23 VAYAMOS A CASA, AMADA MÍA #2
—No pararé —asiente con firmeza—, eres tú el que debe replantearse de qué lado está —pasa a mi lado golpeándome el hombro, instintivamente protejo la cabeza del pequeño.
—Dime por qué haces todo esto contra los humanos, nunca te di esa libertad.
—Es verdad —me encara—, me pareció que siempre has respetado de más a los humanos, nunca pasa por tu cabeza nuestra esclavitud.
—Sabes que eso no es cierto —extiendo la mano pero no la toma—. Cleo, ven y habla conmigo.
—Yo los veo como son. Todos los humanos son una plaga para este mundo, nuestro creador tenía razón al odiarlos —me rodea de nuevo, serpenteando—. Su extinción es lo mejor que le va a pasar al planeta.
Se detiene al frente, acaricia maliciosamente la cabecita del pequeño provocándole un quejido de dolor. Me alejo observándola con sospecha, sus actitudes recientes levantan alertas que son necesarias atender.
—Por favor Cleo, debes escuchar lo que te digo, no me obligues a… —me ignora, me da la espalda, de nuevo.
—Hanber, lleva a dos humanos a la montaña, ahí encontrarán su final frente a Mirae Corporation por no haber cumplido con su parte del trato —la sujeto con fuerza de la muñeca.
—Te prohíbo hacer eso Hanber, no quiero que nadie aquí escuche lo que Cleo está diciendo, a partir de hoy me obedecerán solamente a mí.
Todas las máquinas chocan un puño en su cabeza metálica, alertando a los pequeños que empiezan a llorar de nuevo.
— ¡Nadie lastimará a ningún niño! —anuncio. Derrotada, Cleo baja la cabeza, sumisa.
—Está bien Eta Carinae, haremos lo que tú digas, aunque solo creemos presión en Mirae Corporation y las otras corporaciones —Cleo me ve de cerca—. Es una promesa.
Los ARM empiezan a calmar a los pequeños, incluso algunos juegan con ellos y todo el llanto se disipa de momento.
—FINALIZANDO RECUERDOS.
—Está claro que algo les sucede, debo ir de inmediato —pulso mi muñeca—. Éter mantente alejado de Cleo.
— ¿Sucede algo? —lo escucho confundido.
—Parece que tienen algo contagioso, no quiero perderte a ti también.
—Entendido, iré a buscarte ahora mismo —escucho sus pisadas rápidas.
—No hace falta, ya estoy en camino.
Lo que menos deseo es ponerlo en peligro con la amenaza de los humanos que aumenta a cada segundo.
Debo apresurarme y enfrentar la situación.
Al llegar a la base temporal, las comisuras de mi boca se elevan largamente. Todos los pequeños han regresado a sus hogares, incluso a los pobres que aventaron desde la montaña y cayeron sobre un cojín de salto.
Al verme, Cleo se arregla el cabello ligeramente desordenado, piensa que no lo he notado y se acerca con las mejillas un poco rosadas.
—Querido Eta, he cumplido tu capricho, ahora nada nos distraerá de nuestra misión de exterminio. ¿No es así?
— ¿Mi capricho? —la alejo para verle mejor los ojos, siguen en ese tono ámbar—. No ha sido ningún capricho, Cleo, todo esto está mal y lo sabes.
—Sí, como tú digas, Alteza —de nuevo me da la espalda poniendo los ojos en blanco.
— ¿Qué es lo que te ha pasado? Tú no eras así, mucho menos pensarías en hacer algo como esto —sigue ignorándome, me imita al hablar usando una mano—.
¡Cleo te estoy hablando! —la jalo y la sujeto con fuerza de los hombros—.
¿Por qué tus ojos son de ese color? —debo hacerla enfurecer para que recupere la cordura—. No te queda bien.
Al escucharme frunce los labios, me empuja a un lado con el codo, buscando su reflejo en las paredes. No funcionó, no logré enfurecerla.
— ¡Oh, Eta! —posa una mano sobre su pecho que sube y baja con velocidad—. Me sorprendiste, mis ojos siempre han sido de este color.
—No, no es verdad —la volteo para que vea su reflejo—. ¿Qué te está pasando Cleo? ¿Qué fue lo que les sucedió a todos ustedes?
Hanber y los hermanos Malin también tienen ese destello ámbar.
Al perder mi atención en ellos, ve en su dirección.
—No nos pasó nada extraordinario —me acaricia la muñeca con una sonrisita—, solo seguimos tus indicaciones. Reclutamos a los ARM, a todos los que pudimos. Tuvimos algunas bajas por que algunos se autodestruyeron, pero nada fuera de lo común.
— ¿Tuvieron contacto directo con los que se autodestruyeron? —esto no es bueno, si mis cálculos son correctos, Cleo pudo haber sido infectada por un virus malicioso.
—Ellos no, yo sí, eran muy interesantes, es una verdadera lástima que se extinguieran tan pronto.
—Déjame ver tus memorias —me acerco con paso decidido, necesito conectarme a su cerebro con mis manos, pero me aparta al instante.
—No dejaré que veas dentro de mí sin preguntarme antes, eso es algo grosero.
— ¿Qué te pasa? Siempre has querido que vea dentro de tus memorias por si olvidé algo que nos dijo nuestro amo antes de irse.
—Ella tiene razón, alteza, no es propio de usted hacer algo similar —interviene Malin vi 2 llegando de imprevisto.
— ¿Acaso no confía en nosotros? —replica Hanber, camina al lado de Malin. Tengo un mal pronóstico para esto.
—No es eso —debo ser rápido sin levantar sospechas—, es solo que han actuado muy raro últimamente —me rodean, retrocedo por instinto.
—Mejor olvidémoslo, querido Eta, por qué mejor no nos enfocamos en destruir a los humanos.
—Escúchela alteza, es lo mejor, ya hemos hecho una votación y estamos de acuerdo con Silver, la gran mayoría —resopla Malin vi 2.
— ¿Hicieron una votación? ¿Cuándo?
Cleo fue influenciada por esos ARM extranjeros, si no manejo esto no podré contar con ellos más tarde, y es posible que me mantengan cautivo hasta hacer de éste el nuevo mundo y eso no se los permitiré.
—Votamos hace unas horas, no estabas aquí, fuiste a entregar ese paquete a su familia.
—El hijo de Rafayel no es un paquete, Cleo —exhalo entre dientes.
—En realidad no importa, hemos perdido tanto tiempo que ahora Mirae no dudará en actuar. Concentrémonos en esto, de lo contrario no me dejarás más que… —hace una pausa. Hanber y Malin vi 2 me sujetan de los brazos.
No quiero usar la fuerza contra ellos, romperá todo lo que hemos construido. Debo mantener la calma. Tranquilo Eta Carinae.
— ¿Qué les sucede? Suéltenme, ahora mismo —les ordeno, pero no tiene efecto.
—Si no cumples con tu parte, Eta Carinae, no tendremos más remedio que destruir a tu pequeña y débil esposa —Cleo relame sus labios.
Me suelto del agarre de Malin y Hanber.
Mi pecho se infla al oír sus palabras.
¿Esto quiere decir que ella lo sabía?
¿Sabía que mi querida Ádamis no murió?
¡¿Por qué no me lo dijo?!
— ¿Qué pasa? —ladea la cabeza. Está provocándome, pero debo controlarme, la encararé en algún momento.
—Si quieren seguir —trago fuerte—, entonces hagámoslo, pon en marcha la segunda fase, Cleo —no dejaré que ninguno de los nuestros le haga daño a Ádamis, primero tendrá que enfrentarse a mí para lastimarla.
—Encantada —suelta una risita que me asquea, sabe muy bien lo que está haciendo.
Lo peor de todo es que he confirmado mis sospechas, ella sabía que Ádamis no había muerto en la montaña y me lo escondió todo este tiempo.
¡Sabe lo mucho que me afectó y no le importó!
Debo saber si será una buena compañera para cumplir el propósito de mi amo, pero ahora tengo que regular mis niveles de furia, debo pretender que estoy de acuerdo con ellos.
—En marcha —me froto la nuca con angustia.
Salimos hacia Mirae, con la amenaza constante de los militares, quienes no dudan en apuntar sus armas contra nosotros apenas aparecemos. Escuché que tienen prohibido disparar hasta que uno de nosotros actúe en su contra.
—Quiero que me dejen a Darco y Samael —Cleo me ignora viendo al suelo en su lugar—. ¡Hablo en serio Cleo! Ellos me deben muchas cosas.
—Sí, gracias a ambos no pudiste ser feliz con ella, de hecho debería protegerlos de ti.
—Basta de bromas —no soporto su versión inmadura.
—Estoy hablando en serio, gracias a ellos ahora podemos estar juntos, no podría estar más extasiada.
Con el índice me acaricia el cabello por un par de segundos.
— ¿Por qué no me dijiste que Ádamis, que ella no…? ¿Por qué me lo escondiste todo este tiempo? —por fin me mira pero no encuentro nada, ni un ápice de remordimiento o vergüenza.
— ¿Para qué…? —los helicópteros no tardan en identificarnos.
— ¡Alto! —la conversación es interrumpida—. ¡Quédense donde están!
—Voy a acabarlos —activa sus orbes en todas direcciones—, no te preocupes, no me tomará mucho tiempo.
—No harás nada de eso Cleo, deja a los humanos tranquilos. Yo me haré cargo de ellos —la obligo a que le dé redirección a sus orbes—. Quiero que me cedas un par de tus orbes, me temo me estoy quedando con pocos.
—Como desees querido, como desees —se aparta de mi camino y en lugar de avanzar retrocede con intención de regresar a la guarida. Éter llega y se planta a mi lado, evitando el contacto directo con ella.
— ¿Por qué estás haciendo esto Carinae? —murmura—. Me habías pedido esperar, fuiste muy específico.
—No tuve alternativa Éter, Cleo y los demás me amenazaron.
— ¿Ellos hicieron qué? ¡¿Cómo fueron capaces?! —eleva la voz llamando la atención de Cleo.
—Tranquilízate —ella se detiene, viéndonos de soslayo—. Fueron infectados por Cleo, pero tengo un plan, de hecho necesito tu ayuda.
—Lo que sea, pero antes de irme y dejarte hacer lo que tienes en mente, quiero que desistas de la crueldad —señala a Mirae—. De lo contrario tú también estarás actuando como un infectado, al igual que Silver.
—No los lastimaré, solo los haré pagar por lo que le hicieron a Ádamis.
— ¿Y cómo piensas hacer eso? —me cuestiona entornando los ojos—.
Sé lo que les hicieron a ambos, es injusto, pero así es el mundo humano, ellos son crueles y despiadados para obtener todo lo que desean, no les interesa lastimar a los demás en el proceso, mucho menos considerar a seres como nosotros.
—Querido amigo, me temo que no estoy del todo de acuerdo contigo. Ádamis y su gente me enseñaron todo lo contrario.
—Son la excepción, sabes muy bien que me tropecé con muchos humanos de la clase de la que te acabo de hablar y son en verdad detestables.