Eta Carinae: Divergencia 22 ¿QUIÉN ERES TÚ? #2
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22 ¿QUIÉN ERES TÚ? #2

— ¡Esos ARM volaron mi nave! ¡Ahora pagarán! —Omar golpea con el puño la mesa de Sannae—. El daño que me hicieron es permanente —se queda en silencio repentinamente—, pero mi amo no los quiere eliminar, está empecinado a tener a ZD-354 como su esclavo, y a sus amigos robots como sus trofeos.

—No te impacientes Omar, él tendrá a ZD-354 por el precio que pactamos —Sannae se frota las manos como lo hace una mosca al limpiar sus patas.

Los ARM liberados por Sannae llegan a la entrada de la guarida, guiados por Malin vi 1.

Uno a uno explotan en el rostro de los hermanos Malin, que por poco se libran de ser afectados por las explosiones, incluso algunos niños sufren rasguños y quemaduras leves. Tienen que moverse con rapidez para atenderlos.

— ¡Esto no fue parte de nuestro trato! —inician una nueva transmisión, esta vez toman a algunos niños en sus brazos y salen de la guarida.

— ¡Este es su castigo por traicionarnos! —los niños se estremecen con el aire helado que los golpea con brutalidad, sus llantos se intensifican al ser tomados por los pequeños brazos.

Sin titubear ni un segundo, Malin vi 2 elimina a los niños arrojándolos al precipicio, frente a miles de personas que están observando.

—Tienen un par de horas para liberar a los ARM —Malin vi 2 se acerca al orbe y señala con el índice—. Se los advertimos, esta vez que sea sin trucos o no quedarán pequeños.

Sannae siente la presión más que nunca por parte del Gobierno.

— ¡Esos malditos ARM! ¡¿Cómo es posible que no les pasara nada?! —derriba su silla y observa a Omar con ojos muy abiertos y saliva en la comisura de la boca—. ¡No debí escucharte! ¡Ahora me están llamando de la embajada, me exigen que libere a todos mis ARM, sin importarles pierda o no mi dinero!

—Lo recuperarás, te lo prometí —Omar avanza con dificultad—. Ahora debe importarte más salvar a esos niños —señala la pantalla flotante.

— ¡Esos niños no me importan ni un poco! ¡Solo quiero limpiar mi nombre y desaparecer a todos los ARM rebeldes!

— ¡Sannae! ¿¡Qué es lo que has hecho!? —un accionista entra de golpe y la sujeta del cuello asfixiándola—. ¡Ahora arréglalo!

—Zajir… —la suelta empujándola hacia atrás. Sannae recupera la compostura tosiendo seco—. Es lo que voy a hacer, solo quiero decirle que perderemos mucho dinero.

— ¡No puede ser real que no logren controlar a sus propias creaciones! —entra la esposa de Zajir—. ¿¡No es capaz de eliminarlas con un código o algo así!?

—Lo intentamos antes, señora, pero hay un programa de ese tal “Philos” que protege a los ARM rebeldes de nuestra influencia —Sannae traga con dificultad—. ¡En verdad lo hemos intentado todo! ¡No miento!

— ¡Entonces haz algo! ¡Perderemos todo si no haces lo que piden! —Zajir la toma del cuello de la camisa—. ¡¿Ya sabes que no hemos podido contraatacarlos todo este tiempo?!

—Señor —Sannae sostiene su estómago con dolor totalmente aterrada—. Está bien, usted gana, lo haré, cumpliré mi palabra y esta vez sin trucos.

Se acerca a la matriz Golk accionando su comando para liberar a los ARM del control humano. Los deja ir, a todos los que faltaban.

Derrotada se deja caer en la silla, llorando amargamente, tirándose del cabello al ver su trabajo de años, irse entre sus dedos como si fuera agua.

Por su parte Zafir Labs y VC-Corps liberan a sus ARM sin la petición de la sociedad robótica.

Una última conexión de Malin vi 2 deja temblando a Sannae.

—“Mantendremos a la expectativa a su Gobierno.”

Los hermanos Malin cumplen su parte, liberando a los niños llevándolos a un punto general para que sus familias los recuperen. Samantha espera en la entrada del refugio, mordiendo sus uñas hasta hacer sus dedos sangrar.

Ve con atención el momento en que entregan su hijo a la pareja que le dio consuelo, pero Julien y Rafayel no aparecen.

— ¡¿En dónde está mi hijo?! —baja la mirada gritando desde el estómago con toda su fuerza—. ¡No me han dado a mi hijo! —con la respiración agitada trata de empujar a los guardias a un lado, pero no se mueven, no la dejan salir.

—Le pedimos que espere, la situación allá afuera es complicada —le piden que regrese al refugio.

—Samantha, tranquilízate por favor, ven conmigo —Ádamis le toma el brazo por unos segundos, como respuesta es empujada con violencia hacia un costado, molesta se encaja las uñas en las palmas de sus manos, sabe que su amiga no quiere verla y mucho menos hablarle, pero no puede dejarla salir al peligro.

— ¡No me toques! —le da un manotazo—. ¡Déjame tranquila!

—camina con paso lento y pesado, dándole la espalda, yéndose a sentar muy lejos de su cercanía.

Sam se frota la cara con las manos, la esperanza está abandonando su cuerpo, al notarlo, Ádamis trata de salir, decidida a encontrar una respuesta, pero los guardias no se lo permiten.

—Por favor —les suplica juntando las manos frente a la nariz— tengo que salir de aquí.

—Olvídelo señorita, regrese y descanse.

—Aquí dentro no puedo ayudar a mi amiga y yo, yo… tengo la culpa de su sufrimiento —baja la mirada, mordiéndose el interior de la mejilla.

—Nadie tiene la culpa por los ataques, regrese por favor —el Doctor Domhnall la ve de cerca. Permite que Ádamis se le acerque para darle el medicamento para el dolor de cabeza.

—No necesito nada, Doctor —se niega a tomarla. Él permanece con el brazo extendido, viéndola sin expresión alguna.

—Me llamo Domhnall —le entrega la pastilla y el agua—. ¿Cuál es tu nombre? —con un gesto de su mano le pide ingerir la pastilla, Ádamis suspira pesadamente, pero lo obedece.

—Soy Ádamis Astra —le regresa el vaso de plástico con las mejillas rosadas.

—Bueno, Ádamis —vacilante se sienta a su lado— no me parece que sea tu culpa la rebelión de las máquinas.

—En eso se equivoca —se estira en el asiento cambiando de posición—, es mi culpa por completo.

—No entiendo —Domhnall ve entrar al refugio a dos personas heridas—. ¿Me explicas en unos momentos? Tengo que atender a esas personas, no te vayas de aquí hasta que me expliques todo.

Ádamis asiente desganada, escondiendo sus manos entre las rodillas, esperando a que el Doctor regrese a su lado, para explicarle la situación.

Lo ve a la distancia, preparando instrumentos médicos para curar a los heridos. Su cabello rojizo resalta con la luz artificial cayendo ligeramente sobre sus ojos. Una vez terminado el tratamiento de los heridos, regresa apresurado al lado de Ádamis.

—Lamento la demora —se acerca con sudor en la frente—, gracias por haber esperado, ahora soy todo oídos, señorita.

—Solo dime Ádamis… —se frota las manos por las perneras de los pantalones—. Espero que no me juzgues después de saber toda la historia.

No se contiene, le platica con lujo de detalle las vivencias y sobre todo las emociones que llegó a desarrollar y compartir con Eta Carinae. El Doctor permanece en silencio, respetando sus pausas cortas y largas.

Poco después llega Rafayel, mallugado, pero no trae nada entre sus brazos.

— ¡Es Rafayel! —Ádamis se tropieza con el pie de Domhnall—. Perdona, debo ir, debe tener noticias de Julien.

—No salgas corriendo, te golpeaste en la cabeza, no lo olvides.

—Lo sé. Te agradezco por escuchar sin juzgarme.

—Fue todo un gusto Ádamis —terminada la conversación reanuda sus actividades.

— ¡Rafayel! ¿Tienes noticias? —se detiene a un metro de distancia, quiere hablarle, pero de nuevo es fuertemente empujada por Samantha.

— ¿Dónde estabas querido? ¿Lo encontraste? —acaricia el rostro lleno de suciedad de su amado esposo.

—Lo siento Sam —enormes lágrimas corren por sus mejillas—, hice lo mejor que pude, pero no logré saber nada.

—Déjame revisarte —Domhnall se acerca al ver las heridas grandes en los brazos de Rafayel. Lo encamina a la camilla que se les asignó. Ádamis acompaña a sus amigos, pero mantiene una distancia prudente.

— ¿Cómo te hiciste esto Rafa? —Samantha palidece, amenazando con desmayarse de nuevo.

—Me enfrenté con una de esas máquinas, si ganaba me dirían a dónde se lo llevaron, pero, bueno, el resultado es muy obvio, amada mía.

— ¿Por qué hiciste eso Rafayel? —la conversación se interrumpe por la intervención de Ádamis—. ¿No sabes lo peligrosos que son? Pudiste haber muerto.

Rafayel chasquea la lengua, la mira con fijeza, sin expresión amable, nunca había hecho eso. Es la primera vez que sus mejores amigos le están regalando las miradas más crueles que nunca creyó posible ver.

— ¿Por qué me miran así? —Domhnall nota la tensión del momento, pero permanece en silencio—. ¿Están culpándome del secuestro de Julien? —Ádamis se aleja dando pasos grandes hacia atrás.

—Nadie tiene la culpa de lo que está ocurriendo —interviene el Doctor—, por lo menos ninguno de nosotros.

—No, de hecho Sam tiene razón en algo, nunca debiste llevar demasiado lejos tu fijación por ZD-354.

No te dijimos nada, porque por primera vez te vimos llena de felicidad después de perder a tu abuelo, y sobre todo de tu fracaso de relación con Lucius —Ádamis palidece al escuchar cada palabra—.

Tú cambiaste a esa máquina, todos en Cielo Espectral fuimos testigos de su evolución a tu lado, así que, sí, eres parte responsable de lo que estamos sufriendo.

—Rafayel cómo eres capaz… —exhala un grito ahogado de frustración con el mentón tembloroso.

—Ya tuvimos suficiente de ti, por hoy Ádamis, déjanos a solas —murmura Rafayel con voz quebrada.

—No me alejen de ustedes —vacila al hablar—, yo también estoy sufriendo por el pequeño Julien.

— ¡No digas su nombre! —Samantha tira de su ropa—. ¡Tú no eres parte de esta familia! —explota escupiendo las palabras.

—Ya Sam, ya es suficiente, solo ignórala, guardemos fuerzas —Rafayel la abraza desconociendo lo que acaban de hacer, en su intento por desquitar su rabia con alguien.

—Ádamis —Domhnall le aprieta el brazo en un gesto de consolación—, deja que tus amigos descansen —la lleva lejos de ellos con ojos entornados.

Tiembla con cada pisada, Domhnall la apoya en su cuerpo evitando que caiga.