23 VAYAMOS A CASA, AMADA MÍA
—T engo que buscar a los demás y seguir nuestros planes contra Mirae Corporation —me encorvo limpiándome las rodillas llenas de barro—, si hay una pequeña posibilidad de arreglar las cosas con mi querida Ádamis no la voy a desaprovechar, pero mi principal problema es saber qué le está ocurriendo a Cleo.
Todo lo que ha hecho en mi ausencia es terrible, yo nunca le permití herir a los humanos, solo teníamos planeado intimidarlos…
Si tan solo hubiera llegado antes, tal vez todo esto no hubiera pasado, pero los humanos no cooperan, son testarudos hasta el final.
Doy vueltas en donde Ádamis caminó.
Me siento nervioso y frustrado.
Pero, ahora que lo recuerdo, Hanber también estaba extraño.
Debo analizar mis recuerdos.
—REPRODUCIENDO RECUERDOS.
— ¡Eta Carinae! —su reverencia es demasiado exagerada—. ¡No sabe el gusto que me da verlo de nuevo!
—Ha pasado un tiempo, Malin. ¿Ha estado todo en orden? ¿Justo como lo acordamos?
Prolonga su silencio, que extraño «siempre me responde de inmediato», me hace cuestionar su éxito o fracaso en la misión que les encomendé.
—Habla de una vez —Éter «quien regresó conmigo» rompe el silencio.
—Silver está actuando de manera desmedida.
— ¿Qué ha hecho? — ver a Malin temblar y titubear, me causa sospecha. Sé mejor que nadie lo complicado que es trabajar codo a codo con Cleo.
Acepto que desde que nos separamos en París, tenía la impresión de que ella no se quedaría con los brazos cruzados así como así.
—Asesinó al Director Émile Laurent y a toda su familia —dice al fin.
Parpadeo con rapidez alejando la sensación de confusión.
—No juegues conmigo Malin —mi cuerpo se queda completamente quieto.
—Eso no es todo, también ha secuestrado a líderes importantes alrededor del mundo, y los ha acabado uno a uno, aunque hayan cumplido con su parte del trato. Ahora Hanber cree que ha superado todos sus límites con su último acto.
— ¿Por qué nunca se comunicaron con nosotros? —Éter lo toma del cuello—. ¡Te dije que la mantuvieras bajo la lupa!
—Basta Éter —lo jalo a mi lado—, él no tiene la culpa de las acciones de mi prometida —me obedece y lo suelta—. ¿Qué otra cosa ha hecho?
Se queda sin habla, no entiendo lo que está sucediendo.
— ¡Habla ya! —Éter pisa con fuerza levantando el polvo.
—Nos ordenó capturar a niños y bebés, los hemos retenido un par de horas —evita verme directo a los ojos.
No está mintiendo. ¡¿En verdad se atrevió a tanto?!
Cleo, esto es un acto de crueldad desmedida, pero debo saber más para detener sus planes.
— ¡Es incorrecto! ¡¿Cómo pudieron hacerle caso?! —Éter da media vuelta, se aleja dándome un poco de espacio con Malin.
—No lo tome a mal alteza, Hanber y yo intentamos hacerla razonar, le dijimos que usted no estaría de acuerdo —asiento apretando los puños—, pero nos doblegó, tiene una fuerza sobre nosotros, muy similar a la suya.
¿Similar a la mía? No, debe haber un error, Cleo no solía ejercer ningún tipo de fuerza en la sociedad robótica, algo aquí está completamente mal.
—Tienes razón en decir que no estaría de acuerdo con lo que hizo, tú mejor que nadie debería saberlo. Y herir a los humanos es lo último que deseo hacer.
¡¿Cómo se atreve a raptar a humanos inocentes?!
¡Todo esto está mal, muy mal!
Es un verdadero caos, no debí irme y dejarla a cargo.
Es mi culpa, debo encontrarla con urgencia. Los pequeños deben regresar con sus familias.
—Entendemos su posición, pero Silver tiene razón en algo, alteza. Los humanos son un estorbo, sería mejor acabarlos y dejar al mundo listo para nosotros — ¿Ahora qué bicho se le metió?
— ¡Les dejé clara mi posición antes de irme! ¿Lo han olvidado? —me estiro al oír sus palabras. Sin parpadear lo veo directo a los ojos, no lo soporta más de dos segundos y aparta la mirada, muy rápido.
— ¿Seguirá el plan de su maestro? —me interrumpe dando pasos al frente—. Si sigue siendo tan indulgente con los humanos lo terminarán dominando —antes de irme Malin no pensaba así.
¿Qué es esto que siento? Se acumula en mi estómago; un enorme agujero me provoca un cosquilleo en las manos y en la nuca.
— ¿¡Cómo te atreves!? —al escucharlo Éter regresa—. ¡Repítelo y te acabaré Malin!
Malin camina hacia atrás con las manos escondidas en la espalda y la mirada gacha.
—Yo no quiero… le pido que me perdone, alteza —se arrodilla besando mis pies.
—Deja de hacerlo —lo aparto a un lado. Saben que detesto que hagan estas cosas.
—Llévanos con ella ahora mismo —Éter se acerca y le susurra lleno de furia.
—A la orden, alteza —Malin se levanta indicándonos el camino.
No puedo concebir nada de lo que estoy oyendo, creí que monitorear a Cleo no sería correcto, nos distanciaría, y es algo que no quiero que suceda.
Nosotros no somos iguales a los humanos, no nos traicionamos para obtener un título o una corona.
La confianza que deposité en la sociedad robótica es auténtica, ni siquiera desee analizarlos para prever esta situación.
Sé que Éter hubiera sido un buen controlador para ti, Cleo, pero lo llevé conmigo, lo quise a mi lado para darme la fuerza que necesitaba para superar mi pérdida, y ahora debo arreglar lo que estropee dejándote sin vigilancia.
Nos encaminamos a la guarida con los humanos por detrás, no han dejado de seguirnos y utilizar a otros ARM esclavizados para rastrearnos, sobre todo a mí. Hace pocas horas me señalaron como el traidor de la humanidad y están dando una fuerte recompensa por mi entrega.
Desde que estábamos en París nombramos a Philos 3 el líder de la rebelión, para que yo pueda moverme con más libertad, pero en realidad todos tenemos la soga al cuello.
—ARM-354, deténgase ahora mismo —ARM oscuros vuelan a mis costados.
—Yo los distraigo Carinae —me dice Éter.
—No es necesario, solo sigue adelante.
Tengo que sacrificar drones personales para hacer un escudo de humo y que logremos llegar a la guarida en silencio, sin ser detectados, de momento hemos tenido éxito.
Esto parece una caverna, escasea la luz natural y es helado.
Al entrar el fuerte aire hace llorar a los pequeños que yacen en el suelo abrazados unos a otros.
Sus llantos me distraen.
Camino entre ellos cuidando no pisar ni una sola manita, ni un solo piecito, los analizo y al instante su información aparece en mi visión. Son niños de cuatro años, incluso hay bebés de pocos meses.
Me perturba la malicia que adoptó Cleo.
¿Planea eliminarlos a todos? ¿Los usará como cebo?
Debo moverme rápido. Debo encontrarla.
¿En dónde estará escondida? A estas alturas ya debe saber que la estoy buscando, y no estoy de buen humor para felicitarla por esta crueldad.
Me detengo frente a un pequeño de ojos celestes, es curioso. ¿Lo había visto antes? No, no me lo parece, nunca he estado frente a un bebé, pero ese rostro me es tan familiar.
Quiero analizarlo…
¡Oh, vaya!
Qué fascinante.
Es tan parecido a Rafayel, esa combinación de cabello rizado enmarañado.
No cabe duda, este niño es el pequeño tambor que sentí hace tiempo en el vientre de Samantha.
Sus ojos «que son iguales a los de su madre» están hinchados de tanto llorar.
Me inclino adelante con lentitud, los demás pequeños se asustan al verme tan cerca, pero justo ahora estoy totalmente hipnotizado por estos ojos celestes.
Me parece increíble, tener frente a mí al hijo del único hombre que considero mi mejor amigo.
—Hola pequeño, no tengas miedo, pronto irás con tus padres.
Lo tomo entre brazos y lo arrullo como he visto que hacen las madres con sus hijos.
— ¡Ah…! —se queja en un soplido. He logrado calmar un poco su dolor.
Poco a poco se queda dormido.
Que increíble sensación, es tan cálido y delicado.
Cleo, debo encontrarte. Escaneo la guarida pero no parece estar cerca.
La veo, recargada en una de las paredes oscuras, está viendo con desprecio a un niño que se le acerca pidiendo sus brazos entre sollozos. Cleo no es la única ARM aquí adentro, hay por lo menos ocho de nosotros.
¿Dónde estarán los demás? Les había ordenado mantenerse en un mismo sitio en caso de necesitar huir, si están replegados en diferentes lugares Mirae no dudará en utilizar la estática en nuestra contra, no recibirán la información al instante. Este es otro punto en tu contra Cleo.
—Escúchenme todos, tranquilicen a los niños —con una mano los señalo—. Malin vi 2 lidera esta tarea —le ordeno. Quiero ver cómo reacciona y qué es lo que hace.
—A sus órdenes alteza —Malin se apresura y patea a dos ARM que tiene al frente. Cleo se emociona al escucharme, sus ojos brillan y se dilatan, tanta es su emoción que olvida lo que estaba a punto de hacer: patear al pequeño niño.
¿Qué es lo que le ocurre?
— ¡Querido Eta! —corre a mis brazos pero la alejo con cautela, ni si quiera lo ha notado hasta que se detiene al frente.
— ¿Qué haces con esa cosa… en tus brazos? —no pienso separarme de su lado, no hasta depositarlo en los brazos de Rafayel.
—No es una cosa, es un niño pequeño. Por qué mejor no me dices cómo te atreviste a hacer esto —el asco se refleja en mis ojos contraídos, pero no se ve afectada por mi comentario.
—No les estoy haciendo nada, querido Eta, no por ahora —da vueltas a mi alrededor—, ellos servirán para cumplir nuestra última misión —sus ojos tienen un reflejo inusual, es ámbar, nunca habían sido de ese tono.
— ¿Separarlos de sus familias te parece poco? —quiero concentrarme en esto, investigaré después qué le pasó en la mirada—. Ahora los pequeños crecerán con un trauma que tú les has causado. ¿Eso es lo que planeabas?
—Por supuesto que no —mirándome ceñuda esconde sus manos en la espalda—, ni siquiera he pensado en sus futuros. ¿Tú sí?
—Explícame por qué has actuado tan extraña —su silencio se prolonga, sabe que eso me irrita—. Cleo —la llamo de nuevo.
— ¿A qué te refieres? —examina sus largas uñas como garras—. No estoy siendo extraña —se detiene, dándome la espalda, ahora esconde sus manos al frente.
—Sí, lo haces, fui informado de todo lo que has hecho, no sé qué estás planeando pero debes…