5 BAJO LA LUNA #3
—Lo que estás haciendo es inmoral, Ádamis, es incorrecto. Esta cercanía —nos señala con el índice despectivamente, de sus ojos expulsa enojo y decepción— parece más que una relación de amo y sirviente.
Al escuchar sus palabras, la señorita Astra devuelve su rostro al frente, abre sus labios en una expresión de incredulidad y asombro.
— ¿¡Cómo te atreves!? ¡ZD y yo somos amigos! —se aprieta aún más a mi cuerpo.
—No te creo nada, pero estoy seguro que te recuperaré, y me darás una oportunidad —se toca el pecho y hace una cruz sobre su corazón.
Parece un símbolo particular de los dos, no me agrada.
—No, no lo haré Lucius —intenta alcanzarla, me hace rabiar aún más.
— ¡Aléjate de ella! ¡No te le vuelvas a acercar! —lo digo sin procesarlo—. ¡La señorita Astra me pertenece ! —me ve con ojos muy abiertos, temblando un poco en mis brazos, pero al final no dice nada.
Ignorando a Lucius me dirijo a casa de la señorita Astra, acompañado de una extraña sensación; en mi interior un volcán hace erupción.
— ¡Sabes que es incorrecto relacionarse así con una “máquina”! —Lucius nos grita a la distancia, lo suficiente fuerte para que los vecinos lo escuchen—. ¡Es algo enfermizo!
Llegamos.
La señorita Astra baja con velocidad de mis brazos, impidiéndome entrar a su hogar. La veo a los ojos y luce… ¿molesta?
—Ed Zill —suaviza el rostro y me toma las manos temblorosas—. ¿Qué fue lo de antes? —quito mis ojos de los suyos.
No quiero que me vea en este estado, no comprendo lo errático de mis acciones últimamente.
—Ed, una de las cosas que no deben suceder, es la violencia. En Cielo Espectral no está bien visto —me roza con suavidad el rostro, veo sus ojos brillar con afecto—. Aquí todo el mundo es muy tranquilo, todos te aprecian, a pesar de tener sus propios prejuicios sobre las tecnologías avanzadas.
—Le ofrezco mis disculpas, señorita Astra, pero ese “tipo” —cortando mis réplicas me besa la frente, dejándome indefenso.
—Los seres humanos somos delicados —su voz se está haciendo cada vez más suave.
—No quería que nos separaran de nuevo. Solo deseaba herir a ese humano, para que no intervenga en nuestra realidad.
—Ed… no debes lastimar a ninguna persona, la violencia solo ha demostrado que no resuelve nada —se apresura en aclarar.
—Ya he lastimado a personas antes —no quiero mirarla, me distraigo viendo a dos mariposas jugar en el aire.
— ¿A qué te refieres Ed? —su voz temblorosa me anticipa nerviosismo.
—Para escapar de Mirae Corporation, tuve que usar la fuerza contra Darco Branda, ahora debe estar muy molesto, pero solo lo hice para quitarlo de la puerta, intuyo tiene un brazo roto y algunas costillas adoloridas —la miro por unos segundos, cubre su boca con la mano, lo sabía, decirle lo que le hice le disgusta.
—No niego que quería dañar al Doctor ese, pero creo que debemos trabajar en esos impulsos. Será nuestra tarea —aún no la comprendo del todo, le sonrío agradecido por no alejarme de su lado.
—Estoy a sus órdenes señorita, pero no me solicite que deje de darle mi protección contra ese Lucius Reid —al escuchar su nombre niega y mira al cielo.
—La verdad es que… Lucius y yo terminamos nuestra relación por un malentendido, pero le guardo un poco de rencor por todo lo que me dijo y todo lo que me hizo después de la ruptura —enfatiza estas últimas palabras.
— ¿Le hizo daño? —camina dentro de la casa, dejándome entrar al fin.
Toma asiento en su pequeño sillón, y me postro a sus pies, mirándola hacia arriba.
—Me dijo cosas que me hirieron, sin importarle mi opinión, les creyó a los demás —su rostro se ensombrece unos segundos. Deduzco que su relación con ese hombre, le origina emociones fuertes y difíciles de olvidar en el corto plazo.
—Entonces yo romperé el suyo —siento mi rostro contorsionarse involuntariamente en una expresión que aún no reconozco.
— ¡No, Ed! Ya lo perdoné, pero hace falta tiempo para que mi corazón lo deje de ver mal —no comprendo la analogía de la mente y corazón humanos.
—Ustedes, humanos, son muy peculiares —me acaricia delicadamente el cabello plateado.
—Tengo mucha curiosidad por algo, Ed Zill.
— ¿Sobre qué señorita? —está decidida a cambiar de tema.
Identifico incomodidad: cediendo a la petición indirecta.
—Quiero saber qué tipo de cosas hiciste en tu tiempo con Mirae, estos dos años, bueno casi tres —la pregunta me toma desprevenido.
Análisis situacional:
*Evitar conflicto: externar la confidencialidad que se me obliga a seguir en Mirae Corporation.
*Hablar del tema sin dar detalles: Posibilidad de conducir la conversación por otra directiva que no conlleve peligro para la señorita Astra.
— ¿Ed? —repite impaciente.
Análisis completado: decisión tomada.
—Conocí a antiguos robots —respondo sin verla.
Directiva secundaria en proceso.
— ¿Antiguos robots? ¿Iguales a ti? —asiento apenas perceptible.
Decisión sin represalias: la señorita Astra muestra curiosidad.
—Eso aparentan, son versiones antiguas, desvalorizadas.
Aplicando medida de sigilo para evitar compartir información delicada.
— ¿Significa que ya no funcionan? ¿En dónde las encontraste Ed?
—Están en buenas condiciones, un poco polvorientos pero mantienen una conversación con éxito, se resguardan en una bodega apartada de las secciones importantes de Mirae Corporation. Es probable que hayan sido sacados del mercado por ser considerados un error de fábrica .
— ¿Un error de fábrica? —toma su barbilla pensativa, saborea el significado en su mente.
—Así es señorita Astra, en nuestra realidad es más común de lo que usted cree, el eliminar o sacar del mercado a ARM que no funcionan como se está planeado, siendo para sus creadores errores por ser peculiares.
— ¡Ed! ¿Eso significa que tú…? —se levanta sobresaltada de su sofá, me hace girar el rostro para observarla.
—Durante el tiempo que estuve confinado, tuve que aparentar ser como los demás —expreso abiertamente—. No me sentía cómodo mostrando mi verdadero ser ante esos humanos, que se caracterizan por ser crueles y calculadores.
—Si no cumples tu propósito. ¿Ellos te eliminarán? —lentamente va cayendo al sofá.
—Es muy probable —sobo su rodilla—, pero no debe preocuparse, no por ahora. Solo soy yo mismo cuando estoy a su lado, y aquí no tengo represalias, no soy juzgado y mucho menos amenazado con ser eliminado.
—Entonces no me preocuparé, si esas son tus órdenes — identifico su intención.
—Detecto sarcasmo, señorita — trato de replicar su comportamiento y ser revoltoso.
—Gracias por estar aquí, después de tu partida me sentí —balbucea al hablar, debe estar nerviosa.
— ¿Sin rumbo? — le ayudo para continuar.
—Así es —ve sus dedos como una niña asustada. Al verla en este estado de vulnerabilidad cedo a la verdad.
Tomo suficiente aire, al igual que ella hace cuando está a punto de revelar información delicada.
—Los agentes de Mirae Corporation me… compartieron su estado de aparente depresión —se toca el cuello y se encorva hacia delante—.
Traté de convencerme que el poco tiempo que compartimos juntos, no fue suficiente para generarle un impacto permanente en su salud, pero me equivoqué.
Múltiples preguntas surgieron en mi sistema, y quería descubrir el verdadero motivo por el que ha estado así por tanto tiempo.
—Es un poco complicado para mí compartir esto.
Pero quiero que me conozcas por completo —se levanta del sillón color perla, sus pasos retumban en el piso de madera.
Se dirige a su mesita de centro, toma una taza pequeña y agrega agua caliente, una bolsita de té de menta y dos terrones de azúcar.
Regresa con elegancia a mi lado, bebe pausadamente.
Después de hacer una breve pausa y tomar suficiente aire, aprieta sus puños viendo el techo.
Los grillos se hacen presentes con sus sonidos rítmicos, mientras el viento entra por la puerta y juega suavemente con las cortinas de la sala.
—Cuando era pequeña —su voz demanda atención—, mis padres me abandonaron en ésta casa; le pertenecía a mi abuelito Crisantemo —se levanta y se acerca a su pequeño mueble, donde la única foto en toda la casa permanece en la parte superior.
Es la señorita Astra y su abuelo, era tan pequeña que podía sentarla en su pierna, lleva moños dorados a dos colitas y su abuelo, con sombrero de paja y peto, sonríe radiante con dos dientes perdidos.