8 ROSAS Y CLAVELES #2
Ahora mis niveles de tensión y amenaza bajaron hasta estabilizarse, me siento más tranquilo a pesar de encontrar éste sitio hecho pedazos.
¿A qué se debe?
Identifico huellas de zapatos que mi sistema está registrando, descarto como sospechosos a Rosell y a George. El tamaño no corresponde, las huellas del culpable, esas son más pequeñas, no parecen botas de trabajo, pero ahora debo enfocarme en dejar todo listo.
Tomo algunas flores del campo silvestre para reponer los arreglos, espero que la señorita Astra no lo encuentre como una molestia.
Pasado un tiempo terminamos las preparaciones, por supuesto que la cantidad de flores que tenemos ahora son las justas, pero la esencia de las anteriores aún perdura en el ambiente.
—Lo logramos — gracias a su ayuda el tiempo de trabajo se redujo, y no solo eso, tomé esta oportunidad para conocerlos mejor —. En verdad les agradezco, los arreglos quedaron perfectos.
—No te agobies ZD-354 la cita romántica será buena —George toma asiento en un tronco viejo y bebe de su garrafa.
—Debes irte, terminaremos de limpiar —Rosell toma un trago largo de agua y regresa a la limpieza.
—Les agradezco.
Me despido gentilmente y me voy en busca de Rafayel.
— ¡Rafayel! ¿Qué está sucediendo? —la voz entusiasmada de Samantha resuena en el viento, ya estoy cerca.
— ¡Vamos, amor mío! ¡Acompáñame a donde tuvimos nuestra primera cita! —los veo a la distancia, Rafayel tiene tomada la mano de Samantha y mi querida Astra acompaña al señor Ernesto.
—Disculpen la tardanza —me acerco intentando no romper el momento.
— ¡Pequeño ZD! ¡Qué alegría verte! —Ernesto se aproxima y me ofrece su mano, saludándome.
—El gusto es todo mío, señor Ernesto —le doy un ligero apretón de manos y lo ayudo a caminar tomando su brazo, siguiendo a los dos enamorados que se nos han adelantado.
— ¡Ed! ¡Se ven tan felices! —A mi izquierda Astra camina a mi lado, sus ojos brillan llenos de amor—. ¿Tuviste algún problema? tardaste en regresar y no supe como entretenerlos más, Rafayel me miraba mal, su impaciencia es enorme.
—Tuve algunos contratiempos, pero logré resolverlos gracias a buenos vecinos, ahora está todo listo —Astra se detiene viéndome extrañada, quiere toda la información. Al darme cuenta niego sigilosamente para no alertar a Ernesto, parece que me ha entendido, regresa a nuestro lado suspirando.
—Pequeño amigo. ¿Tú sabes lo que pasa? ¿Puedes decirnos un poco? — Ernesto es bastante impaciente como Rafayel.
—Abuelito —murmura Astra endulzando su voz—, no debemos poner en aprietos a nuestro buen amigo ZD —le guiña un ojo.
—Tienes razón, pequeña —me mira bajando sus cejas—. Perdóname ZD.
—No tiene por qué disculparse, todas sus dudas serán resueltas en unos instantes, bueno, aprovechando la ocasión, le puedo dar la experiencia completa.
— ¿La que me dijiste el otro día? —recuerda emocionado—. ¡Me encanta!
Lo subo a mi espalda con cuidado, no quiero herirlo bajo ninguna circunstancia.
— ¿Qué haces? ¿Por qué haces esto?
— ¿Me esperarías aquí?, no tardaré demasiado querida Astra—al escucharme se queda muda por unos segundos.
—Cla-claro que sí, Ed, no te preocupes. Aquí estaré —le acaricio la mejilla que pronto se torna rojiza.
—Sí está listo, Ernesto, iré hacia delante —el abuelo asiente, aferrándose con fuerza a mi cuello.
Veo a Astra una vez más y corro hacia delante, dejando que el señor que cargo en mi espalda disfrute de todas estas sensaciones, que hasta ahora, solo la señorita Astra había experimentado a mi lado.
Al bajar la velocidad el señor Ernesto no podría estar más contento. Samantha y Rafayel ya están aquí, debo apurarme, su propuesta está a punto de suceder y la señorita Astra falta aquí.
— ¿Abuelo? ¿ZD? ¿Qué hacen aquí? ¿Qué está pasando? —Samantha se aleja de Rafayel y toma de las manos a su abuelo, ayudándolo a tomar asiento cerca de la fuente adornada con sus rosas favoritas «las rojas».
—Sus dudas serán despejadas en cuanto un invitado más se una a nuestra pequeña reunión, señorita Samantha Venois —está confundida, pero emocionada.
Parece que las mujeres son más perspicaces que los hombres, mi análisis indica que intuye lo que está a punto de suceder.
Me apresuro a llegar al lado de Astra, me detengo a dos metros de distancia para apreciarla mejor.
Aunque he conocido mujeres de alta sociedad con una belleza atrapante, la señorita Astra me deslumbra, ahora entiendo que no existe mayor representación de la belleza humana para mí.
Pero me sigo preguntando a qué se debe mi atracción por ella, es algo que aún no logro comprender al cien por ciento.
—Querida Astra —camino en su dirección.
—Ed, has vuelto. ¿Cómo va todo por allá? —quiero acercarme más, quiero romper esa delgada línea, ese escudo invisible que me impide conocer esa sensación… no, aún no es el momento, debo contenerme.
—Debemos apresurarnos, sucederá pronto. Toma mi cuello con tus brazos.
La tomo de la cintura y la acerco con fuerza, deja escapar un suspiro de sorpresa.
—Sí, justo así, señorita Astra —levanto sus piernas en el aire, la veo a escasos centímetros, huele muy bien, como siempre—. Espero que estés lista, tomaremos un poco de velocidad, trata de no asustarte.
—Nada de lo que hagas me asusta, Ed. Adelante —me besa el cuello antes de emprender el camino. La sensación me causa un cosquilleo en todo el cuerpo, carraspeo un poco y sonrío complacido por su gesto.
— ¿Ádamis?, por favor, que alguien me diga qué está sucediendo —llegamos justo a tiempo, Astra se arregla su cabello corriendo para consolar a su amiga.
—Nada malo sucede. ¡Solo ve a tu alrededor Samantha! ¡Son tus flores favoritas!
— ¿Acaso él…?
—Samantha Venois —llama Rafayel con la voz más seria que le he escuchado, Astra viene a mi lado.
—El haberte conocido me trajo días de enfermedad por haber comido estiércol, pero no te culpo, me diste noches de insomnio al ver tu rostro dibujado en la luna, pero no te culpo.
— ¿Qué estás haciendo? Es vergonzoso —Rafa la hace callar con el dedo índice.
—El haberte conocido me dio días largos y pensamientos caóticos cuando no te veía, pero en verdad no te culpo, me culpo a mí mismo por haberme enamorado de una niña tan increíble como lo eres.
No solo curaste mi desobediencia, me hiciste abandonar la soledad que había tejido sus telarañas en mi corazón.
No lograba diferenciar las cosas bonitas de las feas, los colores, los patrones, para mí todo era igual, pero fue tu mano que me empezó a guiar por este mundo, me hizo ver lo hermosos que podemos ser.
—Rafayel…
—Mi amor por ti es tan grande, que no soporto ni un día más sin verte, quisiera tener el honor de despertar a tu lado hasta el último día de nuestras vidas. Te amo tanto que soportaría mil tempestades para estar junto a ti, mi afición por ti es tan grande que podría enloquecer si te alejas.
—Nunca me alejaré de ti, Rafayel, te amo y siempre te voy a amar.
—En ese caso… nuestros sentimientos son los mismos. ¿No es así?
— ¡Claro que sí! ¡Frente a mi familia y… amigos, te lo digo! ¡Te amo Rafayel! —se arrodilla frente a ella, pregunta con su voz llena de amor y sinceridad.
— ¿Te casarías conmigo? tendremos la familia más grande o la más pequeña que quieras —le regala una sonrisa llena de amor y lealtad.
— ¡Sí! ¡Sí quiero casarme contigo! —explotando su alegría, Samantha se lanza sobre Rafayel, entrelazan las manos viéndolas fijamente con ojos llenos de lágrimas de felicidad.
Con delicadeza Rafayel toma la pequeña barbilla de Samantha, eleva su rostro, dejando rodar las lágrimas. Las captura con agilidad entre sus labios, dejando pequeños rastros de besos en una muestra de amor puro.
Sus manos juegan nerviosamente, como si no se conocieran, los ojos se desvían en un intento por mantener la cordura, no dan paso a la timidez que los invade. Los labios se entreabren y se juntan creando un pacto silencioso lleno de dulzura y promesas.
Permanezco en silencio al lado de la señorita Astra, apreciando la hermosa escena. Buscamos por instinto nuestras miradas y sonreímos de oreja a oreja, somos conscientes que estamos presenciando algo especial.
Entonces notamos algo extraño; un grupo de mariposas azules revolotea a nuestro alrededor.
— ¡Bravo! ¡Bravo Rafayel! ¡Es una buena señal! ¡Han sido bendecidos por la madre naturaleza! ¡Serán felices en su matrimonio! —Ernesto se levanta llorando y abraza a su nieta.
La suave brisa mueve los arreglos de flores coloridas, mientras las mariposas danzan entre los rayos cálidos del sol.
El sistema registra cada detalle; el vibrar del aire, la luz filtrándose entre las hojas y el suave murmullo de las risas lejanas. Pero más allá de eso, siento algo nuevo, una emoción profunda que no puedo explicar con simples datos.
Astra toma mi mano, ahora estoy más seguro de mis pensamientos y la decisión que tomé. Ádamis Astra me acepta sin importar si soy un ARM y yo la acepto con su naturaleza humana… imperfecta.
Llegada la noche Ádamis está dispuesta a tomar una siesta, se ve el reflejo del cansancio en su mirada por las emociones acumuladas del día. Pero Samantha llega, le pide que se bañe y se arregle. Ádamis no comprende lo que sucede, pero le hace caso sin reclamarle demasiado.
Al salir de la ducha, Samantha le da un vestido fresco, blanco y lleno de flores bordadas. Con una extraña rapidez le hace el maquillaje resaltando sus atributos naturales y se dirigen a la salida de la casa, adentrándose a la oscuridad de la noche.
Las chicas caminan por un sendero iluminado con arreglos florales de luciérnagas, pétalos de rosas vuelan hacia ellas dándoles la bienvenida.
El aire fresco de la noche les acaricia los rostros, mientras en silencio avanzan, sin conocer que al final del camino alguien espera con agonía su presencia.
Al llegar al final del sendero, las luces dispersas dejan de cautivar su mirada. Un atrio amplio y delicadamente adornado con claveles blancos es el que demanda completa atención, de él cuelgan guirnaldas y ramos hermosos.