Eta Carinae: Divergencia 5 BAJO LA LUNA #4
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5 BAJO LA LUNA #4

—A mis padres lo único que les interesaba era viajar y no tener que preocuparse por mí —mantiene su mirada en la sonrisa de su abuelo, y acaricia su rostro con melancolía—.

Les supliqué que no me abandonaran, pero no me escucharon, me dirigían la palabra muy pocas veces, y en esas ocasiones no tenía el mejor trato de ellos —gira el rostro y niega tristemente—.

Me golpeaban, me ignoraban y humillaban, sigo sin entender por qué me trataban así —regresa la fotografía a su lugar y se sienta a mi lado nuevamente—.

Me trajeron aquí a los siete años y fui recibida por mi abuelito de una manera que no esperaba.

Esa fue la primera vez que alguien de mi familia no se dirigía a mí de manera despectiva, y por primera vez sentí el calor de un hogar —se interrumpe un momento, seca sus lágrimas invitándose a sonreír.

No la interrumpo, es un momento importante que desea compartir y tiene toda mi atención.

—Mi felicidad duró muy poco, querido Ed, mi abuelo falleció un año después a mi llegada, y es ahí; donde el vecino menos esperado, me acogió en su familia.

Todos en Cielo Espectral lo tachaban de narcisista, pero en realidad él tiene el corazón más bondadoso de todos aquí.

Ningún otro vecino trató de cuidarme, ni siquiera los vecinos que se llevaban mejor con mi abuelito.

— ¿Habla del abuelo Ernesto? —intervengo atando cabos.

— Sí, él y Samantha son mi familia, por eso me preocupo tanto por ellos. Fueron y siempre serán todo para mí.

— ¿Y la señorita Samantha no tiene padres? —asiente con alegría.

—Claro que los tiene, pero ellos viven en otro lado, y siempre están trabajando, solo pueden visitar a Sam dos veces al año —intento hablar—, no me malinterpretes, ellos aman a su hija.

—Es agradable oír eso, me parecía que Samantha tenía actitudes maternales con usted señorita Astra… — Recabando información.

—Somos vecinas, mejores amigas y hermanas. Es por eso que, cuando te fuiste, me sentí perdida otra vez, al llegar a mi vida, mi hogar ya no lucía tan aterrador, solitario y frío, había tanta calidez que sentía el corazón lleno.

—Lamento profundamente haberla lastimado —guardo silencio unos minutos y parece entenderme, incluso aún sin decirle una palabra más.

—No tengo nada de que disculparte Ed, comprendo tu situación, sobre todo lo que eres.

Me mantengo en silencio, mirándola directo a los ojos, deseo externar aquel pensamiento que tuve hace unos minutos, esa necesidad que deseo abordar.

— ¿Qué sucede? Puedes decirme lo que sea —parece haber comprendido mi mirada, es mejor ir al punto.

—Quiero saber algo señorita —hago una pausa, espero una reacción negativa, pero no hay nada, solo expectativa por lo que decido continuar—, para usted ¿Qué significa estar relacionada sentimentalmente con alguien?

Abre su boca para responder, pero la cierra de golpe y me ve con la cabeza de lado como si no comprendiera a qué me refiero.

—Mi sistema reconoce el significado, señorita, pero no puedo comprender la profundidad de las emociones que emergen —espero haberme explicado mejor, estoy intentando no incomodarla más.

—Bueno, pa-para mí es una e-experiencia única cuando en-encuentras a esa persona especial — la pregunta la tomó desprevenida —.

Es como si de repente el mundo tuviera más color, mayor profundidad, con esa persona puedes abrirte de una manera que no lo harías con cualquiera, compartiendo; miedos, sueños, anhelos — recabando información —, encuentras un apoyo que está en las buenas y en las malas; celebrando los triunfos y consolando en los fracasos.

Su mirada se hace más brillante y profunda.

—Recabando información… —me mira con una sonrisa tierna.

—Las emociones que experimentas pueden ser muchísimas desde; alegría, euforia, pasión, ternura, pero también; tristeza, preocupación, enojo, incluso celos —asiento con lentitud—. Espero haberte ayudado ZD-354.

Se levanta del sofá y deja su pequeña taza en la mesita del centro y camina a la entrada del hogar.

—Aún no me ayuda del todo, señorita Astra —la sigo cauteloso, escuchando mis pisadas metálicas en el suelo. Es un recordatorio de los diferentes que somos.

— ¿A qué te refieres…? —me paro frente a ella parpadeando un par de veces. Tomo sus manos, me inclino hacia adelante y coloco una rodilla en el piso frío.

—Quiero compartir mi ser con usted, señorita Astra. Deseo sentir a su lado, no puedo pedírselo a nadie más, solo en usted confío —parpadea frenéticamente.

— ¿Q-Qué? ¿Yo-Yo? ¿Estás seg-seguro Ed? —su nerviosismo me parece adorable.

—Por supuesto, pero si no lo desea no la obligaré —pensativa, me ve con un destello inusual en los ojos verdes, haciéndolos aún más profundos.

—Yo…

—Es algo que necesito experimentar para saber quién soy, y no hay nadie más que me acerque a las emociones que usted.

— ¡Sí, claro que sí, acepto! —responde con una expresión de felicidad y miedo.

Me rodea en un abrazo cálido y apretado.

Me siento extraño pero a la vez completo.

No sé por qué tengo el presentimiento de que esconde un secreto detrás de su sonrisa.

— ¿Qué ha sido eso? —acabo de ver entre las montañas una mancha plateada ondeando en el aire, de nuevo ese tópico.

— ¿Sucede algo, Ed?

—No, no es nada, mi querida señorita Astra.