Eta Carinae: Divergencia 21 DEVUÉLVEMELO… TE LO IMPLORO
71%

21 DEVUÉLVEMELO… TE LO IMPLORO

— ¿Qué haces Philos? Solo detente…

—Di-Disculpe alteza Carinae —agacha la cabeza.

—Vayan por el Director y analicen sus signos vitales —señalo el borde de la montaña—, lo último que quiero es que resulte verdaderamente herido con nuestro numerito.

Me acerco al borde, temblando. Lo veo acostado sobre el colchón de salto que preparamos con antelación para él, ve el cielo con ojos desorbitados y una respiración irregular que me molesta de cierta forma.

—Querido Eta —Cleo se me acerca—. ¿Al hacer esto liberarán a los nuestros? —habla con las manos entrelazadas.

—Es lo mejor para nosotros, ahorraremos tiempo… —por unos segundos les doy la espalda y me toco la barbilla, pensativo. Poso el índice sobre mis labios, saboreando la respuesta.

— ¿Qué sucede alteza? —Malin vi 1 viene a nosotros, seguido por su hermano vi 2. Llenos de curiosidad parpadean sin parar.

—Es posible que no tomen la advertencia sin atacarnos, pero eso no significa que no estamos preparados para recibir cada una de sus ofensas.

Me paseo frente a ellos con el pecho y la barbilla en alto.

—Tienes razón Eta —Cleo se sienta en el pasto sin quitarme la mirada—. Lo que les hicimos creer solo incrementará la llama de su odio.

—Y es justo lo que deseo —me inclino y tomo su rostro por unos segundos—. A la población les será fácil deshacerse de los ARM que siguen cautivos.

— ¡No era parte del plan fracturar uno de mis dedos! —el Director de “Silence Vision” aparece en los brazos de Éter.

Tiene muy roja la cara, me alejo de Cleo para verlo de frente.

—Fue para darle realismo, Director —Cleo se levanta del suelo y le ordena a Éter bajar al Director. Camina hacia él con actitud con las manos en la espalda y el pecho en alto—. Además, Director, no debería preocuparse, lo puse en su lugar al instante.

— ¡Eso hizo que doliera el doble! ¡Máquina infernal! —Éter lo deja con delicadeza y se aparta de su lado, pero antes limpia sus brazos con tedio.

—Le pido respeto Director —levanto la voz en tono frío.

Mis pisadas son cortas pero pesadas.

Con el rostro serio y carente de emociones ladeo el rostro, le da escalofríos. Sé muy bien que no nos respeta, nos teme, por eso, hasta este instante decidió cooperar con nosotros.

—Eta Carinae, te agradezco por haberme perdonado la vida —en un intento por parecer sumiso, se arrodilla y gatea en mi dirección, decidido a besarme la mano, me aparto arrugando la nariz.

—Le prometimos seguridad y lo cumpliremos. La casa improvisada que tenemos para usted, ya está equipada para ser habitada por usted y su familia —le señalo la dirección.

No se ve muy convencido, abre la boca queriendo rechazar la oferta ya pactada. ¿Qué es lo que pretende? No estoy jugando.

— ¿Y la seguridad que me prometieron? —se frota las manos alejando el frío.

—Cleo se encargará de eso — algo que no la tiene muy satisfecha .

—De todas las máquinas me tocó la psicópata… —murmura.

—Tal como lo indicamos Cleo —aclaro la garganta, ignorando sus palabras.

Les indico a mis ARM el camino para hablar en privado, para tener una última conversación.

Aprecio mucho a Cleo, incluso más que antes, por lo que no pienso dejar pasar estas faltas de respeto en su contra.

—Éter y Philos 3 me acompañarán, te dejo encargada del asunto de París, tenemos que ponernos en movimiento.

— ¿No puedo ir contigo Eta? —suplica—. Te prometo que me portaré bien, no volveré a improvisar como hoy —se retuerce las manos, muy ansiosa.

—Lo que hiciste no me agradó Cleo, les pedí a todos no herir a ningún humano y no me hiciste caso —su mentón tiembla con temor.

—Entiendo, sé que debo cumplir con mi parte aquí —sus hombros caen al frente, desanimada.

—Iremos a exigir la inmediata liberación de los ARM, tú mejor que nadie sabe que deseo hacer esto en todo el mundo —le recuerdo nuestros planes.

— ¿Significa que también regresaremos a Estados Unidos? —habla muy rápido, está nerviosa.

—Por supuesto, pero quiero dejarlo como nuestro último destino, para darles a Darco y Samael un sufrimiento indescriptible.

No miento respecto a esto, pero escondo algo más, algo que no les compartiré por ahora. No regresaremos tan pronto, ahí me será inevitable seguir recordando el pasado.

—En ese caso, no te detengo más tiempo querido Eta —Cleo apoya su rostro en mi pecho, le doy un abrazo de despedida.

Sabemos que no nos veremos en un largo rato, seguiremos caminos separados para reencontrarnos en Estados Unidos, donde es posible que nos ataquen con más fuerza, y alguno de nosotros desaparezca, para siempre.

—Hasta que nos encontremos Cleo —al tomar su mano las yemas de nuestros dedos se tocan por última vez.

—Éter si ya no tienes nada más que hacer en París ¿Te parece bien irnos ahora? —Cleo se aleja cabizbaja.

—Ya está todo listo su majestad, es hora de marcharnos —tiene una sonrisa cómplice.

Me hace dudar un poco sobre su actividad extracurricular.

No estoy seguro si en algún momento debo preguntarle.

Durante las primeras semanas que Eta Carinae se fue rumbo a Alemania, Silver comienza a cansarse del Director y de su familia, aunque los dos niños se han portado de maravilla «creen que están de vacaciones» pero ella no tolera el ruido intenso de sus juegos.

—Empezaron a jugar de nuevo, no los soporto —se frota con fastidio el cabello, alborotándolo. Y para darle más trabajo, cazadores furtivos asechan constantemente la cabaña improvisada, Silver y Hanber los ahuyentan vez con vez, creando distracciones sin ser detectados.

— ¡Oye ARM! ¡Tráeme más leña ahora mismo! —Émile le truena los dedos en la cara a Silver. Antes de responderle recuerda las palabras que le dijo Eta, y le prometió que cuidaría del Director y de su familia.

Se limita a hacer una reverencia apenas perceptible y sale de la cabaña.

—No es mi trabajo, solo tengo que protegerlos de los peligros hasta que se cumpla el plazo y liberen a los nuestros —toma la leña del almacén—. No debería hacer lo que me pide ahora.

Se toma más tiempo del necesario, no quiere volver, pero su deseo de permanecer lejos, se interrumpe por ruidos extraños que provienen de la cabaña: Son los niños, lloran y piden la ayuda de sus padres.

— ¿Ahora qué está pasando?

Activa la visión térmica e identifica la presencia de más de tres hombres dentro de la cabaña. Dos de ellos intentan tomar a los niños por el cuello y acabarlos al instante, mientras que el resto toman las pertenencias de la familia.

—Más trabajo qué hacer —suelta la leña y va en su rescate.

Pasan dos días y el Director Émile le sigue haciendo peticiones extravagantes «no es su culpa, está acostumbrado a tener lo mejor cuando así lo desea».

— ¡No pienso hacerlo! ¡Ya me harté de ustedes! —lo señala con el dedo índice—. ¡Venga conmigo!

Cansada de tanta absurda petición, Silver lo toma con violencia por el brazo, sin importarle la presencia de la esposa e hijos de éste.

— ¡¿A dónde lo llevas?! ¡Suéltalo ya! —la esposa trata con todas sus fuerzas de cortarle el paso, pero su intento es en vano, termina arrojada a un costado, cayendo a los pies de sus hijos.

— ¡Máquina infernal! —se aferra a sus pequeños.

— ¡Sí! ¡Soy una máquina infernal! —Silver tensa el cuerpo—. ¡Y todos ustedes lo verán! —se lo lleva a rastras, a la cima de la montaña.

— ¡Te ordeno que me sueltes! ¡Tu novio te dijo que me protegieras! ¡Nunca te dio permiso de herirme! —el Director aprieta los labios y sacude con violencia la cabeza.

— ¡Me tienes cansada con tantas solicitudes!

—lo aprieta más fuerte—. ¡Te recuerdo que no estás aquí de vacaciones!

—lo suelta un momento y Émile corre despavorido en dirección a la cabaña, de un salto Silver llega a su lado, lo toma nuevamente del brazo y sube hasta la cima con él, está jugando con su presa—.

¡Éste es el castigo que te impuso Eta Carinae!

— ¡Te digo que me sueltes! —la frente del Director se llena de sudor y muestra los dientes a modo de protesta. Tan solo seis segundos tarda en llevarlo al borde de la montaña, de nuevo.

— ¿Qué intentas hacer? ¡No te atrevas! —retrocede con brusquedad aferrándose al metal y al cabello de Silver.

— ¿Qué estás haciendo Silver? —Malin vi 1 y vi 2 se detienen con leña en las manos.

—Esto no es parte de los planes de Eta Carinae y lo sabes —Hanber se queda repentinamente quieto, un movimiento en falso y Silver cometerá un vil acto.

—Eta Carinae no está aquí… nadie te salvará esta vez —lo toma del cuello y lo empuja al precipicio. Esta vez no hay un cojín de salto esperándole, ni nadie que amortigüe la caída.

— ¡Silver no te atrevas! —Hanber corre, pero no llega a tiempo.

La caída es larga, por desgracia el Director muere al instante.

Hanber da dos pasos hacia atrás, recuperando la compostura, regalándole una mirada llena de frialdad a Silver.

— ¿Crees que estás por encima de nuestra ley? —camina hacia ella propinándole un puñetazo en el ojo.

— ¡¿Cómo fuiste capaz?! —Malin vi 2 se asoma por el borde y ahí está el Director con el cráneo destrozado, los ojos desencajados, la boca desgarrada y sus dientes frontales rotos, todo lleno de sangre.

—Se lo ganó, no me digan que ustedes no estaban hartos de sus pedidos —se endereza ignorando el pitido de su oído.

— ¡Eta Carinae nos pidió que los atendiéramos! —Malin vi 1 la toma por el cuello—. ¡Nunca nos dijo que actuáramos por cuenta propia!

— ¡No me toques Malin! ¡Lo hice porque era necesario! —echa la cabeza para atrás con los ojos cerrados, saboreando el momento.

—Si su alteza se llega a enterar, no querrá saber nada más de ti —Hanber se dirige a la cabaña.

Silver se quita de encima a Malin vi 1 de un manotazo, apresurada llega al lado de Hanber para detenerlo.

— ¡Escúchenme bien! —lo toma por ambos brazos, con una mirada glacial, pero la amenaza es grupal—. Les prohíbo decirle palabra alguna sobre esto a Eta.

Con un parpadeo rápido Hanber desvía la mirada y Silver lo suelta, se gira para ver a Malin vi 2 y vi 1: asienten sin decir nada más.

—Aprovecharé la presencia de los cazadores y los culparé del asesinato del Director y de su familia —se encamina con los ojos entrecerrados.