Eta Carinae: Divergencia 8 ROSAS Y CLAVELES
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8 ROSAS Y CLAVELES

— ¿Tenemos un acuerdo? —completamente sudado, Rafayel no para de temblar.

—Por supuesto —palmeo su hombro frotándome inconscientemente la sien—. Tu propuesta de matrimonio será especial como lo deseas, no te preocupes, hermano.

Días atrás Rafayel se sinceró conmigo; no quiere seguir lejos ni un día más de su adorada Samantha. Le ofrecí mi ayuda en la planificación de su propuesta que será muy pronto.

— ¿Ya tienes las flores? —con la vista fija en él, asiento lentamente. Recolecté las suficientes, el aroma de las rosas aún permanece en mi nariz.

—Tengo las necesarias para recrear el ambiente que tienes en mente —me le acerco rascando un poco mi nariz—. Tranquiliza tus nervios hermano, todo saldrá justo como lo tienes planeado —se tambalea ante mi gesto amistoso.

— ¡Eso me hace recordar…! ¡ZD!, ¿Qué hay de aquél asunto? ¿Todo va en orden o necesitas mi ayuda?

Rafayel se ve tan pequeño frente a mí, me provoca ternura.

¿Se verá más pequeño cuando se convierta en un anciano?

—Todo en orden, por el momento no necesito asistencia. Solo le daré un par de instrucciones a Samantha, ella colaborará con mi misión —nos adentramos a su hogar.

Rafayel no deja de suspirar lleno de regocijo.

—No puedo callarlo más —trota delante de mí como un niño pequeño.

— ¿El qué?

—He notado tu cercanía con Ádamis, se ve plena a tu lado —asiento complacido por sus palabras—. Siendo conscientes que el bastardo de su ex vive en éste lugar, Ádamis no se ve para nada inquieta y todo gracias a ti.

Rafayel tiene razón, hace días que ese hombre ha estado apareciendo “repentinamente” en la vida de la señorita Astra. Día a día surge en la puerta de su hogar, llevándole melocotones frescos «siempre los recibo yo».

Durante las tardes la señorita Astra acompaña a Rafayel y Samantha a las cosechas, para asegurarse que todo sigue en orden, y es más que seguro que él estará esperándola con una sonrisa enorme en su alargado y demacrado rostro.

Para su desdicha, siempre que intenta acercarse a mi querida Astra, es ignorado, y cuando que trata de tocarle las manos o los hombros, mi querida se gira sin demora alguna, pero no pierde la esperanza de acercarse de nuevo a ella.

Admito que comienza a molestarme un poco, pero admiro su perseverancia.

—No he hecho nada para manipular el estado de ánimo de la señorita Astra —me mira ceñudo—. De lo que sí estoy seguro, es que ella es feliz a mi lado.

— ¡Claro que es feliz contigo! Eres una compañía increíble, cualquier mujer enloquece al tenerte cerca, y sabes, si no tuvieras esas partes robotizadas pasarías fácilmente como un humano y nos quitarías a todas nuestras mujeres —suelta una risotada contagiosa.

—Eso me recuerda algo Rafayel —me detengo al ver mi apariencia.

— ¿Qué sucede?

—Necesito un atuendo acorde al evento, algo especial —me mira travieso, espero que no haya sido mala idea hablarle de mi problema.

—Por supuesto, todo lo que necesites. Te llevaré con Gretell, esa mujer es especialista en vestimenta formal.

—Vayamos.

A la mañana siguiente, llevo a Rafayel justo al lugar que verá realizado su mayor anhelo.

— ¡Es perfecto ZD! ¡Todo está justo como te lo pedí! — Hoy es el gran día.

—Me alegra saberlo Rafayel Santana. Y si puedo darte un consejo, considero un gran detalle le obsequies el desayuno a Samantha.

— ¡Buena idea! ¡Por qué no se me ocurrió antes! —se va directo a casa de Samantha, corre alegremente tropezando cada tres pasos.

—Sí hermano, todos nos preguntamos lo mismo.

De regreso a casa de la señorita Astra, noto en mi núcleo un cosquilleo, ahora lo identifico como “expectativa”.

Espero que Astra le haya guardado el secreto a su mejor amiga.

Estuve regresando a casa muy tarde porque me ocupé fabricando ciertos elementos para la propuesta de Rafayel, y también…

en algo más. No pude evitar contarle la verdad a la señorita Astra; para evitar malos entendidos entre nosotros.

Todavía recuerdo su rostro lleno de felicidad, ahora me pregunto qué clase de expresión tendrá cuando vea todo lo que he preparado para éste día.

Al llegar la veo lista para reunirse con sus amigos.

—Todo en orden, Ed Zill, vayamos al sitio que estuviste preparando todos estos días —se abalanza sobre mí, colgándose de mi cuello. Admito que me sorprendió un poco—. No sabes lo mucho que te he extrañado.

—Mi querida Astra, todos los días han sido extrañamente largos, puedo decir que un poco extenuantes, pero al ver lo apacible que es su sueño y lo adorable que luce acurrucada a mi lado, me dio la energía suficiente para completar mis tareas.

No le he contado que en este tiempo también ayudé a sus vecinos, sé bien que le molestará si le digo.

He intentado que cambien su perspectiva de mí, pero siguen habiendo personas que me ven con malos ojos, hasta me han arrojado piedras para alejarme de sus hogares y sus familias, pero no deseo que se entere de nada de esto, no quiero modificar su estado de paz.

—Eso significa que también me has extrañado, Ed —intenta besarme la mejilla pero se aleja con ojos entrecerrados y una sonrisa tímida—. Espero que me compenses por el tiempo que perdimos juntos.

—Esas son mis intenciones señorita Astra — avanzo unos pasos acortando la distancia, le giro el rostro para apreciar mejor sus ojos y compartir el mismo aire —.

Pero antes de llevarla a un sitio especial, debemos visitar a nuestros amigos —me separo abruptamente, dándole ligeramente la espalda.

Veo de reojo su reacción, soy totalmente consciente de las emociones intensas que le causo.

—E-Entiendo Ed, vam-vámonos —salimos de su casa con las manos entrelazadas, y ya no puedo evitar darme cuenta de la cantidad de miradas que se posan sobre nosotros, ahora son más, me generan molestia.

Antes no era un dato relevante para mí, solo tengo ojos para la señorita Astra, pero desde que he pasado días lejos de ella, este comportamiento grupal me resulta insoportable, la violencia es un patrón que he tenido que eliminar de mi sistema con frecuencia.

Nos detenemos a un metro de la casa de Samantha, algo en mi pecho me da un ligero toque de electricidad, deben ser ellos, son bastante persistentes. Trato de no moverme pero Astra lo nota.

— ¿Sucede algo? — si me muevo ahora tal vez sea visible un pequeño destello de electricidad en mi cuerpo, no quiero que lo note.

—No, nada sucede — me pregunto cuál es el error en mi sistema de sigilo. Todo funcionaba correctamente, hasta creí poder controlar los llamados de Mirae Corporation a mi antojo, parece que han hecho algo para llamar mi atención.

— ¿Te parece bien si voy a ver a Sam y tú con Rafa? —niego evitando su mirada.

—Rafayel está con ella ahora, deben estar desayunando —suelto su mano, la veo confundida, entrecierra los ojos, analiza mis movimientos con lupa.

No dejaré que Mirae Corporation me controle más, estoy cansándome de ellos.

Me arriesgo al dar unos pasos al frente, el cosquilleo no cede pero decido ignorarlo.

—Les daré unos momentos a solas, iré a asegurarme que todo esté en orden para la propuesta —juego con su cabello alborotándolo intencionalmente, Astra se molesta un poco y lo acomoda de nuevo, pero su disgusto dura poco, sabe que estoy siendo amistoso con ella.

—Está bien Ed Zill.

La veo caminar hacia la puerta de Samantha, girando su rostro hacia mí.

— ¿Nos vemos más tarde, bien?

—Será todo un gusto, señorita Astra —me manda un beso con las mejillas coloradas.

Me apresuro a llegar al sitio donde estaremos celebrando al anochecer, mi disgusto es superior a lo calificado para un ARM como yo.

— ¡No! —grito al ver flores y arreglos en forma de luciérnagas rotos en la entrada del atrio. Me habían quedado perfectos. ¿Quién pudo haberlo hecho?

—Es una lástima ZD-354 —la voz de un hombre me sobresalta, giro rápido entrando en modo alerta, sin ser demasiado obvio.

— ¿Señor George?, ¿Rosell?, ¿Qué están haciendo aquí?, ¿Saben qué ocurrió en éste lugar? —son los que me atacaron con jitomates en casa de Astra. Espero que no estén involucrados en esto, no sabré cómo reaccionar.

—Estábamos de paso, ¿No es así Rosell? —el anciano se gira para mirar a su nieto… Identifico complicidad .

— ¡Oh, sí! Ruidos, eso escuchamos, queríamos averiguar qué sucedía —desconfío de sus palabras, ambos tienen las manos lastimadas y sus ropas de campo sucias, embarradas de lodo.

No, no debo dejarme llevar por esta impresión, ellos son campesinos, es posible que estuvieran trabajando y esto solo sea una coincidencia.

— ¿Lograron ver a alguien o algo sospechoso? —comparten miradas por unos segundos para dirigir sus ojos hacia mí.

—No, en verdad lo sentimos —responden al unísono. Suspiro decepcionado—. Pero podemos ayudarte a reparar todo —salen detrás de los arbustos.

Por respeto, doy un par de pasos hacia atrás, sé que les incomoda mi presencia.

—No es necesario, lo repararé en unos instantes. Esto no me genera ningún retraso, pero agradezco el apoyo —se detienen al escuchar mis palabras, Rosell niega riendo con ligereza.

—No seas necio ZD-354 déjanos ayudarte —con los rasgos suavizados, Rosell muestra los dientes en una sonrisa amistosa que toca sus ojos; es auténtica.

—Podré ser viejo, pero antes fui un gran florista y mi nieto seguirá mi camino —se dirigen a su equipo de campo que está un poco cerca de nosotros, con palas recogen las flores y arreglos rotos.

—Les agradezco —hago una reverencia.

—Te lo debemos, después de haberte llenado la cara de tomates —se disculpa Rosell evitando mi mirada.

—Ni lo mencionen —me adelanto a levantar los arreglos más pesados para ellos «una pared de flores y el retrato de aquella hermosa mujer».

—Mi nieto te ha estado viendo, me preguntaba por qué ponías tanto empeño, haciendo y deshaciendo arreglos para lo que parece ser una cita romántica.

—Es un detalle que deseaba realizar —no revelo demasiada información, no confío demasiado en ellos.

En silencio continuamos arreglando todo el escenario principal.