Eta Carinae: Divergencia 5 BAJO LA LUNA
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5 BAJO LA LUNA

—N o puede ser. ¡Suéltame! ¿¡Quién eres!? —con toda la fuerza que tiene su pequeño cuerpo me empuja un paso hacia atrás.

Fui poco cuidadoso al entrar, sin contar que mi voz sonó más áspera de lo que pretendía.

—Le pido disculpe mi falta de delicadeza señorita —retrocedo un par de pasos para verla mejor. La diferencia de altura entre nosotros es notoria.

En un instante, la señorita Astra corta mis disculpas con una sonrisa que le invade el pálido rostro.

— ¿Ed Zill? ¿Eres tú? —su voz es un susurro cargado de emoción, ha logrado ver más allá de una simple fachada.

—Así es señorita Astra, he vuelto —se abalanza sobre mí con lágrimas contenidas y una risa nerviosa que escapa de sus labios.

La tomo por la cintura y giramos en un mismo eje.

Siento la calidez en mi piel, y los colores de esta pequeña habitación reaparecen, es algo que no experimentaba hace tiempo.

—Pensé que eras un producto de mi imaginación, pero en verdad estás aquí, aunque… —la dejo en el suelo.

Me acaricia el rostro, extrañada, separándose lentamente de mi cuerpo frío.

—Este es mi verdadero rostro, estaba bajo una coraza que no dejaba ver más allá de mis ojos.

—Sí, antes solo podía ver el color de tu mirada, pero ahora tu rostro me deslumbra. —la confesión me toma por sorpresa.

Inclina su cabeza a un lado, suspirando llena de satisfacción.

Es lo que había esperado desde hace tiempo, estar aquí con ella.

— ¿Deslumbrante? jamás me había concebido de esa manera —le agradezco con una reverencia.

—Pareces tan humano, es como si ahora llevaras puesto un traje que se adapta perfectamente a tu esencia —sus ojos recorren mi cuerpo con fascinación.

—Tomé prestados estos ropajes para venir —asiento casi con vehemencia—, ahora me siento mucho más cercano a usted.

— ¿En dónde has estado? —cambia de tono empujándome atrás con suavidad—. ¿Estabas en Mirae? ¿Te hicieron algo malo? —arruga la frente.

Identifico un tono de preocupación; tomo su mano para tranquilizarla.

Esta sensación me trae gratos recuerdos, me pregunto por qué con otras damas no percibía esto.

—Estuve en Mirae Corporation desde la última vez que nos vimos.

— ¿Por qué no regresaste antes? —se suelta de mi agarre y me mira con recelo, reprochándome haber esperado tantos años.

—No podía hacerlo, tengo prohibido regresar a este sitio… a usted en específico —guardamos silencio esperando que un simple gesto rompa la tensión.

— ¿Entonces… cómo es que estás aquí? —se rasca la nuca—. No estoy quejándome —se apresura a aclarar, mostrando las palmas de las manos—; me alegra que estemos frente a frente, pero… temo que te vuelvas a ir.

—No me iré, no la dejaré de nuevo — debo ser honesto —. Escapé de Mirae Corporation y es muy probable que deduzcan mi paradero actual.

Permanezco en silencio bajando la mirada.

— ¿Qué sucede?

—Ellos no dejaban de burlarse de… — no tenía intención de hablarle de ellos, se ha escapado de mis labios.

— ¿De nosotros? —suspira amargamente—. Sé a qué te refieres, parece que les encanta burlarse de los demás, sintiéndose superiores — en la entrada de la casa distingo a alguien de cabello plateado pasando inadvertidamente. ¿Será algún vecino suyo?

Había olvidado realizar un segundo escaneo cuando llegué, debo apresurarme y descartar las amenazas que posiblemente me acompañaron hasta aquí.

—Señorita espere por mi unos momentos, necesito ir a un sitio.

Me dirijo a la entrada para realizar escaneos del entorno, pero me abraza por la cintura deteniéndome.

El calor que emana de su cuerpo me envuelve, es agradable, no me es indiferente su cercanía.

—Espera, solo un momento, quiero permanecer así — no quiero romper el momento y permanezco quieto ante su petición —. Te he extrañado tanto, que creí que enloquecería.

—Aquí estoy y no dejaré que nadie me aleje de usted —doy media vuelta para observarla, me agrada tomar sus pequeñas manos—. Lo prometo, señorita Astra.

Su mirada es tan intensa que parece detener el tiempo.

El viento perfumado no tarda en presentarse, nos envuelve en un abrazo suave, dándome la bienvenida de nuevo a Cielo Espectral.

Las velas de la sala parpadean expectantes, invitándonos a dar el siguiente paso.

Mi programación lucha contra la marea de sensaciones nuevas, cedo ante la idea, ante la fuerza de este burbujeo.

Mi naturaleza robótica no es un impedimento para experimentar sensaciones con la señorita Astra.

Con otras damas, su cercanía me resultaba completamente indiferente; la incomodidad era tan profunda que mis circuitos internos se retorcían, negándose a ceder. Pero con la señorita Astra… todo es diferente.

Mis manos se mueven a un ritmo inesperado en un baile de seducción nacido de su ternura y mi anhelo. Mi dedo pulgar roza su labio inferior, provocando un estremecimiento de necesidad que reconozco, pero antes me era indiferente.

Sus ojos no lo niegan, al contrario, suplicantes, reflejan la misma intensidad que siento en mi interior.

Escasos centímetros nos separan; nuestros actuales enemigos, decido vencerlos, cerrar la brecha agónica que nos impide unir nuestros núcleos en una sola resonancia…

— ¡Ádamis! ¿Te encuentras bi-bien? —giro rápido la cabeza.

La voz femenina proviene de la entrada.

Es la señorita Samantha, alarmada hace una aparición nada satisfactoria.

Para no incomodar a la señorita Astra, me alejo lo suficiente para que logre regular su respiración.

—Una… disculpa, no quería —Samantha me ve con curiosidad y molestia—. ¿Quién eres tú?

—Señorita Samantha, es un verdadero gusto verla otra vez, soy…

— ¡ZD!, ¿Eres tú no es así? —Rafayel se apresura a entrar y me abraza por el cuello jalándome hacia abajo.

— ¿Cómo supiste que se trata de ZD? —la señorita Astra muerde su labio superior con fiereza, está molesta por la visita de sus amigos, algo que nunca esperaba presenciar, y debo admitir que también me provocó algo negativo.

—El color de sus ojos es el mismo, sólo que ahora brillan más —ella asiente con una mirada desconcertada—. Discúlpenme, ambos —Rafayel nos mira con ojos aguados.

—Perdónenme, escuché un poco de su conversación antes de que Sam interrump… —gira hacia ella pero lo hace callar ladeando su rostro.

—Ya era hora de que regresaras ZD. En realidad necesitamos ayuda en… —presto atención a lo que pueda pedirme pero la señorita Astra la interrumpe, se planta frente a mí con actitud firme.

—No está aquí para ayudar a nadie —me aprieta fuerte la mano.

—No creo que le perjudique ayudarnos un poco. ¡Sabes que lo necesitamos! —no comprendo qué sucede, debo hacer un rápido análisis para identificar sus problemas y darles una solución pronta, así evito que peleen.

—Para mí será un placer —respondo con disposición, pero la señorita Astra gira un poco el rostro, viéndome seria, niega con la cabeza.

—No, ZD, eres tú el que necesita ayuda.

— ¿De qué hablas Ádamis? —Rafayel y Samantha me observan consternados—. ¿Estás en problemas ZD?

—Si me permiten…

Les comparto información esencial para que comprendan mi situación.

Los análisis me indican que a mayor divulgación de datos, más es el peligro que enfrentarán, y el riesgo de ser heridos es inaceptable.

El silencio que sigue es prolongado, mis sensores no detectan cambios significativos en sus expresiones, no obstante la ausencia de objeciones es notoria.

—Mmm… —rompen la tensión al emitir un sonido de resolución. Mi diagnóstico es que han tomado una decisión.

—No te preocupes ZD —Rafayel me golpea el hombro.

—Rafa tiene razón, “No te dejaremos enfrentar ésta batalla solo contra Mirae Corporation”.

Registro en mi sistema una declaración de su parte, es un compromiso verbal que no preví.

Sé que la lógica de ésta acción es un tanto inesperada, pero me hacen sentir una disminución de carga en el núcleo, tal como si un sistema de enfriamiento se activara, y la resonancia de mis circuitos se ralentizara.

Mi existencia ha sido en gran medida una operación en solitario, y esta declaración introduce una variable nueva, que genera una anomalía en mi estado operativo, algo que no deseo corregir.

—Te vamos a ayudar justo como tú nos ayudaste a todos en Cielo Espectral —la señorita Astra me abraza y siento caer sus lágrimas sobre mi hombro descubierto.

—Primero que nada debemos pensar en un plan —Rafayel aplaude—, vamos a mi casa Sam, debes ayudarme a idear como deshacernos de Mirae Corporation.

—No es necesario Rafa, creo que ZD-354 ya tiene todo calculado —la señorita Astra cubre su sonrisa con la mano.

—Me servirá mucho si me prestas un poco de ropa Rafayel.

— ¡Copiado camarada! —Sam lo codea.

—Estás muy emocionado cariño, cálmate un poco.

—Te quedarás en mi casa por ahora, después veremos qué hacer —la señorita Astra me dirige una mirada afectuosa.

—Como usted ordene señorita Astra.

Los días siguientes noto la presencia de drones, aún desconozco su procedencia, si pertenecen a Mirae Corporation los habría identificado al instante, pero estos son diferentes; son pequeños, su sonido es igual al de un enjambre de abejas y su forma es muy peculiar: de estrella.

Unos cuantos drones han estado sobrevolando la zona, en busca de mi firma energética. Mi sistema de detección confirma su presencia con una frecuencia alarmante, cada sobrevuelo es una punzada de alerta en mis sistemas.

Para complicar más las cosas Mirae Corporation ha enviado a sus «escarabajos» así les llaman ellos, esto sin duda es una escalada significativa.

Estas unidades especiales son la vanguardia de su inteligencia ARM: son pequeños y sigilosos, buscan rastros por tierra y por aire gracias a su diseño, que les permite recopilar datos contextuales.

He aprendido a identificar sus patrones de vuelo y sus métodos de barrido, pero aún siento la red espía cerrándose cada vez más, y la probabilidad de ser detectado aumenta a cada minuto.

Cada día es una actualización de protocolos de ocultación, una carrera contra la creciente capacidad de Mirae Corporation, para ponerme las garras encima. Mi programación me obliga a actuar y encontrar una solución, así evitaré que la información de mis amigos sea clave en mi captura.