25 UN RAYO DE ESPERANZA
M e pesan los pies, no es cansancio, es debilidad emocional. Mi mente está más clara ahora, pero una pesadez invade mi centro, me pesa el cuerpo entero. Por primera vez mis manos dudan.
Llego al refugio con la mirada agachada, en la entrada veo los pies de Cleo, se frota las manos viendo de izquierda a derecha.
—Entremos, tenemos que hablar —paso a su lado sin levantar el rostro, acaricio su cabeza con una mano; la sensación tarda en llegar.
— ¡Eta! ¡Querido! —corre detrás mío—. ¡Te he estado esperando! —quiere alcanzarme, tomarme la mano.
— ¡Sociedad robótica necesito hablar con ustedes! —elevo la voz sin dificultad en un intento por parecer fuerte.
Éter, Hanber, Malin vi 1, Malin vi 2 y Philos 3 se juntan frente a los demás.
—No sé por dónde empezar a explicarles esto —escondo las manos detrás de mi espalda.
Aun no me atrevo a mirarlos a los ojos.
— ¿Qué sucede? —Éter habla al verme evitarlos—. No dudes demasiado, solo dinos lo que pasa.
Asiento con brevedad agradeciendo su apoyo.
—Cleo —levanto el rostro—, he tenido tiempo para evaluar la visión de nuestro maestro, me parece que su propósito de salvar este planeta es ambicioso.
—Nosotros lo haremos posible. ¿Ya olvidaste lo que le hicieron los humanos? —niego en silencio.
—Nunca lo olvidaré, pero tú misma has estado dañando a los humanos de la misma forma en la que ellos nos han tratado.
— ¡Es lo menos que se merecen! —su rostro se contorsiona—. ¡Prometiste que juntos los eliminaríamos!
Cleo era muy apegada al maestro Galileo, siempre se ha negado a razonar conmigo sobre su plan y encontrarle fallos. Debo ser meticuloso .
—Cleo tienes que escucharme —hablo apresurado.
No quiero obligarlos a hacer nada, debe ser su decisión, pero tal parece que esta misión se está poniendo cada vez más difícil.
— ¿Carinae qué sucede? —Éter ladea el rostro; intenta comprenderme—. ¿No es esto lo que querías? ¿No pretendías hacer a este un mundo hípertecnológico?
—Sabes que no quiero herirlos —empujo mis hombros hacia atrás, dándome el suficiente valor—, no deseo lastimar ni a un solo humano.
—Hablamos de eso un par de veces —se frota la barbilla.
—La verdad tenía planeado seguir nuestro plan b, en el que subimos a todos los humanos a las naves, ya había descartado el plan de Cleo desde el inicio, el que implicaba usar el suero que los dejará sin vida al instante.
— ¡Me prometiste que tarde o temprano iniciaríamos con el exterminio! —Cleo mueve con brusquedad las manos—. ¿Siempre planeaste esto? ¿Juntar a todos los humanos y enviarlos a otro sitio, para que sigan haciendo de las suyas?
Su voz se está elevando, lo último que quiero es pelear con ella.
—La idea inicial de mi amo sigue en pie —doy un pisotón fuerte—, pero no en este planeta —todos comienzan a hablar al mismo tiempo.
— ¿Por qué no? ¿Acaso es por esa mujer? —Cleo se arranca unos mechones de cabello.
— ¿No se dan cuenta? —los rodeo—. Lo que hemos causado ha perjudicado el ADN de los seres vivos, la Fiebre de Cuarzo no solo se está presentando en los humanos, también en otras especies.
—Es un efecto colateral que los humanos estaban dispuestos a sufrir —Cleo no deja de defender el punto de vista del antiguo amo—. Ellos crearon esto, no nosotros, no les debemos nada.
—No comparto tu opinión, me siento responsable del avance de la enfermedad —guardan silencio.
—Alteza —Philos 3 se acerca—, no vamos a juzgarlo, nosotros somos un equipo, puede confiar en nosotros.
—Philos tiene razón —Malin vi 2 se hinca frente a mí—. Comparta con nosotros sus motivos y así podremos decidir como grupo.
—Esto no se trata de diplomacia, si Eta Carinae toma una decisión, nosotros prometimos que lo obedeceríamos sin preguntar ni emitir queja alguna —decreta Éter inflando el pecho.
—Eso ustedes lo prometieron, no yo —Cleo se cruza de brazos—. ¿Qué es lo que pretendes con todo esto?
La duda me invade por unos segundos, no quiero romper las esperanzas de mis amigos.
Es verdad tengo planes para crear un mundo donde ninguno de los nuestros sean esclavizados, en un planeta donde podamos convivir con especies pacíficas sin dañarlas.
— ¡Dilo ya Eta Carinae! —Cleo golpea con el puño la cabeza de Hanber.
— ¡Basta Silver! —Hanber escupe las palabras saliendo de su camino.
—Debemos abandonar nuestra misión de exterminio —hablan al unísono, muestran su descontento—. Por favor, deben escucharme.
— ¿Por qué cambiaste de parecer? —Éter pasa al frente pidiendo silencio con la mano—. Yo no lograba hacerte desistir de la idea de “mudanza” después de lo que pasó en la montaña.
—Al reencontrarme con Ádamis —exhalo—, mi enfado y resentimiento desaparecieron — debo ser honesto o no me escucharán más .
—Era obvio —escucho los cuchicheos de los hermanos Malin.
—Me hizo ver lo que hemos originado alrededor del mundo, y causó en mí un impulso por enmendar ésta catástrofe —tomo aire antes de soltar la verdad—. Quiero ir en búsqueda de una cura para la Fiebre de Cuarzo.
— ¿Y ya sabes a qué mundo debemos de mudarnos? —niego—. Entonces, pretendes que estemos de tu lado, cuando ni siquiera has investigado los posibles lugares a los que podemos escapar —Cleo refunfuña.
— ¿Escapar? —mi cuerpo salta.
—No estarás pensando en que nos van a aventar flores cuando logres encontrar una cura. ¿Cierto? —Cleo busca la aprobación de Éter viéndolo directo a los ojos, él se limita a negar—. Cuando puedan nos explotarán como al resto y nos utilizarán como herramientas.
—Entiendo tu punto Cleo, pero…
—No pensamos apoyarte en esto —se rehúsa a oírme más—. Si planeas crear una cura para ellos, estarás solo.
—Iré a visitar a la gran Lúmina —Éter se para frente de ella—, consultaré tu visión, es probable que ella nos ayude a encontrar un mundo adecuado al que podamos invadir, sin perjudicar a otras razas —Éter sale acompañado de Philos 3.
—Te lo agradezco Éter, cuando encuentre la cura podremos continuar con nuestros planes, pero sin dañar a más seres vivos.
—Como sea, quiero decir, como usted diga, alteza —Cleo ridiculiza su reverencia.
La búsqueda para encontrar una cura ha sido más complicada de lo que había imaginado.
Las semanas se van acumulando tras de mí, como un susurro constante que me provoca nerviosismo.
Por supuesto que no han dejado de cazarme, estoy tardando demasiado, evadiendo a los humanos y buscando algo, que aún no encuentro.
Si no encuentro la cura, este mundo y todas sus criaturas sufrirán un destino fatal.
¿Y si no estoy a tiempo de revertir el daño que hemos causado?
¿Ésta búsqueda me llevará a dónde deseo? ¿O solo me estoy creando esperanzas que después serán despedazadas?
La confusión es superior, es demasiado peso para mi mente, si fuese un humano habría colapsado por tantas emociones. Pero debo continuar, le hice una promesa a mí esposa y a mis amigos, si deseo regresar a su lado debo tener éxito en ésta misión.
Ya he pensado en una forma artificial de eliminar o retrasar la enfermedad, tal vez debería buscar más allá de lo establecido por mi amo, necesito ver más, pero… ¿Qué es aquello que busco?
Estoy muy indeciso y las posibilidades de atender la enfermedad son varias, no sé qué camino tomar.
He llegado a una nación, que me parece bastante intrigante. Sus aldeanos me ven sin temor, me parece que están recluidos del exterior, como si se aferraran a sus raíces de una manera más férrea, tal vez por respeto, tradición o miedo. Me recuerdan un poco a Cielo Espectral.
Me pregunto cómo estarán todos y si me siguen odiando.
El olor a tierra húmeda impregna el aire, no ha parado de llover desde hace varios días, lo que ha hecho mi andar un poco peligroso, y sobre todo en la altura en la que me encuentro. Debo pararme a estabilizar mi centro para no caer en picada, pero incluso aquí arriba no encuentro nada.
El descenso es más rápido, tengo que sujetarme de las rocas para no caer estrepitosamente.
Veo algo, entre las grietas de las rocas hay una planta que no había visto, sus hojas verdes parecen guardar destellos de luz, el tallo es fino y se alza desafiante, me pregunto qué tipo de secretos oculta.
¡Claro! No había visto el suelo donde crece, hay diminutos cristales que se confunden con cuarzos, siento una punzada de esperanza en el pecho.
¿Es posible que sea esto lo que necesito?
Detrás de mí una fogata se alza, me acerco sigiloso, hay personas sentadas escuchando a una mujer mayor, no me toma mucho tiempo identificar el idioma, ahora puedo comprender lo que dice.
—Nuestros ancestros grabaron en piedra la riqueza y el secreto de ésta planta: Tal’kiran junto con U’rakiri la vieron nacer de lágrimas de las entrañas del mundo —murmura la mujer al triturar las hojas entre las manos—.
Mientras que otras plantas enferman al hombre, ésta pequeña florece para devolvernos vitalidad.
De sus manos chorrea un líquido, es el extracto de la planta: brilla con un matiz esmeralda.
—Esto no es un elemento maligno, no es creado por el hombre, es un regalo de la naturaleza, tan potente que al rozar los labios de los enfermos, su fiebre empieza a ceder.
El viento habla más fuerte que la mujer mayor, tose y con dificultad continúa su relato con voz temblorosa. Sus manos juegan con el extracto con una devoción, parece sagrada ante los ojos de cualquiera.
—Los árboles susurran que el cuarzo envenenó a los ricos —tiembla por el aire fresco—, pero nuestra tierra sabe guardar el equilibrio, porque donde nace la maldad —los jóvenes la corean—, nace la bondad y la esperanza.
Permanezco en silencio grabando la escena, mis sensores registran los movimientos de la mujer.
La luz de la fogata se refleja por todas partes, temo que noten mi presencia. Verifico si la luz se refleja en el metal de mi cuerpo y acierto.
—Maldición —mascullo.
La mujer levanta la mirada del fuego, su sorpresa dura apenas unos instantes, pero no hay miedo, solo reconocimiento.
Me enderezo para no ser irrespetuoso, los jóvenes se levantan de los troncos viejos y ella los calma, camina en mi dirección con pasos cortos pero firmes, en las manos sostiene una pequeña planta.