6 SALVAGUARDAS NEUTRALIZADAS #2
Me parece que no debo mencionarlo y simplemente imito sus gestos; alzo una mano y la sacudo en el aire.
Tengo la mente llena de ideas para mostrar mi afecto a través de pequeños detalles a la señorita Astra.
Me adentro en la casa, donde el aire huele a flores frescas y a un ligero toque a fresas, el calor de mi pecho sube a mi cabeza, siento las mejillas calientes.
Debo concentrarme, le quiero preparar un delicioso desayuno francés: con un té de lavanda que desprende un aroma suave y floral, un pain au chocolat que se derrite en la boca, junto a unas lonchas de jamón ahumado que añade un toque salado.
Con todo listo, llevo la bandeja con cuidado pero al llegar a su habitación me doy cuenta que no está aquí.
Hago un escaneo rápido y detecto marcas de calor en el piso, huellas invisibles dejadas por su presencia. Las sigo despacio, dejándome sumergir en la búsqueda. Dejo el desayuno sobre la mesa de la cocina como una pequeña recompensa para cuando regrese.
La expectativa burbujea en mi interior al tratar de enfocarme en encontrarla, siguiendo su rastro.
—Señorita Astra —la encuentro cerca de la casa, percibo el aroma de su shampoo traído gracias al viento.
—Hola Ed, esperaba que me encontraras —su vestido de seda color bronce acentúa aún más el color de sus ojos, hace juego con sus zapatillas bajas.
Otra vez nos encontramos en el prado de flores silvestres, parece ser su lugar preferido, me pregunto cuál será el motivo.
— ¿Está todo en orden señorita? —pregunto en tono suave y atento—. ¿Por qué está sola? —tomo su mano y beso sus nudillos en un gesto de respeto y admiración.
—Es un día triste —después de soltar su mano su expresión cambia, sus hombros caen al frente.
— ¿Qué sucede? —miles de preguntas me atacan sin piedad, pero me tranquiliza con un simple gesto de calidez: acaricia mi rostro con sus dedos delgados.
—Antes de decirte lo que me tiene así, quiero que sepas que hoy iniciamos con tus clases de autocontrol.
—Estoy a su disposición señorita, pero, sabe que puede contarme lo que sea —no logro evitar ver su cabello elevándose por el paso del viento, deseo tocarlo, pero me abstengo cerrando la mano con fuerza.
—No pasa nada malo, es que hoy es el cumpleaños luctuoso de mí abuelito, gracias a él conozco éste prado, lo cuidó por mucho tiempo, por eso amo venir aquí —me detengo a apreciar a mi alrededor, todo está plegado de flores, debió tomarle mucho tiempo tener este prado.
—Su tumba está muy cerca, y la verdad —juega con sus manos, nerviosa— no he podido ir en un largo rato desde que dejé la casa de los Venois, siempre me acompañaban en este día.
—Puede tomar mi brazo —le doy unos momentos—, estaré a su lado —le doy confianza.
Parece haber aceptado mi petición, toma sin dilación mi palabra y caminamos juntos.
En el camino la señorita me cuenta más sobre su abuelo, era gran amante del azúcar, pero siempre prefería consumirla de la fuente natural, a mi parecer era un hombre sabio, la señorita Astra dice que siempre evitaba consumir los alimentos ultraprocesados de la gran ciudad, priorizaba su salud en cada bocado.
Me detengo un momento a analizar las diferencias culturales y tradicionales que hay en la población rural y la urbana, significativamente son muchas.
Aquí la falta de tecnologías avanzadas parece una elección consciente, se rehúsan a abrazar el cambio manteniendo vivas sus costumbres y formas de vida ancestrales.
Con esta información almacenada en mi matriz, puedo comprender mejor, el asombro que sienten en Cielo Espectral ante lo que consideran moderno.
— ¿Ed? ¿Estás escuchándome? — debí permanecer en silencio demasiado tiempo, presiento que me he perdido de un detalle importante de la señorita Astra.
RECORDATORIO: dejar los análisis para momentos de soledad.
—Le ofrezco mis disculpas, señorita Astra, no la he oído.
—No te preocupes Ed, era una tontería —me detengo al escucharla hablar de esa manera.
—Nada de lo que diga es una tontería. Usted es una de las damas más inteligentes que he conocido.
—No mientas, en Mirae deben haber cientos de mujeres más brillantes que yo.
—Analicé el entorno y diversas mujeres prefieren que sus ARM hagan todo el trabajo, incluso que piensen por ellas, no es nada gratificante de ver.
— ¿Incluso las científicas? —retomamos el andar.
—Por supuesto —pensativa se queda en silencio.
—Pues me parece una verdadera lástima.
—Al ser un ARM soy consciente de lo magníficos y enigmáticos que son los seres humanos, me resulta triste, incluso decepcionante ser testigo de la pérdida de luz que los hace únicos. Después de todo, nosotros; los ARM nos originamos de ustedes.
—En eso tienes razón Ed.
—Veo al humano como el ser que brilla más en el planeta cuando explota todo su potencial, para mí esa es la máxima expresión de belleza.
—Sí, es verdad, es muy decepcionante verlos reducirse solo por comodidad —ve el cielo despejado—. Estuve viviendo un tiempo en la gran ciudad, y no me gustó para nada lo que vi ni lo que experimenté —confiesa arrugando el rostro—. Todo es tan automatizado, nada se sentía natural.
—Su perspectiva es acertada señorita.
—Aproveché mi tiempo fuera para investigar, me enfoqué en las diferencias y carencias que tienen lugares como Cielo Espectral.
En mi informe de medicina «el cual ganó y Mirae se lo quedó» se centró en una rara enfermedad que provoca; fatiga prolongada y dificultad para dormir acompañado de episodios breves de desconexión mental, logré presenciar el padecimiento que afecta a algunas personas que habitan en la gran ciudad, e imagino que en base a esto harán la nueva medicina que han estado promocionando desde hace más de medio año.
—Señorita Astra —intento darle calma—, durante mi tiempo en Mirae Corporation, me tomé la libertad de saltarme algunos filtros de confidencialidad, así pude leer su investigación, me pareció bastante acorde a la realidad.
—Gracias Ed, significa mucho para mí, el tener bonitas palabras después de que Mirae me robara el trabajo que me costó mucho desarrollar.
—Los agentes de Mirae Corporation ya están sufriendo las consecuencias de sus malas acciones, no debe preocuparse por ellos. Pero regresemos al presente. ¿Ese de ahí es su abuelo?
—Sí, ya hemos llegado.
La tumba es pequeña y tiene flores de color fuerte a sus costados; rojas, anaranjadas, de olores igual de fuertes, deduzco que el señor Crisantemo era un hombre igual de férreo.
—Señor Crisantemo es un gusto conocerle —me inclino haciendo una gran reverencia para mostrarle mis respetos—.
Quiero agradecerle por haber amado y cuidado de la señorita Ádamis Astra, sobre todo por haberle dado la calidez que todo infante necesita de su familia —hablo en voz alta expresándome con toda honestidad.
Me arrodillo frente a su tumba, toco mi pecho justo en el lugar donde debería estar mi corazón «si es que tuviera uno».
—Le prometo que no dejaré sola a su nieta, ni aunque ella me lo pida. La seguiré protegiendo hasta los confines de la tierra. Mi promesa es eterna, aunque sea una máquina, le daré todo el amor y respeto que merece: mi ser magnífico, mi querida y amada Ádamis… Astra.
—Ed… eso sonó a una propuesta de matrimonio —sonrojada me toma del rostro.
Contenta gira a la tumba y comparte con él unas palabras.
Le doy su espacio, permanezco un poco alejado y me pierdo en el cielo azul que se extiende sobre nosotros.
—Gracias por darme unos minutos Ed. Vayamos a ese sitio.
Al terminar de hablar con su abuelo, nos sentamos un momento en una banca de mármol cercana, y mi querida Astra me comparte cosas que recuerda de su abuelo.
— ¡Lo había olvidado! —exclama alterada.
— ¿Qué sucede señorita?
—Quiero dejarte en claro que debes ser gentil con todos los seres vivos —ha iniciado sus clases de autocontrol sin que lo previera—, incluso con los más diminutos. Hablo de esos insectos que pueden parecer tanto hermosos como grotescos, todos merecen vivir en paz sin ser molestados ni lastimados.
Comprendo su lección y decido obedecerla.
—Me comprometo a no volver a herir a ningún ser, sin importar sus intenciones ni mis objetivos.
—Perfecto Ed, confiaré en tus palabras, ahora deberíamos regresar a casa.
—Como usted ordene, ama.
— ¡No me digas así! —me reprende divertida entrelazando nuestros dedos.
A la distancia noto dos cosas que suceden al mismo tiempo: vecinos algo distantes de la señorita nos observan y murmuran entre ellos, y de nuevo esa tela que pareciera ser cabello plateado, desaparece de mi vista justo antes de poder analizarlo.
Llegando a la casa se lava las manos y se sienta a comer su desayuno.
—Quiero que me digas si tuviste éxito en tu última misión —ladeo la cabeza, extrañado—. Sabes a qué me refiero, cuando estuviste en modo hibernación.
—Oh claro, esa misión —por un momento creí que había descubierto mi plática con Rafayel, pero eso es imposible—. Me complace compartirle que el análisis fue exitoso.
— ¿¡En verdad?! —su emoción es tan grande que casi se atraganta con el jamón.
—Así es, pero es algo temporal, necesito un especialista de Mirae Corporation para obtener la tasa completa de éxito.
— ¿Qué intentaste eliminar?
—Aún no puedo darle esa información, no debe preocuparse porque ahora tengo la capacidad de decidir por mí mismo.
El elemento dolor ya no me generará pulsaciones en el sistema, solo veré una nube gris flotando sobre mi cabeza cuando Mirae Corporation trate de contactarse conmigo.
— ¿La capacidad de decidir? ¿Me estás diciendo que antes no tenías esa función? — mirándola a los ojos le sirvo un poco de té, lo pongo frente a ella.
Simplemente niego con la cabeza, apretando los labios.
— ¿Es por eso que te fuiste aquella vez? ¡Yo lo sabía! ¡Sabía que tú no me abandonarías!
Una presencia en el exterior interrumpe la conversación.
Es él, de nuevo.
Debo mostrarle a la señorita, que su clase de autocontrol tiene un efecto positivo en mí, pero solo al verle el rostro me provoca malas intenciones.
— ¿Qué haces aquí Lucius? — lista para la pelea se levanta de golpe con el ceño fruncido.