Eta Carinae: Divergencia 24 LA PROMESA #2
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24 LA PROMESA #2

—Responderé todas tus dudas Ádamis, solo pregúntame lo que sea.

Está dudando, le doy un apretón para darle fuerza.

—Quiero que me digas por qué están haciendo todo esto, y porqué ya no quieres que te llame Ed Zill —exhala—, antes quisiste decirme pero no te dejé, ahora soy toda oídos —me toma la mano y deposita un pequeño beso.

—Me gustaría explicarte primero porqué me fui en la noche que nos casamos.

—Sí —cubre su rostro—, quería preguntarte eso, pensé que tal vez te habías arrepentido.

—Por supuesto que no —tomo su pequeña cara entre mis manos—, nunca me arrepentiré de haberme unido a ti, es solo que esa noche, la amenaza de Cleo fue sobre todo Cielo Espectral y no podía dejarla hacer lo que quisiera.

— ¿Amenaza? —se retuerce las manos, haciéndome bajar las mías.

—Tenía orbes apuntando a todos los habitantes de este lugar, incluyéndote. La amenaza era grande pero una parte de mí sabía que si peleaba contra ella, me habría podido quedar a tu lado, pero.

— ¿Pero…?

—Sabía que serías infeliz con esa decisión —termino la frase.

—Decidiste irte porque sabías que los demás eran más importantes que nosotros, por eso te fuiste sin poner resistencia —su pecho se hunde.

—Si peleaba habrían bajas y era posible que terminaras aborreciéndome. No quería tener esa posibilidad en mi mente, ni por un segundo.

—Todos en Cielo Espectral te adoran Eta, saben quién eres en realidad.

—Eso era antes Ádamis, ahora… todo es diferente.

— ¿Qué fue lo que te pasó en Mirae? —se acerca a mi rostro—. Intenté salvarte de nuevo, pero no te encontré, incluso Gray me ayudó cuando nadie más me apoyó.

— ¿Gray? No reconozco ese nombre.

—Claro, no te lo había dicho —exhala molesta—. Nina Rosemberg vino a nuestra casa, me dijo que no volvería a verte jamás y en compensación por haberte cuidado, me regaló un ARM, lo llamé Gray, él me protegió hasta sus últimos momentos.

— ¿Por qué hablas de él como si ya no estuviera aquí? —me pregunto si ese ARM era parte de la investigación secreta de Nina.

—Es que —se detiene por unos segundos— una bomba le cayó encima, no quedó nada de él.

—Le debo mi gratitud, por hacer algo que yo no tuve oportunidad, y si te soy honesto, mi nombre falso y el apodo que me diste, no me eran familiares, por eso me proclamé frente a ti como Eta Carinae.

—Entiendo, encontraste tu verdad, lo respeto… Y bueno, Gray te habría agradado, era una simple máquina, pero creo te hubiera seguido en tu misión. Cayó muy cerca de aquí, es probable que sus restos estén intactos, pero ya no quiero interrumpirte más, sígueme contando —le doy un beso en la mejilla.

—No olvidaré su nombre, te lo prometo. Cuando regresé a Mirae, Darco y Samael estaban esperando por mí, lograron someterme con un artefacto especial, no lo había visto antes y en ese instante mi mente se llenó de tinieblas, temí perderte en ese momento, solo quería saber si estabas bien, pero lograron invadir mi sistema y creyeron eliminar mis recuerdos, todos y cada uno de ellos.

— ¡¿Cómo fue posible?! —ahoga un grito—. Pero si tú me recuerdas ¿O acaso no lo hicieron bien?

—El Doctor D’Amelio estuvo involucrado en mi modificación para dejarme listo para la venta, pero lo que nadie sabe es que dejó espacios intactos, en ocasiones llegaba a recordarte gracias a él, además nunca lograron invadirme por completo; mi maestro me diseñó a la perfección para no sufrir un reseteo contra mi voluntad, ni una sola vez.

— ¿Smuel en verdad hizo eso? —se cruza de brazos—. Debería agradecerle.

—Su odio hacia Darco y Samael es desmedido, hizo lo que pudo para hacerlos pagar por los malos tratos que recibió de su parte.

—Oh, así que ellos eran los responsables de sus moretones.

—Sí —reanudo mi relato—. En el tiempo que permanecí sin memorias activas, me reencontré con mis compañeros ARM, aquellos de los que te hablé en una ocasión. Solo que, en este extraño reencuentro ellos me enseñaron a comportarme como un ayudante con los humanos.

— ¿Son los que te siguen ahora? —parpadea rápido viéndome fijo.

—Así es.

— ¿Y Darco y Samael desaparecieron y te dejaron con Smuel?

—Darco estaba en una tarea que consideraba más importante que mi existencia. Aproveché la ocasión y fui llenando los espacios en mi cabeza, mis compañeros ARM me ayudaron a escapar de Mirae y juntos emprendimos camino a un sitio que conocía Cleo.

— ¿Qué encontraron ahí? —con los ojos iluminados me toma la mano con fuerza.

—Ahí está la Gran Lúmina, ella me ayudó a recuperar mis memorias.

— ¿La gran Lúmina? ¿Quién es?

—Es un ser especial, incluso más que yo —trato de explicar—, es complicado de entender, en pocas palabras dentro de ella se almacena la información de todos los ARM en el mundo, tiene conocimientos incluso más viejos que yo mismo.

—Vaya, debe ser muy interesante hablar con ella. Gracias a la gran Lúmina ahora me reconoces, a ella también le debo dar las gracias.

—Se las daré de tu parte, pero la cuestión es que no solo te recordé y todo lo que vivimos en Cielo Espectral —quiero profundizar.

— ¿De qué hablas? Creí que no llevabas mucho tiempo de haber despertado cuando saliste de Mirae a mi lado.

—No estás del todo equivocada, pero mi historia es más antigua que la tuya. Fui creado como un proyecto que ha sido arrastrado de generación en generación, hasta llegar a las manos del último Galileo de la historia, él terminó perfeccionándome, haciéndome un ser casi perfecto.

— ¿El hombre que mencionaste antes?

—Así es, mi creador tenía un odio desmedido por los humanos, superior al que te puedes imaginar, él no solo me creó a mí, también a Cleo, para que me acompañara en la tarea que me dio.

— ¿Para ser tu compañera? —titubea.

—Esa era su idea —intento suavizar la conversación—, mi creador no me impuso nada y siempre he tenido la oportunidad de decidir «eso es algo que Cleo no sabe», me dio instrucciones para seguir su plan contra los humanos, si eso deseaba.

—Pero no entiendo. ¿Por qué nos tenía tanto odio? —arruga la frente, quiere comprender la mente de mi maestro, me temo esa tarea le traerá dolor de cabeza.

—Por culpa de científicos ambiciosos, más que Darco y Samael juntos, vivió dentro de una montaña los últimos días de su vida, alejado del amor de su vida, pero aferrado a su humanidad, creó algo que sus antecesores no se atrevieron a hacer, nunca les pasó por la cabeza ingresar ese código.

— ¿Entonces no lo hicieron por miedo?

—Es posible, nunca consideraron dentro de sus planes moldearme como lo hizo mi maestro, él me regaló un pedazo de humanidad y pude enamorarme del mundo, de sus habitantes y de ti.

—Pero si tienes la capacidad de decidir ¿Por qué hiciste todo esto? ¿Fue por mi culpa? —deja caer su barbilla hacia el pecho.

—Nada de esto tiene que ver contigo Ádamis —subo su barbilla con el índice—, yo tomé la decisión, ahora me temo que no hay marcha atrás.

—No me digas eso —me empuja la mano a un lado y me abraza—, siempre hay más de una opción Eta Carinae.

—Me encantaría escucharte, sabes que te haría caso hasta el final de los tiempos, pero no puedo convencer a Cleo de desistir —me mira desde abajo con ojos llorosos—. Ella creía ciegamente en nuestro maestro, no podré hacerla cambiar de parecer, no es tan sencillo.

—Debe haber otra forma, recuerdo lo que me dijiste: “fuiste creado para liderar a una nueva legión de ARM”.

—Es verdad —balbuceo con las palabras, no comprendo a dónde va.

—Puedes hacerlo Eta —me abraza con más fuerza—, pero tal vez no aquí.

— ¿Te refieres a irnos? ¿A otro país? —pierdo repentinamente el aliento.

—Me refiero a otro… planeta —al decirlo en voz alta noto la seriedad de sus palabras y lo dolorosas que son para ambos.

No, no quiero dejarla, no pienso alejarme de su lado, no la dejaré, ni aunque me lo pida. Encontraré una solución, debe haber una manera, debe existir algo.

Me suelta tambaleando a mi costado, la sujeto del hombro para evitar que caiga. Frota sus mejillas con lágrimas recorriendo su rostro.

—Me he mareado de solo pensarlo —recupera la compostura con la cara pálida.

—Creí que querías estar de nuevo a mi lado —me paso la mano por el cabello.

—Y quiero hacerlo, pero, la enfermedad Fiebre de Cuarzo, y todo este movimiento rebelde no ayuda a que sean vistos con buenos ojos —seco sus lágrimas—.

Y el que los míos me dejen permanecer a tu lado, ahora lo veo imposible.

Después de esto solo veo dos opciones: la completa destrucción de los ARM o una guerra que no deje a nadie con vida, ninguna de ellas me gusta.

—La completa extinción humana es algo que ahora no me planteo para nada, después de hablar con Éter cuando estábamos reuniendo a los ARM alrededor del mundo, me hizo ver que los humanos no necesitan perecer, hay una forma en la que pueden sobrevivir.

Tenemos planeado subirlos a naves especiales que está creando Philos 3, mi colega, al que llamamos líder del movimiento, ya está perfeccionando los últimos detalles, los enviaremos a un planeta habitable por tu especie, la gran Lúmina sigue haciendo cálculos de recursos y trayecto.

El resto de los humanos pueden irse, pero si tan solo tú lograras permanecer a mi lado, no pediré nada más, es todo lo que necesito, pero eso es algo que no puedo ni siquiera planteártelo, sería extremadamente doloroso para ti.

—Todo me suena increíble, pero sabes que no estarán de acuerdo, muchos contagiados por la Fiebre de Cuarzo no querrán escucharlos.

—La Fiebre de Cuarzo es algo que mi maestro no contempló para éste siglo, ni siquiera yo logré preverla. Debí analizar más a fondo tu investigación en aquel tiempo.

—Era solo una hipótesis, tenía una base sólida, pero todo eso quedó en el pasado, junto a mi sueño de ser médico —suspira con cansancio cerrando los ojos por unos instantes.

—Quiero que regreses y retomes ese camino.

— ¿De qué hablas?

—El ser médico.

—No creo poder hacerlo Eta, ahora mi vida tomó otro rumbo.