Eta Carinae: Divergencia 16 ENFRENTAMIENTO
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16 ENFRENTAMIENTO

— ¡Manténganse en sus asientos! —Éter maniobra la nave con dificultad.

— ¿Aún nos persiguen? —Hanber se le aproxima balanceando la nave por su gran peso.

—Son persistentes —Éter vira un poco, queriendo escabullirse—. Esa aeronave no es de este país, es extraño.

— ¿No puedes identificarla inútil? —Silver refunfuña—, entonces lo haré yo.

—Claro que puedo, pero en realidad esto no es importante —desciende peligrosamente—. No podré aterrizar, sobrevolaré la zona, deberán saltar.

—Bieeen, Éter —las últimas horas Silver se ha dedicado a molestarlo para tratar de mantener en el presente a ZD, que en ocasiones se ve perturbado por sus memorias confusas.

—Estamos sobre el lugar que indicaste Silver, lleva a ZD-354 adelante —dice con suavidad pero ZD no les está prestando atención.

Se pierde en el suelo con el rostro serio, en completo silencio.

Una voz atormenta su memoria, una risa y un llanto lo hacen retorcerse por el esfuerzo, al seguir tratando de reconstruir poco a poco la imagen de aquellos que, difuminados permanecen en su matriz de datos.

La electricidad lo hace retorcerse en silencio y no pasa desapercibido. Silver se aterra y corre a su lado.

— ¡Ya es hora! —ignora los llamados de Éter—. ¡Silver! ¡Tengo que perder a los que nos siguen!

—Tiene razón Silver —Hanber grita y pone en alerta a los maestros—, no seas grosera con Éter, ha hecho un gran trabajo hasta ahora.

Silver se queda inmóvil, escaneándole el rostro a ZD.

—Vuelve a nosotros ZD-354, te necesitamos en el presente. —pero ésta vez su voz no puede alcanzarlo.

Repite estas últimas palabras elevando la voz al ser apurada por sus compañeros.

— ¡Philos vayan ustedes primero! —Éter manipula la nave con elegancia.

— ¡Sabemos que estás preocupada Silver, pero tenemos que bajar! —le responde Hanber. Por su poca estatura y peso logra arrastrarse hasta llegar al lado de ZD.

—Tranquilo su majestad —levanta su rostro; sus ojos están blanquecidos— lo llevaremos al Nexo Lúmina y todo estará mejor, le prometo que podrá encontrar el propósito de su existencia.

Philos 3 toma por ambos brazos a ZD y con ayuda de Malin vi 2 saltan de la nave, Silver grita al errar su salto por no esperar que Éter de la vuelta de nuevo, cayendo directo al precipicio.

— ¡Silver! —Hanber observa la escena— ¡Éter tienes que regresar! —pero ella logra encajar las manos en la pared montañosa y escala con rapidez.

—Olvídalo, ella está bien —Éter corrobora girando el rostro por unos segundos—. Los dejaré cerca, prepárense —Malin vi 1 y Philos 2 se acercan a la puerta—. ¡Nos disparan! ¡Me acercaré lo más que pueda!

— ¡¿Qué pasará contigo Éter?! —Philos 1 analiza la situación—. ¡No te dejaremos!

—Tienen que irse, estaré con ustedes en cuanto pueda —dicho esto, los demás saltan, quedando cerca del resto de la sociedad robótica.

ZD se contorsiona y cae al suelo de manera extraña.

Se convulsiona de forma alarmante: sus componentes rechinan y su cabeza se mueve con rapidez de izquierda a derecha.

En el cielo se puede ver a Éter ascender y perderse de la vista, seguido por las dos aeronaves extranjeras.

—Esperemos aquí —anuncia Hanber—, prometió regresar, solo debemos ser pacientes.

—Solo cinco minutos —amenaza Silver—. ZD-354 está en malas condiciones.

Pasados un poco más de cinco minutos, Éter regresa y aterriza sin daños visibles en la nave, «sabe que la necesitarán para regresar a la gran ciudad o para abandonar el lugar con rapidez», al verlo llegar todos apresuran su andar.

—Silver —Éter sale del asiento de piloto, deteniéndola—, debes hablar conmigo.

— ¡¿Acaso no lo ves Éter?! ¡Me necesita! —da media vuelta, pero su voz insistente la llama de regreso.

Los maestros avanzan hacia ZD y con cuidado lo suben a la espalda de Hanber. Sin esperar órdenes de Éter, apresuran su paso olvidando escanear los alrededores para evitar ser atacados.

—No me tomará mucho tiempo, Silver —termina cediendo a la petición.

—Debes ser rápido o ellos lo llevarán por el camino contrario —Silver lo ve alejarse acompañado de sus maestros.

En la gran ciudad, Nina Rosemberg se enfrenta con la Directora Sannae.

Terminada la reunión para la presentación de ZD, la amabilidad de la Directora desaparece.

— ¿Por qué motivo nos visitas benefactora? ¿Tienes alguna solicitud que hacerme? —se levanta con tranquilidad de su amplio asiento rodeando a Nina como una serpiente asechando a su presa.

—Voy a demandar a Mirae Corporation —su voz tiembla un poco, pero se tranquiliza apretándose la pierna derecha.

— ¡¿Qué dices?! ¡No puedes… hacernos esto! —Sannae se calma a sí misma poniendo una mano sobre su pecho—. ¿Qué sucedió? Si me explicas estoy segura que podemos llegar a un acuerdo.

—Uno de tus empleados me defraudó, mi venganza es tomar cartas contra esta empresa —Sannae quiere replicar pero es interrumpida—. Perderé mucho dinero, por supuesto que lo sé, no soy tonta, pero mi dignidad está en primer lugar, así que no pienso dejar que nadie se burle de mí.

Smuel sonríe para sí mismo, en verdad desea con todas sus fuerzas ver caer a Samael y tener a Nina en su contra son puntos extras a su felicidad, pero en la ecuación hace falta una variable más: Darco Branda .

—Podemos solucionarlo —le endulza la voz—, dime qué exiges a cambio, no te negaré nada Nina —Sannae debe evitar a toda costa que la empresa sea demandada, eso perjudicaría para siempre la reputación de Mirae.

—Quiero al verdadero ZD-354, es el trato que hice con Samael, no pido nada más, si me lo entregas ahora, desistiré en mi demanda —Sannae se muerde el labio, no quiere entregarle a ZD, pero sabe que debe hacerlo—, de lo contrario, prepárate para enfrentarte ante mí, y sabes que soy un hueso muy duro de roer.

Nina se levanta con la frente en alto, le da la mano a Sannae, pero ella no la toma en un inicio.

—Te entregaré a ZD-354 tal como lo deseas, sígueme. Y tú —se dirige a Smuel—, vienes con nosotras, necesito a un testigo.

—A sus órdenes Directora Sannae —sin verla a los ojos palidece al recordar lo que pasó la última vez que vio a ZD.

Se dirigen al elevador, Smuel les da el paso a las damas, no se siente cómodo al ver a Nina a los ojos, pero se muere por hacerlo.

Siempre ha sido un hombre tímido, pero ha recordado lo mallugado que está su rostro, y se dio cuenta que Nina examina cada uno de los golpes que ha recibido por parte de sus dos verdugos, eso aniquila su deseo de ver sus hermosos ojos.

Una vez dentro del elevador, Nina se le acerca con sigilo y le susurra algo que lo deja pensando.

—“Deberías hablar de ello, tarde o temprano te harán algo peor y nadie podrá creerte, si deseas puedo darte mi apoyo, solo debes pedírmelo Doctor D’Amelio.”

—Hemos llegado —habla en voz alta, tembloroso.

El elevador se abre en los almacenes y Smuel se hace a un lado.

—Señoritas, después de ustedes —Nina le sonríe mientras que Sannae lo empuja para salir rápido del elevador, acción que no es ignorada.

—Smuel, quiero que busques al ZD-354 original.

El almacén está repleto de versiones de ZD, son casi doscientas copias, pero tienen algo en sus rostros que los hacen diferentes al auténtico: el cabello no es plateado, sino dorado, sus ojos son grisáceos y reflejan una expresión de seducción en cuanto uno se acerca a ellos.

Y un dato muy importante, su sistema es completamente diferente, ni Darco ni Samael lograron replicarlo en su totalidad, en su lugar diseñaron versiones ligeras de M33 pero con el rostro de ZD.

—Es un poco… tétrico —Nina se acerca a Sannae en busca de protección.

—No le harán daño Rosemberg —la Directora rueda los ojos y se aleja un poco.

Smuel busca en los datos del almacén al auténtico ZD, pero no está registrado.

—Señora Directora —con voz temblorosa se acerca—, me parece que ZD-354 ha sido excluido de ésta gama de ARM LOVE AI.

—No es posible —lo empuja hacia un lado—, él debe estar aquí. Darco Branda me… —se queda pasmada al atar cabos.

—Se lo dije Sannae, esos dos solo buscan su propio beneficio —Nina se cruza de brazos viendo lo nervioso que está Smuel, ahora lo ve con mayor curiosidad, tiene cierto encanto y no puede evitar recordar a Marcus, tienen cierto parecido en sus actitudes sumisas.

La Directora corre a la cabina de control y habla por las bocinas de Mirae Corporation para ser escuchada por toda la empresa.

—Darco Branda y Samael Garog, los quiero en los almacenes “1-D” ahora mismo —esperan las respuestas como es costumbre, pero solo hay silencio.

—Deme unos minutos, voy a averiguar lo que sucede —Smuel toca el comunicador que tiene en su muñeca.

— ¡Date prisa Smuel! —Sannae se cruza de brazos y observa a los ARM en fila listos para ser empaquetados.

—No entiendo por qué quieres a ese ARM, tiene muchos errores de fábrica —Sannae ve a Nina rasgando los ojos—, lo comprobé yo misma antes de que volviera a desaparecer, es un error.

Garog me dijo que esta versión, la que ves a fuera de esta cabina, es la correcta, no tiene fallas y cumple con su propósito.

—No pienso explicarte por qué deseo poseer a ese “error de fábrica” como te empeñas en llamarlo, si tantos problemas te genera entonces no te será difícil deshacerte de él.

—Doctor D’Amelio —del comunicador se escucha a Luna el ARM—. Los Doctores Darco Branda y Samael Garog salieron de las instalaciones hace más de media hora —Smuel se aclara la garganta y se acerca a la cabina de control.

—Directora, me han informado que se han ido… hace más de media hora.

— ¡No puede ser…! ¡Quiero que los encuentren ahora mismo! —Sannae sale disparada al frente golpeando el hombro de Nina.

—Directora Sannae, me temo que han desactivado su localización —anuncia Smuel completamente pálido.

—Y aquí no está ZD —Nina se soba el hombro—. Tienes el tiempo contado Sannae.

La sociedad robótica inicia su camino para encontrar el Nexo Lúmina.

— ¡Oigan, maestros! ¡Espérenme! —Silver corre para alcanzar a ZD que inconsciente yace en la amplia espalda de Hanber.

—Tar-Tardaste Shil-Silver —Malin vi 1 titubea—. ZD emp-empeora.