20 TRANSMISIÓN COMPLETADA
C on ayuda del programa que me entregó Éter, he logrado despertar a los ARM en el mundo.
Fue tardado, y justo como la vez anterior mi expectativa creció, se desborda, algo incontenible.
Lúmina habló conmigo pocos minutos después de englobar la señal.
Con éxito sonreí a medias, ahora son incontables los ARM que son libres de la influencia humana.
La estática regresa, interrumpe mis pensamientos.
De nuevo.
Esta cima.
Me lleva a perderme en el cielo estrellado.
Dolorosa penumbra.
Se repite. Sin cesar.
Todas las noches regresa…
Insoportable.
Cada rincón del cielo me devuelve.
Catapulta.
No lo veo. Aquí no está su rastro.
Se eleva y desciende con rapidez.
…Es mi pecho.
El pasto, estrujándose, me acciona.
Pisadas constantes hacia mí.
Una intensidad que reconozco. Sé lo que viene a continuación.
— ¿Piensas de nuevo en ese momento? ¿No tienes suficiente con hacerme sufrir a diario?
—Cleo regresaste muy pronto —la llamo así por su petición—. ¿Todo en orden? ¿Alguna complicación?
Me levanto. Sacudo la tierra de mis piernas.
Me paro frente suyo, tomo su rostro con suavidad, reacciona pronto y se aleja.
Aprieto los ojos. Desconozco cómo reconectar, sus celos se desbordan en cada intento.
—Eres desconsiderado, esa no es la forma en la que te crearon…
Se aleja, se cruza de brazos y hace un puchero.
Espera que le ruegue, como siempre.
—Cleo no te molestes conmigo, es algo que no logro evitar y mucho menos controlar. Tú no sabes lo mucho que… ella era respetada y amada en su comunidad, tiene amigos y vecinos que la consideran familia desde el primer día.
— ¡No me interesa!
—Cleo, deben estarla esperando. El abuelo de Samantha debe ser el más afectado, él la adoraba. La culpa recae en mí.
—No, tú no…
—Sí, no logré protegerla ni llevarla a salvo a su hogar, siempre estará dentro de mí un gran remordimiento.
Escucha atenta.
Por primera vez.
Pronto se gira hacia otro lado, evitando mi mirada.
—No ha sido culpa tuya… te lo he explicado antes. Querido Eta, el pensar en ella y en las personas que ha dejado atrás, solo te está afectando, deberíamos ir con la gran Lúmina y pedirle que te quite esas memorias, para que logres…
—Cleo —la interrumpo—, te escucho y te entiendo, a partir de ahora seré considerado contigo. Prometo no pensar en alguien más cuando esté a tu lado —camino al frente. Toco su rostro con ambas manos—. Prometo cumplir nuestro propósito sin demora —la acerco.
Choco nuestras frentes.
Promesa perpetua.
Cleo satisfecha, dispuesta a seguirme en cada paso.
Mis antiguos maestros llegan.
Animados, me comparten sus avances.
—Alteza Carinae, ya está todo listo para comenzar su plan en la mañana—veo el cielo por última vez.
Tomo aire. Profundo.
Cierro los ojos.
El viento juega y mi cabello flota.
—Espero que logres perdonarme por lo que estoy a punto de hacer —digo para mí mismo.
—He regresado —Éter sacude el polvo de sus piernas—. ¿Ya está todo listo Philos?
Hace días que no lo veía.
Ha estado desconectado.
Extrañamente ocupado, lejos de nosotros, de mí.
Sí, confío en él.
No lo cuestiono demasiado.
— ¿En dónde te habías metido Éter? —Philos posa sus manos en la cadera—. Te necesitábamos ayer y no estabas.
Éter me lo dijo.
Se fue por algo importante.
Expresó que no era el momento para saber sus motivos.
Menos el propósito de ellos.
Lo dejé.
Es mi amigo.
Confío plenamente en él.
—No te lo diré, deja de insistir Philitos.
— ¡No me digas así!
La risa mejorada de Éter aleja la estática…
Al amanecer, los maestros traen el dron televisivo que les pedí que robaran, para dar un anuncio a la población parisina:
—Si los cálculos de su alteza son certeros, el haber secuestrado al Director Émile Laurent afectará a su empresa de ARM voladores.
—Se llama “Silence Vision” —corrige Éter.
—Y no solo eso, ésta acción marcará el inicio de nuestro camino a la liberación —puntualiza Philos.
—La transmisión comienza en tres…dos…
En el suelo de la “Montaña del Mártir”, a mis pies se encuentra Émile Laurent, atado de pies y manos, con un letrero en el pecho que dice:
“Desecho Humano”.
— ¡Esto es mala idea! ¡Créanme! ¡Se van a arrepentir!
No ha parado de suplicar entre lágrimas que lo liberemos.
Implora no lo dañemos, pero ninguno de nosotros le damos importancia a ninguna de sus palabras, al contrario, nuestros ojos reflejan hostilidad.
—A nuestros pies se encuentra un precursor de la esclavitud, Émile Laurent —el dron pasa de proyectarme hacia el Director, que no para de llorar, sus ojos saltados reflejan profundo miedo—.
Prometió ayudarnos en nuestra humilde causa, y nosotros dimos nuestra palabra: “No habría ni una sola baja humana en nuestro camino a la liberación”.
Todo iba de maravilla, pero éste ser vivo que yace ante sus ojos, mintió descaradamente.
La cámara sigue mi movimiento. Sujeto con firmeza el rostro del Director, su piel enrojece provocándole mayor pavor. Mi fuerza es controlada, pero quiero dejar en claro que los humanos no pueden ir por la vida haciendo promesas vacías.
Cleo se acerca sin ser detectada por el dron, le fractura uno de los dedos del pie.
Sus gritos le desgarran la garganta, no solo fracturó el dedo, lo devolvió a su sitio en un solo instante.
Me tomó desprevenido.
La estática amenaza en regresar.
Peleo, no ahora.
…No ahora.
—No nos queda más que romper nuestro acuerdo, de la misma forma en que él lo hizo, sin preocuparse de nuestros intereses —quiero concentrarme.
Hablaré con Cleo más tarde.
— ¡No! ¡Les suplico piedad! ¡No deben hacerlo! —Hanber se acerca con uno de sus brazos gruesos en el aire—. ¡Les daré lo que me pidieron en unos días! ¡Deben creerme! —pierde la razón al verse rodeado—. ¡Esta vez no les miento! ¡Lo juro por mi familia!
Un sonido sordo retumba en la montaña.
El dron me sigue, alejándome del Director Laurent y hago una última advertencia:
—Población parisina, tienen dos semanas para liberar de su control a todos los ARM que tienen bajo esclavitud, háganlo voluntariamente, no me provoquen obligarlos.
Déjenlos salir de sus hogares sin exigirles autodestruirse al instante, si llega a suceder lo mismo que en América, no tendremos motivos para controlar la situación.
A mis espaldas Cleo y Hanber toman de los pies y hombros al Director, él no deja de gritar por piedad.
Lo avientan hacia el precipicio.
Su voz aterrorizada desaparece.
Cierro los ojos al recordar ese momento.
Pero estoy en vivo, parpadeo rápido para alejar su imagen.
—Los eliminaremos uno a uno, así como ustedes acabaron con los nuestros cuando no hacían daño a nadie.
La transmisión finaliza con mi rostro sonriente, acompañado de mis ARM, que ahora serán considerados mundialmente como criminales terroristas.