6 SALVAGUARDAS NEUTRALIZADAS #4
Estoy impactado; algunos de estos rostros los reconozco, he estado en sus hogares, les he ayudado en sus cosechas, me agradecieron con sonrisas enormes que ahora son reemplazadas con miradas enfurecidas.
— ¡Fuera de aquí! ¡Fuera! —claman al unísono, un coro que resuena en mi pecho y me causa vacío y desconfianza.
— ¿Por qué quieren que me vaya ahora? ¿Es porque ya no me necesitan? — les digo sin pensar con un nudo en el pecho que solo crece y me hace sentir en ebullición.
— ¡Tú nunca nos ayudaste! —la mirada de Rosell es oscura, como un cuchillo afilado.
— ¡En nada!
Puedo sentir como la saliva del anciano George cae sobre mi cabello plateado, me produce una mezcla de rabia y tristeza que debo reprimir con esfuerzo.
—Los humanos olvidan las cosas buenas que se hacen por ellos —digo con más fuerza, dejando que mis palabras resuenen en el aire, intentando que todos me escuchen. Quiero sacarlos de aquí, pero prometí no usar la fuerza.
Para no afectar mi perspectiva del lugar y sus pobladores, no registraré ninguna emoción que acabo de experimentar.
— ¿Qué sucede? —la señorita Astra ha vuelto y su presencia es lo único que me importa.
Quiero necesidad de recabar la información que compartió hace unos momentos con Lucius Reid.
— ¿Ed Zill? ¿Qué te pasó?, ¿Ellos te hicieron esto? ¡Díganme qué están haciendo ahora mismo! —Astra se ve perturbada por la cantidad de vecinos que están frente a su puerta, su voz tiembla con ansiedad. Debo calmarla.
—No se preocupe, señorita Astra, no me han hecho daño, solo están nerviosos —le respondo, aunque sé que no se dirige a mí, aun así mis palabras intentan calmar tanto a ella como a la multitud.
— ¡No estamos nerviosos! —la señora Victorina avanza con paso decidido con voz firme.
— ¡Queremos que se vaya de Cielo Espectral! —con los rostros llenos de determinación los hermanos le gritan.
— ¡Sabemos lo que le hizo a Lucius! ¡Lo hirió de muerte! —Victorina miente… ¿Pero por qué lo hace?
Un escalofrío recorre mi espalda al escuchar estas palabras.
— ¿De muerte? —Astra entorna los ojos, su rostro comienza a tomar un color carmesí—. ¡Más les vale estar bromeando! ¡ZD-354 no es un peligro para ninguno de ustedes! —se gira y limpia mi rostro con su ropa, un gesto que me toca profundamente.
Quiero detenerla, pero no lo logro, veo lágrimas en sus ojos.
Algo en mí se acciona, una chispa que no puedo ignorar.
Quiero gritarles.
Quiero que se vayan y nos dejen en paz.
—Ádamis dice la verdad —todos giran para ver a Lucius que acaba de entrar, su presencia cambia el aire en la sala, identifico algo en su mirada.
Espero que no intente molestarla más.
Ya me está siendo complicado controlarme, no quiero decepcionar a la señorita Astra, no de nuevo, y con él aquí todo se me complica.
— ¡Quiero que sepan que…él —me señala— ZD-354 no es como ustedes creen que es! —su voz resuena en el aire tenso.
— ¡Pero él te lastimó! ¡Mis hijos lo vieron y escucharon como gritabas!, ¡Además dijo que Ádamis es de su propiedad! —la señora Victorina no se da por vencida.
Estoy empezando a detestar a estas personas.
—ZD-354 actuó bien, yo quería llevarme a Ádamis a la fuerza, pero me hizo entrar en razón, ni mis actitudes, ni mis palabras fueron las mejores para expresarme. Frente a todos te pido una disculpa ZD-354 y gracias por hacerme recapacitar —las palabras de Lucius caen como un eco en el silencio.
No le creo nada, pero la señora Victorina sí lo hace, enternecida cruza sus manos mientras suspira.
— ¿Lucius? —Astra deja caer sus manos.
No le crea señorita Astra, algo me dice que está mintiendo.
—Nunca me imaginé pidiendo disculpas y mucho menos agradeciéndole algo a una máquina, tal parece que podemos aprender de nuestras propias creaciones.
Las palabras son arrancadas de las bocas de todos los presentes, pero siguen viéndome tentadoramente con sus jitomates en las manos, listos para arrojarlos de nuevo. No los dejaré humillarme de nuevo, menos en presencia de mi querida Astra.
—Acepto tus disculpas, Lucius Reid —actúo sin esperar más tiempo. Mi voz resuena con firmeza, aunque mi núcleo late acelerado por la presión del momento y sobre todo por sus últimas palabras.
— ¡No podemos confiar en él! —grita uno de los hermanos desatando murmullos entre los demás. Justo la reacción que esperaba, algo que me obligue a actuar para sacarlos de aquí.
MENSAJE DEL SISTEMA: Eliminar amenazas.
—Nos vamos, ZD-354, perdónanos por lo que hicimos —Victorina y todos se alejan, dejándome a solas con la señorita Astra, quien no se contiene más, azota la puerta colocando el seguro, se gira, con lágrimas enormes brotando de sus ojos.
MENSAJE DEL SISTEMA: Crisis evitada.
— ¿Por qué? —habla sollozando—. ¿Por qué no pueden ver tu verdadero ser?
Su dolor me atraviesa como una flecha afilada, el calor que antes se expandía en mis circuitos se disuelve, justo como si alguien me hubiera echado un balde de agua.
Me preocupa el estado de estrés de la señorita Astra.
Me acerco lento, con la esperanza de encontrar las palabras adecuadas para consolarla.
—Mi querida Astra, le prometo —respondo con firmeza— que daré todo de mí para demostrarles mi verdadera esencia.