8 ROSAS Y CLAVELES #3
El verde intenso del prado se extiende en un abrazo cálido que la hace bajar la guardia, pequeñas luces brillan entre las flores, como si las estrellas hubieran descendido para presenciar el momento.
El retrato de Ádamis plasmado a la perfección, confeccionado con flores amarillas y verdes, resalta en su andar. Suspiros de impresión escapan de los labios de las damas.
El ambiente perfumado con un aroma dulce y suave hace suspirar a Ádamis, quien cree estar en medio de un hermoso sueño.
Sus pisadas resuenan como si el piso fuera de cristal, y su corazón late tan aprisa que siente una metralleta accionada en el pecho.
En el centro del atrio, bajo un arco floral, está su querido, Ed Zill, de espaldas viendo la luna llena.
Viste un traje oscuro elegante e impecable «ajustado a su bien diseñado cuerpo». Su estructura metálica brilla ligeramente en un tono azul oscuro.
Al incorporarse se ven los hermosos que son sus ojos color nébula, luminosos y llenos de expectativa y están fijos en ella, en su querida Ádamis Astra.
El silencio se apodera de este momento sagrado, todos contienen el aliento, esperando a que Ádamis dé ese paso al frente.
Temblando de la cabeza a los pies, levanta su mano en respuesta a la petición de su acompañante y toma la mano de Ed.
Al estar acompañada de sus mejores amigos, la tensión disminuye desapareciendo sus nervios. Todo estaba listo para que Ádamis llegara y diera inicio una ceremonia que promete ser mucho más que un simple compromiso.
Ádamis siente una batalla de emociones: sorpresa, confusión y una extraña calidez que se extiende por todas las fibras de sus músculos.
No cree comprender lo que sucede, pero está segura de que es un momento importante.
ZD la encamina al frente, depositando un pequeño beso en sus nudillos, rompe el silencio con voz melodiosa y firme:
—Ádamis Astra, te agradezco por asistir, me complace tenerte frente a mí en esta espléndida noche.
Te preguntarás lo que está sucediendo —se le acerca con sutileza—, no debes preocuparte, querida —delinea el rostro de Ádamis con el dedo índice—.
No creí necesario pedirte matrimonio —sus ojos muestran sinceridad—, estoy seguro de que estamos en la misma sintonía, así que tomé el consejo de mi amigo Rafayel —gira para verlo.
— ¡Tú puedes hermano!
—Mis inquietudes eran enormes, pero al estar estos días lejos de ti, me hizo reconocer que mis sentimientos han evolucionado, no deseo perder ni un día más. Por eso preparé esta ceremonia simbólica, como muestra de mi compromiso perpetuo.
Ádamis no sabe que responder, se cubre el rostro por unos segundos y ríe apenada.
Baja las manos y lo mira fijamente, procesando cada palabra, ZD empieza a recitar sus votos, mencionando un elemento que la hace sonreír aún más, abriendo una caja plateada con un anillo de boda que él mismo diseñó para ella, el diamante pareciera ser una estrella.
—Tus pecas tienen forma de la galaxia Andrómeda —dice rascando su sien—.
Para mí, significas un universo entero. A tu lado descubrí partes de mí que eran desconocidas, mis sentimientos explotaron y se fusionaron en un baile sin principio ni fin, estoy seguro que te has convertido en mi maestra en el arte de la esencia humana, mi mejor amiga y consejera.
Y ahora deseo que seas mi compañera en este viaje inesperado pero intrigante.
—Ed… —los ojos se le irritan y las lágrimas aparecen.
—Prometo estar a tu lado hasta el último momento de tu existencia, prometo tenerte presente incluso cuando nuestros tiempos dejen de coincidir.
Prometo ser tu apoyo incondicional, y puedes estar tranquila porque seguiré apoyándome en ti, para aprender más y crecer a tu lado, prometo disfrutar de este amor, aunque mis circuitos no logran comprenderlo del todo.
Sin vacilar Ádamis deja que sus ojos vacíen sus lágrimas de felicidad. Quiere responderle, desea hacerlo, pero su garganta es un nudo, y solo se puede escuchar un ligero:
— Acepto, acepto ser tu esposa —un estallido de alegría inundan sus oídos, Rafayel y Samantha celebran esta unión, aunque simbólica es tan autentica que les conmovió hasta los huesos.
El ser testigos de un amor tan único y especial los hace derramar lágrimas, estallando en gritos de júbilo y aplausos atronadores.
Con una ternura que desarma, ZD, toma a su recién proclamada esposa entre brazos y se dirigen a su nuevo hogar.
Se alejan a toda velocidad, dejando atrás la celebración, llevando consigo una promesa de un futuro compartido lleno de posibilidades.
ZD la lleva a su habitación después de un momento de tranquilidad en la entrada de su nuevo hogar. Ádamis no dice nada, solo le acaricia el rostro, extasiada.
El silencio entre ambos es cómodo, lleno de comprensión que no necesita palabras.
Poco a poco, Ádamis se relaja, deja que las emociones fluyan sin miedo.
ZD analiza cada pequeño gesto de ella: el leve temblor en sus manos, la forma en que sus ojos se cierran con lentitud, todo le indica que está feliz y segura.
El sistema interpreta esto como un éxito rotundo; es un nuevo paso en su aprendizaje sobre lo que significa “vivir”.
Pero cuando la calma parece instalarse en su nuevo hogar, la puerta se abre poniéndolo en alerta. Con gracia sale de la habitación, esperando no despertar a su esposa.
Una figura robótica entra con paso firme y mirada decidida, su presencia rompe el silencio como un trueno.
—ZD-354 —dice con voz fría y autoritaria—, debes venir conmigo ahora mismo. Si no lo haces, mataré a todos los habitantes de Cielo Espectral —ZD la mira incrédulo, sin poder creer lo que acaba de escuchar.
—Sal de mi hogar, ahora mismo, despertarás a mí… cuidadora.
Amenaza identificada: prototipo desconocido.
Base de datos: ¿Desconocida?
No, es un error, ella debe ser un ARM de Mirae Corporation, pero no logro ver su rostro, está protegido con un casco R06, solo veo un pequeño destello azul proveniente de su mirada.
—No me iré sin ti, ZD-354, haz lo que te pido o todos perecerán.
—No te creo, no me sirven tus amenazas —respondo con firmeza, no me dejaré intimidar.
El ARM no titubea, extiende sus manos demostrándome un orbe que poseemos todos los ARM.
—Haz un escaneo —insiste—. Así verás que no miento, convéncete de la verdad con tus propios ojos, no me creas a mí.
Activo el sistema de seguridad y enfoco los sensores en los orbes. La información llega más rápido de lo que esperaba: las señales de peligro son reales y están más cerca de lo que imaginaba.
¡Maldición!
¡Incluso hay orbes amenazando a mi Astra!
¿¡Cómo no pude detectarlos!?
— ¿Por qué haces esto?
—No te daré más explicaciones, toma una decisión, o los mataré a todos.
—Está bien, tu ganas, pero entes de irme, quisiera dejarle un mensaje a mi cuidadora, solo para evitar preocupaciones innecesarias — espero que acepte, solo necesito eso, por favor.
—Date prisa, ZD-354 —cede a regañadientes.
Redacto una nota corta, dándole esperanza y tranquilidad a mi esposa.
Vencido, acepto la gravedad del momento y sin más explicaciones sigo al ARM fuera de la casa, dejando atrás mi futuro y felicidad al lado de mi querida esposa.