Eta Carinae: Divergencia 17 REBELIÓN #3
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17 REBELIÓN #3

Se sobresalta con la repentina aparición de Silver. Frena de lleno, delante de él, cubierta de barro pero con una sonrisa radiante que lo hace sospechar.

—Dame a la señorita Astra, encontré un lugar ideal para que se recupere y se vaya en cuanto se sienta mejor.

— ¿De qué hablas? ¿No es mejor llevarla con nosotros?—Silver la toma en sus brazos para después cargarla como un saco de papas—. ¡Oye! ¡No seas así de brusca! ¡Cayó de una altura peligrosa!

—No te preocupes por ella Hanber… —hace una pausa—. La gran Lúmina hizo un trabajo excelente contigo —lo dice en un susurro—. Ella estará a salvo, no tengo intenciones de herirla.

— ¿En verdad? ¿No crees mejor llevarla con Eta Carinae? ¿Por qué dejarla aquí tirada?

—De nuevo nos están siguiendo, es peligroso para una humana herida acompañarnos.

—No estoy seguro, por lo menos deberías decirle a su alteza Carinae que ella está con bien.

—Hanber, tengo que pedirte un favor.

—Ahora qué —nota que fue ignorado, pero tratándose de Silver es algo que no le impresiona.

—Mantengamos en secreto que Ádamis Astra ha sobrevivido —abre la boca para regañarla—. No lo entiendes ahora, pero te lo explicaré después, es una promesa.

—Entendido —cede—, pero no me gusta, solo promete que no la pondrás en mayor peligro o Eta Carinae no te lo perdonará jamás —Silver asiente.

—Adelántate a la nave y no vayas muy aprisa. Te buscaré en cuanto ponga a la señorita Astra en un sitio de mejor acceso para su rescate.

Silver se apresura y llega a una cabaña en ruinas donde abandona a Ádamis.

—Tarde o temprano te encontrarán —la suelta desde lo alto—. Espero que sea más tarde que temprano, si no desapareciste por la caída, el frío se apoderará de tu cuerpo y pronto tu corazón cederá, así dejarás de ser un estorbo para mí.

Abandona la cabaña y atranca la vieja puerta, camina apresurada, llegando a tiempo al lado de Hanber.

— ¡Vaya! ¡Eres rápida! —se acomoda el cabello desordenado—. ¿Está en un lugar a salvo?

—Claro que sí, justo como prometí —gira viendo en dirección a la cabaña por última vez—. Regresemos a la nave, aquí no tenemos nada más que hacer.

Al regresar con los demás, Silver busca a tientas a ZD-354 ahora Eta Carinae, sigue en el asiento de copiloto, apoyando su cabeza en el respaldo, con los ojos cerrados, Éter le habla y él solo asiente con esfuerzo.

— ¡Han regresado! —Philos 3 sube apresurado.

—No lo olvides —lo detiene—. Me lo prometiste.

—No rompo mis promesas, soy un ARM de ley —Hanber cede el paso a Silver para que entre primero a la nave.

Si Eta fuera humano lloraría, sin parar, sin vergüenza alguna, pero sus párpados permanecen abiertos, más tiempo del necesario, inmóviles, siente que el cerrarlos sería aceptar lo ocurrido.

Su sistema intenta lubricar sus córneas, él niega el permiso, no cede.

Sus brazos están vacíos, demasiado vacíos.

De nuevo el sistema intenta estabilizar su núcleo, tres veces seguidas, pero sigue fallando.

Ádamis.

Ádamis…

El nombre aparece sin permiso, una vez, otra, una vez más.

Eta abre los ojos por completo y algo en su mirada deja de pertenecerle.

En Mirae Corporation nunca entenderán que, este instante es cuando comienza a existir algo incapaz de perdonar, no ha decidido destruirlos, simplemente dejó de existir cualquier realidad donde ellos puedan sobrevivir.

Su sistema deja de emitir alertas, ningún parámetro marca error, todo funciona correctamente, demasiado correcto.

Permanece inmóvil, ya no busca a Ádamis, ya no espera escuchar su voz. La ausencia ha dejado de doler y en este momento, en este preciso instante, comprende que algo dentro de él ha terminado para siempre.

— ¿Todo en orden Carinae?

—En marcha Éter, hacia nuestro nuevo destino.

— ¡Quiero que se detengan ahora mismo o volaremos la nave! —la aeronave extranjera amenaza desde las alturas—. ¡Entreguen a ZD-354 y todos saldrán ilesos!

—Son ellos de nuevo —Éter voltea—, despeguemos y juguemos un poco.

—Como quieras, Éter, no me interesa nada de lo que les pase a ellos —Eta resopla perdiendo su atención en el cielo.

—Entendido —Éter asciende ignorando las advertencias—. Hanber ven aquí.

— ¿Qué sucede? —la nave se tambalea por su andar—. ¿Son ellos de nuevo?

— ¿Qué necesitas que hagamos? —Silver interviene—. Puedo eliminarlos en un segundo.

—Olvídalo Silver, quiero que permanezcas al margen, esto lo hará Hanber —sigue las indicaciones que son susurradas y abre la compuerta trasera.

— ¡Los tengo en la mira Éter! —Hanber le pide a Silver que transforme su brazo en un arma larga, para que él pueda usarla—. ¡Los derribaré ahora!

— ¡Recuerda lo que te dije Hanber! —un solo disparo colisiona una turbina de la pequeña nave, siendo obligados a descender antes de que explote.

—Con eso será suficiente, por ahora, pero hubiera sido mejor que los eliminara —Silver recupera su brazo con resoplidos.

—Ya vamos de camino y sin distracciones, Eta —Éter no le responde a Silver, solo navega hacia delante.

Inician su plan de contingencia, yendo lejos de todos a un sitio especial en el que los humanos no interferirán con sus planes.

Los planes de aquel amo que florece en el interior de Eta y en el de Silver.