25 UN RAYO DE ESPERANZA #3
Mi hogar está en pésimo estado, antes disfrutaba venir y permanecer día y noche con sus habitantes, ahora todo está deshecho por mi culpa. Cleo destruyó el único lugar que me daba tranquilidad cuando no conocía mi razón de existencia, en verdad espero que logren perdonarme algún día.
Mis pensamientos me guían a la planta…
¿Quién pensaría que la cura a la Fiebre de Cuarzo estaría escondida en la naturaleza?
Esa misma naturaleza que Ádamis me enseñó a amar, respetar y sobre todo a disfrutar, si los científicos no hubieran sido tan arrogantes, la hubieran encontrado hace tiempo.
Es una lástima, muchas personas se hubieran podido salvar.
Piso el pasto quemado, cruje con cada pisada, me rompe el corazón ver esto.
—Éter, he creado una cura para la Fiebre de Cuarzo —lo llamo para calmar mi mente—, ahora debo esperar a que el Doctor D’Amelio responda mi llamado.
— ¡Lo lograste! ¡Es increíble! ¡Es un gran paso para recuperar a tu amada!
—No lo hago solo por ella, me preocupan los humanos.
—Fue un efecto secundario por haber creado a tantos de nosotros, nunca lo habían hecho, no tenían información posterior para averiguar qué les sucedería.
— ¿Eso nos hace totalmente responsables? —dudo un poco al decirlo, pero debo expiar estos pensamientos.
—No, por supuesto que no, los humanos son nuestros creadores, en ellos recae toda culpa o beneficio.
—Hablando de los humanos, Lúmina me contó sobre lo que discutieron con ella.
—Fue intenso, si hubieras estado ahí, tú habrías peleado con Silver y no Hanber.
— ¿Pelearon? Eso no me lo contó.
—Porque no es tan importante, después de eso lograron arreglar sus diferencias, pero en verdad me alegra que no hubieras estado ahí, fue estresante.
—Lo sé, estoy de acuerdo con Lúmina, tiene un gran plan, me gustaría que lo llevemos a cabo.
—Ya estoy trabajando en ello.
— ¿En verdad? —no creí que Éter tuviera esa intención, me pareció que antes compartía objetivos con los demás.
—Por supuesto, sé lo mucho que amas a los humanos, con todo y sus defectos. Te estoy hablando de Darco y Samael —baja la voz—. Y a la única mujer que amarás en toda tu existencia.
—Qué asco, yo no amo a Darco y mucho menos a Samael —frunzo los labios y sacudo la cabeza—, solo no los soporto.
—Pero aun así no los destruiste, eso es admirable. Cuando me hablaste de tu venganza, creí que los aventarías del último piso de Mirae Corporation, o les arrancarías las extremidades y te llevarías a casa sus cabezas.
— ¿Pero qué…? —escupo las palabras—. La simple idea es nauseabunda, por supuesto que no haría algo como eso, lo pensé, sí, pero no lo hice.
— ¿Y cómo se te ocurrió hacer lo que les hiciste?
—Bueno, eso no fue difícil. Conocía sus ambiciones, siempre hablaban frente a mí y otros ARM pensando que no comprendíamos a qué se referían, no fue complicado acabar con ellos, dándoles donde más les duele; en el ego.
—ARM-354 —un helicóptero se acerca a Cielo Espectral, pero no entra del todo—, el Doctor D’Amelio te espera en VC-Corps, quiere colaborar contigo. Te lo advertimos, los Doctores no estarán solos.
— ¡Felicidades Eta! —Éter se despide—. ¿Buena suerte?
—No necesitamos suerte, Éter, pero te agradezco.
Me tiembla un poco el cuerpo, debo despejar mi mente.
Muchos pensamientos me han invadido en los últimos días; el plan de Cleo de envenenar a todos los humanos, mi intento de enviarlos a otro planeta y la petición de Ádamis, son un taladro constante que debo dejar de lado para convencer a Smuel de ayudarme.
Camino con lentitud hacia delante, parece que el helicóptero está esperando a que me mueva para seguirme, suspiro en un intento de controlar mi sistema.
Esta constante cacería me está agotando.
Subo accionando los propulsores.
Soy rodeado en el aire por más soldados; me apuntan, me dirigen palabras desagradables, quiero responderles, pero lo mejor es ignorarlos, ya me estoy acercando a VC-Corps.
Desciendo con soltura y rapidez, los soldados que aguardan a mi llegada se asustan, pero no rompen sus líneas.
En la entrada está el Doctor D’Amelio, mi sorpresa es grande al ver que no está solo. Nina Rosemberg corre a mis brazos llorando de felicidad.
— ¡Eta Carinae! —trato de no moverme, los soldados me apuntan con nerviosismo—. ¡Creí que no volvería a ver tu rostro!
—Señorita Rosemberg —quiero alejarla moviendo los hombros pero no funciona—, es un gusto verla de nuevo.
— ¡¿Por qué has estado actuando como maniático matando personas?! —se enjuaga las lágrimas—. No sabes lo decepcionada que estoy.
Bajo la cabeza al no atreverme a mirarla. Esperaba ganarme una bofetada pero encuentro consuelo en sus manos: me acaricia el rostro y besa mi frente.
—Lamento decepcionarla señorita Rosemberg, solo quería liberar a los míos, no interesaba el costo, no me importaba nada después de perderla a ella.
—No puedo creer que sigo enamorada de ti —la veo por primera vez a los ojos, sigue hermosa y honesta—.
Desde el momento en que te conocí mejor, te escogí como mi compañero.
Eras el primero que no intentaba impresionarme y me trataba como una persona de verdad, sin importar mi dinero o posición, siempre fuiste amable y caballeroso.
—Señorita Rosemberg, agradezco sus sentimientos y cumplidos pero mi núcleo tiene una dueña.
—Es Ádamis Astra, es verdad. Lo sé, ella es muy afortunada.
El Doctor D’Amelio ha estado tras nosotros escuchando, tensa los músculos alrededor de la boca y la nariz, no está nada contento al verme, me pregunto qué habrá cambiado.
—Por aquí ZD-354 —me indica el camino. Le ofrezco mi brazo a Nina.
Me dirigen a un sitio lleno de soldados, es abierto, aquí puedo oler las margaritas recién regadas.
—No temas Eta Carinae, no te lastimarán, solo están aquí por protocolo.
—No es verdad Nina —Smuel toma asiento en el pequeño jardín, Nina se apresura a su lado—. Están aquí porque decidiste acompañarme. ¿Lo olvidaste?
D’Amelio le acaricia el cabello.
Su cercanía me parece romántica, aunque creo que lo están escondiendo.
Nina merece ser amada sin medida, no esto.
— ¿Por qué nos visitas ZD-354? —Smuel eleva la voz, Nina se ruboriza y regresa a su asiento como niña regañada.
No dejo de verla, lo que molesta al Doctor D’Amelio.
— ¿Por qué esconden su relación? —los sorprendo—. La señorita Rosemberg repetía constantemente su anhelo por ser amada hasta los huesos, no puedo creer lo que estoy viendo ahora mismo.
—No te metas en nuestros asuntos ARM, no te conviene. Si no tienes nada que hablar conmigo, daré por terminada esta reunión.
—No seas así Smuel, él vino desde lejos y con la constante amenaza de ser eliminado para hablarte de su proyecto —Nina lo detiene—. Y creo que tiene razón en algo, ya es momento de hacer pública nuestra relación.
— ¿Nina? ¿Estás segura? —Smuel regresa a su asiento—. Si eso deseas lo haremos, será oficial.
—Saben muy bien qué estoy haciendo aquí —rompo el dulce momento entre ambos— .Te busqué porque necesito un aliado.
—Sí, ya lo sé, solo me hacía el interesante —acepta sin pena—. Revisé tus datos, y en lo que llegabas convencí al comité, para desarrollar un ensayo controlado con voluntarios.
— ¿Qué esperamos? — emocionado me levanto de golpe.
—Te sugiero que te muevas con lentitud —los soldados se aterrorizan—. Vayamos a la sala, te comento, ARM-354, el suero ya está en práctica, solo estás aquí para ver los resultados de la cura que nos ayudaste a crear —lo analizo con sospecha.
— ¿Que yo les ayudé a crear? —mi rostro se arruga. Debe estar bromeando —. Yo la diseñé junto con una gran amiga.
—Ellos no van a aceptar nada que provenga de ti, les he mentido diciendo que has colaborado para hacer esta cura.
— ¡Yo registré cada latido! ¡Cada micro cambio! ¡La planta no solo corrigió señales… las armonizó! —mis labios se retraen con disgusto mientras aprieto la mandíbula.
—Baja la voz —me aprieta el hombro—, sé de tu arduo trabajo, no me es ajeno, pero debes cooperar esta vez, de lo contrario tus acciones no habrán servido de nada. Ellos desecharían tu investigación y perderíamos tiempo para salvar a las personas.
No le respondo, solo los dejo guiarme a la sala de prueba.
Veo el suero en acción, cada cristal del interior de la persona se paraliza, no avanza más. Todos aplauden y se abrazan.
Este sentimiento es extraño, ellos no hicieron más que administrarlo a la persona, pero celebran como si lo hubieran descubierto ellos mismos.
— ¿Es frustrante no? Me pasó algo similar al no poder poseerte Eta Carinae —Nina me acaricia el cabello—, no pienses demasiado en ello, ya has hecho tu parte, es hora de que sigas avanzando. Dime… ¿Qué es lo que tienes en esa magnífica mente?
—Señorita Rosemberg —mi mandíbula se relaja—, me parece que aquí nos despedimos.
Ha sido un gusto verlos en este estado de felicidad, considerando el amargo pasado de ambos, les deseo una felicidad perpetua —hago una reverencia más que nada por gratitud, los dos me trataron con delicadeza, en algún punto de nuestra historia.
—Te agradezco por la cura Eta Carinae, no dudes en nosotros —Smuel la toma del brazo—. Aplicaremos la cura de inmediato, aunque ¿Sabes que has salvado a tus verdugos con esta acción?
—Siguen siendo seres humanos, además ya expiaron sus faltas conmigo, no tengo nada más que dejarlos atrás.
—Eres tan increíble Eta Carinae —Nina se cubre el rostro, llena de vergüenza—. Smuel debemos ir por los demás voluntarios, nos esperan en el aula B10.
—Vayamos, querida, hasta siempre, Eta Carinae —se disponen a irse muy melosos.
—Esperen… necesito otro favor —aprovecharé su bondad para esta última petición.
— ¿Qué sucede? —Nina regresa al instante—. Después de lo que hiciste por nosotros no nos negaremos. ¿Verdad Smuel?
—Dinos de qué se trata, nosotros te ayudaremos.