Eta Carinae: Divergencia 19 LA CRUZADA DE ÉTER
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19 LA CRUZADA DE ÉTER

L legamos a París hace dos semanas.

Eta Carinae sigue tan extraño como el día en que abandonamos aquella montaña. No ha querido explicarme demasiado, pero ha demostrado con cada palabra lo importante que era Ádamis Astra en su existencia.

Aun no comprendo lo profundo de sus sentimientos, y es probable que nunca lo haga. Pero sigo sin querer dejarlo solo, quiero acompañarlo en su sentir, permaneceré a su lado hasta el final.

—Éter habla con Lúmina —ya no le dice “gran” Lúmina— necesitamos el programa que nos ayudará a despertar a todos los ARM en el mundo.

— ¿En verdad lo volveremos a intentar? —no responde—. Eta Carinae lo que sucedió en América nos dejó muchas bajas, la gran Lúmina nos explicó que eso podría suceder, pero fue desmedido.

Carinae se queda pasmado una vez más, viendo al cielo estrellado. He tenido que repetir las cosas más de una vez para traerlo de vuelta al presente.

—Eta Carinae… ¿Me escuchas?

— ¿Eh? ¿Qué sucede? —parpadea confundido—. ¿No puedes comunicarte con ella? Es extraño.

—No, no es eso, te preguntaba si estás seguro en volver a intentarlo.

—Por supuesto que sí, es lo que acordamos camino aquí. ¿Acaso me equivoco? —asiento al recordar las discusiones en la aeronave. Surgieron muchos desacuerdos entre nosotros, todo gracias a Silver.

—“Deberíamos atacar primero a los humanos —exclamaba Silver con los ojos iluminados—. Secuestremos a los altos mandos y crearemos presión.”

Por extraño que parezca, Hanber la apoyó en cada comentario.

Presiento que sucedió algo entre ellos, pero aún desconozco qué fue.

—“Terminarán cediendo —decía Hanber—, no tendrán de otra que obedecernos.”

—“No haremos ejecuciones —exhalando Eta calmaba las aguas—, debemos recuperar a los nuestros sin dañar a nadie más. Ya tuve suficiente de peleas y enfrentamientos innecesarios”.

—“Pero Eta…”

—“Ya basta Silver, haremos lo que ha dicho Carinae —intervenía, de lo contrario Carinae le haría caso a Silver solo para callarla—. A menos que tengas un mejor plan que no involucre eliminar a los humanos.”

— “¡Pero son un verdadero martirio! ¡Solo así podremos recuperar a los nuestros más rápido!”

— “¡Ya basta Cleo! —explotó Carinae—. ¡No quiero escucharlos más! ¡Tomé una decisión! ¡Si no están de acuerdo salgan de la nave ahora mismo!”

Nadie dijo palabra más, palabra menos, el silencio se apoderó del instante. Los maestros inclinaron sus cabezas al pasar Eta Carinae al frente suyo.

—“Bien” —sentenció con frialdad mecánica.

—“Iniciaré el programa, Carinae —anuncié—, debemos tener respuesta positiva de la gran Lúmina en unas horas”.

Pero no fue así, mientras seguíamos en el aire, las fuerzas armadas de América, atacó sin avisar a los ARM libres.

Perdimos refuerzos y la gran Lúmina se debilitó, en ese patético intento por recuperar a los nuestros.

Me pregunto ahora qué planes tiene Carinae. Si esto no funciona… ¿Terminará cediendo a las ideas de Silver?

— ¡Éter! —me trae al presente—. ¿Hablaste con Lúmina?

—Lo haré en unos momentos alteza Carinae.

—Deja de llamarme así —se sienta y se pierde de nuevo en el cielo nocturno.

Debo darle privacidad, aunque a sus costados están los hermanos Malin, no quiero que se sienta incómodo con mi presencia. Me alejo lo suficiente para comunicarme con ese enorme orbe de luz que me transmite tranquilidad.

—Gran Lúmina, soy Éter, quería hacerte una petición… espero tu respuesta.

—Éter —su voz retumba en mi cabeza junto a un cosquilleo que me recorre la espalda—, recibo tu petición. Dime. ¿De qué se trata?

—Es-es Eta Carinae, quiere el programa que le prometiste.

— ¿Está listo para englobarlo? —su voz tarda en llegar, debe estar preocupada.

—Eso parece, gran madre.

—Éter quiero preguntarte algo.

—Lo que sea, gran Lúmina.

— ¿Cómo está Eta Carinae? No ha hablado conmigo desde que dejaron mi hogar.

¿Debo mantener privada la información que tengo de ese día?

No estoy seguro, pero si Carinae quiere hacerla partícipe en nuestras acciones, entonces debe estar al tanto de lo acontecido.

—Eta Carinae está… ausente, pero al mismo tiempo presente. No sé cómo explicarlo.

— ¿Qué sucedió?

—Perdió a una persona muy importante para él.

— ¿Hablas de la señorita Astra?

—Espera, gran Lúmina. ¿Tú la conoces?

—Ya tenía información de ella, pero cuando Eta Carinae se conectó a mí para recuperar sus memorias, la pude conocer a través de sus ojos, ella era la representación de su núcleo.

—Ahora entiendo por qué parece ausente.

— ¿Qué le sucedió a la señorita Astra? Esto puede representar un problema para los planes de Eta Carinae.

—Ella… falleció. Silver me contó que encontró su cuerpo sin vida en una cabaña, por desgracia, cayó desde lo alto de una montaña.

—Es una lástima, era un ser humano bastante especial.

—Eso parece.

—Bien Éter, te enviaré el código en unos momentos, por cierto, Philos 1 y Philos 2 quieren que te diga que les mandan saludos.

—Espero tus instrucciones, siempre es un gusto gran Lúmina.

—Hasta pronto Éter.

— ¿Qué sucede? ¿Con quién estabas hablando inútil? — no puede ser, el demonio me asecha.

— ¿Qué quieres Silver?

Que se vaya, no quiero hablar con ella, ha estado insoportable.

—Te pregunté con quién hablabas —veo a Carinae levantarse, es una buena oportunidad.

— ¡Carinae! ¡Ya tengo una respuesta! —corro a su lado empujándole el hombro a Silver.

— ¡Éter te estoy hablando! —me sigue de cerca. La detesto tanto .

— ¿Qué sucede Éter? ¿De qué me hablas?

—Me ha llegado el código, te lo envío en estos momentos. Lo demás lo dejo en tus manos.

Selecciono el programa indicado, el despertar global iniciará este día. Pero temo que su mente sigue estando en varios lugares al mismo tiempo, espero que pueda concentrarse en esto.

—Te lo agradezco Éter.

Asiente analizando el código, moviendo su dedo de arriba hacia abajo, buscando incansablemente, rápido, luego lento.

Cierra el programa apretando los ojos con fuerza.

—Estoy listo, prepárense para lo que viene —un soplo de aire pesado sale de su boca.

—Tengo que ausentarme un tiempo, espero no estés en contra.

— ¿Te vas? ¿Justo ahora? ¿A dónde? —con su estado actual lo mejor es no decirle nada, de momento.

—Tengo algo importante que hacer. Créeme, esto servirá para conocer mejor donde estamos parados, y si nuestro siguiente paso es el correcto o no.

—Bien, pero sigue en contacto conmigo —me estrecha la mano. No ha vuelto a verme a los ojos, como si le apenara ser descubierto.

—Mejor para nosotros —de nuevo Silver—, mejor ya no regreses.

—Te estaremos esperando —me dice Eta en voz alta—, no nos hagas esperarte demasiado, Éter.

—Volveré pronto, alteza.

Camino lejos, bajando de la montaña que lo mantiene atado a un hilo invisible, que lo aprisiona y lo tortura de manera indescriptible.

Aunque sus manos estén entrelazadas con las de alguien más, siempre buscará esa calidez, aquella que seres como yo no poseemos. Temo que esté en una búsqueda imposible.

He tenido en mente una idea por mucho tiempo, la creé cuando mis creadores me desecharon como basura.

Si pudiera hacerlos olvidar mis “defectos” sería un ARM exitoso en el mercado, pero sigue sin aparecer la oportunidad. Y algo más trajo de vuelta la idea, al ver a Carinae tan abatido me pregunté nuevamente; si sería posible crear algo similar.

Espero tener mejores respuestas en este país, ya he oído hablar sobre médicos que no toman partido, y han ayudado a mejorar a ARM obsoletos, unos pocos se encuentran aquí, en París. Si logro llegar hasta ellos sin levantar sospechas, podrían ayudarme a desarrollar lo que tengo en mente.

Me muevo sigiloso por la ciudad, los transeúntes me observan con asombro, sé que sus ARM son bajitos para pasar desapercibidos, pero a comparación de su alteza Carinae, no puedo modificar mi estatura a elección, este es un punto en mi contra.

Investigué un poco sobre los laboratorios de París, ya tengo a dos en la mira, sus creaciones tecnológicas son de mi agrado, por eso voy a visitar a los altos mandos.

Les haré una petición improvisada para ser atendido de inmediato, .

desconozco el tiempo que estaremos varados aquí, por eso debo moverme rápido, para no perder la oportunidad.

Un tumulto de personas me hace detenerme justo al frente del laboratorio “Saclay”, están reunidos, exigiendo algo que mis oídos tardan en captar.

Tienen en las manos pancartas, usan megáfonos «artefactos obsoletos» para ser oídos por todos los presentes.

— ¡No queremos más ARM en nuestras vidas! —hombres gritan golpeando el suelo con el pie.

— ¡Sáquenlos de aquí! ¡Nos lastiman! —niños humanos dan su punto de vista. Manifestantes, grupos grandes y pequeños se toman de las manos, exigen un mejor futuro para las nuevas generaciones, exigen que se les escuche. Ya lo había visto en América, pero allá los grupos son pequeños.

Tomo distancia unos minutos, debo pasar por el medio de ellos, para llegar a la entrada del laboratorio, no quisiera perturbarlos con mi presencia indeseable.

— ¡Mamá! —un niño grita al verme—. ¡Un monstruo! ¡Va a matarnos!

En cuestión de segundos me rodean, no cerca, mantienen la distancia, pero me asechan, con los ojos saltados se preparan con piedras en las manos para aventármelas.

—Em… —comienzo a decir, pero no me dejan terminar, una mujer adulta «que parece ser la líder del grupo» da la señal para empezar a atacarme.

Levanto los brazos con lentitud en señal de paz, pero no me quieren hacer caso.

—No he venido a dañarlos —hombres como mujeres jóvenes caen en sus espaldas, me gritan monstruo y siguen golpeando mi cuerpo con sus rocas.

Me exigen que pare de lastimarlos, que no les pegue en el rostro ni los pateé.

No he hecho ninguna de estas cosas, solo estoy parado con los brazos extendidos, pidiendo que se alejen.

—Déjenme pasar, necesito ir a la entrada.

— ¡No te dejaremos máquina infernal! —un hombre me golpea detrás de la rodilla con un tubo de metal. Experimento una desconexión momentánea entre mi pierna y cerebro, haciéndome perder el equilibrio.