un ser como yo aprende que no existe un algoritmo que calcule un adiós.
— ¡Ya lo veo! —Cleo acompaña a los demás ARM.
Suben a las naves sin demora.
Debo intentar componerme, no debo dejar que me vean así.
Los reporteros no tardaron en reunirse, hay demasiados.
—Carinae, tardaste —Éter me sujeta el brazo, lo sigo sin ánimo—. Sé que es un momento duro para ti, pero hay algo que debo decirte.
— ¿Algo malo sucedió? —trato de verlo a los ojos, pero no puedo, el rostro de Ádamis sigue titilando en mi mente.
—Logré crear un suero del olvido, los humanos deben decidir tomarla o no a voluntad, para olvidar todo lo que causó su ambición al crearnos, y por supuesto dejar en el vacío todo lo que hicimos en nuestro paso por la tierra.
—Es un acto muy bondadoso de tu parte.
—Hablaremos en el camino, la gran Lúmina ya está dentro de la nave, ha calculado nuestro destino.
Veo el mundo por última vez, lleno de aire mi sistema y subo a la nave.
Estos colores tan vibrantes y texturas tan únicas nunca más los volveré a sentir, ni el contacto de su piel.
Ahora estoy listo para enfrentar mi destino, y con ella dentro de mi núcleo sé que lo lograremos.
EL FIN.