23 VAYAMOS A CASA, AMADA MÍA #3
—Tuvimos experiencias distintas, pero mejor dejemos la charla para después, ahora llévate a Cleo, Hanber y a los hermanos Malin con la gran Lúmina, y lamento decirte que al estar con ellos por mucho tiempo terminarás contagiado, solo debes recordar esta orden: “No importa lo que pase, debes seguir avanzando y regresar a la luz”.
—Entendido, no te fallaré Carinae. Y… buena suerte con esto.
—Antes de irte, dale la orden a Philos 3 de mantenerse a la expectativa hasta mi señal.
Hace un par de horas que regresamos al refugio. No he querido acercarme a Samantha y Rafayel, me han dejado claro que no desean que esté a su lado, nunca más.
Me duele mucho aceptarlo, son como mis hermanos, pero debo hacerlo, solo veo odio en sus miradas, y no quiero oírlos hablarme como lo hicieron antes.
—Querida niña —Ernesto me sorprende llorando.
Maldición, no quiero que le hablen mal por mi culpa.
—Abuelo, deberías irte.
—Háblame.
—No es lo mejor, si Samantha te ve conmigo, te dirá cosas feas.
— ¡Esa niña necesita un escarmiento! —sacude las manos en su dirección—. La que ahora me preocupa eres tú. Quiero saber qué sucedió con ZD-354.
—Ahora se llama Eta Carinae —me seco las lágrimas—. Ernesto no debes prestarle atención, él y yo terminamos, para siempre.
—Ay niña, te has dejado influenciar por lo que dicen.
—No es verdad —me levanto—. ¡Él es malo! ¡Es un asesino!
—El hijo de Rafayel está aquí y los demás pequeños regresaron con sus familias que tanto los esperaban, yo lo vi, hace unos minutos.
—Pero a los que aventaron al precipicio no…
—Sam me habló de eso, ellos también volvieron, lo vi en los noticieros.
—Estás equivocado abuelo, todos lo vimos y él, no lo negó.
— ¿Dejaste que te explicara todo?
No, no lo hice, solo lo señalé como asesino, nada más.
Mis ojos no vieron mal, él y los suyos han matado a personas, esa es la realidad.
—ZD me explicó su propósito, me parece intrigante, pensarás que por mi avanzada edad, la mudanza humana me parece imposible.
— ¿Mudanza humana? No sabes lo que dices abuelo.
—Ya dañamos suficiente al planeta, no me parece malo dejar que otros seres cuiden y amen al mundo.
—Vaya —hago una pausa—, te ha comido el cerebro.
El convencer a Ernesto de sus planes maquiavélicos ha sido demasiado. Un insulto a mis sentimientos.
¿¡Cómo se atreve!?
¡¿Y con esa mentira patética de “mudanza”?! ¡Es obvio que ellos nos quieren matar! ¡Extinguir a todos los humanos hasta que no quede ni uno solo!
—Dime algo Ádamis. ¿Qué ha hecho el ser humano con la naturaleza y los animales?
— ¿Qué?
—Respóndeme, sabes muy bien que solo hemos eliminado especie por especie, dañado nuestro propio oxígeno, agotado nuestra agua y nuestros recursos.
—En parte es cierto, pero forma parte del ser humano para subsistir.
—Cuando ZD-354 estuvo en Cielo Espectral —me está ignorando—, nunca lastimó a ningún animal, al contrario, cuidaba y respetaba a cada ser vivo, hasta nos ayudaba en las cosechas. Creo que este mundo se recuperará de nosotros: la verdadera plaga.
—Estás desvariando, llamaré al Doctor —me levanto pero me regresa de un jalón.
—Solo dale la oportunidad de explicarse, ya tiene un plan para los humanos, para no herirlos.
—No te creo Ernesto —habla con mucha confianza— yo, tengo que pensarlo.
—No hay tiempo y lo sabes —se levanta y regresa al lado de Samantha y Julien.
¿Serán ciertas las palabras que me dijo Eta Carinae? ¿Es parte de su gran actuación?
Ernesto me ve ceñudo, algo le dijo Samantha que lo molestó.
— ¡Ven aquí Ádamis! —me llama, pero no quiero ir.
No quiero negarlo, en el fondo imagino que me reciben con los brazos abiertos y olvidarán todo. Pero siento que hay algo diferente, algo cambió para siempre entre nosotros.
—Sam —me acerco vacilante—, me da mucho gusto que tengas a tu hijo de nuevo… —se levanta y corre la cortina de la enfermería frente a mi nariz.
Tenía la esperanza de reconciliarme con ellos, pero parece que eso no sucederá.
—Eso fue muy grosero, Ádamis es como tu hermana —Ernesto intenta solucionar las cosas.
—Ella no es mi hermana, solo es una vecina que se entrometió en mi vida.
— ¡No puedes hablar así Sam! —protesta Rafayel—. ¡Te arrepentirás de lo que dices! —Ernesto corre de nuevo la cortina.
—Ella tiene razón —respondo con ojos brillosos—. Les pido que me perdonen, por mi culpa han pasado por muchas dificultades.
Estoy bien con esto, me aprisiona el corazón, sí, mis pulmones se contraen, sí, pero es lo mejor, debemos tomar distancia, ya entendí que solo les hago daño.
—Qué bueno que eres consciente, ahora déjanos tranquilos —Samantha escupe las palabras, me detesta, se refleja en sus ojos saltados.
—Sam ya basta —Rafayel le aprieta la mano.
—Rafa, ella no se ve afectada. ¿Te recuerdo como estaba al reencontrarse con ese homicida?
—Él no es así Samantha, él intentó explicarme todo —me aproximo a ella.
— ¿Lo ves Rafayel? Lo está defendiendo incluso ahora.
— ¡No lo estoy defendiendo! —suspiro con amargura—.
¡Muchas cosas han pasado por culpa de otros y les es muy fácil culparlo de todo!
—se planta al frente mío, amenazándome—.
Esto es innecesario —doy media vuelta—, nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión y menos te hará verlo con otros ojos.
No quiero oírla insultarlo, no sabe nada. Ni siquiera yo sé la verdad, no lo dejé explicarme, se apoderó de mí la ira, pero no dejaré que nadie hable mal de él, no hasta saberlo todo.
—Nunca lo veré desde tu perspectiva —se carcajea—, es un error, los activistas tienen razón —me jala encajando sus uñas en mis manos mientras me guía al televisor—. Sólo ve lo que provocó el surgir de un ARM como lo es tu querido Ed Zill.
—“Estamos presenciando un enfrentamiento entre activistas, hay dos bandos; los que apoyan la revuelta de los ARM, y los que repudian su insurrección. Logramos entrevistar a los dos bandos y estas fueron sus declaraciones”: “¡No queremos que los ARM sigan siendo prisioneros! ¡Sí! ¡Fueron creados para hacer nuestras vidas menos difíciles! ¡Pero si no quieren seguir sirviéndonos es su derecho rechazarnos!” —una mujer joven llora al declarar su sentir, le arrebata el micrófono un hombre.
—“Es verdad, ahora los necesitamos para hacer pequeñeces, ya no podemos responder una simple llamada, o hacernos el desayuno, nuestra dependencia ha superado todos los límites” —le pasa el micrófono a su líder de protesta—.
“Los nuevos ARM han llegado a liberar a los suyos, no saben lo importantes que son en nuestra historia. El ver a las creaciones del hombre tomar este tipo de consciencia y levantar la voz por los suyos es algo glorioso. Todo lo que han hecho en su defensa es lo mínimo que merecen los que se han negado a colaborar. Nosotros sí los apoyamos, no sabemos cuáles son sus planes a futuro, pero cuentan con nosotros”.
—“¡No saben nada de nada” —el micrófono es arrancado por los protestantes contrarios—. “¡Ellos son nuestra creación, nos deben devoción absoluta hasta el final de los tiempos, no deben ni si quiera atreverse a desafiarnos, nosotros los creamos, tenemos derecho a destruirlos!”.
— ¿Ahora lo ves Ádamis? —me aprieta con más fuerza—. Todo está peor gracias a tu noviecito.
—En algo tienes razón Samantha —me libero de su agarre—. Eta Carinae no pertenece a este mundo, nuestra sociedad nunca los aceptará por completo.
—Por fin dices algo sensato —el cabello afro le cae a un lado mientras ladea la cabeza.
—Deja ya de molestarla Samantha Venois —una voz conocida nos hace salir de la furia repentina.
— ¿Lucius? —maldigo en voz baja—. ¿Por qué estás aquí? —no soporto la idea de tener a mi ex en el mismo sitio donde estoy teniendo un enfrentamiento con mi mejor amiga.
—Estaba buscándote pequeña —me abraza haciéndome soltar un quejido de sorpresa—, me alegra haber llegado a tiempo.
Arrugo la nariz y lo aparto con cierta consideración.
—Hola Lucius —le doy la mano—. ¿No vas a saludarme? —titubea confundido.
— ¿Por qué eres así de distante, mi trébol?
—Ádamis, necesitas descansar —Domhnall surge de las sombras en el momento perfecto, me da la mano para que lo siga.
—Gracias —le respondo en un susurro.
Samantha se reúne con su familia corriendo de nuevo la cortina para crear una separación definitiva. Suspiro aceptando su decisión, tal vez por ahora.
—Lucius no es un buen momento —le digo a lo lejos.
— ¿Por qué tomas su mano? ¿Quién es él? —nos sigue, no le respondo, me agota su presencia.
—Tengo que verlo, Domhnall —lo suelto por unos instantes.
—Ádamis, habla conmigo —Lucius me regresa frente a él—, estaba muy preocupado por ti, creí que te había pasado algo malo.
—Lucius, ahora no.
— ¿A quién deseas ver Ádamis? —lo interrumpe Domhnall—. ¿De quién me hablas? ¿No estarás pensando en…?
—Por supuesto, Domhnall, ahora que escuché las opiniones de los activistas, me di cuenta de algo importante y necesito decírselo.
Los niños, todos y cada uno de ellos, incluyendo a los que supuestamente aventaron de la montaña están con sus familias, así como Julien con sus padres.
Fui muy cruel con él, y no lo merecía, no quise escucharlo y ahora temo que…
—Ádamis —suplica Lucius—, él te entenderá, no necesitas ponerte en riesgo —trata de alejarme del Doctor, pero me tiene bien sujeta.
—Reid entiende, no dejé que me explicara nada, en absoluto, solo lo acusé y lo llamé de una manera en la que nunca pensé que lo haría —mi voz se quiebra, no quiero llorar más, me froto el pecho buscando valor.
—Estabas en tu derecho Ádamis —Domhnall me levanta el rostro. Lucius lo ataca con la mirada—, todo lo que dicen en las noticias es horrible.
—Me arrepiento por todo lo que le dije —me sudan las manos—, necesito buscarlo y pedirle que me perdone.
Ayúdame a encontrarlo, te lo suplico Domhnall, tú también Lucius, de lo contrario presiento que lo perderé para siempre, si ellos llegan a destruirlo, justo como a Gray nunca podré vivir en paz conmigo misma, no hasta solucionar las cosas con él.