Eta Carinae: Divergencia 16 ENFRENTAMIENTO #4
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16 ENFRENTAMIENTO #4

—No es posible que la reconozca —me ven con el ceño fruncido—. M33 no te atrevas a soltarla —Darco le chasquea los dedos.

Ádamis está tomada por el cuello, la está lastimando el idiota de M33. Siento mis ojos salirse de sus órbitas.

—Realmente no importa si él la recuerda o no, Darco, debemos seguir con nuestro plan —le murmura Samael.

—Hagamos un trato ZD-354, dejamos en paz a esta humana, a cambio de que vengas con nosotros. Todos los ARM tienen la obligación de salvar a los humanos de peligros inminentes.

—De lo contrario —habla Samael al ver que no respondo—. M33 matará a la señorita frente a ti.

— ¿Por qué hacen esto? —me dirijo al frente.

¿Qué debo hacer? Si les muestro que he recuperado mis memorias es posible que terminen por asesinarla sin esperar una respuesta mía.

Debo pensar rápido.

— ¿Qué fue lo que esta… humana les hizo? Déjenla ir —intento razonar con ellos, pero no olvido lo testarudos que son para beneficiarse a sí mismos.

La cabeza se me está empezando a calentar, quiero correr hacia ella, arrancarla de los brazos del imbécil de M33 y ponerla segura entre mis brazos.

—Eta, querido Eta Carinae —Cleo se acerca cautelosa sin quitarles la vista a Darco y Samael—. Será mejor que nos vayamos, si te atrapan de nuevo correrás peligro y esa humana no vale el riesgo.

—No digas eso Silver —escupo las palabras sin pensarlo—. Ella es importante para mí, ya deberías saberlo.

—Soy consciente de ello, pero debo recordarte nuestro propósito y ella —la señala— solo se interpondrá en nuestro camino.

— ¿Qué pretendes? ¿Me estás pidiendo que la elimine? —asiente, Darco aclara la voz al vernos hablar de cerca—. No lo haré — no puedo creer que lo haya planteado —. No importa lo que digas no me convencerás de ello.

Hanber y Philos 3 se colocan a mis espaldas, jalando a Cleo a su lado.

— ¿Para qué llamaste a tus amigos 354? —Darco se cruza de brazos y eleva el pecho.

— ¿Terminaste de despedirte ZD-354? —Samael se apoya sobre sus rodillas unos segundos.

—Me llamo Eta Carinae —la cara de ambos se vuelve brillante y rosada—, no soy ZD-354, tampoco soy… Ed Zill —lo digo viéndola directo a los ojos, solo ella sabe a qué me refiero.

Lo sé muy bien, acabo de lastimarla con mis palabras, pero ya no siento que ese nombre me represente como antes lo hacía.

—Lo siento —le susurro a ella—, no iré con ustedes —esta vez me dirijo a ellos—, pero tampoco los dejaré que le hagan daño.

—Ed… —Ádamis me mira con lágrimas contenidas, sus labios tiemblan antes de convertirse en una mueca de dolor.

El brillo de sus ojos desaparece, como si no comprendiera lo que acabo de decirle. Le he roto el corazón, no hay vuelta atrás.

Pero hay algo de verdad en las palabras de Cleo, el estar atado a una humana me detendrá de cumplir mi propósito, y no lo puedo permitir, aun así yo…

Giro el rostro hablando lo suficiente fuerte para ser oído por Hanber y Philos.

—Cuando les dé la señal, hagan lo imposible por protegerla, no importa el costo —asienten en silencio esperando mi actuar.

Que no desee estar atado a un ser humano para cumplir mi propósito no significa que quiero ver sufrir a mi esposa. Ádamis se merece el mundo entero, no mi traición, si decidí protegerla hasta el último de sus días debo cumplir mi palabra.

Si me muevo con agilidad la podré tomar en mis brazos, pero M33 es impredecible, no parece un ARM creado para ser un compañero romántico, temo que Darco ha hecho algo más con él.

—Hanber, trata de ir abajo sin ser detectado — no quiero ningún error, si llega a caer no me lo perdonaré jamás.

—Iré enseguida majestad —desaparece a mis espaldas.

—Que decepción ZD-354 — no aceptan mi verdadera identidad, era de esperarse —, creíamos que Ádamis Astra era una mujer importante en tu existencia.

Darco se burla de mí, caminando serpenteante hacia Ádamis, al estar lo suficiente cerca le acaricia el rostro que palidece al instante. Asqueada trata de alejarse, pero M33 la sujeta del cabello para evitar que se siga moviendo.

¡Quiero romper cada uno de sus dedos!

¡M33 no te dejaré escapar tan fácil esta vez!

—Que patético, en ese caso no la necesitamos más —Samael está retándome con la mirada, al igual que Darco al acariciarle el talón izquierdo.

Mi respiración se acelera, mi mirada cambia, lo noto y ellos igual.

Están riendo, escupiendo, mofándose de mí.

—Eta… tranquilízate — Cleo lo intenta pero no lo logra, quiero arrancarles las extremidades y exhibirlas en un aparador fuera de Mirae Corporation.

—Hanber está tardando demasiado, no lo escucho — la desesperación invade mis extremidades.

—Ya llegará, confía en él —Philos me ve lleno de determinación.

—Puesto que no cederás esta vez —Darco le susurra a M33—, no necesitamos testigos humanos.

Sin decir nada más, veo las intenciones de M33, empujándola en cámara lenta hacia el precipicio.

— ¡NO! —corro hacia ella.

Soy rápido, puedo lograrlo, puedo llegar a ella.

Partículas de polvo se dispersan, giran con lentitud entre nosotros, estorbando.

Ya casi estoy ahí, siento la punta de sus dedos rozando los míos, un empujó más y…

— ¡Ahora, M33!

— ¡A-ÁDAMIS!

Error.

Error…

Error…