Eta Carinae: Divergencia 15 EL VIAJE
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15 EL VIAJE

—E s el sitio correcto, Ádamis —Gray desciende la velocidad al ver a lo lejos un enorme edificio automatizado color violeta.

—Es… enorme, incluso más que la antigua sede central —me encojo en su espalda, sintiéndome insignificante—. Vayamos allá—asiente al recibir la orden.

Bajo de su espalda sin aliento y un poco adolorida.

—No sé cómo lo voy a encontrar —me toma unos segundos reaccionar.

Si Mirae Corporation se ha mudado a este sitio solo significa una cosa; ahora tienen más poder y recursos.

Será como buscar una aguja en un pajar.

— ¿A quién estamos buscando? —me aprieta la mano—. ¿Es aquel ARM que salió en la promoción?

Ese ARM que vi en el anuncio no es Ed Zill, debe ser un error o un juego sucio de Mirae, o tal vez sea una versión diferente, ahora que lo pienso, los ojos que vi en ese anuncio no reflejaban nada, solo vacío.

—Se llama Ed Zill, pero tú no lo puedes llamar así. ¿Me oyes?

— ¿Por qué no? —dice tensando la mirada.

—Solo yo puedo hacerlo. Su nombre comercial es ZD-354, pero ese no es su verdadero nombre.

—Entiendo, acepto su orden, no me atreveré nunca a llamarlo así sin su autorización.

Perfecto, parece haberme comprendido.

¿Ahora cómo voy a entrar a este lugar sin ser pateada como la última vez?

—Gray, debemos entrar —contengo la respiración—. ¿Qué información me puedes dar? ¿Puedes ver como es el interior? —frunce los labios, pensando—. ¿O puedes hackear el servidor de Mirae y ver los planos? Así sabremos en qué sala o estancia tienen a Ed.

—Lo lamento Ádamis, pero no puedo hacer ninguna de esas dos cosas.

— ¡¿Entonces de qué me sirves?! —lo empujo con ojos enrojecidos.

—Disculpe, no puedo hacer eso, no está permitido, es ilegal —intenta tomarme de la muñeca—. Lo que sí puedo hacer es entrar y buscar a su ARM perdido.

— ¿En verdad puedes hacerlo? —le aprieto el rostro sin creer en sus palabras. Me sonríe complacido al sentir mi tacto por primera vez.

—Eso no será necesario —le suelto la cara dando media vuelta al escuchar una voz familiar.

— ¡Es tan considerada! ¡No quiere que la señorita Astra sea herida! —un hombre bajito y de ojos caídos acompaña a esa imponente figura femenina.

No puede ser verdad, mi suerte es pésima.

—Eres tú — la última persona que quería ver en estos instantes, Nina Rosemberg.

—Hola señorita Astra — luce tan tranquila que nadie creería que detrás de ese perfecto rostro existe un demonio maligno listo para hacer travesuras.

— ¿Qué haces aquí? Oh… ya sé, vienes a recuperarlo —señalo a Gray.

—Se equivoca señorita Astra. No he venido por el LIA, estoy aquí por motivos personales — veo algo a través de su mirada, me parece que está furiosa.

—Qué bueno que no vienes por Gray, porque me va a ayudar a lograr mi propósito —murmuro.

—Lamento mucho haberme inmiscuido, no pretendía hacerlo, pero escuché un poco de su conversación —estoy empezando a sudar de la frente. Si ella sabe por qué estoy aquí hará lo imposible por vetarme.

Volteo con discreción y veo de reojo a Gray, le hago una seña con el dedo para que empiece a caminar, asiente y me obedece.

Ya no quiero hablar más con Nina.

Titubeando camino de espaldas agarrada de Gray, para él es confusa mi actitud protectora, pero no quiero que me entienda, no por ahora. Veo que algo le sucede, está confundido, es probable que sea mi culpa.

Aunque ni siquiera yo misma sé por qué trato de protegerlo de Nina, pero al verla aquí con un deseo «que puede ser similar al mío» no quiero dejar que aparte de mi lado a este ARM.

—No te asustes Astra —Rosemberg alarga su espalda—, te puedo ayudar a entrar, lo que hagas después no es asunto mío. ¿Qué decides? ¿Aceptas mi ayuda?

Sé perfectamente que si entro me sacarán enseguida, pero puede que al tomar su propuesta sea bueno para mí, pero me sigo preguntando si algo se trae entre manos.

— ¿Qué ganas ayudándome? —el temblor de mis manos alerta a Gray.

—Hacer pasar un mal rato a ésta empresa. He estado muy aburrida toda la mañana, esto servirá para mi deleite, además ambas ganamos —espera mi respuesta tardía—. Sé de buena fuente que has estado causando dificultades en las investigaciones, por consecuente el desarrollo de un prototipo especial.

—Tenemos un trato — no sabe nada de mi pasado, no debería atreverse a hablar sobre mi vida —, y para actualizarte, yo no he creado dificultades a esta empresa, ellos me han causado problemas y ahora estoy aquí para solucionarlo todo.

—No esperemos más, vamos.

Acompañada de Gray, Nina Rosemberg y su acompañante, entramos en las nuevas instalaciones de Mirae Corporation.

Como siempre a escasos segundos de entrar “Luna” y sus fastidiosos escáneres me identifican.

—Ádamis Astra, lamento informarle que ha sido registrada como una invitada peligrosa —anuncia Luna desde el techo tecnológico.

—Hola Luna —respondo de mala gana. Lo que dice no me sorprende, de hecho Darco y Samael se habían tardado en clasificarme como un peligro para esta empresa.

—No temas —Nina me aprieta el brazo y me acerca a ella con seguridad, qué incómodo —, nadie te sacará si te quedas conmigo.

—Espero que estés en lo correcto Rosemberg — su perfume es muy intenso, me revuelve el estómago, no es feo ni nauseabundo, solo no me agrada nada que tenga que ver con ella.

—“Perfil genético identificado: Ádamis Astra estudiante de medicina de la universidad Princenton. Residente de Cielo Espectral, hija de…”

— ¡Suficiente Luna! ¡No te permito escarbar en mi pasado! —señalo el techo donde siento que está, pero creo que me veo un poco ridícula.

Escucho pisadas acercarse a una velocidad peligrosa.

A la distancia veo a dos demonios con cuernos humeando, enseñando los dientes, amenazadores en mi dirección.

— ¡Ádamis Astra! ¡En verdad te tomaste tiempo en reaparecer! —Darco acelera el paso, no se ha dado cuenta de las personas que me acompañan.

— ¡Ya estamos cansados de tu inmunda presencia! —comparto ese sentimiento. Samael camina más rápido que Darco, levanta una mano para abofetearme. Antes de reaccionar Gray le detiene la mano en el aire, lo aprieta con tal fuerza que se dobla por la mitad.

—Me… lastimas, por favor… —exige ser liberado, pero Gray no lo obedece.

Nina se cruza de brazos y se apoya contra el recibidor. Su acompañante toma fotos del momento; es algo que no se repetirá de nuevo, todos lo sabemos y quiere asegurarse de tomar de distintos ángulos el dolor de Samael.

—Señorita Rosemberg —llama la atención de Darco, estaba a punto de vociferar palabrotas pero parece conocerlo—. ¿Deberíamos detenerlo?

—Marcus, señorita benefactora —Darco se acerca al notarlos—. ¿Qué están haciendo aquí?

—Oh… Darco Branda —Nina se aproxima y le extiende la mano pisando el dedo meñique de Samael—. Debo hablar con tu colega, Samael Garog pero lo veo muy ocupado con el LIA de la señorita Astra.

— ¡¿Ésta máquina le pertenece a ella?! —escupe las palabras—. ¿Cómo es posible? No tiene la solvencia económica para poseer a uno de estos.

—Es un obsequio que le dio una empresa reconocida.

—Es suficiente Gray, se está poniendo rojo —me obedece y suelta la mano de Samael.

—Le recomiendo no volver a intentar lastimar a mi señora, y mucho menos en mi presencia.

— ¡Ádamis Astra! —Darco me grita en el oído—. ¡Queremos que nos expliques qué tipo de relación tienes con la señorita benefactora! —ignora a Nina y se para a mi costado.

—No tengo por qué darles ningún tipo de explicación, no estoy aquí para charlar con ustedes —sentencio victoriosa—. Solicito ver a la Directora Sannae.

— ¿A Sannae? ¿Para qué quieres verla? —Samael recobra la postura—. No tienes nada que ver con ella.

—Se equivocan —no quiero darles demasiadas explicaciones, si llegan a sospechar mis verdaderas intenciones, mi oportunidad para llevarme a Ed se esfumará.

— ¡No nos engañas, Ádamis Astra! — Qué asco me escupió en la cara —. ¡Tú estás aquí para llevarte a ZD-354! —Darco levanta la voz ignorando las miradas curiosas de sus colegas.

— ¿Quién es esta campesina? —una mujer alargada con un gafete enorme en su pecho aparece. “Amanda Lorkis”, se detiene detrás de Samael—. ¡Sáquenla ahora mismo! —los guardias se acercan pero Nina los detiene levantando una mano.

— ¡No quiero que nadie se meta en esto! —Darco se gira para gritarle en el rostro a Amanda.

—Pe-Pero señor Branda, si le está causando problemas debemos sacarla de aquí.

—Retírense todos, déjenme hablar con ella —al escuchar su fría voz, se van uno por uno, ojeando de vez en cuando para asegurarse de la situación con la mayor certeza posible.

Imagino que harán de este el mejor chisme de todo su aburrido año. Los ojos presentes predicen un solo final, en esta ocasión, quieren llevarme con éxito a la prisión ilegal de Mirae, pero no piensan que Gray no los dejará.

—La Directora Sannae no estará dispuesta a recibirte y mucho menos a escuchar tus motivos y razones de visita —Samael se cubre con el cuerpo de Darco.

—Usted también debe irse señorita benefactora —Darco toma con brusquedad la muñeca de Nina—. Necesitamos privacidad para atender lo mejor posible a nuestra invitada no deseada.

—Ni lo sueñen —se zafa con un dolor punzante que recorre su brazo izquierdo—. Ella no ha venido a verlos a ustedes, sino a Sannae, al igual que yo, así que no irá a ningún otro lado.

Su acompañante se interpone entre Nina y Samael, por su parte Gray se mantiene alerta modificando su mirada para ser más intimidante: inclina la cara al frente, ladeando su rostro hacia la derecha, entrecierra los ojos dejando ver aquel brillo rojo artificial que le da vida de manera terrorífica, es la primera vez que lo veo así.

Darco da unos pasos hacia atrás aclarándose la garganta y aflojando el moño de su corbata. Da un giro en busca de la protección de Samael pero está algo retirado para ir en su rescate, él tiene su propio enfrentamiento contra el asistente y Nina.

—Ninguna de las dos podrá ver a la Directora —Darco se aleja de mí, pasa al lado de Samael jalando su bata, discreto, él lo mira confundido pero acude a su llamado desesperado, que irónico momento.

Ambos se adentran a las instalaciones dejándonos a solas.