Eta Carinae: Divergencia 21 DEVUÉLVEMELO… TE LO IMPLORO #4
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21 DEVUÉLVEMELO… TE LO IMPLORO #4

—Oh, sí, claro jefe, en seguida —debería pensar en esto seriamente—.

Necesito unas vacaciones —en lugar de terminar el informe, busco un viaje para regresar a mi hogar, creo que es momento de dejar de huir—.

Encontré disponible una aeronave muy rápida, pero será dentro de unos días, me parece perfecto, volveré y veré a mi querido sobrino.

— ¿Está segura Ádamis? —Gray me sobresalta—. Disculpe, no quería molestarla.

—Gray —me siento derecha—, Lucius tiene razón, debo ir a casa.

—Prepararé todo para salir de inmediato.

— ¿De inmediato?

—La puedo llevar en mi espalda hasta Cielo Espectral, no es problema.

—Oh… no lo había pensado.

—Podemos regresar ahora si así lo prefiere.

—Sí, vayamos —me toma entre brazos.

¡Qué velocidad!

— ¡No Gray! ¡Bájame! Olvidé que debo entregar el informe, después de eso nos iremos.

—Espero sus órdenes.

Ya es de noche, me parece que podemos irnos sin demora, le pedí a mi jefe unos días para quitarme el estrés, accedió sin darme largas.

Subo a la espalda de Gray y cierro los ojos, no quiero ver el paisaje, me recordará a él de nuevo.

—Ádamis, hemos llegado — Bajo de su espalda fría, me sacudo con la cara pálida.

—Vaya, no ha cambiado en nada.

— ¿Alguna vez se ha visto diferente?

—Pues no, me parece que no Gray, buen punto.

—Vayamos a su casa, el frío desciende rápido, no quiero que sufra otra crisis.

—Sí — no quiero pensar en el frío que me quemaba los huesos.

Pasamos al frente de la casa de Rafa, no quiero verlos hoy, solo deseo descansar y mañana verlos y abrazarlos.

Llegando a mi viejo hogar, dejo las cosas en la entrada y me voy a mi refugio, traigo conmigo un dispositivo para conectarme con el exterior, Lucius me contacta.

— ¿Has llegado con bien Ádamis?

—Claro, Gray es increíble, y es súper cuidadoso.

—Muy bien, te dejo descansar, hablamos después, por cierto, no veas las noticias, están sacando información falsa por todos lados.

— ¿Información falsa? ¿Ahora de qué están hablando?

—Del mismo tema de siempre —Gray patea la puerta, me arrebata el comunicador y finaliza la llamada con Lucius.

— ¡Gray! —lo reprendo—. ¡Eso fue grosero! ¡Sal ahora mismo!

—Debe descansar señorita, nos veremos mañana.

— ¡Espera un momento! —planea irse con mi comunicador en las manos—. Regrésamelo ahora.

—Lo lamento, no haré lo que me pide, descanse.

Se va y cierra la puerta.

¡¿Pero qué le ocurre?!

Ay no, siento que me está ocultando algo.

Los rayos de sol invaden la alcoba, me toma tiempo reaccionar y recordar que me encuentro en casa.

El sonido de las aves me hace sonreír, esto es algo que extrañaba profundamente.

—Mi comunicador —lo busco a tientas pero no está aquí—, debo recuperarlo.

Voces de dos personas provienen de la sala, me parece que salen del comunicador.

Gray debe estar jugando de nuevo con él, escuché los mismos ruidos en la madrugada, estuve a punto de levantarme para regañarlo.

— ¿Qué estás viendo Gray? —me le acerco rascando la cabeza, debo ducharme.

— ¿De qué hablan esos reporteros? No les entiendo nada.

Desactiva el comunicador frunciendo el cejo.

—No es nada importante, le prepararé el desayuno, tome asiento.

— ¿Muy bien? —le hago caso, me dejo caer en la silla que era de mi abuelo. Ayer que regresé estaba todo lleno de polvo, me parece que Gray se dedicó a limpiar la casa.

— ¡Ádamis! ¡Has regresado! —es la voz de Samantha. Corro a la entrada, pero casi choco de frente con Gray.

¡Salió de la nada!

— ¡Oye Gray! ¡Ten cuidado!

—Es mejor que no vea a su amiga Samantha, no es buena idea.

—Quítate del medio Sapphire —lo hago a un lado.

— ¡Sam! —abro la puerta con manos temblorosas—. ¡Estás… aquí!

El cabello alborotado de Samantha es más largo de lo que usualmente era, se ve increíble.

Su pequeño hijo parece no recordarme, pero es tan adorable como Sam cuando éramos pequeñas.

Entra sin esperar invitación, no me abraza, de hecho se ve preocupada, le suda la frente y tiene los labios secos.

—Hola Julien.

—Ádamis, debemos hablar.

—Claro, dime qué sucede, nunca te había visto tan nerviosa. ¿Pasa algo malo? —nos sentamos en el comedor, Gray no se mueve, se queda inmóvil junto a la puerta.

—Claro que pasa algo. ¿No has visto las noticias?

— ¿Noticias? —niego—. Oh vamos, no me veas de esa forma, hace tiempo que no lo hago.

—Yo recibo toda la información y la proceso para dársela a conocer a la señorita Ádamis —le dice a Sam, pero no le hace caso, en su lugar, me mira con ojos muy abiertos.

—Es verdad, después de regresar de, ya sabes, aquel accidente que tuve. Bueno, Gray ha estado ayudándome para no sobrepensar y dañar mi mente, con cosas que están fuera de mi control.

—Así que eso fue lo que te dijo.

— ¿Qué pasa Sam? No te entiendo para nada.

— ¿Por qué no dejamos que la máquina nos diga?

—Como ordene señorita Venois.

— ¿Qué sucede? —las manos me empiezan a temblar, algo me están ocultando estos dos.

—Mientras usted dormía, señorita Astra, vi los noticieros, hablaban de un movimiento peligroso que está avanzando a un paso escalofriante de un grupo de máquinas renegadas en todo el mundo, dicen los reporteros.

Han anunciado que casi el setenta por ciento de los ARM en el mundo han sido víctimas de un virus.

—Es una broma —digo al fin.

—No, no es una broma, todo esto ha pasado durante meses. Por eso me pregunto por qué lo sigues conservando —lo señala con el rostro contraído.

— ¡¿Meses?! No, deben ser especulaciones, además, Gray nunca le haría daño a nadie, y te recuerdo que tú me dijiste que lo conservara, que era mejor tenerlo de compañía en lo que mi corazón dejaba de… sangrar.

—Sí, bueno, eso fue antes de los ataques de ARM que están siendo liderados por esos maniáticos…

— ¿Ataques? ¿Maniáticos? —cargo en mis brazos a Julien—, explícate ahora, no te entiendo.

—ZD-354 acompañado de otros ARM igual de maquiavélicos que él, están atacando ciudades enteras, con el pretexto de liberación de la esclavitud de ARM. ¡En todo el mundo!, hace una semana llegaron a Estados Unidos y se han mostrado muy hostiles. ¿No sabías nada de esto?

Debe estar bromeando, siempre hace esto cuando está molesta y no sabe cómo desquitarse de mí.

—No te creo —bramo esperando una risita suya—, él no haría eso, no es así —Samantha está llevando demasiado lejos su broma. Busco los ojos de Gray, pero no me está viendo, está perdido en el suelo, como si aceptara su derrota.

— ¿Es verdad Gray? —asiente.

—Pues ZD es su líder —Sam sigue— lo presiento, y lo que los expertos piensan es que un virus se propagó en la red mundial y ya no hay marcha atrás.

Nada los puede detener, la única recomendación es que todos se deshagan de los artefactos de alta tecnología, también es peligroso poseer un ARM, ya sabes por la enfermedad Fiebre de Cuarzo, que ahora, está empeorando por culpa de esas máquinas.

—Debe haber un error, ZD-354 nunca lastimó a nadie.

— ¿Y Lucius? ¿Te olvidas de él? —me tiembla el cuerpo, la garganta se me seca con cada palabra—. ¿Gray no es como el resto? ¿Es seguro? ¿Ha mostrado indicios de ataques? —susurra como si no nos estuviera escuchando.

Estoy palideciendo, necesito beber agua. Julien regresa a los brazos de su madre.

—Claro que no Sam —me levanto por agua—. Es posible que ese virus no afecte versiones recientes como lo es Gray.

—No lo quiero cerca de nosotras Ádamis, y mucho menos de mi hijo.

Abro la boca en protesta, un poco ofendida.

— ¿Qué se supone que haga?

—No lo sé, tal vez te contagies de la Fiebre de Cuarzo si lo dejas seguir a tu lado —sin decir media palabra más Samantha sale de la casa.

—Será mejor que prepare el desayuno, señorita Ádamis —Gray intenta acercarse.

Lo pateo por haberme ocultado todo esto, pero obviamente, solo me dolió a mí. ¡¿Cómo fue capaz de hacerme perder toda esta información?!

¡No tiene derecho alguno!