Eta Carinae: Divergencia 17 REBELIÓN #2
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17 REBELIÓN #2

Me patea el brazo con destreza, me balanceo unos segundos dejando que se acerque a mí, que tome confianza para aprovecharla, otra vez me patea el brazo, lo dejo hacerlo tres veces seguidas, me golpea la cabeza, logro sujetarlo con ambos brazos, le hago una llave y rompo su talón, fue sencillo, simple, limpio.

Se desprende demasiado fácil, nos separamos y lo dejo en el suelo.

Sujeta su pie roto.

Intenta repararlo, cubriendo sus conexiones, no quiere seguirse drenando.

Me acerco, lo levanto de un golpe.

Piso su pie roto.

Por primera vez me ve con ojos muy abiertos.

Su labio inferior tiembla un poco.

Cerca de mí está su pie destruido, tomo su descuido y reanudo el combate. Lo levanto de un empujón, me golpea el rostro, dos, tres, cinco veces, una rodilla cae en mi ojo derecho.

Lo repite pero esta vez usa los codos, solo dos golpes me sacuden los circuitos, lo abrazo por la espalda estrangulándolo con su propia mano, rompo su codo, lo empujo de una patada, de nuevo pierde líquido vital, tiene la misma reacción.

Desesperación.

Bailotea desenfrenadamente en el aire.

Doy el salto más alto que he dado en mi existencia y caigo sobre su pierna ilesa, un chillido extraño sale de sus fauces, lo veo retorcerse, chorreando líquido similar al petróleo.

Qué delicioso panorama, pero sigue sin ser suficiente.

Al verme acercar comienza a arrastrarse a Darco y Samael que nos ven horrorizados.

— “Amo Darco, sálveme” —grabo sus últimas palabras.

Piso con fuerza pero más con crueldad el cuello de M33 hasta deshacerlo, se rompe al instante, eliminando toda conexión entre sus extremidades y su cerebro. Darco y Samael salpicados, se ahogan con el líquido entrándoles por la boca. Samael doliente, vomita lastimándose de nuevo.

No quiero que M33 regrese, no será un problema a futuro.

Sé lo que debo hacer y lo hago, arranco sus extremidades una a una, las arrojo desde lo alto de la montaña, dejo la cabeza para el final, me detengo a observarla unos segundos en el aire.

¿Por qué consideré hacerlo mi aliado?

Que pensamiento más inútil.

¿Debo tirarla por la borda?

Tal vez.

— ¡Llévate todo lo que quieras menos eso Eta Carinae!

— ¿Ahora me llamas Eta Carinae? ¿No era ZD-354 para ustedes de principio a fin?

—Te-te reconocemos como Eta Carinae —murmura Samael, apenas lo percibo—. No te lleves eso, déjalo, te lo suplicamos.

— ¿Por qué debería hacerles caso? Ésta cabeza es mi trofeo personal.

Darco se abalanza.

Este cráneo metálico tiene todo lo que necesita para traerlo de vuelta.

— ¡Regrésalo! —pretende arrebatarlo, giro impidiéndoselo—. ¡No sabes lo importante que es para mí esta creación! —lo empujo, me produce asco.

Quiero que dejen de respirar.

De mirarme.

De hablarme.

Avanzo.

Cleo me toma la mano.

Me lleva lejos.

—No vuelvan a aparecer en nuestro camino, de lo contrario los eliminaré de la manera más cruel que pueda existir —Cleo entorna los ojos.

—Espera… quiero verla, debo, yo, necesito…

—La neblina está subiendo Eta Carinae, además no te permitiré hacerlo, verías su cuerpo sin… —Philos se interrumpe.

—Fue suficiente Philos —Cleo nos hace callar, me aprieta con fuerza, pero no la siento.

Nos marchamos de la montaña que pronto vuelve a estar llena de tinieblas.

Mis sensores auditivos permanecen activos unos instantes más, esperan una voz que no llega. Hago un análisis ambiental, me falta una temperatura conocida.

Al bajar solo veo la espalda de Cleo, no me suelta ni un solo instante, no recuerdo cuándo empezó a sostener mi mano.

Una aeronave espera por nosotros. Éter nos recibe, sonriente.

— ¿Estás de vuelta con nosotros? ¿Por completo? —tardo en entender que me hablan a mí, asiento, evitando su mirada.

— ¿Qué le sucede? ¿Por qué no responde? —Malin vi 1 se extraña.

— ¿Qué sucedió allá arriba Silver? —Malin vi 2 se acerca.

Lo veo tocarme el rostro.

No lo siento, no hay nada.

—Su mirada está perdida —me suelta—. ¿Y qué es lo que lleva entre las manos?

—Denle un poco de espacio, allá pasaron cosas que no…

Levanto la vista, veo con detenimiento a Malin vi 2, pero mis ojos buscan; se pasean hasta encontrarme con los de él.

—Éter —las palabras salen entrecortadas—. Se ha ido, la perdí para siempre, no logré rescatarla y mucho menos protegerla como le había prometido.

Se aproxima.

— ¿Qué fue lo que sucedió, Silver? —su voz, resuena, fuerte.

Las piernas me tiemblan, no me siento débil, ahora percibo más fuerza, pero, entonces… ¿Por qué no paro de temblar?

— ¿Por qué está en este estado? — Éter .

—Será mejor que les explique después — Cleo .

Los sigo identificando.

Pero es difícil concentrarme.

La estática regresa.

—Tranquilo ZD-354, ven conmigo.

Es Éter. Lo veo. Cerca.

Mi brazo descansa alrededor de su cuello y… Me abraza.

Por primera vez.

—Vamos a la nave ZD-354 —me guía, su tacto es suave.

—Se llama Eta Carinae —murmura Philos.

El nombre tarda en llegar hasta mí como si perteneciera a alguien más.

—Mis disculpas Eta Carinae —me sienta, de copiloto, es muy delicado.

—Por cierto Silver ¿Dónde está Hanber? Debemos irnos a la brevedad, nos están siguiendo de nuevo.

¿Hanber…?

Oh, lo había olvidado, él fue a…

¿Debería ir…?

—Iré a buscarlo —Cleo se ofrece—. Solo espéranos aquí Eta.

—Deberás contarme lo sucedido a tu regreso, Silver —exhala Éter cerrando la puerta de copiloto.

—Lo haré, pero ahora no presiones —Cleo me sonríe, extraña—. Mejor encárgate de mantener esta chatarra en funcionamiento. Debemos salir a toda prisa cuando regrese con ese tonto de Hanber.

Silver se encamina hacia la montaña sin reprimir un pensamiento. El deceso de Ádamis Astra es lo único que la mantendrá al lado de su “querido” Eta Carinae.

—Espero que no hayas llegado a tiempo Hanber.

Sube más a prisa, descuidada, resbalando de vez en cuando, ensuciando su armadura impecable.

—Debo apresurarme, debemos escapar lo antes posible.

No presta atención a sus pisadas, no ve a los animales de alrededor y en su camino aplasta a unos cuantos bichos repugnantes.

—Ahí está —un poco más arriba de la entrada al Nexo Lúmina, Hanber camina apresurado, trae en brazos a Ádamis—. La tiene con él… ¿Sobrevivió?

La saluda expulsando un hilo de humo de la cabeza.

— ¡Silver! ¡Lo logré! ¡En verdad llegue a tiempo! La tomé entre mis brazos cuando cayó desde la cima!

— ¿Está viva? —acciona su sistema térmico y ve el poco calor que genera su cuerpo, también escucha su corazón latiendo con lentitud.

— ¡Claro que está viva! —se detiene al ver los ojos tensos de Silver dando un paso atrás, poniendo la cabeza herida de Ádamis lejos de sus garras.

— ¿Dónde está su alteza Carinae?

—En la nave, nos está esperando —no le quita la mirada de encima. Ádamis tiene un poco de sangre en la nariz.

—No lo hagamos esperar ni un segundo más —la adelanta, de reojo la ve ladeando la cabeza, escanea con desesperación el cuerpo de Ádamis, en búsqueda de daño severo. Al no tener el resultado esperado, frunce los labios hacia un lado.

Al bajar de la montaña, Silver se detiene en seco.

—Espérame aquí —no espera una respuesta, se va corriendo al lado contrario del que llegaron.

Sin entenderla, Hanber se dedica a analizar a la humana que Eta Carinae quiso proteger.

—Puedo ver el encanto en tu apariencia, pero no es lo que a su alteza Carinae le llamó la atención, me encantaría tener la oportunidad de conocerte mejor para descifrar la esencia de tu encanto.