6 SALVAGUARDAS NEUTRALIZADAS #3
—Debemos hablar, a solas —Lucius me señala con la mirada.
—Señorita Astra si no quiere hablar con él, me complacería indicarle la salida.
—Está bien ZD, solo será esta vez —da media vuelta para verlo frente a frente—. Hablemos afuera.
—Mejor dile a la máquina que espere afuera, ésta es tu casa.
—No Lucius, afuera es mejor. ZD espéranos aquí y no nos espíes.
—No me atrevería, señorita.
Los veo irse lo más lejos posible. Astra gira varias veces para asegurarse que sigo en la posición que me ordenó.
No quiero verlos charlar y mucho menos tomarse de la mano o algo peor, lo mejor es esperarla sentado en su sillón.
A medida que los minutos pasan, una confusión de emociones me atacan. Me pregunto si esta intensidad es a lo que los humanos consideran “ celos ”.
Es curioso, no había sentido algo tan abrumador: mis circuitos parecen vibrar con una mezcla de inquietud y ansiedad.
La idea de verla prestándole atención a alguien más me provoca un malestar inexplicable.
Análisis situacional: la señorita Astra es libre de elegir a quienes desee tener a su lado, pero no dejo de cuestionar mi lugar en su vida.
Un tirón interno, como si algo adentro de mí estuviera en conflicto aparece. No lo niego, en verdad deseo que sea feliz y disfrute de la compañía de otros, pero quisiera ser el único ser especial en su vida .
Mientras espero, proceso estos nuevos datos emocionales:
¿Son los celos una manifestación de inseguridad?
Resultados de análisis:
Para comprender mejor ésta situación, proceso éste nuevo sentimiento como parte del espectro emocional del ser humano.
Si logro enfrentar ésta batalla silenciosa, lograré aprender algo valioso de mí mismo.
— ¿Qué pretendes Lucius? —mantengo la distancia, no quiero que Ed nos vea y malinterprete las cosas.
—Han pasado años desde la última vez que estuvimos juntos, en aquel observatorio donde nos hicimos una promesa.
— ¿Por qué mencionar eso ahora?
—Repito constantemente ese recuerdo, mucho más de lo que te imaginas —quiere acercarse pero lo aparto sin piedad.
—Lo que yo no he olvidado es cuando me rompiste el corazón.
—Y te pedí disculpas por eso, cariño —se atreve a llamarme así después de haberme insultado de mil formas.
¡Es inconcebible!
— ¡N-no me digas así, n-no tienes derecho!
—Me arrepiento de haber escuchado a los demás, dudé de ti, y sobre todo de tu amor, perdóname.
—Te dijeron que yo era una mujerzuela y les creíste, que te engañé con uno de tus amigos y me dijiste cosas horribles que nunca olvidaré.
—He cambiado, estoy arrepentido por todas esas cosas que te dije —me suelto de su agarre con cierta consideración.
—Si es verdad que has cambiado, no necesitas decirlo, eso sale a relucir, y te voy a pedir una cosa, no molestes a ZD-354 no me gusta la forma en la que lo tratas.
— ¿Por qué? ¿Acaso estás enamorada de él?
— ¿Qué…? cla-claro que no, c-cómo dices eso.
—Cariño yo soy de carne y hueso, él es de metal, junto a mí experimentarás el amor en toda su expresión. Yo puedo darte una familia, esa cosa jamás te lo podrá dar, además tú envejecerás y eventualmente morirás, en otros términos; solo serás pasajera en su existencia.
— ¿Y eso qué Lucius?
—No lo pienses demasiado, ustedes son completamente diferentes —pensaba responderle, pero como siempre, parece que me lee la mente—. Te daré tu espacio para que proceses tus pensamientos y dejes de estar confundida.
—No estoy confun… —me hace callar poniendo su índice en mis labios.
—Nos veremos seguido, mi pequeño trébol.
Las palabras de Lucius resuenan como truenos en mi cabeza, pero no permanezco demasiado tiempo analizándolas, un silencio repentino me eriza la piel, siento el aire pesado, más denso.
Un ruido distante se acercar a una velocidad alarmante, un escalofrío recorre mi espalda. La imagen de Lucius se desvanece, reemplazada por la vista de mi hogar, o al menos lo que parece serlo.
Antes de reaccionar me encuentro de camino a casa, en medio de un caos que no comprendo, debo apresurarme, tengo un mal presentimiento.
— ¡Ádamis! ¿Estás en casa, cariño? —una mujer mayor que no reconozco grita en la entrada.
Hago un escaneo de identidad: Es Victorina Reiz de 66 años de edad, cabello cobrizo lacio, usa anteojos de botella desde temprana edad.
Tiene una mirada amenazadora.
— ¿ZD-354? ¿Es-está Ad-Ádamis? —la señora Victorina se queda inmóvil en la puerta, y no está sola, la acompañan cuatro hombres; tres adolescentes y un anciano, pero eso no es todo, también hay un grupo de mujeres jóvenes a sus espaldas.
— ¿Sucede algo, señora Victorina? ¿Por qué suena tan nerviosa? —me levanto del sofá y camino hacia ella.
La señora Victorina grita con miedo desbordado en sus ojos, instintivamente me quedo inmóvil.
— ¿Qué sucede?, ¿Hice algo malo?
— ¡Atrás ZD-354! —me exige un joven de 19 años al cual identifico como: Rosell.
— ¡Atrás máquina! —lo sigue su hermano Charles.
— ¡Les dije que era mala idea aceptarlo en la comunidad! ¡Pero nadie me escuchó! —el anciano George escupe las palabras con furia inexplicable.
—No comprendo lo que sucede. ¿Podrían explicar…? —un ardor me hace cerrar los ojos al instante, aparece al momento de caer sobre mi ojo un tomate, unos cuantos más caen en diferentes partes de mi cuerpo.
No entiendo lo que está pasando.