17 REBELIÓN
R einicio parcial completado…
El sonido se apaga, el sistema me indica que todo es estable… pero es una mentira.
Hay polvo suspendido en el aire.
Tardo varios segundos en recordar por qué lo estaba viendo.
La imagen de M33 estrujando el cuello de Ádamis llega a mí, con un simple movimiento la soltó sobre el precipicio.
No logré llegar a ella.
Interrumpió mi paso.
Alejándome.
— ¡ÁDAMIS…!
Grito su nombre. Mi garganta sintética se hace papel seco, rasgándose desde adentro.
Los sensores aún registran su temperatura… pero ya no está aquí.
Mi núcleo se enfría y la mente se llena de estática.
La vi caer justo frente a mis ojos , su cabello dorado flotaba en cámara lenta, sus lágrimas escapaban con terror.
Lo último que escuché de ella fue:
—Ed Zill…
—Bien hecho M33 —celebra… Darco.
No siento las extremidades , solo un calor que se expande de mi cabeza hacia el pecho.
Visión rojiza con mucha interferencia.
—Tengo que ir tras ella —salgo disparado, adelante.
Pararé su caída, ella sobrevivirá, lo hará.
— ¡Detenlo Philos 3! —alguien grita.
No quiero que nadie se interponga en esto.
¡Ádamis no puede acabar así!
— ¡Ya basta Eta! ¡Ella se ha ido!
Entierro los dedos al borde de la montaña, sé que llegaré a ella si me apresuro.
Lo lograré…
En verdad lo lograré.
La neblina no me deja ver, activo la visión térmica.
Tengo que eliminar esas ventanas rojas en mi vista…
Debo concentrarme.
¡Debo controlarme!
— ¡Lo tengo Silver!
— ¡¿Qué haces?! —Philos 3 me sujeta del talón, me lleva de vuelta a la montaña—. ¡Suéltame ahora mismo!
Caemos de espaldas, lo empujo con el pie.
Debo llegar, tengo que llegar, ella me espera, lo sé.
… Debe estar bien, tiene que estar bien.
— No-no pelees más Eta —me someten—. No te soltaré hasta que regules tus emociones.
— ¡Aléjate de mí Silver! —me pisa el cuello—. Tengo… que… ir.
—Ya es demasiado tarde Eta Carinae —me sueltan—. Ya no escucho sus latidos.
— ¡No! —se alejan… alerta—. ¡¿Por qué lo hicieron?! ¡Te dije que la salvaras Philos 3!
—Era imposible, si te dejábamos ir tras ella no habrías salido ileso, tendrías averías en tus componentes.
— ¡No me interesan mis componentes Silver!
¿¡Cómo son capaces de pensar primero en una máquina que en un ser humano!?
¡Mis componentes se pueden reemplazar tarde o temprano!
¡Pero una vida… no!
Confíe en ellos, pero no valoran lo mismo que yo…
No, no debo culparlos, a ellos no… Los culpables son otros .
— ¡¿Cómo fuiste capaz de hacerlo?! —me aviento contra Darco pero Samael se interpone en mi camino, lo empuja fuera de mi alcance, cayendo de bruces.
— ¡Ugh…! —tomo a Samael del cuello y aprieto con fuerza. Su boca se abre buscando el aire que escapa de sus pulmones, la saliva brota en una explosión por intentar pronunciar palabra alguna, pero sus esfuerzos son en vano.
Veo mi reflejo en su mirada; mis dientes afilados brillan como una fiera a punto de atacar.
La furia se expande de mi interior reflejada en mis ojos.
Es frágil, demasiado frágil.
El agujero de mi pecho crece, es insoportable.
Él… quiero acabarlo.
— ¡Suéltalo ya ZD-354! ¡Te lo ordeno! —recita Darco Branda con voz entrecortada, no lo obedezco, aprieto más.
Podría matarlo, lo sé.
…Podría hacerlo ahora.
Pero no…
No rápido.
Philos 3 tiene razón, ya no escucho a Ádamis, solo hay viento.
Lo siento, es algo dentro de mí que… se rompe.
Haré que se arrepientan.
— ¡No recibo órdenes tuyas Darco Branda! ¡No recibo órdenes de nadie! —una sombra se escabulle, algo me avienta lejos de Samael.
Silver, sigilosa cuida mi espalda.
— ¡No te metas en esto M33! —grito escupiendo.
No quiero intervención, me arrebataron todo y ahora pagarán.
Tembloroso, Samael sujeta su garganta, tose, escupe sangre y saliva.
Me deleita haberlo herido.
Y su dolor apenas comienza.
—Si quieres enfrentarte a alguien, aquí estoy ZD-354, deja en paz a los humanos —me habla M33.
Comprendo lo que hará, moriría por él al igual que yo lo habría hecho por ella.
Respeto su fervor, pero no cesa mi rencor.
— ¡¿Cómo te atreves a decir eso después de haber atentado contra una humana!?
Por el rabillo del ojo veo a Darco socorrer a Samael, quieren escapar en completo silencio, aprovechando la distracción que ha creado M33 para ellos, pero no funciona. Silver corre y los para en seco, se planta al frente, ambos científicos caen sobre la espalda.
Samael intenta decir algo pero nada sale de su boca, solo un soplo doloroso acompañado de una mirada de odio.
— ¡Regresa M33, te necesitamos! —por tres segundos se detiene, deja de asecharme, busca a Darco quien grita desesperado.
—Si mi creador lo ordena, debo seguir sus mandatos —su mirada regresa a mí, dejando en claro que su objetivo vuelvo a ser yo.
—Me sorprende que identifiques esa directiva de forma distinta ZD-354.
Sus movimientos son ligeros cual polilla, casi imperceptibles, pero no, no debo dudar, si lo hago se alejará en un instante.
—En algo te equivocas M33, Mirae Corporation te ha creado para suplir a un humano en una relación amorosa, le debes esa devoción a la que algún día será tu ama, no a la empresa que te dio la vida.
Da un paso a la izquierda y luego dos a la derecha, juega conmigo, pero ya es demasiado tarde, mis sentidos están potenciados, cada movimiento por mínimo que sea late en mi piel, absolutamente todo, incluyendo a las mariposas que bailan sobre nosotros, las percibo con facilidad.
—Mi única lealtad es hacia Mirae Corporation, a nadie más —veo sus intenciones—. Parece que estás algo dañado, le pediré a mi creador te dé lo que necesitas.
Da un paso adelante, girando intenta golpearme con el antebrazo.
—Ni lo sueñes —dibuja una sonrisa. Veo el siguiente movimiento, a la derecha, de nuevo un giro… intenta adelantarse, pasa sobre mí, lo tomo del hombro.
—Tenemos un baile pendiente M33.
— ¡M33 destrúyelo ahora! —Darco toma a Samael enfrentando de nuevo a Silver.
— ¿Entonces tú le debes lealtad a la mujer que acabo de aventar por la montaña? —quiere darme el abrazo de oso—. Tal parece que te has quedado sin propósito, me compadezco de ti ZD-354.
— ¡Deja de perder el tiempo M33! ¡Termínalo ya mismo! —algo cambió en su mirada.
Lo entiendo.
La directiva suprime su intención.
Ahora es un cascarón, una simple marioneta.
—A la orden, amo Darco —quiere sujetarme, lo freno antes de completar el movimiento.
Es hábil, no debería moverse así.
Alguien lo mejoró.
Darco… Escondía su verdad.
El estómago se me contrae, me hierven las entrañas.
Ahora me doy cuenta de que el enfrentamiento en Mirae no fue nada.
Lanzo una patada que no conecta.
Sus golpes llegan uno a uno, mi rostro se contrae, izquierda, derecha y codo, los veo antes de existir, es impresionante, el tiempo se atrasa.
Imagino cómo se rompería, primero las manos y luego la voz.
Quiero destruirlo, aplastar cada componente, desarmar pieza por pieza, quiero que comprendan, que sientan lo que yo…
Quedará rastro de su fluido vital en el cuerpo de sus creadores.
La restricción de dolor no te ayudará a evitar llegar a la locura.
Hasta que no puedas soportarlo más.
Implorarás que pare.
La gran Lúmina extiende su mano.
Despierta mis sentidos, todo se vuelve lento, demasiado lento.
La voz de Éter me atraviesa la memoria: movimiento, precisión y finalización, ya no lucho para detenerlo.
Lucho para destruir.
Patadas giratorias me embisten el pecho, un estallido metálico resuena.
Salto hacia atrás, no aparto la mirada, sus ojos son tan maliciosos.
Tiene saliva visible, es nauseabundo.
De soslayo lo veo, cerca, muy cerca, Cleo plantada firme junto a Philos.
Darco y Samael no escapan, cortan sus caminos sin siquiera tocarlos, ya han caído más de tres veces.
—No te preocupes por ellos Eta, nosotros nos encargamos —Philos asiente. Ahora puedo enfocar toda mi atención en M33.
—Te veo algo distraído ZD-354.
Me estruja el cuello, una rodilla va directo a mi abdomen, lo intento, bloqueo varios golpes, freno sus ataques. Rompo su llave y lo aviento hacia atrás, no mido la fuerza, siento mi rostro contorsionarse con violencia: la mandíbula se tensa, los labios se separan y el entrecejo se une.
Mi visión se vuelve clara, las nubes de tristeza se disipan, pero muy lento. M33 disfruta el momento, actúa como si nada más le importara y el calor regresa.
No lo entiendo.
Sí, somos dos máquinas enfrentadas, queremos demostrar quién es el vencedor, el más capacitado a seguir existiendo, pero nuestros propósitos son diferentes, él está enfrascado en una realidad errónea, de cierta forma me apena, si nuestra intención fuera la misma sería un gran aliado, ayudaría a liberar de su prisión a los demás…
No, no cooperará. Ni me será posible perdonarlo.
Intento fijar un objetivo, pero el sistema proyecta la figura equivocada.
Altura: 1.64cm.
Temperatura humana registrada: ERROR .
Borro la imagen pero vuelve a aparecer.
Querida Ádamis… no pude llegar a ti a tiempo y el responsable delante de mí, sonríe de manera asquerosa para provocarme.
Perdóname, debo dejarte lejos, solo por unos momentos, porque mi duda, paraliza .
—Mi atención es toda tuya M33 y no pienso ocuparme de nada más hasta acabarte —conecto un puñetazo a su rostro, el sonido estalla llevando lejos a las aves asustadas, se van, volando lejos.
— ¡No te atrevas a perder M33! —Darco sigue expectante—. ¡Tengo grandes planes para ti! ¡Eres mi última esperanza!
—Si no ganas —Samael sopla las palabras— perderemos toda nuestra credibilidad como científicos.
— ¡Él ganará! —Darco lo abofetea—. ¡Y podremos recuperar nuestra inversión! ¡No seremos pobres!
— ¡Deberías poner tu fe en otro lado Darco Branda!
—exhalo subiendo los puños y ataco sin bajar la velocidad, golpeo su costado derecho con un gancho, lanzo una patada a su rodilla, ambos golpes con toda la fuerza que tengo, imito su táctica; patada giratoria, golpe al pecho.
Cae con brazos extendidos, la escena parece cómica de no ser por los alaridos de los científicos.
Se levanta de un salto apoyando las manos en el suelo.
Me mira, dentro de él no hay nada, se planta inexpresivo.