Eta Carinae: Divergencia 21 DEVUÉLVEMELO… TE LO IMPLORO #5
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21 DEVUÉLVEMELO… TE LO IMPLORO #5

— ¡No me toques mentiroso! ¡Solo aléjate, no quiero que estés conmigo. ¿Entendido?!

—A sus órdenes.

A la mañana siguiente Ádamis está en el campo disfrutando del aire libre, su ansiedad por el trabajo ha disminuido, y cree posible regresar a la gran ciudad en poco tiempo.

—El campo siempre me sentará genial. Perdón abuelito por regresar tan tarde, pero éste lugar me recuerda al ser que he perdido en muchas ocasiones.

Los recuerdos de Eta la invaden a cada segundo, todos los rincones de Cielo Espectral la regresan a sus brazos, no puede evitar sentirse triste al no tenerlo cerca.

—Si estuvieras a mi lado no estarías haciendo tantas locuras, amado mío —sus pensamientos son absorbidos al escuchar alboroto—.

¿Qué está sucediendo? —los ataques de ARM Citrino «voladores» llegan al campo.

La población entera corre en busca de un refugio, pero no tienen donde esconderse.

Gritos de desesperación la alertan, aunque se encuentra en un sitio apartado logra escucharlos, al instante Gray se pone en alerta y corre a protegerla.

—Señorita Ádamis, debo ponerla en un lugar seguro, sé que me pidió estar a cinco metros de distancia de usted, pero esta es una emergencia, identifico ARM Citrino que son sumamente peligrosos, se acercan hacia este lugar y temo…

— ¡¿Hablas en serio?! —lo interrumpe—. ¡Está bien, vámonos Gray!

La toma por la cintura y la lleva cerca al prado de flores silvestres, lejos de las casas.

Al estar más alejados del sitio de conflicto, Gray cree posible distraer a los ARM Citrino, para que Ádamis sobreviva al ataque inminente.

—Solo debe esperar por mí en este sitio, no debe moverse, no importa lo que suceda.

El aire cambia, se hace más pesado, el sonido de una motosierra se eleva.

Gray pone las manos sobre la cabeza de Ádamis, evita que la localicen al sobrevolar la zona, la deja y se encamina siendo lo más sigiloso posible.

Está satisfecho con su última tarea: logró poner a Ádamis a salvo.

Gira buscándola, sigue agachada como le indicó.

Ádamis asiente y le regala una sonrisa de media luna, Gray iba a avanzar pero una explosión lo hizo estallar dejándolo en mal estado, la mitad de su cuerpo se separa, pierde también un brazo por completo y del otro perdió dedos; le quedan dos.

Ádamis ahoga un grito con las manos, se acerca sin importarle le caiga encima una bomba.

— ¡Gray! ¡…No! —intenta reconstruirlo sin éxito—. ¡Esto no debía suceder! ¡Por favor aguanta! Le diré a Nina que te repare y estarás como nuevo en un santiamén.

—Señorita Ádamis… eso no… no es posible —levanta con dificultad su único brazo, secándole las lágrimas—. No debe… entristecerse con… mi partida.

— ¡No te irás! ¡No me abandones tú también! —entierra el rostro en el pecho salpicado de Gray.

—No quiero hacerlo, pero… antes de irme quiero… que sepa que disfruté su compañía… todos los días —lo ve con ojos grandes y la boca entreabierta.

— ¡Eres mi amigo! —se atraganta con las palabras—. ¡No te permito irte de mi lado, no igual que lo hizo Eta Carinae! —lágrimas caen cuando los ojos de Gray se apagan y su cabeza cae al suelo.

Ádamis y Samantha gritan al mismo tiempo, resuenan en coordinación, ella por la pérdida de su gran amigo, y Sam porque uno de los ARM Citrino tomaron a su hijo como rehén, arrebatándolo de sus brazos.

Rafayel corre hacia la creciente pero es empujado por uno de ellos.

— ¿Esa fue Sam? ¿Qué está sucediendo? —escucha la voz de su amiga, seca sus lágrimas y la busca a tientas.

— ¡¿Qué está pasando?! ¡¿Por qué hacen esto?! —Samantha se queja con la garganta adolorida. Ádamis se dirige al bullicio, de nuevo escucha una voz, pero esta vez le pertenece a su amigo Rafayel.

— ¡Te imploro piedad! —ruega que le regresen a su hijo, los ARM se burlan terroríficamente en respuesta. Ádamis corre hacia ellos sin importarle si uno de los ARM voladores la ataca.

— ¡Ádamis! ¡No te les acerques! —Sam la jala con preocupación.

— ¡Es solo un bebé! ¡¿Qué pretenden hacer con un pequeño?! —los ARM dejan de reír y centran su atención en ella, apuntan sus brazos en formas de armas directo a su pecho.

Julien sigue llorando, alarga fuerte los brazos al tratar de regresar con sus padres. Ádamis nota que alrededor de los ARM hay varios niños: lloran y patalean.

— ¡Devuelvan a todos esos niños! ¡No les pertenecen! —vocifera con furia, un ARM de cabello plateado aparece frente a los suyos.

—Es… ella —la reconoce al instante, la ARM que estaba en la montaña acompañada de Eta.

— ¿Tú la conoces? —Sam se escandaliza, asqueada la avienta a un costado.

— ¡¿Por qué haces esto?! — Ádamis le grita sin darle importancia a lo que acaba de hacerle su amiga—. Devuélvemelo… te lo imploro.

—Eso es algo que no puedo hacer, sería ir en contra de los planes del gran Eta Carinae —sin dar crédito a lo que sus oídos captan, Ádamis niega rotundamente.

— ¡Mientes! ¡Él no haría algo como esto! —Silver le da la espalda con una sonrisa triunfante—. ¡Regresa aquí psicópata!

Los padres de Julien gritan desconsolados y el corazón de Ádamis se fragmenta, una vez más.