25 UN RAYO DE ESPERANZA #2
—Sé por qué has venido —me dice con voz quebrada, pero llena de certeza que la escucho más allá de las palabras—, toma lo que necesites, la naturaleza no niega su ayuda a quien busca sanar, pero exige algo a cambio: gratitud.
Deposita en mis manos la planta, el silencio denso nos envuelve.
Por un momento creo captar algo similar al pulso de un corazón, no, no es el de ella, es producto de la vida latiendo a través de esta pequeña planta.
Que magnífica sensación, algo que antes me era imperceptible.
—Agradece, hijo del acero —me susurra antes de alejarse—. No solo con tus palabras, sino con tus acciones.
Me alejo un poco para verla mejor, si tengo éxito, Ádamis llegará a esta edad sin complicación. Que agridulce sensación .
Veo a los jóvenes, me sonríen y saludan extasiados.
— ¿Por qué confía en mí? —mi voz sale más suave de lo acostumbrado. La mujer me sonríe y en sus ojos veo reflejado el brillo de la fogata.
—Porque no veo a una máquina —me responde un poco nerviosa—, veo a alguien que puede aprender a sentir como nosotros lo hacemos.
No sé qué responderle, en mucho tiempo me han visto con odio y me han llamado de mil formas, esto me toma por sorpresa.
—Le agradezco —expreso finalmente.
—No me lo digas a mí —da media vuelta—. Díselo a la tierra, solo cuando comprendas lo que significa sanar.
Se aleja, dejando a su paso un leve aroma a hojas húmedas.
Analizo la planta en mis manos y registro sus aspectos; su textura, su temperatura y sobre todo su fragilidad. Me despido con una gran reverencia, y no olvido hacer lo mismo con la montaña, que guarda dentro de ella un secreto invaluable.
Antes de irme tomo las suficientes plantas y me dirijo al único sitio donde sé que no se me negarán la entrada, ni el apoyo.
—Lúmina —me inclino ante ella—, tengo el ingrediente esencial para hacer la cura a la Fiebre de Cuarzo, pero debes ayudarme a crearla… Oh, lo lamento, no sabía que estabas ocupada.
Éter está inmóvil con los ojos cerrados en el piso, justo al frente suyo «no lo había visto», está conectado de cabeza a los pies.
—Será un placer Eta Carinae, no le tomes importancia, solo estoy actualizando el sistema de Éter, y ya estoy pensando en lo que haré con los restos del ARM que me trajiste.
—Me parece genial. ¿Podríamos mantenerlo entre nosotros por ahora?
—Por supuesto, Éter despertará en dos horas, mientras tanto podrías usar el interior de mi hogar para lo que necesites.
—Te lo agradezco.
Pasado el tiempo que dijo, Éter se despierta y presencio un momento un tanto incómodo.
—Como siempre, es un gran honor estar en tu presencia, hermosa, quiero decir, gran Lúmina —Éter ve sus pies que juegan con una piedra pequeña. Lúmina se torna anaranjada, me pregunto qué significará ese color.
—Nos veremos pronto, Éter —se detiene más de una vez para voltear a verla, sonríe, agacha la mirada, le hace una gran reverencia y por fin se marcha.
—Lúmina —salgo de mi escondite—, iré por algunos materiales, será un poco complicado, pero tengo pensado hacer un laboratorio improvisado.
—Aquí estaré esperándote, Eta Carinae.
Logro crearlo con escasez de materiales, si no me estuvieran cazando los humanos, me habría movido más rápido y este sería el mejor laboratorio de todos los tiempos.
El silencio me invade por escasos segundos, frente a mí, la gran Lúmina centella, esperando mi actuar.
—Muy bien, comencemos.
Trabajamos en silencio por una hora, ya hemos detectado varias inconsistencias. No sé por qué creí que sería así de fácil.
—No es posible —dice—, esta estructura no debería existir.
Toco con cuidado la planta que vibra bajo mis dedos, el calor de su pulso es una frecuencia irregular.
—La mujer mayor me dijo que la naturaleza no olvida —le digo en un susurro—, quizá solo esperó a que alguien la escuchara.
No me responde, solo la quietud invade.
—Comencemos con el proceso Eta Carinae.
—Iniciando —integro los componentes de la planta al sistema de resonancia de Lúmina.
—Ajustando temperatura, regulando luz —dice en un susurro.
—La calibración de los nanocircuitos que sostienen el tejido vegetal están en línea —confirmo la orden de Lúmina.
— ¿Carinae has regresado? —Éter me habla por el intercomunicador haciéndome saltar del susto—. Cleo está como loca preguntando por ti, dice que no le has respondido en todo este tiempo.
—Éter este no es el mejor momento, después me comunico contigo.
—Entendido.
—Una cosa más, no dejes que nadie venga a la casa de Lúmina, no hasta que yo te lo diga.
— ¿Está todo en orden? —suena preocupado.
—Estoy cumpliendo mi promesa con Ádamis en estos momentos, quiero concentrarme en eso, amigo.
—En ese caso, te deseo éxito.
Cada paso que damos nos acerca a algo, hace que el laboratorio se llene de un resplandor verde y blanco. Me transmite tranquilidad .
—El suero ha comenzado a crearse Eta Carinae, pero no obedece las leyes conocidas —Lúmina cambia de color un par de veces, no se ve convencida.
—Tampoco lo hace la vida misma —le respondo—. Es su esencia, algo que nosotros no seremos capaces de experimentar alguna vez, y mucho menos replicar.
—Tienes razón.
Un sonido similar al de un corazón, emerge dentro de la cámara, es suave, irregular.
El cuarzo orgánico de prueba que estaba antes muerto, ahora late. Lo entiendo, la cura no destruye la enfermedad, la transforma. Ese cristal ya no consume la vitalidad, ahora le da luz, es un tipo de alianza que prevé regalar años de vida a las personas infectadas.
— ¿Cuál será el nombre de tu proyecto Eta Carinae? —me saca de mis pensamientos.
—EIRA —digo convencido—, quiero que sea un recordatorio de nuestro paso por esta tierra, y que no nos fuimos hasta sanar lo que dañamos.
Lúmina registra nuestra cura, captando el momento donde por primera vez, sentí que los antepasados de mi maestro hicieron las paces con la ciencia.
— ¿Qué harás ahora Eta Carinae?
—Tengo que recopilar los datos del experimento.
— ¿Quieres que lo avalen los humanos?
—Sí, esa es la idea, el problema está en no atraerlos hasta aquí.
Además no me pueden ver cerca porque piensan lo peor de mí, si te dijera lo complicado que fue salir de tu hogar y regresar: me disparaban, intentaban explotarme, pero ya no quiero ser producto de más daño entre los humanos, debo moverme con su constante presencia.
—Te comprendo en ese pensamiento Eta Carinae. ¿Pero qué humano será capaz de recibirte la información?
—Estaba pensando en varios candidatos, incluso en los Parisinos, pero recordé las palabras de un científico que ya me ayudó antes, te hablo del Doctor D’Amelio, tiene mi reconocimiento por sus capacidades, además es respetado entre las autoridades, es una puerta abierta.
— ¿Y si no quiere escucharte? ¿Qué harás?
—Gran Lúmina, sé que me escuchará, le mostraré con un ensayo controlado el efecto que tiene la cura.
— ¿Con voluntarios?
—Sí, ellos serán los primeros beneficiados por nuestra cura, ahora me voy Lúmina, vendré cuando tenga éxito —me apresuro a tener lo necesario para llevarlo con D’Amelio, sé que me escuchará, no es una mente cerrada como los demás, y algo me dice que él creía en mí.
—Espera Eta Carinae, hay algo más que debo decirte.
—Te escucho.
Después de una breve charla, salgo de su hogar, dejándola con dudas que sé que podrá resolver ella sola.
Mientras me voy acercando, todo es justo como esperaba, la gran ciudad está repleta de oficiales y helicópteros, el sobrevolar zonas solo me está retrasando, debo crear un mensaje que llegue a oídos del Doctor D’Amelio.
Me detengo frente a una nerviosa oficial.
—No busco confrontación, requiero a alguien que pueda ayudarme a devolverles la vida a los demás.
— ¡Manos arriba! —obedezco para asegurarle que deseo cooperar.
—Por favor, tengo algo valioso que sanará a los humanos, permítame entregarle los datos al médico neutral que los debe evaluar. La enfermedad que causamos los ARM tiene una cura. ¿Será capaz de negarles la salvación a esas personas? —duda un momento.
— ¡No creemos en tus palabras, nos han engañado antes, hasta cuando cooperamos nos eliminaron! ¡¿Por qué crear una cura ahora?! No tiene sentido, no hay nadie que quiera hablar contigo y no te destruimos porque nos han ordenado que te mantengamos intacto.
—Sé que el actuar de los míos es cuestionable, no he apoyado la mayoría de sus decisiones —no tardan en rodearme varios oficiales, armados hasta los talones, debo apresurarme—, pero ahora quiero reparar el daño que causamos, solo necesito hablar con un Doctor, que estoy seguro me escuchará.
Sus ojos van de izquierda a derecha, está dudando, pero su arma no deja de apuntar a mi cabeza, los demás soldados me gritan que no me mueva, se están acercando peligrosamente, si ella duda más tendré que irme ahora.
—No lo sé, no estoy segura, tengo que pensarlo.
—No hay tiempo, segundo tras segundo alguien más cae por culpa de la enfermedad.
— ¿Qué es lo que quieres con ese doctor? —veo a mis costados, los soldados están a dos metros de distancia, ella nota mi preocupación—. ¡Todos atrás! ¡No quiero que se acerquen más!
— ¡Pero capitán! —un soldado ve la oportunidad de arrestarme frente a sus manos y se exaspera.
— ¡Les di una orden! —todos retroceden.
—Gracias por cooperar, ahora deben buscar al Doctor D’Amelio, entrégale esto, ahí está la información que necesita y cuando quiera hablar conmigo, estaré cerca donde Nina entregó a Gray, estaré esperando su llamado —lo dejo en el suelo dando pasos atrás.
Lo entrego con la esperanza que el Doctor D’Amelio lo reciba.
Sí, es posible que ella destruya lo que acabo de entregarles, pero esta vez debo confiar.
Me voy volando en una fracción de segundo, no tardan en dispararme, de reojo veo al capitán regañando a sus soldados.
Tengo que seguir volando con rapidez para perderlos, por suerte los ARM que tienen a su control no estaban presentes, de lo contrario me habrían seguido hasta aquí, a Cielo Espectral.