23 VAYAMOS A CASA, AMADA MÍA #5
— ¿De qué está hablando? —Samael se suelta de Darco—. Explícame, tú dijiste que éste bicho —me señala con un dedo arrugando la cara— estaba en la bóveda secreta de Mirae Corporation, que era el único ahí.
—No lo escuches, quiere crearnos dudas para que peleemos, no le des el gusto Samael.
Ya no discutiré con ellos, es mejor dejar que Darco siga controlando a Samael a su antojo, es algo que no tiene que ver conmigo.
—Antes de que se los lleven quiero decirles algo —me alejo lo suficiente—, a pesar de todo lo que han hecho, aquí termina mi rencor, en el momento en que pisen la prisión ustedes no existirán más para mí.
— ¿Desarrollaste la capacidad de perdonar? ¿Qué clase de máquina eres? —Samael toma la mano de Darco, decidido a ir a prisión junto a su mejor amigo.
Me provocan náuseas.
—Nunca comprenderían a un ser como yo —extiendo la mano con exageración—, sus mentes no son tan magníficas como creen.
Escucho a los oficiales subir por las escaleras de emergencia.
Es hora de marcharme.
Doy media vuelta y abro un ventanal, me asomo hacia abajo, sujetándome con una mano.
— ¡Antes de irte dinos quién fue tu creador! —por primera y última vez, les sonrío con melancolía.
—Para ustedes eso siempre será un misterio.
— ¡Manos arriba! ¡Están arrestados por traición a la patria! —al verlos esposados, la nube que cubría mi cabeza se disipa, la ligereza recupera su dominio en mi cuerpo, acompañado de un cosquilleo que se junta en mi estómago.
Estoy satisfecho, ya puedo dejarlos en el pasado.
Me dejo caer desde el último piso de Mirae Corporation, dejando todo esto atrás.
Solo pienso en el futuro, y en ella.
— ¡Qué ser tan magnífico eres ZD-354! —me sobresalta esta inesperada aparición.
Es ese hombre que me persiguió hasta el Nexo Lúmina, está en silla de ruedas.
—Tienes que venir conmigo, mi amo nos espera —chasquea sus dedos esperando a que lo siga mientras se mueve.
— ¡Eta! ¡Lo lograste! ¡Estamos recibiendo a nuevos ARM en la guarida! —es Cleo, le doy la espalda al hombre para escucharla mejor—. Debes venir cuanto antes y… en verdad lamento lo que hice, no fui demasiado lista al acercarme a esos ARM infectados.
—Ya tendremos tiempo para solucionar nuestra situación —veo el horizonte esperando una respuesta.
— ¡Si decides moverte te eliminaremos máquina! —los oficiales me amenazan, apuntan sus armas contra mí, iluminándome el cuerpo con luces doradas, ya habían tardado en mostrarse amenazadores junto a los ARM que siguen bajo su esclavitud.
Ésta empresa desea recuperarme a toda costa.
Que molestia.
—Tenemos órdenes de hacerte explotar si intentas escapar —los veo de reojo, no necesitan ni una pizca de mi atención.
— ¡No se atrevan a tocarlo! —el emisario sale en mi defensa. Se pone frente a los guardias con determinación.
Debe querer llevarme con él a toda costa, pero yo debo irme de aquí, están siendo una carga y en verdad no quiero dañar a nadie.
— ¡Él le pertenecerá a mi amo! ¡Si lo eliminan, mi familia perecerá!
Escucho algo más, en el horizonte.
¿Es la voz de Ádamis?
— ¡Ya falta poco chicos! ¡Deben ayudarme a distraer a los oficiales!
¡Es ella! ¡Está aquí!
No debería… es peligroso.
Llega sin aliento, junto a Lucius y un hombre pelirrojo, los guardias se sorprenden con su aparición.
—Ahora debo hacer algo importante Cleo, nos veremos más tarde.
—Ah… entiendo, no te molesto Eta —parece comprender a qué me refiero—. Te estaré esperando.
Quiero ir hacia Ádamis, correr a sus brazos y desaparecer, irnos lejos de todo este caos.
Pero ya la he herido lo suficiente, mejor me abstengo, me quedaré inmóvil.
Lucius y el pelirrojo llamado Domhnall hacen lo imposible por hacer una pequeña distracción, para que Ádamis pase a los guardias que le cortan el paso.
¡No Ádamis! ¡No vengas! ¡Vete y se feliz con quien decidas serlo, a mi lado solo tendrás penas!
Solo unos segundos pasan, los guardias toman a Lucius del cuello y lo someten, la ve correr con todas sus fuerzas hacia mí y sonríe de oreja a oreja.
— ¡Te esperamos en el refugio, Ádamis! —le grita Domhnall.
— ¡Mil gracias! —les responde sin aliento—. Eta —jadeante cae sobre mi pecho—, necesito decirte algo.
Parpadeo negando lo que estoy viendo.
Debo alejarme ahora mismo.
No debo ceder.
No debo.
—Ádamis ¿Por qué estás aquí? —mis latidos se intensifican—. ¿No sabes lo peligroso que es? —todos apuntan sus armas hacia nosotros.
¡Oh no!
Me atrajo tanto su mirada suplicante, que olvidé al ejército por completo.
Debemos salir a prisa.
La tomo por la cintura, protegiéndola con mi cuerpo de las luces doradas.
— ¡Señorita regrese aquí ahora mismo! ¡Él es un insurrecto!
— ¡No saben lo que dicen! —se da media vuelta y toma mi mano parándose al frente mío—. ¡Él es mi esposo, nunca me haría daño!
—Ádamis…
¡Me llamó su esposo!
¿Eso significa que me ha perdonado?
¿Pero qué cambió?
Antes no me dejó explicarle nada, hasta me llamó de aquella manera.
Quiero abrazarla y besarla frente a todos.
Decirle que la amo y pedirle que me perdone.
Pero no es el momento, debo ponerla fuera de peligro.
—Eta Carinae, llévame a casa, debo hablar contigo de núcleo a núcleo —la comisura de mi boca se eleva como nunca antes.
—Entonces vayamos a casa, amada mía.