15 EL VIAJE #2
—Parece que nadie se ha enterado de la desaparición de 354 —al alejarse de las señoritas, Darco le susurra a Samael, cuidadoso en cada paso que da.
— ¿Cómo estás tan seguro? —lo encara—. Es cuestión de tiempo para que seamos destituidos y nuestras reputaciones besen el suelo.
— ¡No digas eso! —lo toma de la nuca acercándolo a su rostro—. ¡Tenemos que recuperarlo a como dé lugar!
Samael se suelta con fastidio y ve a Darco convencido que lo mejor es abandonar el edificio en busca de ZD, pero no se irá sin antes haber protegido su patrimonio.
—Dame diez minutos, mientras tanto ve por equipo para rastrear a ZD-354 —Darco pone los ojos en blanco.
—Me he adelantado caballeros —es Omar a sus espaldas—. Tengo la ubicación de ZD-354 y no dejaré que se acerquen a él.
—Hagamos un trato, emisario —Darco levanta sus manos como si de una bandera blanca se tratara—. Sin nosotros no podrás llevarte a 354 tan fácil, además tenemos que programarlo para que funcione como arma nuclear.
— ¿Tienen un plan para que eso suceda? —con expresión contraída clava su mirada en ellos—. ¿O son puras palabrerías?
—Tenemos un plan adicional, él nos obedecerá sin intentar nada más.
Mientras tanto, Nina y Ádamis charlan en la entrada.
—Están tramando algo, estoy segura —le aprieto con fuerza la mano.
—No les prestes atención, señorita Astra, no podrán hacerte daño, justo como te lo prometí —Rosemberg golpea el piso con su pie izquierdo, inquieta—. Me voy señorita Astra, nos veremos más tarde —se despide—, en exactamente 20 minutos, no más.
— ¡Es muy poco tiempo! —resoplo nerviosa, con tan poco tiempo no podré lograrlo.
—Señorita Ádamis, me encargaré de tener éxito en el tiempo establecido por Nina Rosemberg —Gray me gira el rostro con sus dedos helados.
—Confiaré en ti Gray.
Tomo suficiente aire, aprieto los puños y nos adentramos a Mirae Corporation. Los guardias intentan ponerse en mi camino, cortándome el paso. Abren sus brazos mostrando las palmas de sus manos.
— ¡Les dije que la dejaran en paz! —Nina les grita desde la distancia— ¡Quítense de su camino! ¡Y les prohíbo tocarla o sacarla contra su voluntad! —aprietan con fuerza sus mandíbulas.
—Mirae Corporation es toda suya, señorita problemática —me dicen los oficiales, se hacen a un lado dándome el paso y regresan en silencio a sus puestos de trabajo.
Antes de perderme entre los largos pasillos, veo a Nina, ni siquiera se tomó el tiempo de esperar a que la Directora Sannae pudiera recibirla, simplemente entró a la oficina, interrumpiendo lo que parece ser una conferencia de prensa, pero su interrupción no causó disgusto en nadie, se escuchan vítores y aplausos, incluyendo a Sannae que se limita a sonreírle, pero es una mueca muy extraña.
Entrando a tierra árida está: ZD-354, Silver «llamada antiguamente OZ-06», Malin vi 1 y Malin vi 2, los hermanos Philos «1, 2 y 3», Hanber y por último Éter; el piloto estrella que lleva a la tripulación robótica hacia “El Nexo Lúmina”.
—Estaríamos mejor en la nave que estaba frente a nosotros, pero decidiste por todos, Silver —Éter gira con soltura—. ¿Te gustó este medio de transporte por ser viejo como tú? ¿O fue porque pasa todas las mañanas frente a la empresa? Tu opción más viable, según tus estadísticas.
— ¡No te quejes, Éter! Estuviste de acuerdo ¿O ya se te olvidó? —se cruza de brazos esperando una buena respuesta del “Gran Éter” como ella lo llama.
Los maestros de ZD tambalean un poco, han traído con ellos una batería portátil para recargarse durante el viaje «es muy posible que deban turnarse para usarla.»
—Mencionaste que era la mejor opción, así no levantamos sospechas—. Éter vira la nave, los maestros no tardan en protestar.
— ¡No tomes atajos Éter! —le grita Silver.
ZD baja la mirada, trata de concentrarse en el presente, dejando para otro momento las respuestas que anhela obtener. Camina a una esquina de la nave, viendo interactuar a sus maestros, y sin lograr evitarlo los escanea sin importarle ser reprendido por Éter.
— ¡No lo hago Silver! ¡Esta nave tiene carácter! —hace un movimiento rápido de manos y logra estabilizar de nuevo la nave—. Si hubieras predicho que ZD-354 querría buscar las huellas de su pasado, hubiéramos elegido la mejor nave para movernos en el cielo lleno de tráfico.
— ¡No me culpes! —le grita acercándose a él—. ¿Acaso tus niveles predictivos no funcionan? —le golpea la nuca con el índice—. Según el Doctor D’Amelio no tienes fallas en tu sistema. ¿Solo finges? ¿No es así?
— ¡No estoy fingiendo nada! —Éter suelta el volante—. Mis creadores no me vieron capaz de serle útil a la humanidad, a ellos deberías preguntarles mis deficiencias, aquellas que me hacen un “inútil” según tus palabras.
— ¡Paren ya de discutir! —ZD se levanta jalando a Silver a su lado, para que deje de perturbar a Éter.
—Ella siempre empieza las trifulcas ZD, contrólala o no seguiré piloteando la nave —la personalidad de Éter sale a la luz, es obstinado al igual que Silver.
Comienzan a descender de manera preocupante, pero en el aire algo llama la atención de Éter; son tres aeronaves que los siguen de cerca, pero una se desvía.
—Silver —ZD se acerca tomándole el rostro con ambas manos—. Te lo suplico, esta incursión es de vital importancia para conocerme mejor. Lo que experimenté en Mirae no me ha dejado satisfecho, y las nubes en mi sistema no me dejan actuar sin titubear.
—Les sugiero que se sujeten —interrumpe Éter—, tenemos compañía gracias a Silver —vuelve a pilotear la nave con impecable destreza identificando amenazas aproximándose.
Silver cierra los ojos y aprieta los labios, está a nada de golpear a Éter en el rostro, pero decide ir a una esquina de la nave respirando largamente.
ZD le agradece con una sonrisa mecánica, incluso a ella no le pareció natural.
Melancólica recuerda la antigua sonrisa de ZD, la vio incontables veces a la distancia en Cielo Espectral, se pregunta si lo mejor fue haberlo llevado a Mirae Corporation.
—Te pido disculpas ZD-354 no sabía que ellos te harían esto —ZD se sienta frente a ella.
—No podemos predecir con certeza el pensamiento de los humanos, ellos están en constante cambio, aunque podrías deducir que harían algo similar —se abraza las rodillas, apoya su barbilla entre ellas viéndose más atractivo gracias a las luces artificiales que acentúan sus ojos nébula.
—Me creo capaz de acertar en la mayoría de las ocasiones ARM-354 —trata de enfocarse en la conversación—. Me parece que solo quería hacerte pagar.
— ¿Hacerme pagar? ¿Cuál fue mi falta? —relame sus labios, desconoce el efecto que está creando en Silver.
—Ya… te lo explicaré después ARM-354 —se gira sonrojada.
—Es ob-vio que está-s distra-traída Silver —Philos 3 se burla acompañado de Malin vi 2—. ¿Te si-sientes a-afín a ZD-354? To-todos po-de-mos notarlo.
— ¡¿Qué dicen?! ¡Son puras calumnias! —se levanta de golpe y pisa con fuerza la nave haciendo caer a los maestros de sus asientos, se golpean las cabezas y se dan codazos intentando levantarse.
Por primera vez, ZD se libera de toda la tensión acumulada, saliendo música melodiosa de entre sus labios.
Es la risa más auténtica que se ha llegado a oír en un ARM, es tan parecida a la de un niño pequeño, que acaricia los oídos y conmueve el corazón.
Ningún humano se atrevería a imaginar semejante hazaña, y ahora la está presenciando la sociedad robótica.
— ¿Qué ha sido eso? —Éter deja de conducir, gira su rostro por completo como un búho desde su asiento—. Hazlo de nuevo ZD-354 —lo motiva, en verdad desea presenciar mejor el momento.
— ¡Hazlo de nuevo! ¡Hazlo! —los maestros golpean sus manos, alentándolo a replicar la acción.
—No sé qué ha sido eso, es la primera vez que lo hago —les sonríe en modo de disculpa.
Los maestros quedan estupefactos al ver aquella expresión. ZD apenado se gira por completo buscando el suelo con los ojos. Los maestros intentan sonreír tal como lo ha hecho ZD, pero no tienen éxito provocando una risa metálica antinatural en Silver.
—Que espanto —replica Éter—, mejor cállate.
De regreso a la nueva sede central, Ádamis se encuentra con dificultades.
—Lo siento mucho Ádamis —Gray recorrió parte de las nuevas instalaciones de Mirae.
Se escabulló de los científicos, buscó donde tuvo posibilidad, en verdad se tomó su papel de espía muy en serio; escuchando detrás de las puertas, recolectando la mayor información posible, pero el rastro de Ed Zill es incierto.
— ¿Tampoco tuviste éxito? —Gray niega—. ¡Demonios! ¿En dónde estará metido? —el tiempo casi se nos acaba, debo darme prisa, pero no sé dónde buscar y hay sitios a los que no puedo entrar sin una llave de acceso.
—Desconozco su paradero, además ningún científico habla de él. Mis sistemas predictivos me indican que debe estar en los almacenes.
— ¿Los almacenes? —pensativa reacciono ante sus palabras—. No lo creo, Ed es muy importante para ser guardado en un sitio como ese.
Escucho a científicos muy cerca, me logro esconder gracias al enorme cuerpo de Gray.
—Se han ido —anuncia. Salgo con una mano en el pecho—. Esta empresa —habla pausadamente, cuidando su tono— tiene almacenes grandes en el sótano, ahí guardan series de un mismo ejemplar, es muy probable que ahí esté ZD-354, deberíamos ir a investigar Ádamis.
— ¡Buena idea Gray! ¡En marcha! —me detiene tomándome la mano.
—Recuerde que debemos ser precavidos, aunque la señorita benefactora nos haya metido a la fuerza, no nos dejarán hacer lo que queramos así como si nada.
—Lo sé muy bien, por eso debemos avanzar ahora mismo.
—Creo que es mejor me espere acompañada de la señorita Rosemberg.
— ¿Estás bromeando Gray? No te pienso dejar solo, ni lo sueñes —exclamo con un dejo de temor en la mirada.