13 EN VENTA #2
—Señorita, eso es jugar con fuego.
—Silencio Marcus, no dejaré que el insolente de Samael se salga con la suya.
— ¡Si hace eso podría perder mucho dinero! —se alerta, siempre muestra su preocupación por su jefa.
— ¡No me importa! ¡Puedo hacer más dinero si demuestro de lo que son capaces con tal de hacer crecer su fortuna! —Marcus niega frenéticamente—. ¡El desinterés que tienen por el dolor ajeno! ¡Aquel que le causaron a Ádamis Astra será mi carta en juego!
—Me iré para darle espacio y logre procesar toda esta información, señorita Rosemberg.
—Marcus tú no entiendes, envié a ese LIA a los brazos de la señorita Astra, para saber si con ella podría desarrollar esas emociones que ZD me mostró en varias ocasiones.
— ¿Él le habló sobre ella? —Marcus toma su Tab-Top con intención de tomar más anotaciones sobre ZD.
—Creo que se refería a ella, en varias ocasiones hablaba de una mujer y siempre que lo hacía se le iluminaban los ojos, los vi llenos de vida, no sabes cuánto quería conocerla.
Pero los resultados que tengo ante mis ojos son decepcionantes, me dicen que ella no fue un factor importante en aquel desarrollo, solo fue un desencadenante, termina siendo una cuestión única de ese ARM.
—La dejaré sola señorita, si me necesita estoy a un llamado.
— ¿No entiendes lo grande que es esto? —lo detiene encajándole las uñas en el brazo— ¿Sabes lo que pasará si replican a ZD-354 y sale al mercado?
Esto es peligroso —lo suelta al no tener respuesta y toma una decisión impulsiva—.
Veamos si con esto tampoco eres capaz de reaccionar Ádamis.
Debes dejar a ese LIA que entre a tu vida, de lo contrario te vas a arrepentir el resto de tu existencia.
En la pantalla flotante se ve a Ádamis a través de una ventana cerrada, su piel es más blanca y ahora tiene ojeras grandes, oscuras como dos grandes moretones.
—Sapphire te hablo desde Zafir Labs.
En la pantalla se ve un desenfoque de cuadro, el LIA busca a su alrededor tratando de localizar la fuente cercana que emite la voz.
Ésta es la primera vez que Nina o alguien en Zafir Labs se comunica con él de esta manera.
— ¿Quién llama? —Sapphire acciona sus patrones de defensa.
Nina ve como sus gráficos fluctúan; suben al color anaranjado.
—Soy Nina Rosemberg. ¿Me recuerdas? —se relaja al identificar su voz, reflejando su estado en los gráficos que vuelven al color verde.
—Señorita Nina —hace una reverencia—. Cómo podría olvidarla, usted me despertó junto con el señor Zafir. ¿Puedo ayudarla con algo?
—Por eso te llamo —chasquea la lengua impaciente.
—Estoy a sus órdenes —Sapphire se aleja de la casa de Ádamis al percatarse que lo ve con curiosidad.
—Debes prestar atención a cada paso que te indicaré.
— ¿Qué tramas ahora robot demoniaco? —me levanto con pesar de la cama.
Ya no quiero seguir llorando, imaginando lo que le pueden estar haciendo Darco y Samael. La última vez que estuve en Mirae lo estaban torturando… ¡No, Ádamis! ¡Aleja esos pensamientos ahora mismo!
Él debe estar bien, además me prometió que regresaría, me pidió esperar.
— ¿A dónde se ha ido? —no lo veo fuera de la casa, pero así está mejor, no quiero que me vea llorando o volverá a intentar enjuagarme las lágrimas.
Pero ahora que lo pienso, su molesta presencia le da un poco de paz a mi cabeza, tan solo por escasos segundos deja de ser un torbellino de preguntas sin respuestas…
Me pregunto si debo pasar más tiempo a su lado para dejar de sufrir así.
Pero mejor lo busco, la última vez que lo perdí de vista fue a causarles problemas a los vecinos, nos terminaron bañando en jitomates por su culpa.
Abro la ventana y lo veo a poca distancia de la entrada, asiente pausadamente, como si fuera una coreografía.
— ¿Qué haces? —le grito rompiendo el silencio—. Te vi hablando —me cruzo de brazos y lo veo con ojos entornados—. ¿Por fin te vas?
—Señorita Astra —gira para mirarme con propiedad—, no iré a ninguna parte.
— ¿Con quién hablabas? —ladea la cabeza, como si no me entendiera.
Definitivamente me está ocultando algo importante, pero no se lo dejaré pasar esta vez.
—Hablaba conmigo mismo, señorita —los grillos cantan sin cesar esta noche, los aborrezco tanto.
Sin falta, ni una sola noche hacen que me duela la cabeza con mayor intensidad, me irritan tanto.
No, ya no me gusta el sonido, cada coro es un taladro en mi cabeza, a este ritmo no tardaré mucho en tocarme la frente con dolor.
— ¿Son los grillos de nuevo? Me desharé de ellos, vaya a descansar —se acerca para examinarme mejor.
— ¡Si no hablabas con nadie entonces dime qué hacías! —le aviento la mano con asco—. ¡Es una orden! —es la primera vez que digo estas palabras.
Lo acepto, no me gustó y ahora me arrepiento.
—Estaba preparando un poema para usted, señorita, solo eso.
— ¡Te he dicho que pares con eso de los poemas! —me agarro con fuerza de la ventana—. ¡Todos los días es lo mismo…!
Empujo mi cuerpo adelante para que me escuche mejor, pero casi caigo del ventanal.
— ¡Señorita! —se acerca alarmado.
— ¡Ya no quiero recibir ni una más de tus flores azules, te lo advierto Gray!
Me alejo de la ventana y voy directo al ramo de flores que están en el vestíbulo, del pequeño florero las arranco con furia.
— ¡Maldición! —me lastimé con las espinas, pero debo ignorarlo y hacer lo que quería desde un inicio.
Camino totalmente corrompida por ideas negativas y le aviento las flores en el rostro.
—Señorita —se sacude los restos de pétalos del cuerpo— si no le gustan puedo traerle mejores, solo debe compartirme sus preferencias o si lo desea, puedo recabar información con sus conocidos y familiares.
—Que ni se te ocurra acercarte a ellos —sentencio—. Ya tuvimos suficiente de ustedes los ARM. Este pueblo no necesita… quiero decir; nunca los hemos necesitado y así será siempre.
—Lo lamento, pero está en un error, los ARM solo irán en expansión, las tecnologías avanzadas terminarán en todos los rincones del mundo, aunque muchos no estén de acuerdo. Eso ya es un hecho.
Aprieto los labios haciendo sobresalir mis mejillas, frunzo el entrecejo con fuerza.
— ¡Eres un metiche! —cierro la ventana con violencia, lastimándome las manos. Gray me hace una reverencia y se vuelve a apartar de la casa, regresando a según él, a su conversación consigo mismo.
Me despiertan los primeros rayos del sol y apenas había logrado conciliar el sueño.
Que decepción, siempre es lo mismo… me siento tan drenada, pero no puedo dejar de pensar en algo y no me deja de fastidiar; tengo el presentimiento de que Gray me está ocultando algo, pero no me preocuparé, él sabe que lo averiguaré tarde o temprano.
Y ya no me importará nada de lo que diga, no volveré a confiar en los ARM, no desde que Mirae Corporation me volvió a separar de él.
Querido Ed.
Tu carta sigue en mi memoria.
Prometiste regresar pronto, y que esta vez no me dejarías pasar ni un solo invierno en soledad.
Espero que te estés esforzando por regresar a mi lado, el invierno se está acercando y estoy perdiendo las esperanzas de ver tus ojos de nuevo.
Molesta me encamino a la entrada, tengo la seguridad de que Gray estará sentado en el suelo con los ojos cerrados, pretendiendo dormir, pero hoy no lo veo por ninguna parte.
—Espero que hayas regresado con tu auténtica dueña —con toda confianza y sobre todo, tranquilidad, salgo y me dirijo a la neblina, ignorando todo y a todos a mí alrededor—. Este sería nuestro hogar… —llego a la mansión que hizo para nosotros—, sin tu presencia todo esto se ve muy siniestro Ed Zill.
No puedo controlarlo, las lágrimas que he guardado celosamente para tu regreso se me escapan, el dolor es tan intenso que me duele el estómago.
Gota a gota caen, en fila, esperando su momento para ser libres de la dolorosa jaula en la que las había aprisionado.
—No lo soporto más… quiero verte Ed. Pero no sé dónde estás y no sé si podré alcanzarte hasta ese lugar. No quiero que la escena anterior se repita, el verte conectado a innumerables cables y deformado de manera grotesca, me partió el corazón de mil maneras, que no puedo explicar con palabras.
Me trago las lágrimas y me desquito gritándole a nuestro hogar.
— ¡Hasta para mí fue increíble haberme enamorado de un ARM! —me desahogo por primera vez—. ¡Siempre supe que era incorrecto dejarme llevar! ¡Lucius tiene razón! ¡Es inmoral… yo soy inmoral!
Caigo sobre mis rodillas dejando salir la voz sin pena. La presión en mi pecho me ahoga, es tan profundo, lo siento en cada fibra de mi cuerpo.
— ¡Ya no quiero que duela más! ¡Solo quiero que regreses a mí! No me importa si es incorrecto, para mí no hay nadie más.
—Querida niña —me sobresalto, una mano toca mi espalda, me incorporo con rapidez—. Sabía que no estaba alucinando.
—Ernesto —no quiero que me vea llorando, le doy la espalda unos segundos para limpiarme el rostro—. ¿Qué haces aquí? Está muy fría la mañana.
—No te preocupes por mí, eres tú quien me llena de tristeza estos días.
Resoplo viendo por la ventana, el campo apenas es bañado por unos rayos de sol.
— ¿Te lo dijo Samanta? —le grito sin reparo, sin medir mis palabras—. ¡Solo quiero que me dejen en paz! —demasiado tarde me doy cuenta lo que acabo de hacer.
—No la culpes, ella se preocupa por ti.
—Perdóname, pero ya estoy cansada de todo el mundo —intento pedir disculpas.
— ¿Le estás pidiendo a tu abuelo que te deje en paz? —me toma de las manos, dándome un pequeño beso en los nudillos—. Esas cosas nunca las hacen los abuelos, mi niña. No dejaré que te hundas otra vez en la oscuridad.
—Lo siento, no quiero herir tus sentimientos, es solo que ya no sé cómo lidiar con los míos.
—Siempre te has complicado, mi cielo —me acaricia el cabello y por primera vez noto una pesadez abandonar mi cuerpo.
—No entiendes, él me pidió que no hiciera nada, que me quedara aquí…
— ¿Y lo vas a escuchar? ¿Así de fácil te rindes? —niego mordiéndome el labio inferior.
—Entonces dime, pequeña ¿De qué te sirvió pelear por él la primera vez que esa empresa se lo llevó, si ahora te darás por vencida?