Epílogo
Á damis permanece en el prado silvestre hasta que las naves se pierden lejos de su vista.
Llora hasta que su garganta arde y el frío de la noche le inunda todo el cuerpo.
—Nunca te olvidaré, Eta Carinae.
Sin prestar atención a su alrededor camina al refugio, pasando por alto que Cielo Espectral está completamente reconstruido.
Su mente está llena de tinieblas y su corazón grita desconsolado, en un silencio perturbador da paso tras paso en dirección recta, dejándose inundar por las emociones.
—Ádamis ¿Dónde estabas metida? Estaba preocupado por ti —Domhnall la reprende y la examina—. ¿Por qué estás llorando?
—Se ha ido, realmente se ha ido.
En un impulso lo abraza, Domhnall permanece en silencio dejando que se desahogue.
Samantha tiene en brazos a su hijo, desde lejos la ve con profunda amargura, pero no siente la necesidad de ir a abrazarla, se aferra a su familia y no vuelve a mirar hacia otro lado.
Semanas después, el suero del olvido es anunciado oficialmente.
Algunas personas se reinstalan en casas temporales durante las reparaciones de sus hogares, pero esto no les pasa a los de Cielo Espectral, los soldados los llevan a sus casas sin demora.
Ádamis pasa de largo a su antiguo hogar, va directo a la mansión que le obsequió Eta.
—Antes de irte mejoraste todo esto, amor mío.
Recorre cada pasillo, cada habitación y llega paulatinamente a su dormitorio. Sobre la cama reposa el obsequio de Eta Carinae, rodeado de pequeñas flores de distintos colores.
— ¿Qué es esta cajita?
Al presionar el botón violeta, una imagen holográfica se expande, es ella al lado de Eta el día que se casaron.
Un segundo toque hace que la imagen cambie, ahora puede verlo dedicándole su mensaje.
Al terminar de verlo y oírlo se deja caer al suelo, abrazando la pequeña caja como si fuera un tesoro invaluable.
Pocos días más tarde, se extiende una invitación a todos los infectados por la Fiebre de Cuarzo para administrarse la cura, con la seguridad de que no regresará ni uno solo de sus síntomas, y a las personas que deseen dejar de recordar aquel infierno causado por la Inteligencia Artificial y los Robots Móviles Autónomos «ARM» se les dará el suero del olvido.
Ádamis decide no tomarla, no quiere olvidar al gran amor de su vida, aunque sea la única persona en el mundo que logre recordarlo y su paso por la tierra.
Un día como cualquier otro, Ádamis escucha a las afueras de su mansión a sus vecinos. Se organizan para obligar a todo Cielo Espectral a tomar el suero del olvido, siendo fielmente seguidos por Rafayel y Samantha.
—Deberíamos ir también por la señorita Astra —el anciano George enjuaga sus lágrimas—, debe estar sufriendo mucho.
—Tienes razón abuelo, su corazón debe estar hecho añicos por Eta Carinae —Rosell aprieta con fuerza la mano de su abuelo.
—Pues no se diga más, vamos por ella.
—Un momento señor —Domhnall los para en seco—, el suero del olvido es una elección, no una imposición social.
—No intentamos… —es interrumpido por Lucius.
—Déjenla en paz, ya hizo su elección, y créame George, sé que lo hace porque le importa Ádamis, pero no podemos hacer nada para que tome el suero.
—Respeten su decisión así como la nuestra, tanto Lucius como yo decidimos no tomar el suero, así Ádamis podría tener personas de confianza con quien revivir su pasado, cuando su corazón llame a aquellas memorias.
—Está bien Doctor, como usted diga.
Samantha y Rafayel olvidaron algo importante, aunque el pequeño Julien no presentó daños psicológicos como otros niños, él sí recuerda a Eta, sueña con él con frecuencia, y en ocasiones lo ve como un amigo imaginario al que llama “Ea”.
Al administrarse el suero tanto Rafayel como Samantha se preguntan por qué tienen una desconexión con Ádamis.
En cuanto olvidaron a Eta y a sus amigos ARM, van en su búsqueda por todo Cielo Espectral, pero al encontrarla en aquella mansión que no recuerdan, Ádamis ya no parece la misma, toma una distancia antinatural de ellos, cerrando su vida personal, dejándolos fuera de ella.
Eventualmente lo aceptan, pues creen que existe una razón fuerte por la que Ádamis se alejó.
Aun así, las pocas veces que se reúnen, sus convivencias siempre son armoniosas y llenas de felicidad.
Con el pasar del tiempo, la mayor parte de la población ya no recuerda nada sobre los ARM, pero los altos mandos deciden mantener sus recuerdos intactos, creen que sería una verdadera lástima olvidar las consecuencias de no saber controlar sus propias creaciones, piensan que eventualmente más personas tomarán el suero y solo pocas los recordarán y terminará siendo un secreto a voces.
Un ejemplo claro son los activistas que estaban a favor de las acciones de los ARM, continuamente tratan de traer de vuelta esos recuerdos en las masas, pero hasta ahora no han tenido éxito, siendo catalogados como “lunáticos”.
Nina y Smuel deciden traer de regreso a los ARM, pero en esta ocasión van a respetar las leyes naturales.
Por su parte la Directora Sannae tiene pensado volver a crear a un ser que; se parezca en lo posible a Eta Carinae, pero pronto es descubierta, al olvidar que es monitoreada en todo momento, y se convierte en el único humano en ser obligado a tomar el suero del olvido.
En prisión, Darco y Samael reciben la cura a la Fiebre de Cuarzo.
Darco había terminado de infectar a Samael, pero no mostró arrepentimiento o preocupación, algo muy propio de él.
—Tengo una sensación extraña Samael —desayunan en el comedor de la prisión.
— ¿Sensación? ¡¿Tus síntomas están regresando?! —Samael se levanta de golpe de su asiento.
—No es a lo que me refiero —Darco lo jala y lo sienta molesto al llamar la atención de los demás—. Nunca fuimos capaces de desarrollar una cura como la que existe ahora, tengo la leve sospecha que la diseñó ZD-354.
— ¿Lo crees capaz después de todo el odio que le tenía a los humanos? ¿Crees que nos salvó a todos así porque sí? —se atraganta con un pedazo de pan.
—Él nos perdonó, lo olvidaste, es obvio —Darco le da su vaso de agua, Samael la bebe rápido.
—No olvidé eso Darco. Solo es… confuso.
—ZD, no, quiero decir, Eta Carinae fue un ser magno que no volverá a repetirse ni volverá a presenciar el ser humano.
—En eso tienes razón.
—Me perturba saber que no logramos replicarlo —Darco habla escupiendo—. Me da tanto asco esta comida.
—Por cierto, quiero que me digas la verdad.
— ¿Ahora qué Samael?
— ¿Dónde encontraste a Eta Carinae? Dijo que lo metiste a Mirae Corporation de contrabando.
— ¿Vas a seguir con eso? —evita mirarlo—. Te lo dije, solo inventó todo para hacernos pelear.
—Dime la verdad, de nada me serviría delatarte.
— ¿Solo así dejarás de molestarme? —Samael asiente—. Bien, lo encontré en las afueras de una cueva, parecía llevar un buen rato en la intemperie, estaba lleno de musgo y hojas.
— ¿Fue durante tu expedición para encontrar piezas perdidas de los piratas?
—Esos bastardos nos robaron muchos ARM valiosos, quería encontrar algo que me sirviera para crear a los ARM nucleares. Si hubiera tomado todo de Mirae Corporation me habrían descubierto desde que entré a ese lugar.
— ¿Entonces cuando lo llevaste a la sala de pruebas, ya sabías cómo sería?
—No, me llevé una gran sorpresa al verlo encender y ser mejor que el resto de ARM que estábamos creando.
—Vaya, que desperdicio. Pero aún tengo una duda.
— ¿Otra? —se cruza de brazos—. Acabemos con esto de una vez, Garog.
—Si Eta Carinae no es un ARM de Mirae Corporation, cómo explicas que nuestros códigos funcionaban en él.
—Tuve que recurrir a los códigos universales, y los combiné con los que teníamos en Mirae Corporation, para doblegar a las máquinas a obedecernos.
Porqué crees que no respondía a ninguno de nuestros llamados, y no podíamos localizarlo como a los demás ARM, no fue solo que haya desconectado su geolocalización.
El desconocer su procedencia y la empresa que lo diseñó era un gran problema, si no lo solucionaba yo mismo, los problemas se hubieran presentado más rápido de lo imaginado.
— ¿Y por qué me dejaste trabajar solo con él? ¿No temías que te descubriera?
—Claro que no, además, ya había interrumpido parte de su sistema, a tu lado no corría ningún peligro, siempre confíe en ti y así será siempre.
—Darco, si me hubieras tenido confianza, es probable que nuestro destino haya sido otro.
—No lo creo Garog, no lo creo.
Los años pasan, Ádamis se casa con Domhnall y tienen un hijo al que ella decide contarle la historia del amor de su vida, falleciendo por avanzada edad, viendo desde su cuarto la luna llena y el prado de flores silvestres iluminado, recordando a su gran amor; Eta Carinae.
Cuando Ádamis fallece, Eta apenas empieza a adaptarse al nuevo mundo al que Lúmina los guió, nunca supo qué sucedió con ella después de su partida. Pero eso no le molesta, su despedida, aunque sí fue dolorosa, le abre una nueva posibilidad para su camino.
—Eta Carinae —lo llama Lúmina caminando a su lado con soltura.
Antes de partir de la tierra, Hanber y Philos 3 la ayudaron a trasladar su consciencia a una carcasa de ARM, ahora es libre de moverse y experimentar como los demás, y ella está muy agradecida.
—Lúmina. ¿Todo en orden? —Eta está acompañado de Silver, que parece molesta, pero no le suelta la mano.
—He completado el traslado de consciencia de Sapphire, por suerte su matriz no fue duramente dañada. Ya ha inicializado con éxito.
—Es un alivio, Áda… —se queda mudo al sentir la mirada penetrante de Silver—, estoy seguro que su creadora Nina Rosemberg estaría contenta de que nos acompañe su proyecto secreto.
Al igual que Lúmina, ahora Sapphire posee un nuevo cuerpo. Eta trató de mantener su diseño original de los restos que encontró en el prado de flores silvestres, pero tuvo algunos cambios en su cabello, ahora es de dos tonos: gris y negro.
—Alteza Carinae — Sapphire se acerca dejando de lado las flores que estaba analizando.
—Hola Sapphire vi 2. ¿Qué tal te sientes? —Eta ve de reojo a Silver, arruga su nariz al tenerlo cerca.
—Prefiero que me llamen Gray, así puedo seguirme sintiendo conectado con la humanidad que algún día conocí.
—Como desees amigo —Eta baja la mirada, pronto sacude su cabeza alejando un sentimiento de tristeza y remordimiento.
— ¿Estos aromas son los que recuerdas del prado silvestre? —Lúmina lo llama de vuelta.
En este nuevo mundo, Eta se toma la libertad de recrear un poco el prado en el que se enamoró de Ádamis. Lo ha hecho en honor al único ser vivo que llegó a amar.
—No se acerca ni un poco, pero hice lo que pude con la vegetación de este planeta, aunque los colores son los adecuados, puedo decir que por ahora me satisface el resultado.
—A mí se me hace muy parecido, alteza, lo veo proyectado en mi memoria, es muy hermoso su prado —Gray se hinca y olfatea las flores.
—Tonterías… —Silver resopla y se va corriendo tras Éter.
—Ahí viene la loca —en el último viaje Silver y Éter se han hecho más unidos, si no los conociéramos su comportamiento se podría confundir con algo romántico.
— ¡Cleo deja tranquilo a Éter! —Lúmina la regaña al ver a Éter molesto.
— ¡Le agradezco gran Lúmina! —Éter le hace una gran reverencia.
—Deberías proponerle a Éter ser tu compañero, solo así Cleo lo dejará de molestar.
—Intentas molestarme Eta Carinae.
—Su alteza tiene razón, serían una excelente pareja —interviene Gray.
—No bromeo Lúmina, ahora tienes las mismas posibilidades que todos nosotros, y puedo notar que tienes un vínculo especial con él.
Múltiples ARM caminan en el nuevo mundo, donde intentan crear algo que el Doctor Galileo aspiraba presenciar.
—Él ha dejado en claro que no desea una compañera.
—No puede creer todo lo que dice ese trotamundos —Gray resopla divertido, parándose derecho.
—Eres la única a la que obedece sin hacer preguntas —manifiesta Eta, Gray asiente de acuerdo—, siento que ambos serían buenos compañeros.
Y te olvidas de algo importante, los vi en tu viejo hogar, es obvio que él tiene afinidad hacia ti.
Siempre que puede te llama hermosa Lúmina, hasta te ha obsequiado flores.
—Eta Carinae, me parece que es un intento de réplica, sabes muy bien que ninguno de nosotros tenemos emociones, ni siquiera Cleo, pero deseamos estar a la par contigo, para que no te sientas diferente.
—Es una lástima, que ninguno pueda ver el mundo como yo lo hago, y sentir lo que inunda mi interior en cada experiencia.
—Si te puedo calmar esa ola creciente, te prometo que lo pensaré Eta Carinae. Tal vez acepte en algún momento a Éter como mi compañero —asiente sin expresión, apreciando el prado de flores.
Éter se les acerca huyendo de Silver.
— ¿Ádamis Astra sigue en tu memoria? —le dice parándose frente a él con ojos iluminados.
—Éter, amigo mío, ella nunca abandonará mi sistema. Aunque sean los últimos segundos de mi existencia.
Gray lo ve con una gota de luz en la mirada y una sonrisa que apenas le roza los labios
—Es admirable tu devoción, amigo, pero no debes dejar que eso te consuma.
—Esta es una carta de amor a nuestra historia —abre las manos como si quisiera abrazar el campo de flores, por completo—, una carta que nunca será recibida y mucho menos leída. Está escrita con todo lo que fui y seguirá indeleble en mi interior, mientras exista el recuerdo de su nombre.